Adéntrate en ‘Hotel Room’, la serie de David Lynch tras ‘Twin Peaks’ que nadie vio

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Tras acabar Twin Peaks, David Lynch produjo y dirigió dos episodios de una miniserie de HBO en tres partes. Hotel Room fue emitida durante dos días, 8 y 9 de enero de 1993, y desde entonces ha sido relegada al olvido: tan solo fue editada en su momento en VHS, y no ha conocido aún ninguna edición digital. Enterrada por otros éxitos posteriores, es una rareza difícil de localizar, pero imprescindible para completistas de la obra del director.

Después de ese fallido intento de serie de época que fue On the Air (1992), en el que David Lynch se volvió a aliar con Mark Frost, tuvo lugar la modesta producción de esta pequeña pieza. Como la mayor parte de su obra, Hotel Room es un drama atípico, surrealista, con un toque de misterio y un poquito de espíritu experimental, no tanto por desorientación como por economía de escenarios. Hay un elemento fantástico subyacente y cierta atmósfera oscura, pero no tiene que ver nada con las realidades paralelas de Twin Peaks (1991-1992) o Mudholland Drive (2001). Las tramas de sus episodios son sencillas, y aunque pueda parecer que eso es resultado de que Lynch no escribiera los guiones, la realidad es que son obra del autor Barry Gifford, un viejo conocido del director, que ya había escrito la novela que acabó siendo el guion de Corazón salvaje (1990) y, más adelante, el guion de la mucho más críptica Carretera perdida (1997). Surge, por tanto, un nuevo punto de interés para completar el proceso de colaboración que fueran construyendo los dos autores.

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Los tres episodios de la serie tienen lugar una misma habitación de hotel de Nueva York, la número 603 del Hotel del Ferrocarril. La particularidad de cada una de las historias es que tienen lugar en una época diferente. En 1969, 1992, y 1936, respectivamente. Los huéspedes cambian de una a otra, pero los empleados del hotel no; además, tampoco envejecen. Digamos que este es el punto más fantástico del conjunto, un detalle. El hecho de que la naturaleza de los episodios tenga un trasfondo de drama extraño convierte a la 603 en un vórtex espectral que recuerda vagamente a las historias de Stephen King, relativas a hoteles embrujados con habitaciones malditas como la 237 de El resplandor (1977) o la 1408 del relato homónimo. Pero el que espere superchería y horror se llevará una decepción.

La idea de un hotel como nexo de varias historias también sería recreada, sin ningún elemento fantástico ni paso del tiempo entre ellas, por Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, en Four Rooms (1995) tan solo dos años después. Aquí, cada episodio comienza con una lectura solemne del director, alternando con imágenes de archivo de alguna construcción de edificios muy antigua, que explica que durante todo un milenio, el espacio para la habitación del hotel ya existía, indefinido. La Humanidad lo capturó, le dio forma y pudo pasar a través de él. A veces, al pasar, nos enfrentamos a diferentes caras de la verdad. Este aura de cohesión, casi espiritual, es el único tejido conectivo de cada una de las historias, que tienen una vocación teatral clara, recordando a aquellas series que se rodaban prácticamente en directo, al lado del público, como algunas adaptaciones literarias de los sesenta de la BBC.

Trucos

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El primer episodio, Tricks, es el que transcurre en los sesenta y está protagonizado por Harry Dean Stanton, Glenne Headly y Freddie Jonesnarra. Cuenta cómo un hombre lleva a una prostituta a la habitación, y antes de poder hacer nada aparece un amigo suyo, que empieza a hablarle de su difunta esposa y a intentar seducir a la prostituta pidiéndole que baile para ellos. Una situación incómoda de por sí se transforma en un tenso triángulo de rencillas pasadas que pese a su ritmo lento logra que las actuaciones exageradas y típicamente lynchianas creen un clima agónico algo alejado de la realidad. Esta sensación se refuerza con los diálogos sobre el pasado de los personajes, que deja entrever vagamente cierto elemento sobrenatural en una relación entre ellos, con misterios que quedan en el ambiente de la habitación del hotel.

Deshaciéndose de Robert

'Hotel Room'

El siguiente episodio es Getting rid of Robert, y es la única ambientada en la época en la que fue rodada. También tiene caras conocidas del momento, como Griffin Dunne y Deborah Kara Unger, una mujer que planea matar a su amante y con el que debe reunirse en la habitación. Esta es la historia más floja del combo: curiosamente, es la única de las tres que no dirigió Lynch sino el productor y director de Saturday Night Live James Signorelli. El tono es diferente y aunque tiene algunos puntos en común con el universo de crimen del creador de Terciopelo azul (1986), incluso goza de una partitura acorde, rompe el tono uniforme y la atmósfera enrarecida del resto.

Apagón

'Hotel Room'

El último episodio, Blackout, es el más largo de los tres, fue escrito por Gifford en dos días, con la advertencia del coproductor Monty Montgomery de que fuera “algo que nuestras abuelas pudieran ver“. Quizá como respuesta irónica a la restricción, el episodio está ambientado en los años treinta. Es el más minimalista de los tres, con solo un par de actores (Crispin Glover y Alicia Witt) llevando todo el peso de la narración. 

La atmósfera se construye desde el inicio: estamos en medio de un apagón y seguimos a una pareja que han ido a la ciudad a visitar a un psiquiatra. Toda la pieza es un diálogo pausado y emocionalmente complejo, con la banda sonora de Angelo Badalamenti acompañando bucólicas imágenes a la luz de las velas. Lynch juega un poco a ser Bergman con un estudio de personajes etéreo, ominoso. Crispin Glover (un actor nacido para vivir en el universo del director) interpreta a un chico de pueblo, junto a su novia interpretada por Alicia Witt, que parece tener una afección mental que la hace experimentar reacciones casi catalépsicas.

'Hotel Room'

Se puede sentir la desconexión entre ellos y sus deseos por acercarse lo más posible. Lynch experimenta para entrar en la naturaleza de sus dos personajes permitiendo el espacio necesario para que se desarrollen a base de primeros planos cerrados y una iluminación naturalista y telúrica que crea una atmósfera de embrujo, coronada por el alucinado momento final.

En ningún caso el conjunto de los episodios es imprescindible, pero al menos el primero y el último son asignaturas obligadas de cualquier estudioso de Lynch. El espacio cerrado como límite del microcosmos de una escena alargada es la base de algunas de sus obras, y pese a no tener cruces dimensionales o de realidades paralelas, Hotel Room complementa la idea de autor que explora las líneas de fuga de cuatro paredes y un solo decorado, tal y como se aprecia en otros de sus trabajos, como la habitación principal de Eraserhead (1977), la Logia Negra de Twin Peaks y, sobre todo, la miniserie con espíritu de sitcom onírica Rabbits (2002).

Aquí podéis ver la serie completa:

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