Adiós a Carrie Fisher: mucho más que una princesa galáctica

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Carrie Fisher ha fallecido este martes a los 60 años de edad en el hospital de Los Ángeles en el que permanecía ingresada desde que el viernes sufriera un infarto en un vuelo proveniente de Londres. Además de la legendaria princesa Leia, Carrie Fisher participó en más de una treintena de películas como Granujas a todo ritmo o Hannah y sus hermanas y fue una presencia recurrente en televisión, apareciendo esporádicamente en series de la talla de Frasier, Ellen, Rockefeller Plaza, Sexo en Nueva York o Padre de familia.

No obstante, la actriz californiana ha sido especialmente valorada en los últimos años por su faceta alejada de la pantalla. Como escritora, destaca su descacharrante novela autobiográfica Wishful Drinking (2008), llevada al teatro e interpretada por ella misma y convertida en documental por HBO. No es un secreto que Carrie Fisher criticó abiertamente a Hollywood en múltiples ocasiones y la industria, que lo fagocita todo, aprovechó su agudeza contratádola como script doctor, es decir, consultora (o, si nos atreviésemos a formular una traducción más concreta, “arregladora”) de guiones, trabajando en proyectos como Hook, Sister Act 2, El último gran héroe, El chico ideal o Arma letal 3. Especialmente significativa ha sido también su labor como activista al hablar públicamente de la enfermedad mental que sufría desde hacía años y de las adicciones adquiridas (y superadas) a lo largo de su vida en su lucha contra ella.

Su constante y arrolladora presencia en redes sociales, siempre acompañada por su perro Gary, le hubiera valido un lugar en nuestros corazones si ese lugar no lo hubiera ocupado ella misma desde el mismo instante en el que, con una actitud altiva y de excepcional carisma y superioridad moral, le espeta a Luke Skywalker “¿No eres un poco bajo para ser soldado de asalto?“.

Y es que a pesar de que Carrie Fisher ha sido mucho más que la princesa Leia, muy probablemente sea esa la primera imagen que el mundo siempre conjurará de ella. Algo que por supuesto ella sabía y sobre lo que bromeaba constantemente, como demostró en su breve cameo en Scream 3. Con solo 19 años, Carrie Fisher sentó con Leia las bases de una heroína moderna, fuerte e independiente que la mayoría de ocasiones no ha encontrado continuación, ni siquiera dentro de la propia franquicia. Por muy icónico que fuese aquel bikini dorado (sobre el que ella misma renegó, con razón, varias veces) lo increíble y maravilloso de Leia lo constituían su valor y su ingenio, sus dotes de mando, su inteligencia, su lengua afilada. Carrie Fisher era muy consciente del poder que residía en la figura de Leia, una mujer que lo primero que hace cuando un chaval recién salido de su pueblo y un contrabandista de poca monta llegan a rescatarla es demostrar con palabras y con actos que «Todo esto está muy bien pero ahora me dejáis a mí liderar la misión primero porque aquí mando yo y segundo porque vosotros no tenéis ni puta idea». Una mujer que miraba a los ojos de un arrebatador Harrison Ford y le devolvía todos los golpes dialécticos. Carrie Fisher lo sabía y puede que por eso nunca llegara a renegar del todo de la saga, mostrando siempre una actitud cariñosa hacia su personaje y especialmente hacia los fans. En un día en el que todo el mundo llora su pérdida y desea que la Fuerza la acompañe, vale la pena recordar que si algo ha sido la vida y la carrera de Carrie Fisher es una continua demostración de fuerza.

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