Asesinos de reemplazo y pistoleros magníficos: el Top 11 de Antoine Fuqua

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Héroe del neo-noir, nombre clave del cine de acción moderno que maneja grandes presupuestos, y amiguete de Denzel Washington, Antoine Fuqua puede que sea el director afroamericano que mejor posición ostenta actualmente en Hollywood. Por esas razones y porque ahora estrena su remake de Los siete magníficos, ha llegado el momento de pasar revista a su filmografía. Y lo hacemos ordenando sus once películas según sus logros artísticos.

Policías corruptos mefistofélicos, tiradores profesionales víctimas de oscuras conspiraciones, justicieros urbanos con trastorno obsesivo-compulsivo, cowboys con ganas de venganza, héroes de una pieza a lo John Wayne, y deportistas de élite cortos de sesera. Todo eso y más tiene cabida en las películas de Antoine Fuqua, un director que ha conseguido dejar huella en el cine de acción moderno con una filmografía sólida apuntalada en varios éxitos de taquilla y, también con unos cuantos fracasos. Cruce posible entre el thriller americano de los setenta y el blockbuster actioner noventero de Jerry Bruckheimer y Don Simpson; léase, autoría y vena antisistema frente artesanía y conservadurismo, la carrera algo esquizofrénica de Antoine Fuqua es una de las más interesantes dentro del cine comercial de Hollywood. Los siete magníficos (2016) es una de sus obras de madurez que, además, coincide con las cincuenta primaveras del cineasta nacido en Pittsburgh. Vamos, la excusa perfecta para repasar lo que ha dado de sí su cine hasta el momento. Y lo hacemos de menos a más. De lo peor a lo mejor.

Un par de consideraciones sobre este top: no incluye los trabajos televisivos del director, ni el documental que realizó sobre la historia del blues, Lightning in a Bottle (2004). Aquí nos hemos centrado en sus obras de ficción para la gran pantalla.

11- Lágrimas del sol (2003)

La película más desafortunada de Fuqua y una de esas que todos hemos borrado de nuestras mentes de forma inteligente. En su momento fue una apuesta ambiciosa, con el respaldo de Bruce Willis en el papel protagonista y en la producción a través de su compañía, Cheyenne Enterprises. Una cinta bélica sobre un grupo de soldados norteamericanos destinados a una misión de salvamento en Nigeria que se complica de lo lindo. Con apuntes de brocha gorda sobre el heroísmo altruista (ejem) y de denuncia sobre como la comunidad internacional olvida a la población civil en las zonas de conflicto de África, Lágrimas del sol muestra también al Fuqua menos inspirado en lo visual. Su versión más testosterónica y vulgar.

10- El rey Arturo (2004)

Aquí nuestro protagonista tampoco estuvo fino. De hecho esta película, junto a Lágrimas del sol, pertenece a su etapa menos afortunada tras el hit de Día de entrenamiento (2001). Una época en la que Fuqua quiso probar otros géneros sin mucho éxito. En El rey Arturo se atrevió con el cine de aventuras clásico, y se vendió como ‘la verdadera historia nunca antes contada que inspiró la leyenda’. Y la verdad es que no coló. Con escenas de lucha supuestamente realistas inspiradas descaradamente en el Braveheart (1995) de Mel Gibson -con pinturas de guerra en las caras incluidas-, la película acaba naufragando a causa de la falta de convicción de sus protagonistas (solo se salvaba Keira Knightley como una Ginebra guerrera), y la frialdad de sus imágenes, meras postales de época.

9- Bait (2000)

Comedia de acción con un punto de partida casi sci-fi. De esas intrascendentes pero que te alegraban la noche cuando acudías al videoclub en busca de un entretenimiento palomitero. Bait presenta a un Jamie Foxx asilvestrado en uno de sus primeros papeles protagonistas; un ladrón venido a menos al que implantan un dispositivo de seguimiento experimental en la mandíbula que monitoriza todos sus movimientos. La policía lo utiliza como carnaza (bait en inglés) para cazar a su socio, otro ratero. Bait fue la segunda película de Fuqua tras Asesinos de reemplazo: un thriller bien resuelto con fuste de artesano que no dejaba poso y que no anticipaba lo que estaba por llegar un año después en Día de entrenamiento.

8- The Equalizer. El protector (2014)

Un sano divertimento de la pareja Fuqua-Washington que toma la forma de una precuela que explica el origen del personaje protagonista de la serie de televisión El ecualizador (1985-1989); que aquí, ojo, sufre un blackwashing. Washington encarna a un ex-agente de inteligencia del gobierno retirado, metido a mozo de almacén que ayuda a sus semejantes a lo Cadena de favores (2000), que se vuelve a convertir en una máquina de matar cuando la mafia rusa se cruza en su camino. Heredera del cine de justicieros urbanos a lo Winner-Bronson, The Equalizer. El protector tiene una excelente primera media hora que describe con detalle la vida cotidiana del protagonista (que padece algo parecido a un TOC). Pero luego entra en una serie de altos y bajos narrativos que culminan, eso sí, en un apañado clímax final ultraviolento y gore en el que un almacén de ferretería se convierte en un campo de batalla.

7- Southpaw (2015)

Bueno, quizás este sea el placer culpable de la filmografía de Fuqua. Un drama pugilístico de fuerte carga catártica y emotiva escrito por el creador de Hijos de la Anarquía (2008-2014), Kurt Sutter, sobre un boxeador paleto que lo pierde todo a causa de no saber controlar sus ataques de ira. Southpaw no aporta nada nuevo a este subgénero (ni siquiera en las escenas de lucha en el cuadrilátero), pero destaca en la certera y sorprendente descripción que realiza de un macho alfa venido a menos. Jake Gyllenhaal se entrega por completo a su personaje, que hará todo lo posible por recuperar a su hija tras perder a su mujer de forma trágica. Con pinceladas de clásicos como Rocky (1976) y Toro salvaje (1980), pero también de propuestas contemporáneas como Warrior (2011), Southpaw no esconde tampoco su condición de película para los Oscars. Aunque eso sí, al final no obtuvo ninguna nominación. De hecho, ni siquiera logró colarse en los Globos de Oro.

6- Objetivo: La Casa Blanca (2013)

Fuqua en su versión más epidérmica, menos refinada, y en modo cobrar el cheque. Y es que aquí abraza el cine de acción disparatado de la Cannon, el de Invasión USA (1985), por ejemplo. El body count de la película es de los que hacen historia, y se echa de menos un contador de muertos como el de Hot Shots 2 (1993). Aquí no vale la pena buscar sutilezas: rebosa maniqueísmo y terroristas sanguinarios norcoreanos con una intención clara, matar al presidente de los Estados Unidos, un gafado Aaron Eckhart. Con lo que no cuentan los villanos orientales es con la presencia del ex-jefe del servicio de seguridad del presidente, Gerard Butler, que se cruza en su camino. Busca redimirse de un trágico suceso que acabó con la muerte de la primera Dama. El asalto inicial a la Casa Blanca, que es destruida casi por completo en unos minutos, es puro delirio actioner.

5- El tirador (2007)

Detrás de este vehículo para el lucimiento del casi siempre justito Mark Wahlberg, que aquí da el pego como francotirador tarugo con capacidades casi sobrehumanas aficionado a las teorías conspiranoicas, se esconde una crítica durísima a las políticas intervencionistas fuera de los Estados Unidos de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa norteamericano en la era George W. Bush. Algo rarísimo de ver en una película mainstream y principal atractivo de la función. Fuqua, que aquí se fija en el cine de conspiraciones de los años setenta, la acción estilizada e increíble de Sergio Leone (el guiño a Por un puñado de dólares -1964- con el chaleco antibalas de acero de Michael Peña), y las ganas de molestar al establishment de Oliver Stone, firma uno de sus neo-noirs más destacados. Está apoyado también en un espectacular plantel de secundarios en roles malvados: Danny Glover, Elias Koteas, Rade Serbedzija y un Ned Beatty que brilla especialmente como senador corrupto.

4- Asesinos de reemplazo (1998)

El debut de Fuqua sigue siendo uno de sus mejores trabajos. Además de uno de los más disfrutables tebeos de acción de los noventa que anticipa títulos como Shoot’Em up: En el punto de mira (2007) y John Wick (2014) en su apropiación del cine de acción de Hong Kong vía Estados Unidos. Bendecida por John Woo, que se encarga de la producción ejecutiva, Asesinos de reemplazo muestra la versión más festiva y pirotécnica del director de Bait, con altas dosis de violencia gratuita (aquí mueren hasta los civiles despistados que se cruzan en el camino de los pistoleros) y tiroteos acrobáticos coreografiados a lo Hard Boiled (1992). La presencia de un Chow Yun-Fat on fire en su primera película fuera de China y una Mira Sorvino estupenda en su papel de heroína de acción autónoma -es ella la que convence a Yun-Fat para que se enfrente a los villanos en el grand finale-, redondea el conjunto. Por cierto, en su primer trabajo Fuqua ya dejaba claro su amor por los secundarios de carácter con la presencia de Michael Rooker, Jürgen Prochnow, Til Schweiger y Danny Trejo.

3- Los siete magníficos (2016)

Teníamos la mosca tras la oreja con este remake pero hay que reconocer que al final sus responsables lo han sabido llevar a buen puerto. Y no solo eso: con todas las de ley se sitúa en el Top 3 de Fuqua. La nueva Los siete magníficos, consciente de que en 2016 el tono aventurero e ingenuo de la excelente y homónima cinta de John Sturges no tendría ningún sentido, opta por un tono más sombrío y visceral cercano al de la versión original de la historia; la acuñada por Akira Kurosawa en la obra maestra Los siete samuráis (1954). Apoyada en un guion de Nic Pizzolato -el primer guion para cine del creador de True Detective (2014-)- y Richard Wenk (la mano derecha de Fuqua en The Equalizer. El protector), la película no se anda con rodeos en su análisis de la condición y el origen violentos de los Estados Unidos (una nación que sigue avanzando según la Ley del Talión), y en su crítica feroz al capitalismo neoliberal. Y es que, aunque no lo parezca en su envoltorio exterior, Los siete magníficos, en espíritu, es heredera de Grupo salvaje (1969) y La puerta del cielo (1980).

2- Día de entrenamiento (2001)

Podría ser un ex aequo con Los amos de Brooklyn pero había que mojarse y se ha quedado en la segunda posición. Día de entrenamiento es una película importantísima por muchos motivos, y no solo porque se trate de un título fundacional del nuevo thriller norteamericano que muestra dos estereotipos de policías americanos enfrentados: el wise guy y corrupto capaz de todo por dinero (Denzel Washington en su primer villano), y el idealista y algo inocente que quiere hacer lo correcto (Ethan Hawke saliendo de su era grunge). Puso en el mapa a David Ayer, que firmó un guión inspirado en la edad de oro del thriller policial yanqui y en concreto en películas como Los nuevos centuriones (1972) y Quiero la verdad (1975). Y significó el inicio de la pareja de baile formada por Fuqua-Washington. Un inicio que le reportó al segundo el Oscar al mejor actor protagonista, hasta ese momento un logro solo alcanzado por Sidney Poitier en En el calor de la noche (1967).

1- Los amos de Brooklyn (2009)

El gran neo-noir de Fuqua y a la vez el más clásico. Una historia coral de policías y algún hampón (ojo a Wesley Snipes que aquí recuperaba parte de su prestigio perdido tras su época oscura), que se mira en el espejo del Sidney Lumet de Serpico (1973) y El príncipe de la ciudad (1981). Este análisis con sustancia y en clave progresista pero punzante, al estilo Lumet, sobre el estamento policial a través de tres agentes, uno corrupto (Ethan Hawke), otro a punto de retirarse (un crepuscular Richard Gere), y un infiltrado con síndrome de Estocolmo (Don Cheadle), destaca por estar rodado casi de forma íntegra en el barrio de Brownsville, una de las zonas más deprimidas de Brooklyn. Algo que imprime realismo a la historia. De hecho, Fuqua y su guionista, Michael C. Martin, querían recuperar el cine neorrealista italiano del Ladrón de bicicletas (1948) y aplicarlo al thriller moderno. Y la verdad es que lo consiguieron.

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