‘Atípico’ – Autista antes que persona

Atípico, la nueva serie de Netflix, se presentaba como una serie dispuesta a innovar y acabar con los mitos generados alrededor de las personas con autismo. No lo consigue. La cadena, famosa por su inclusión de diversidad, pincha esta vez y lo hace a lo grande. Te explicamos por qué.

Sabes que un grupo está infrarepresentado en televisión cuando las series no necesitan una premisa, más allá de su presencia, para funcionar. Si el protagonista es un hombre blanco cis-het (neurotípico, como coletilla en este caso), diremos que la serie va de “un sarcástico médico de urgencias“, “dos hermanos que luchan contra fuerzas sobrenaturales” o, quizás, de “un adicto al sexo en vías de recuperación“.




Salirse de estos estrechos parámetros es tan inusual que, cuando lo hacen, los showrunners parecen no necesitar nada más para vender su idea que añadir una una localización o unas palabras para dar contexto. Así, tenemos historias sobre “un grupo de mujeres en Nueva York“, “un grupo de amigos homosexuales en San Francisco” o, como es el caso de Atípico (2017), “un autista y su familia“.

Quizás las personas más sensibles o las más implicadas en temas sociales se sientan escandalizadas al ver definido al protagonista simplemente como “un autista”. Como muchos colectivos no se cansan de repetir, ningún ser humano puede reducirse a una de sus facetas y, lejos de hablar de un anoréxico o una minusválida, te invitan a usar construcciones como “un hombre con anorexia” o “una mujer con diversidad funcional” para tener esto siempre presente. No obstante, con Sam Gardner, el protagonista de Atípico, la palabra “persona” se queda grande.

Durante muchos años, periodistas y analistas culturales hemos hablado de diversidad en términos numéricos, usando porcentajes, y olvidando en ocasiones algo muy importante: no sólo hay que luchar por la cantidad sino también por la calidad de la representación. Que no basta con generar visibilidad de cara a la sociedad (aunque esto sea importante) sino también conseguir que los miembros de esa minoría se sientan correctamente representados.

El 67% de los episodios de televisión en USA están dirigidos por hombres caucásicos

Y resulta que cantidad y calidad sólo pueden ir de la mano si los encargados de los proyectos tienen una cosa clara: escribir minorías conlleva cierta responsabilidad. No se trata sólo de leer, sino de pasar el suficiente tiempo con los miembros de un colectivo para ver que hay más cosas que los diferencian de las que les unen. Que son personas individuales con experiencias distintas a pesar de que, si hablamos por ejemplo de autistas, (casi) todos duden de si la expresión con la que los miras refleja felicidad o inquietud.

La fiesta de los tópicos

Robia Rashid, la creadora de Atípico, no es ajena a tirar de clichés dañinos en su trabajo. Ya en Cómo conocí a vuestra madre (2005-2014), serie de la que es co-escritora, trabajaba con personajes que, no por ser más o menos divertidos, resultaban tridimensionales.

En ese caso concreto, el elenco coral, pese a estar conformado por jóvenes de clase media, blanquísimos y heterosexualísimos, permitía distraernos un poco de ciertos mensajes problemáticos que la serie llevaba intrínsecamente unidos a su concepción: la propagación de ciertos mitos del amor romántico, la frivolidad con la que se trataba la persecución y el engaño a las mujeres o la glorificación de los hombres-niño podían dejarse de lado porque, bueno, Barney era bastante gracioso y, a fin de cuentas, nadie espera de verdad que todos los hombres actúen y se comporten de esa manera.

Lamentablemente con el autismo no pasa así. La televisión y el cine se han agarrado a una imagen muy específica para representar a las personas de dentro del espectro y su repetición constante deja huella en los espectadores poco informados.

Como es habitual en la ficción, Sam Gardner es un chico -el autismo afecta más a hombres que a mujeres pero, desde luego, hay mujeres neurodivergentes-, heterosexual, blanco, delgado —la obesidad está más extendida en personas dentro del colectivo— y de clase acomodada que, para no variar, tiene altas capacidades, aficiones extrañas y cierta pasión por la tecnología.

Un espectador se queja en redes sociales de lo deshumanizante que es una representación así

Un espectador se queja de lo deshumanizante que es una representación así

La serie, que pretendía ser rompedora y derribar tabúes en relación con el autismo, vuelve a ignorar a los más desfavorecidos dentro de un colectivo que, ya de por sí, debe lidiar con la incomprensión y el desconocimiento de la sociedad.

Dejando a un lado el punto de vista social y hablando desde el puramente dramático, una protagonista femenina, de una familia desectructurada o sin dinero para pagar la terapia de habilidades sociales, hubiera sido mucho más interesante. No obstante, para escribir un personaje tan novedoso, Robia Rashid debería haber dedicado un tiempo a la documentación, cosa que a la creadora le resulta molesto. En lugar de eso, Rashid ha tirado a lo sencillo: leer la wikipedia y ver varias películas. Sólo así explicamos a Sam Gardner.

Ficción sobre ficción

Hay un chiste en el primer capítulo de la serie en relación con la sonrisa de Sam. Tanto su mejor amigo como la psicóloga que lo trata (no sabemos bien por qué) le dicen que sonría para, tras ver la mueca del chico, pedirle que no lo haga más.

Este chiste está copiado de The Big Bang Theory (2017-,) en donde tiene a Sheldon Cooper como protagonista. No es el único detalle que puede rastrearse hasta otras obras centradas en el autismo. La obsesión de Sam con la Antártida -y las razones por las que este continente le apasionan- coincide con la que Simon tiene con el espacio en la cinta sueca I rymden finns inga känslor (estrenada en algunos países latinos como En el espacio no hay sentimientos, 2010) cuyo protagonista resulta ser Asperger.

Fotograma de 'I rymden finns inga känslor'

Fotograma de ‘I rymden finns inga känslor’

Estos ejemplos ponen de manifiesto que, aunque es evidente que Atípico presenta una cierta inquietud por mostrar características propias del comportamiento de las personas del espectro, lo cierto es que no intenta ser realista ni original al enseñarlos y, lo que es peor, muchas veces sólo lo hace con los que resultan más atractivos.

Y es que parece una constante: los rasgos típicos de las personas autistas tan sólo se muestran o para hacer reír al espectador o para crear incomodidad y tensión entre los demás personajes. Salvo en el último capítulo (y tan solo en la última mitad), nunca vemos a Sam reaccionar ante su propio comportamiento o ante su incapacidad para entender a las demás personas. Se nos dice que es un solitario pero nunca lo vemos querer o buscar amigos. Se nos dice que lo consideran raro, pero nunca llegamos a ver qué hace Sam con respecto a esto o cómo llega a afectarle.

En el episodio final, la irritante voz en off de Sam nos recuerda que las personas dentro del espectro no sólo tienen empatía sino que en muchas ocasiones ésta es mayor que la de los neurotípicos. Que, cuando las personas con autismo actúan de manera que podríamos considerar cruel o ruda, es más por no saber interpretar la situación o no entender lo que la otra persona le expresa, que por no compartir o entender los sentimientos. No obstante, esto no es lo que se muestra en pantalla.

Sam y su novia Paige

Sam y su novia Paige

Vemos a Sam encerrando a su novia en un armario, hablando mal de ella constantemente e incluso escondiéndose para no verse obligado a pasar tiempo juntos. En ocasiones algún personaje le explica que lo que ha hecho está mal y, a pesar de todo, Sam no parece sentir ningún remordimiento. Es más, jamás lo vemos disculparse o tener en cuenta a alguien más que a él mismo. Esto, desde luego, no se ajusta a la realidad de miles de personas en el espectro que, en ocasiones, saben que están más predispuesto a cometer errores sociales y se esfuerzan día a día evitarlos.

Lo de mostrar rasgos aislados sin introducirnos en la realidad de la persona que los sufren es muy común cuando aparecen personajes neurodivergentes o con algún tipo de trastorno de la salud mental. En Atípico, Sam es su diagnóstico (todo lo que hace se debe a él) y su único interés parece ser buscarse una novia -o ver tetas, según el episodio- sin plantearse jamás si es buen amigo, si trata bien a sus padres, si molesta demasiado a su hermana o si es realmente bueno en el trabajo.

Estas preocupaciones naturales y constantes en personas de todo tipo (neurotípicas y neurodivergentes), se suelen encontrar con más frecuencia en miembros del colectivo, especialmente si han aprendido ciertas habilidades sociales. Y es que lo de que los chicos autistas pueden aprender habilidades sociales es un detalle que en la serie no han acabado de entender.

La familia protagonista de Atípico lleva muchos años lidiando con el autismo. Sam fue diagnosticado cuando era niño, su madre parece estar bastante implicada con diversos programas de apoyo a las familias y, además, organiza cada año una carrera por la visibilidad del colectivo. En varios episodios se comenta que Sam ha asistido a terapia para aprender habilidades sociales pero no parece haber sacado nada de ellas ni conservar ningún amigo de aquellos tiempos.  Tampoco parece ser capaz de explicarles a las chicas que lo que ellas definen como “raro” tiene un nombre concreto para intentar hacerse entender. En otras palabras, en Atípico no sólo se borra la individualidad de una persona con autismo sino que se obvia la ayuda con respecto a la socialización que pueden ejercer las asociaciones, clubs y otros tipos de colectivos.

Aparte de Sam, sólo conocemos a otro chico con autismo -interpretado por un actor dentro del espectro- pero sus dos intervenciones ni aportan nada ni crean ningún tipo de contraste con nuestro protagonista. Atípico parece querer insinuar que los neurodivergentes son rarezas de la comunidad. Que no se relacionan unos con otros cuando lo más común es que sea así.

Tuitero animando a la gente a leer el hashtag #ActuallyAtypical

Tuitero animando a la gente a leer el hashtag #ActuallyAtypical

Por estas y otras muchas razones, varias comunidades de personas en el espectro se han posicionado de manera clara en contra de Atipico, llegando a clasificar la producción de Netflix como dañina e insensible. En el hashtag #ActuallyAtipical, cientos de personas comparten sus vivencias y critican que Netflix no contara con ningún autista en el equipo de producción, escritura o documentación de la serie.

Pero aunque para muchos la mala representación ya es suficiente como para rechazar de pleno la propuesta de la cadena hay personas que aún pueden seguir sintiendo curiosidad por el producto. Llegados a este punto es inevitable preguntarse…

Pero… ¿es una buena serie?

Como coming-on-age o como comedia de instituto Atípico se queda bastante corta (la misoginia de la serie da para otro artículo). No obstante, las veces que consigue brillar es cuando presenta las dificultades de los otros miembros del núcleo familiar. Las tramas que involucran a los restantes miembros de la familia Gardner, pese a no ser precisamente originales, funcionan como ejemplo de que el autismo no es cosa de uno sino que afecta de muchas maneras a toda la familia.

Casey Gardner, la hermana pequeña de Sam, es una atleta con talento acostumbrada a que su hermano, pese a todo, se lleve la atención de sus padres. Dispuesta a renunciar a una beca en un instituto mejor por la imposibilidad de seguir ayudando a su hermano (que, por algún motivo, es capaz de coger el autobús solo pero no de pagar la comida de la cafetería), Casey -al igual que Elsa, la madre interpretada por Jennifer Jason-Leigh-, ejemplifican los dos tipos de actitudes que los familiares suelen tener para/con personas dentro del espectro: sobreprotectoras, en el caso de la madre, o estimulantes, en el caso de la hermana.

Quizá la historia más emotiva sea la de Doug, el padre incapaz de conectar con su hijo que centrará todos sus esfuerzos en lograr tener una relación con él. La sensible interpretación de Michael Rapaport salva lo que es un refrito de escenas que, no importa cuántas veces hayamos visto, siguen convenciendo igual.

Poco más.

Con suerte, el interés que ha generado la serie –Atypical, el título original, fue uno de los términos más googleados la semana del estreno- se traducirá en más personas interesadas en el espectro. En espectadores curiosos informándose y educándose a sí mismos en lo que es y supone el autismo. Pese a todo, la duda es qué pasará con los demás. Con los que sigan pensando que los autistas son monstruos risibles como el Sam Gardner que ven en pantalla.

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2 comentarios

  1. quitus_bcn dice:

    ¿Un relato/serie/película que relate exactamente todo el proceso autista/asperger/similar no debería ser parcial o totalmente “incomprensible” para el espectador ajeno a esas dinámicas?
    Quiero decir, si me pongo a pensar con las dinámicas que se generan en mi familia (madre, hermana con Down y yo) no tengo clara que tengan mucho sentido (vistos desde fuera). He intentar reproducir la visión que pueda tener mi hermana de “la vida” me parece (casi) imposible. Eh, que seguro que hay genios de la escritura y la narrativa que puedan hacer funcionar todas esas piezas, pero me parece una titanada descomunal (y bastante jodida de querer hacer cuadrar con el mundo comedia. O dramedia. O como se lo llame ahora).

    p.d: Supongo que podría ser peor. El protagonista autista podría ayudar a la poli a resolver casos misteriosos en la CBS. Y luego hacer crossovers con Lucifer, Preacher y un par de panolis mas. “Tee Difienders” (también hay un disléxico en el grupo. Eso ayuda mil).

    p.d2: Soy disléxico, creo que puede reírme de esa condición, aunque seguramente no.

    1. Marta Trivi dice:

      Hola, _quitus_bcn
      Yo no tengo la sensación de que un producto de esas características sería incomprensible. El videojuego ‘Hellblade’, que salió hace unas semanas, está obteniendo muy buenas críticas en cuanto a la descripción de lo que significa vivir escuchando voces, lo que pasa es que, claro, para crearlo el proceso de documentación ha sido muy meticuloso y ha incluido a personas afectadas por psicosis.

      Personalmente, creo que hay muchas formas sencillas de mostrar cómo es la vida con autismo o cómo es vivir al lado de una persona autista. Se me ocurren cientos de bromas más a allá de la típica de decir cosas inapropiadas en momentos inoportunos o ser bruscos con los demás sin preocuparse por ellos. En la parte de drama, centrarse un poco en cómo sufre la persona afectada por no estar a la altura es un enfoque que aún no he visto en televisión.

      Para acabar, hey, creo que todo el mundo puede reírse de cualquier situación. La clave está en hacerlo de manera inteligente y no ofensiva.

      Muchas gracias por leer un comentar.

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