‘Big Little Lies’ y la representación de la violencia machista

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Perry Wright es un marido de película: guapo, atento, familiar y completamente enamorado de su mujer Celeste. Sin embargo, la visión de él que nos muestra Big Little Lies, la nueva serie de HBO que acaba de finalizar su primera temporada, no es la que acostumbramos a ver. Perry Wright es ese marido de película justo después de que acaben los créditos, cuando el señor Grey se quita el traje o cuando La Bestia, ahora transformada en príncipe, demuestra que unos meses de cariño no son suficientes para borrar años de comportamiento abusivo.

¡Atención! Este artículo contiene spoilers y detalles de la trama de la primera temporada de la serie.

Cuando vemos por primera vez a Celeste, el personaje que Nicole Kidman interpreta en Big Little Lies (2017), ella desayuna en la amplia terraza de su mansión junto con su marido Perry. Nadie diría que son un matrimonio con años a sus espaldas. Perry y Celeste no pueden alejarse el uno del otro mientras que sus hijos, dos gemelos rubios tan ideales como ellos, corretean a su alrededor. El montaje nos lleva de golpe a una sala de interrogatorios en la que sus amigos y vecinos les cuentan a la policía la misma historia: están tan enamorados, son tan pegajosos, que es imposible que no te den asco.

Celeste es inteligente, elegante, una especie de diosa que destaca entre todas las demás mamás que esperan a sus hijos en la puerta del colegio de primaria. Perry no se queda atrás. Es rubio, alto, rico y joven. Es guapo de la misma manera sobrenatural en la que lo es su mujer. Como pareja, Celeste y Perry han seguido todos los pasos que propone el manual del amor romántico que los medios no se cansan de representar. Ella, por devoción, ha dejado su importante carrera como abogada y se ha mudado, dejando atrás a familia y amigos, hasta un lugar más idóneo para su futuro en común. Él, por amor a su familia, trabaja día y noche renunciando a pasar tiempo con los hijos a los que adora. Su relación, según sus propias palabras, es apasionada. El sexo increíble. Algo brusco, quizás. Violento. Pero increíble a fin de cuentas.

Sin embargo, una vez dejamos de ver a la pareja como extraños y nos metemos en su casa, todo cambia. Perry, el marido perfecto que juega con sus hijos en el jardín, agarra a Celeste del brazo con demasiada fuerza cuando esta no contesta tal y como él desea. En terapia él pretende mostrarse sincero: a veces se pasa, es muy inseguro, dice. Perry calla mientras su mujer le excusa y reparte entre los dos la culpa de la violencia constante en su relación. “Tenemos mucha rabia“, dice Celeste mientras Perry mira afectado a la psicóloga.

El enfoque de la violencia machista que usa la serie de la HBO es totalmente realista y, por ello, valiente y relativamente novedoso en televisión. Alejado de clichés que, por desgracia, se repiten incluso en campañas de prevención institucionales, Big Little Lies habla de temas que muchas otras producciones evitan de forma activa. Su frescura comienza en la creación de personajes. En como evitan los tropos -falsos pero efectivos en pantalla- a la hora de describir a la víctima y al maltratador.

Víctimas y verdugos reales

Imagen de Big Little Lies

Perry y Celeste son ricos. No son personas atrapadas por unas circunstancias que sacan lo peor de ellas. Tal y como queda claro, Celeste dispone de dinero y de oportunidades para marcharse con sus hijos y dejar a Perry. Sin embargo, no toma la decisión de forma activa hasta que la anima su terapeuta. Esta es la forma escogida por David E. Kelley para mostrarnos la dependencia emocional. A lo largo de los siete capítulos vemos una y otra vez como Celeste, a pesar de su dolor, pese a que comprende lo tóxico que es su matrimonio, busca una y mil excusas para quedarse: Perry es bueno con los niños, somos una familia, él quiere cambiar… Celeste llega incluso a convencerse de que disfruta con las brutales prácticas sexuales de su marido, en un intento desesperado por esconder el abuso debajo de un juego sexual.

Más allá de eso, Celeste no es la típica victima, la víctima perfecta, que tanto gusta en las ficciones. Al contrario, Celeste se parece más a las mujeres reales víctimas de violencia de género cuyos testimonios son puestos en duda una y otra vez. Lejos de ser una mujer pasiva, en muchas ocasiones, siempre después de que Perry inicie el comportamiento violento, Celeste lucha contra él. Le empuja, le pega y en el sexto episodio -después de que él insista para tener relaciones- le golpea con una raqueta hasta casi fracturarle el pene.

Imagen de Big Little Lies

No obstante, el patriarcado influencia tanto a Celeste que ni siquiera ella se ve como una víctima. En esta sociedad machista persiste la idea de que sólo se es una si la respuesta a la agresión es la indefensión total. Testimonios como el de Rihanna, Amber Heard o, más recientemente, el de la novia del jugador del Atlético de Madrid, Lucas Hernández, son puestos en entredicho porque ellas causaron algún tipo de lesión menor (arañazos, empujones) al hombre que las golpeaba, o porque profirieron insultos durante el ataque. La valentía de la HBO está en mostrar eso sin ningún tipo de justificante, no lo necesita. Los guionistas de la serie no intentan crear a una victima de manual y es por eso que su retrato resulta mucho más fiel y demoledor.

La representación del maltratador también se aleja de la norma. No es un hombre desagradable, inculto o maleducado, que se bebe el dinero de su familia. Nunca, por suerte, se insinúa que su ira explosiva -su pasión- es la culpable de todo, más bien lo contrario. Perry tiene todo siempre bajo control. Sus comportamientos violentos pueden parecer fruto de un estallido pero, tal y como vemos en varias ocasiones, él es perfectamente capaz de mostrarse de nuevo imperturbable ante la aparición sorpresa de sus hijos, cosa que Celeste, fuera de sí, no puede hacer.

Otra cosa que el equipo de David E. Kelley se preocupa de dejar claro es que la única causa del maltrato es el maltratador y nunca, jamás, se presenta una situación violenta como si estuviera provocada por las acciones de Celeste. Tal y como podemos ver, el único motivo por el que Perry inicia una pelea es porque a Perry le apetece pelear. Porque se siente inseguro, frustrado y culpable y necesita buscar cualquier excusa para pagarlo con su mujer. Los juguetes de los niños por el suelo, que no le molestaban en el segundo episodio, se convierten, un par de capítulos más tarde, en el motivo por el que humillar a Celeste.

Lo realmente brillante del guión de Big Little Lies es que Perry está escrito como una fantasía femenina: profesional, familiar, atractivo y exitoso. Es lo que cientos de películas nos han dicho a las mujeres que tenemos que buscar. Sus gestos románticos son los mismos que hemos visto idealizados en cientos de ficciones, su imagen impecable es a lo que a todas nos han dicho que tenemos que aspirar. Perry es también atento. Está atento a todo, aunque su exceso de control no se muestra en pantalla de la misma manera ante la que el público está ya insensibilizado.

Christian Grey representa el mismo tipo de fantasía femenina que Perry Wright

Christian Grey representa el mismo tipo de fantasía femenina que Perry Wright

No lo vemos criticar cómo viste su mujer, prohibirle hacer algo o decirle de manera explícita que deje de tratar con sus amigas. Su actuación es más sutil. Una mala cara ante un plan o el silencio tras las palabras de Celeste nos dicen mucho más que sus rabietas.

Un detalle llamativo es que Perry no oculta sus tendencias violentas en terapia. Admite que sí, que agrede a su mujer. Y sí, quiere cambiarlo y se siente mal. Tiene una excusa preparada para ello: quiere a su mujer, la quiere con locura y tiene mucho miedo a perderla. Por eso actúa de esa manera.

Como muchos maltratadores, Perry es en extremo inseguro, y oculta su carácter violento bajo la imagen de padre ejemplar. “Los hombres como Perry piden siempre la custodia” dice en el sexto capítulo la terapeuta a Celeste, “es cuestión de ego“. Tras comprender los varios métodos que los abogados de Perry usarán para desacreditar su alegato de violencia machista, Celeste abre los ojos. Tiene que abandonarlo y tiene que hacerlo ya.

Violencia por encima de todo

Imagen de Big Little Lies

El empeño por cubrir la violencia de género con todos sus matices y no concentrándose sólo en los golpes y las palizas hace que Big Little Lies sea un ejemplo perfecto de la violencia en todo su espectro, de la más sutil y psicológica (aunque no por eso menos dañina) a la más explícita y brutal.

Una vez conocemos a los personajes y aprendemos sus dinámicas, es imposible no sentir la tensión cada vez que Perry se encuentra en escena a solas con su mujer. Incluso cuando el personaje de Alexander Skarsgård ocupa un lugar secundario o terciario, podemos percibirlo como una amenaza. Un ejemplo de esto lo tenemos en el quinto episodio. La inocente conversación entre Celeste y Madeline cambia totalmente de registro cuando, en el fondo, vemos a Perry entrar a la cocina para hacerse un sandwich. A partir de ese momento, todas las palabras de Celeste -que siguen siendo insustanciales- se perciben como peligrosas, ya que cualquier cosa puede hacer estallar a Perry si Perry así lo desea.

Big Little Lies deja muy claro que cuando existe violencia en una casa, esta lo impregna todo, incluso los detalles más nimios. Las flores que Perry manda a su mujer no son sino una manera de aliviar su sentimiento de culpa tras un comportamiento agresivo. La escapada romántica que le propone algo después, un arma de doble filo. Es un regalo para Celeste pero no un obsequio al que pueda renunciar.

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La última constancia de que la violencia es un mal endémico en el hogar de Perry y Celeste la vemos en la trama de Max, uno de los hijos, que, tal y como descubrimos en el último capítulo, ha estado agrediendo a una compañera de clase. Mientras que Celeste afirma una y otra vez a lo largo de los episodios que Perry nunca tocaría a sus hijos, dando a entender con esto que los niños no son víctimas de la situación familiar, el conocimiento de que su hijo exhibe comportamientos tan idénticos a los de su padre, devuelve a Celeste -y con ella al espectador- a la dura realidad en la que los niños, como no puede ser de otra manera, perciben la tensión y el abuso que sus padres creían esconder con tanto esmero.

Dinámicas de poder

Si bien la idea de introducir el personaje de la terapeuta puede parecer a priori producto de la pereza, una manera de hacer a los personajes hablar sus problemas en vez de intentar mostrarlos en pantalla, la doctora Reisman termina siendo una herramienta muy apropiada para sintetizar y explicar dinámicas -ponerles nombre, si lo preferimos- una vez nos han sido introducidas. Esto es lo que sucede con las dinámicas de poder.

Todas las escenas (con excepción de la presentación) que involucran a Perry y Celeste conllevan un cambio de poder de un personaje a otro, siendo lo habitual que Perry ostente la posición dominante al inicio (es el que ejerce violencia y el que tiene la capacidad de pararla) y Celeste termine, asustada y humillada, sabiendo que durante cierto margen de tiempo el sentimiento de culpabilidad de su marido le permitirá sentirse relativamente a salvo.

Cuanto más daño me hace más poder (obtengo)” le dice Celeste a su psicóloga. Esta frase resume todo lo que hemos visto hasta el momento porque mientras Perry no toque a Celeste, la amenaza sobre ella es constante y su influencia está presente incluso aunque él se encuentre de viaje en otro continente. Tras la agresión, Perry parece hacerse consciente de la infelicidad de su esposa, de la posibilidad del abandono y de la maldad de sus actos y es entonces cuando da lo mejor de sí. Cuando acepta ir a terapia para que “ambos” trabajen en la relación, cuando tiene más detalles con ella y cuando alivia la presión sobre Celeste proporcionándole con ello una falsa sensación de libertad

En momentos como este -cuando Celeste se siente poderosa- es cuando menos razones le da Perry para dejarla. Es cuando más la hace dudar porque… ¿cómo dejarlo si cuando tiene todo a su favor es el hombre perfecto?

Simbolismos: mujeres luchando contra la violencia patriarcal

Imagen de Big Little Lies

Sin haberla visto, días antes del estreno, ya había muchos críticos comentando cómo Big Little Lies tomaba el relevo de Girls (2012-2017), de Sexo en Nueva York (1998-2004) o de Mujeres desesperadas (2004-2012), como la ficción femenina de referencia. Sin embargo, más allá de tener un elenco coral exclusivamente femenino, blanco y privilegiado, todas esas series tienen poco en común. Descartando las dos últimas, en las que el empoderamiento siempre se presenta desde una óptica machista, Girls y Big Little Lies parecían coincidir en su feminismo blando y no demasiado molesto. La primera, no obstante, se desmarca de esto en su último episodio.

En las dos escenas que cierran el último capitulo vemos dos conceptos presentados con tal contundencia que es imposible no entender el camino que el showrunner ha escogido para el futuro. El primero de ellos, la sororidad: mujeres que han sido capaces de dejar a un lado sus diferencias para defenderse de un peligro (Perry, representando al sistema patriacal y a la violencia machista y sexual) que, como comprenden, les afecta a todas. El segundo, la independencia, expresado en la escena de la playa en las que todas las mujeres demuestran que no necesitan a los hombres en su vida -hombres que durante los capítulos anteriores han sido siempre, o casi siempre, fuentes de problemas-.

Big Little Lies cierra su primera temporada con nota alta. Cierra las tramas y cuenta todo lo que tenía que ser contado. Aún no ha sido renovada para una segunda temporada pero su vuelta parece probable, más cuando Nicole Kidman ha declarado que está deseando volver. Sea lo que sea lo que decida HBO, esta primera temporada queda como una de las mejores representaciones de la violencia contra la mujer que hemos podido ver en televisión. Solo por eso, merece la pena.

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4 comentarios

  1. qwerty_bcn dice:

    Quizás centrar todo el interés de la serie en una sola de las parejas es excesivo.
    Que no digo que no sea interesante como presentan lo ahí sucedido, pero tengo la sensación que la serie va mas allá de eso. Mas allá de exponer sólo un tipo de dinamias jodidas. Que quizás tanto Madeline Martha Mackenzie, como Bonnie Carlso y (sobretodo) Renata Klein son un “coñazo” como personas y que aguantarlas sin rechistar nada es ser todo un masoquista.
    Creo que ahí esta la fortaleza de la serie, que es capaz de repartir a todos lados.

    1. Marta Trivi dice:

      Hola, qwerty_bcn, tienes toda la razón, la serie es una maravilla y tiene mucha tela que cortar.

      Así, sin darle vueltas, se me ocurre que podría haber escrito sobre Madeline y lo que le sucede a las mujeres que vuelcan su vida en la maternidad (tal y como les enseñan) cuando sus hijos crecen, en Jane y las consecuencias de una agresión sexual (el estres postraumático), en Renata y la culpabilidad que sienten las mujeres profesionales o el en componente genético y educacional de la violencia, pero he escogido este enfoque porque me parecía que era el que iba a interesar a más gente.

      Aún así, si los ‘bosses’ me mandan maletines yo me pongo y escribo los monográficos que hagan falta *guiño, guiño*, *indirecta, indirecta*

      Un saludo y gracias por leer y comentar

  2. Mordisquitos dice:

    Muy bueno el análisis, pero hay que señalar que (sin quitarle mérito a David E. Kelley como creador de la serie) el guión está basado en una novela de la escritora australiana Liane Moriarty. Es ella quien escogió cómo presentar la violencia de Perry y la dependencia emocional de Celeste en la historia original.

    Está claro que ha sido un despiste inocente, ya que el artículo trata de la serie, pero es importante no invisibilizar a la autora, con más motivo si cabe dada la temática.

    1. Marta Trivi dice:

      ¡Hola, Mordisquitos! gracias por comentar y leer el artículo. Lo que dices es totalmente cierto, acabo de desperdiciar la oportunidad (y no es que sobren) de reivindicar a una autora. No es excusa, pero la verdad es que no me ha dado tiempo de leer el libro para preparar el artículo. En cuanto tenga un hueco, lo actualizo e incluyo su nombre.

      Un saludo y gracias por el apunte.

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