Celebramos las viñetas: 15 comics para el Día del Libro

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El cómic siempre ha tenido sitio y presencia en la fiesta libresca del 23 de abril, antaño como espontáneo invitado “no oficial” y ahora ya con total merecimiento. Para quien ande dudoso o a la caza de ideas, hemos seleccionado 15 títulos de lo más diverso y variopinto que van del pulp conspiranoico al costumbrismo emocional, del mainstream a la vanguardia alternativa o de la indiscreción autobiográfica al fin del mundo.

Como regalar cómics en fecha tan señalada ya no está feo sino todo lo contrario, hemos preparado un surtido de sugerencias para todos los gustos. Esta es nuestra selección de novedades y tebeos que ya puedes encontrar en tu librería, especialmente apropiados para brindárselos con un lacito a quien corresponda (o a tí mismo).

Balas perdidas de Matz, Jef y Walter Hill

Balas perdidas

Si hay un cómic capaz de despertar de inmediato nuestra curiosidad canina es este. El motivo es claro: se trata de un guión de Walter Hill para una película que no pudo ser –una pena, visto el resultado- que los franceses Matz y Jef han adaptado al cómic. ¿Y cómo es que un proyecto del director de The Warriors acaba convertido en un álbum franco-belga? Buena pregunta. La explicación está en la penúltima película de Hill –la última, The assigment, se acaba de estrenar en EEUU-, Una bala en la cabeza, también adaptación pero en sentido opuesto, es decir, una novela gráfica llevada al cine. Sus autores eran el dibujante australiano Colin Wilson –cuyo estilo, ahora que lo pienso, encaja muy bien con el del realizador californiano- y, claro, Matz. Así que Balas perdidas es el resultado de la buena sintonía que se estableció entre el guionista de cómic y el cineasta.

Violento hardboiled noir protagonizado por un sicario de Al Capone que aprovecha un viaje “de trabajo” a Los Ángeles para saldar viejas deudas, dentro de la filmografía de Hill se hermana sobre todo con la estupenda El último hombre (1996) y un poco, también, con Calles de fuego (1984). Uno de los puntos fuertes del cómic es que recrea muy bien ese paisaje, puro imaginario no exento de romanticismo, de Ley Seca, bajos fondos, almas turbias, corazones corruptos, amores condenados e incluso western cuando la acción se traslada al inevitable pueblo azotado por el polvo del desierto. A esa mitología del género suman los franceses la suya propia, la del polar, el cine de Jean-Pierre Melville y la estampa de Alain Delon, evidente referencia visual para el personaje principal. Junto a una historia que es puro concentrado de tópicos, dicho en el buen sentido, el apartado gráfico tiene algo que es difícil de explicar. Jef, dibujante desconocido entre nosotros, tiene un punto viejuno que parece salido de un Metal Hurlant ochentero y una personal, hasta cierto punto incómoda, forma de plasmar la violencia de los tiroteos. Cosas ambas que le sientan bien al tebeo y le dan un empaque curioso.

Recomendado para: Aficionados al género negro y cinéfilos afines al cine de Walter Hill.

Wonderball de Jean-Pierre Pécau, Fred Duval y Colin Wilson

Wonderball

Seguimos en terreno francófono, entre otras cosas porque se acaba de citar a Colin Wilson, el dibujante de esta serie cuyo segundo álbum acaba de publicar Norma. De origen australiano, su carrera es singular porque ha trabajado tanto para el tebeo británico (2000 AD), el italiano (Bonelli), el estadounidense (junto a Ed Brubaker en Point Blank, por ejemplo) pero sobre todo es recordado por su etapa en La juventud de Blueberry, normal ante la clara influencia de Jean Giroud/Moebius en su trabajo. Wonderball, conviene advertirlo, no va más allá de lo que ofrece cualquier novela con espíritu pulposo y alma de best-seller pero colocada en ese marco tiene su gracia, es puro entretenimiento y ofrece un pupurrí de serie B empaquetado en cartoné europeo.

De hecho, el punto de partida no puede ser más sencillo de resumir: Harry “el Sucio” contra la conspiración del candidato de Manchuria. Tenemos un poli duro de San Francisco, un francotirador que se dedica al asesinato en masa desde azoteas –¿quién ha dicho Skorpio?-, un nexo con Lee Harvey Oswald, una sociedad secreta suiza, lavados de cerebro, asesinos durmientes, comunas jipis abandonadas en el Death Valley, arquitectos teosofistas y hasta un misterioso agente del gobierno que chiva cosas en el parking, viste de negro y fuma como un descosido. En definitiva, una ensalada de acción y conspiranoia especiada sin remilgos por un tándem de guionistas expertos en la materia: si en solitario Jean-Pierre Pécau es conocido por La historia oculta, exitosa saga con más de treinta entregas sobre un cónclave que controla la humanidad desde la Edad de Piedra, junto a Fred Duval ya firmó El día D, una serie de ucranias históricas alternativas a partir de un hecho divergente con nuestra realidad donde no falta el asesinato de JFK o el falso viaje a la Luna.  La verdad está ahí fuera.

Recomendado para: Adictos al best-seller conspiranoico y lectores de mainstream francobelga.

La virgen roja de Bryan y Mary Talbot

La virgen roja

Además de uno de los nombres clave de la explosión del cómic británico que acompañó el punk y luego invadió el mainstream USA, Bryan Talbot se distingue por su condición de autor inquieto. Primero fue influencia pionera con Las aventuras de Luther Arkwright, más tarde declinó continuar dibujando para Vertigo y DC para, de nuevo, abrir vía con una novela gráfica sobre el abuso infantil (Historia de una rata mala) y los últimos años trabaja en alianza con su esposa, Mary Talbot, académica de prestigio especializada en temas de género. Primero fue La niña de sus ojos -alrededor de la trágica historia de la hija de James Joyce-, luego Sally Heathcote: sufragista -biografía ficticia de una activista por el voto femenino-, y ahora La virgen roja, donde repasa la historia de Lousie Michel, heroína revolucionaria de La Comuna de París. Podría hablarse de una trilogía pero es evidente que esta serie de cómics alrededor de poderosas figuras femeninas continuará en el futuro.

De momento esta tercera es la mejor de todas, enorme como biografía y recreación histórica, con un Bryan fabuloso en lo gráfico, jugando al blanco, negro y rojo, gama cromática libertaria por el color del pañuelo que lucía la protagonista durante la revuelta. Más allá de la revolución de París, ahonda en el carácter de Louise Michel como activista pionera en la igualdad de género, la educación socialista pero también la defensa de las minorías étnicas que abanderó durante su exilio en la colonia penal de Nueva Caledonia. También resulta de lo más sugerente descubrir su fe en el progreso tecnológico y su afición a las utopías futuristas de H.G. Wells, Julio Verne o el ilustrador Albert Robida. Revolución y sentido de la maravilla: ¿qué más se puede pedir?

Recomendado para: Aficionados a la biografía histórica e interesados en la reivindicación de grandes figuras femeninas de perfil revolucionario.

Basura de Derf Backderf

Basura

Hace un par de años Derf Backderf firmó con Mi amigo Dahmer una de las mejores novelas gráficas de los últimos tiempos, en la que ofrecía una aproximación a los asesinos en serie difícil de igualar. Muy pocos pueden enriquecer una crónica autobiográfica de sus años de instituto con un compañero de clase que, poco después, sería conocido como “El carnicero de Milwaukee”. El material era inmejorable, claro, tanto que sepultaba los méritos de su autor. Ahora ya podemos decir que son notables gracias a Basura, publicada por Astiberri a finales de 2016 y que merece con creces formar parte de esta lista de recomendaciones. Backderf trabajó un verano en el servicio municipal de recogida de basuras de su pueblo, y esa experiencia le sirve para construir una historia ficticia claramente inspirada en anécdotas reales. Lo mejor es que urde con tremenda agilidad un relato que se bifurca en diversos niveles narrativos.

A partir de la vida diaria de tres jóvenes que trabajan en el servicio de recogida de residuos de una pequeña ciudad de eso que llaman “la América profunda”, en las páginas de Basura se alterna una sátira costumbrista de protagonismo coral, la descripción despiadada de una rica fauna de tipos humanos en su mayoría despreciables, un demoledor ejercicio de humor salvaje y escatológico alrededor del detrito y la mierda -algo ideal para el dibujo de raíz underground de Backderf-, un ensayo sobre la gestión de basura y su historia -muy didáctico, por cierto-, una crítica a la corrupción municipal, un surtido de anécdotas memorables y, para redondear el asunto, una contundente panorámica de la América rural, esa que vota Trump y que no es solo white trash, a partir de algo que nos define a todos como ninguna otra cosa: nuestra mierda.

Recomendado para: Aficionados al costumbrismo guarro, interesados en la gestión de residuos y sociólogos del trumpismo rural.

El sheriff de Babilonia de Tom King y Mitch Gerads

El sheriff de Babilonia

Que un autor utilice experiencias propias, como en el caso de Basura, para alimentar sus ficciones –haciendo más o menos difusa la frontera con lo autobiográfico- no solo es habitual sino también cuestión clave. Eso sí, hay experiencias y experiencias, y algunas tan insólitas como la de Tom King. Si, tras soplar aire alternativo a un personaje Marvel como La Visión –enorme tebeo sobre inteligencias artificiales que buscan emociones humanas-, el hype de guionista estrella del momento le ha envuelto, aún más con este thriller ambientado en el Irak recién ocupado tras la caída de Sadam. Su baza es atípica e inmejorable: antes de escribir tebeos de superhéroes, Tom King fue agente de la CIA y estuvo destinado en Bagdad. Identificarle como el personaje principal de la historia es inevitable, dado que se trata de un agente norteamericano encargado de entrenar a los candidatos para ingresar en la renovada policía local. El asesinato de uno de sus alumnos es el punto de partida para una compleja trama donde, en realidad, comparte protagonismo con una iraquí hija de represaliados por el dictador derrocado que ejerce de turbia conseguidora de contratos, y un antiguo policía del régimen con un oscuro pasado represor, sin duda el mejor personaje. Un trío de personajes muy al estilo de las novelas de James Ellroy para un tebeo sorprendente tanto por su violencia como por una visión nada complaciente de la ocupación, pero sobre todo por desarrollar una trama compleja sin ceder al masticado propio del mainstream, dejándose llevar por el paisaje de caos que describe.

Recomendado para: Aficionados al thriller no habitual y/o a la geopolítica contemporánea.

Stuck Rubber Baby de Howard Cruse

Stuck Rubber Baby

Una tercera ficción con base autobiográfica es este clásico imprescindible recuperado por Astiberri a finales del año pasado. Su autor es Howard Cruse (1944), joven partícipe de la eclosión underground original que más tarde alcanzaría notoriedad con Wendel, una comedia gay realizada entre 1980 y 1989 para The Advocate, veterana cabecera LGTB neoyorquina. Pese al éxito, abandonó la serie para ser de los primeros en seguir el camino abierto por el Maus de Art Spiegelman con Stuck Rubber Baby, seria candidata al título de “gran novela americana” pese a ser novela gráfica. Ambientada en el sur de los EEUU durante los años de la presidencia de Kennedy, el protagonista es un joven blanco que se resiste a salir del armario mientras se implica en la lucha por los derechos civiles en un contexto tan intolerante como Alabama. El resultado es una lectura enorme tanto en el relato individual de alguien que pretende negar su naturaleza como en el relato de otra lucha, esta colectiva, por los derechos civiles de la comunidad afroamericana. El abigarrado dibujo de tradición underground potencia una historia, impagable en su descripción de un paisaje de paletos, tugurios de música negra, violencia racista y canción protesta, que por intensa y verosímil sorprende que no se trate de un relato 100 % autobiográfico.

Recomendado para: Lectores interesados en la agitación social de los años sesenta, en la visualización de la propia sexualidad desde una experiencia individual y aquellos que disfrutan con los grandes clásicos contemporáneos

Los cuadernos de Esther de Riad Sattouf

Los cuadernos de Esther

¡Qué lectura más estupenda, pardiez! Riad Sattouf es muy grande y está en plena forma. Hasta ahora sus ventas en nuestro país eran bastante discretas, y no sería por falta de recomendaciones entusiastas, pero no ha sido hasta su fenomenal El árabe del futuro que por fin recibe la atención que merece. No es para menos. A la espera de ver editada aquí la tercera entrega de su demoledora crónica autobiográfica de su infancia en Siria, Sapristi acaba de publicar su otra genialidad reciente. Los cuadernos de Esther recoge las historietas de una página -de lectura independiente pero con evidente continuidad entre ellas- que Sattouf publica semanalmente a partir del testimonio real de una niña de diez años sobre su día a día escolar, familiar y social. Pese a su aparente sencillez, el resultado es brillante por muchos motivos. Uno es la soltura de su narración dual: por un lado el relato en primera persona de la niña y por otro la mirada adulta y a distancia que se expone en las viñetas. Riad Sattouf describe la vida cotidiana actual de una niña normal, urbana y de clase media: gustos (hip hop francófono), obsesiones (iPad), violencia escolar (sin que se trate de una víctima), contrastes culturales (religiosos, étnicos, económicos), asimilación de mensajes mediáticos (evidenciando el machismo inherente y terrible) y unos recreos donde prevalece la lucha de sexos y la ley de la selva.

La avalancha de matices es impresionante, más cuando el punto de vista reparte crueldad, inocencia e ironía porque la vida es así. En cierta forma, es la perfección de la fórmula que desarrolló durante una década en La vida secreta de los jóvenes, un fabuloso retablo costumbrista construido a partir de la observación indiscreta de lo que sucede a su alrededor. Ese vouyerismo ha convertido a Sattouf en el mejor cronista de la juventud contemporánea, un cirujano hábil en la sátira social que expone lo que hay sin moralejas ni hostias pero sí con cierta mala leche.

Recomendado para: Interesados en conocer lo que sucede ahora mismo en los recreos escolares y aficionados a la mejor crónica costumbrista contemporánea.

Klezmer 5: Kishinev de los locos de Joann Sfar

Klezmer

Mientras Sattouf vive un momento de esplendor, a Joann Sfar se le ha visto un tanto disperso los últimos años. En parte es el precio de su apuesta por la incontinencia creativa, tanto en cantidad como en lo artístico, con ese dejarse llevar por el dibujo inmediato, libre y suelto. A ese arrebato creador se suma también su nueva faceta cinematográfica (tres películas ya). Tanta cosa agota, más si las circunstancias personales no son las mejores. Pero vayamos al grano: Kishinev de los locos da cierre a Klezmer, serie que tomaba su nombre de la música tradicional de los judíos de la Europa del Este y cuyos protagonistas son una banda de músicos alegres y truhanes que deambulan por la Rusia imperial de principios del siglo XX. Sfar, de ascendencia sefardí y asquenazí, reincide en la reivindicación de un pasado de convivencia cultural ya visto en El gato del rabino, pero en este caso con fecha de caducidad inminente por contexto histórico.

En esta quinta y última entrega los personajes parten rumbo a Kishinev, donde en 1903 tuvo lugar un sangriento genocidio étnico. Como broche es estupendo, y la violencia está plasmada de manera muy personal e intensa. En el texto que cierra el cómic explica que pone fin a la serie porque se siente incapaz de dibujar los horrores que estaban por venir. Por otro lado, resulta muy sugerente encadenar la lectura con Si Dios existe, el libro que Sfar publicó a continuación de este y donde retoma sus cuadernos, aquí inéditos hasta ahora, sacudido por el doble impacto de una ruptura matrimonial y el atentado contra Charlie Hebdo. Debacle sentimental al margen, abunda en reflexiones, a ratos confusas pero siempre sinceras, desde su condición de un judío ateo que observa con pesimismo y desespero como la sinrazón de los radicales islámicos y la ultraderecha populista pone en riesgo el sueño europeo y trae de vuelta otra Europa más vieja, la de los pogromos cuyo horror renunció a dibujar sólo un año antes.

Recomendado para: Interesados en la Europa anterior a las Guerras Mundiales y a la cultura popular apátrida.

La grieta de Guillermo Abril y Carlos Spottorno

La grieta

Ya que estamos con el tema europeo, una lectura enorme aparecida a finales del año pasado y que encabezó varias listas de los mejores cómics de 2016 pese a su particular naturaleza híbrida, pues no hay dibujos sino fotografías. En enero de 2014, el periodista Guillermo Abril y el fotógrafo Carlos Spottorno iniciaron, por encargo de El País Semanal, una serie de reportajes sobre diversos puntos calientes de las fronteras de la Unión Europea. El periplo empezaba en la valla de Melilla, cruzaba el Mediterráneo –su crónica del rescate de una patera frente a la costa de Libia fue galardonado con el World Press Photo 2015, ascendía por los países bálticos y concluía en los hielos finlandeses. La experiencia y el material gráfico obtenido reclamaba un relato mayor y el resultado es una novela gráfica demoledora que va más allá de trazar un mapa de lugares donde la prosperidad levanta muros contra quienes huyen de la miseria o la guerra.

Lo impresionante del asunto es cómo certifica la demolición de la Europa del bienestar en un inquietante paisaje de conflicto, porque, ojo a esto, de lo que empieza como obra denuncia social emerge una historia de terror y distopía, una guerra invisible y una perturbadora amenaza de algo terrible a punto de estallar. Luego está, claro, el interesante debate que supone cuestionar el dibujo como elemento indispensable del cómic. En las antípodas de la fotonovela tosca y kitsch, la inspiración son las novelas gráficas con base periodística. El salto de paradigma es brutal, y más hoy, cuando el canon realista de los tebeos de toda la vida muestra sus carencias emocionales. En cierta forma, Spottorno rehúye idéntico problema aplicando a sus fotografías un filtro que las acerca a la viñeta ilustrada. El resultado es algo completamente nuevo, sin parangón, que multiplica el poder de lo narrado.

Recomendado para: Aficionados a la mejor tradición del reportaje periodístico de actualidad y lectores interesados en la geopolítica mundial.

Lazarus de Greg Rucka y Michael Lark

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Entrados en el miedo apocalíptico, quizá lo mejor sea no abandonar esa zona pero sí buscar el confort de la ficción con una serie del sello Image que aquí ya va por su cuarta entrega y que no ha dejado de crecer en interés. El pos-holocausto que plantea, eso sí, no es igual para todos en un futuro donde una especie de capitalismo de clanes se reparte el planeta y donde el progreso tecnológico está al servicio de unos pocos mientras el resto se dividen entre siervos y “sobrantes”.  Los clanes, no más de una docena, mantienen entre sí diversos grados de alianza o rivalidad y cada uno de ellos dispone de un guerrero mejorado genéticamente, los Lazarus del título. Como punto de partida quizá no parezca la rehostia, pero claro, detrás está un tándem creativo que es garantía de solvencia: el guionista Greg Rucka y el dibujante Michael Lark -junto al español Santi Arcas en una espectacular labor de coloreado-, que ha sabido ir construyendo con tranquilidad una historia cada vez más sólida y adictiva. Retazos de western, género bélico high-tech, thriller genético, katanas y, sobre todo, una apasionante guerra fría entre clanes que se disputan el poder donde no faltan mentiras, traiciones e intrigas de palacio. Un tebeo realizado con clase y elegancia que, a estas alturas, ya puede considerarse una de las mejores series de ciencia-ficción que se publican en la actualidad.

Recomendado para: Aficionados a la sci-fi apocalíptica y al ciberpunk genético, así como adictos a las intrigas de poder entre familias.

Días más largos que longanizas de Gabriel Corbera

Días más largos que longanizas

Continuamos en el fin del mundo con un título que, publicado en verano de 2016 por Fulgencio Pimentel, no puede decirse que sea exactamente una novedad, pero lo cierto es que sus páginas acumulan demasiadas de las cosas que provocan entusiasmo en CANINO. Gabriel Corbera forma parte de un insólito fenómeno que se percibe en nuestro cómic alternativo más subterráneo: el de los autores patrios que se saltan el mercado nacional y adquieren prestigio exterior. Simon Hanselmann, el autor de Meg, Mog y Buho, por ejemplo, no paró de citar su nombre cuando nos visitó hace un par de años, pero aún así la obra principal de Gabriel Corbera carecía hasta hoy de edición española. Días más largos que longanizas (abreviado a DMLQL en portada) es una aventura postapocalíptica erigida sobre las peripecias de un día cualquiera en la vida de dos supervivientes. Se trata de un par de icónicos machotes de serie B que deambulan por un paisaje de muerte y desolación plagado de cadáveres, monstruos y peligros. La historia remite directamente a los videojuegos y al rol de mazmorras (y dragones) pero acaba describiendo la rutina imposible, sin antes ni después, de dos protagonistas condenados a vivir aventuras con el desánimo de un oficinista.

Uno de los mejores cómics del año pasado, aunque pocos lo hayan reivindicado como tal, vanguardista y experimental pero sin abstracción argumental, que oculta mucha más sutilidad de lo que aparenta con su engañosa premura gráfica. En sus páginas confluyen, envueltas en una poderosa atmósfera de pesadumbre, el fervor de lo primitivo con la elegancia de un subtexto elaborado, tan intenso en la forma como melancólico en el fondo.

Recomendado para: Lectores que gustan de aventurarse en vanguardias gráficas y jugones inquietos sin remilgos.

El día más largo del futuro de Lucas Varela

El día más largo del futuro

Abandonamos el apocalipsis pero no la ciencia-ficción con una auténtica delicia que, esta sí, es novedad reciente. Historia futurista y coral ambientada en una ciudad que se reparten dos enfrentadas corporaciones de comida rápida, los habitantes sirven a una u otra sometidos a un constante bombardeo de mensajes. La aparición de un ente dimensional, junto a la aportación de un singular robot, provocarán una situación de caos. A pesar de la frescura cartoon del dibujo, del fastuoso diseño retrofuturista de la arquitectura urbana y de su paisaje de refulgente colorido, tras el aparente tono de comedia se oculta una terrible tragedia distópica. Su autor, el argentino Lucas Varela, asume además un reto: desarrollar toda la historia sin textos ni diálogos, en un ejercicio de narrativa exclusivamente visual que acaba siendo ágil y nada complicado de leer, un logro más complejo de lo que parece.

Lucas Varela se ha convertido en un dibujante al que seguir con entusiasmo y cuyo estilo luce muy alejado de la escuela argentina tradicional. De hecho, parece europeo porque establece lazos gráficos con Jason o David B y no con Breccia o Muñoz. Se puede comprobar también en su otro título, Diagnósticos, editado el año pasado también por La Cúpula y realizado junto al guionista Diego Agrimbau. Allí proponían una pirueta narrativa tremenda: una serie de cuentos donde se traslada al lenguaje del cómic los efectos de diversas enfermedades. Así, por ejemplo, en Claustrofobia el personaje se sabe prisionero de una viñeta o en Sinestesia una detective puede leer las onomatopeyas. Pese a lo arriesgado del experimento, el resultado era estupendo y juguetón.

Recomendado para: Aficionados a las distopías y al retrofuturismo de plástica cartoon.

Harrow County de Cullen Bunn y Tyler Harrow

Harrow County

¿Un poco de terror tras tanta ciencia-ficción? Pues ojo con esto y, sobre todo, tomen nota los aficionados al género, pues merece la pena. Cullen Bunn y Tyler Harrow firman este tebeo del sello Dark Horse del que Norma lleva aquí dos entregas. Gótico americano como dios manda ambientado en un marco rural, con sus lugareños aviesos, su granja misteriosa, su bruja ajusticiada y su bosque siniestro. La protagonista es una adolescente que poco a poco descubre que nada es lo que parece y todo está maldito. Gemelas siniestras, criaturas del pantano, homúnculos, espectros despellejados, arpías y pueblerinos chungos en un cómic donde se combina lo clásico y lo original, la tradición y lo contemporáneo, espectacular pero sin excesos que, además, está dibujado con esmero y primor. Vamos, que es uno de los mejores tebeos de horror sobrenatural que se están publicando en la actualidad.

Recomendado para: Aficionados al terror rural con ascendientes góticos.

Juliette de Camille Jourdy

Juliette

Tras tanta fantasía, un poco de costumbrismo cotidiano. La francesa Camille Jourdy se convirtió merecidamente en la revelación de Angouleme 2010 gracias a Rosalie Blum, estupenda novela gráfica cuya adaptación al cine se ha estrenado hace bien poco. Podría etiquetarse en el género romántico -el grafismo de apariencia amable ayuda- no sin cierto reparo por su inusual tono y perspectiva: no hay nada de inocente en la historia de un solterón aburrido que se descubre voyeur cuando empieza a espiar a una mujer solitaria. Entre una cosa (dibujo) y otra (un arranque que engancha con ese toque de suspense), obtuvo respaldo de público incluso aquí, entre nosotros, cosa que alegra un montón porque no pasa siempre. La Cúpula ha publicado hace un par de meses su nueva novela gráfica, muy esperada y con el complicado papelón que supone haber puesto el listón muy alto en su debut. Pero es un reto que supera con nota. Si acaso, lo único que puede señalarse es que en general (tono, ambiente, personajes, historia) sigue la línea trazada en Rosalie Blum. No hay sorpresa, pero es lo que tocaba: proseguir en lo que se hace bien mientras se erige un universo autoral propio y consistente.

En Juliette, subtitulada Los fantasmas regresan en primavera, la protagonista es una treintañera hipocondríaca y melancólica que, de regreso al pueblo para visitar por unos días a la familia, traba amistad con otro solterón desastrado. Son muchos los puntos en común con el cómic anterior: protagonistas solitarios y algo deprimidos, progenitores de personalidad intensa y un contexto localista y provinciano (algo idealizado) que intensifica tragedias cotidianas. Camille Jourdy luce melodía narrativa y se recrea en la monotonía y el detalle en una tragicomedia con generoso reparto de personajes y contexto movidito para una protagonista que, por carácter, es la visita fantasma referida en el subtítulo. La cuestión gráfica es, de nuevo, elemento clave del asunto, con esa línea clara que rehúye la apariencia metódica (aunque lo sea), personajes dibujados con sus fealdades (porque son gente corriente) y colores pastel (para una historia nada naif) donde lo mejor es la soltura de su autora para alternar tristezas interiores, costumbrismo, estallidos de ajetreo, secretos de familia y hasta comedia de enredo con amante en el armario.

Recomendado para: Aficionados al sinsabor sentimental cotidiano, el costumbrismo provinciano y los líos de familia.

Los sexcéntricos de Ramón Boldú

Los sexcéntricos

Para cerrar la lista a lo grande nada mejor que la nueva novela gráfica de Ramón Boldú, pionero en nuestro país de la autobiografía sin reparos. Lo mejor es que se trata de una perfecta puerta de entrada para adentrarse en las peripecias de un autor de biografía singular, pues si bien todos los títulos anteriores admiten lectura independiente tienen una cierta continuidad cronológica. Aquí retrocede para efectuar un recorrido completo a su vida como dibujante de cómics que, al mismo tiempo, recupera sus primeras historietas, las que dan título al álbum y que realizó para la contraportada de la mítica revista Lib, cabecera erótica de los años del Destape y la Transición. La cosa tiene su mérito, pues se trata de un humor de muy difícil encaje en estos tiempos que corren. Esas historietas son el hilo a partir del cual se relata una parte de la historia de nuestro cómic: las revistas de la transición el nacimiento de El jueves, el boom del cómic adulto, El víbora o hasta el semanario El Barragán que realizó junto a Vázquez. Un testimonio jocoso perfecto para descubrir a Boldú, un tipo al que le pasa de todo y que narra sus tragedias con imbatible animus iocandi, ese concepto jurídico hoy en horas bajas.

Recomendado para: Interesados en la historia del cómic español reciente, amigos de las anécdotas indiscretas y estudiosos del humor de la Transición.

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Un comentario

  1. Otis dice:

    Inmenso Boldú: “me dais el premio a la mejor historieta de humor, cuando yo lo único que hago es contar mi vida. Es como si os riérais de un jorobado!!”

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