Conversiones extremas y trenes hacia el Holocausto: los mejores documentales del Festival Punto de Vista

La semana del 6 al 11 de marzo se celebró en Pamplona, Navarra, el Festival Punto de Vista. Con ventanas dedicadas al escultor Jorge Oteíza o mitos en el cine de no ficción como como Jean Vigo, Jean-Luc Godard o Abbas Kiarostami, esta muestra ha acabado convirtiéndose en un referente estatal en el género documental.

Los premiados, tal y como contábamos hace unos días, fueron según el jurado The Host de Miranda Pennell (mejor documental), Le Deuxiéme Nuit de Eric Pauwels (dirección) y Foyer de Ismaïl Bahri (mejor corto el experimental). El público no coincidióestas elecciones y otorgó sus premios a Converso de David Arratibel y a 5 October de Martin Kollar. La selección de las obras fue variada, muy diversa, y permitió que los espectadores en la sala no supieran en ningún momento qué iban a ver en la pantalla grande.

Por nuestra parte, CANINO ha elegido estos documentales como los que más nos gustaron del certamen. Todos ellos aúnan innovaciones estéticas de nivel con cierta audacia narrativa, sin perder en ningún momento la tensión dramática, algo imprescindible para que una obra fílmica resulte interesante durante más de veinte minutos, y que se ha olvidaba en algunas obras experimentales que se mostraron en Pamplona.

Converso (David Arratibel, 2017)

En algún lugar de las Memorias de Ultratumba de Chateaubriand se dice esa fórmula mágica que es el origen común de cualquier conversión al cristianismo “lloré y creí”. Al vizconde bretón le habían ajusticiado, por no decir asesinado, a media familia en la revolución…

El testimonio de esta familia navarra, los Arratibel, es más prosaico, menos dramático, pero todos cuentan con una herida luminosa a la cual llegan ya sea en medio de retiros espirituales o tocando a Bach. ¿Quién es el espectador de estos nuevos zelotes? David Arratibel, único miembro que no parece haber caído en este fervor espiritual. Así, lo que comienza siendo un documental sobre la religión, sobre sus prosélitos, acaba siendo una película verdaderamente honesta sobre la familia con ecos ligeros de los Panero.

Normal Autistic Film (Miroslav Janek, 2016)

Muchos documentales sobre las enfermedades mentales suelen ser productos televisivos, con una insufrible moralina que busca la asistencia a unos supuestos “enfermos”. Este trabajo audiovisual del checo Miroslav Janek, excelentemente filmado, es un testimonio pulcro y silente de varios chavales que se encuentran dentro del espectro autista.

Más que juzgarlos, lo que hubiera derivado en un filmeevidentemente conservador, lo que hace es dar voz a los niños y adolescentes. Toda esa polifonía está enlazada con un notable tino, con excelentes cortes mediante sonido, y vertebra un collage eficiente sobre tipos más bien sorprendentes y bastante inteligentes. Entre el chaval asperger experto en Quentin Tarantino al pianista prodigioso, cada pieza es un testimonio veraz de chicos que no son “iguales como las demás”, según cita final del filme.

Foyer (Ismaïl Bahri, 2016)

foyer

Este ingenioso documental, casi un corto, se vertebra con una idea de Ismaïl Bahri quizá pretenciosa, pero que sale excepcionalmente bien: rodar Túnez con un folio delante con el objeto de captar las variaciones lumínicas. Una bobería, algo quizá eminentemente gafapasta… pero es que estamos hablando del Túnez posterior a la Primavera Árabe de 2011, y el sonido convierte este experimento en nada menos que una profunda y divertida memoria oral de una sociedad todavía temerosa. Una obra clarividente, aún improvisada, y que no está lejos de esa verdad en el cine por la cual clamaba André Bazin. ¡Todo ello con solo un folio de por medio!

Cicha Symfonia (Aitor Gametxo, 2016)

Este filme de escasa duración, de producción vasco-polaca, es un trabajo técnico prodigioso, excelentemente montado, que muestra la ciudad oriental de Breslavia (Polonia) ante los ojos del cámara avezado. Lo interesante del documental es que busca mostrar la realidad de la comunidad sordomuda de esa ciudad, especialmente los niños, rompiendo una de las patas del juego audiovisual: el sonido. La naturalidad de la filmación, el asombroso trabajo de empalme de imágenes en un filme mudo, ofrece una mirada real sobre la vida en una ciudad fronteriza. Todos ellos son elementos que refuerzan un trabajo más complejo de lo que parece a primera vista.

The Host (Miranda Pennell, 2015)

Más que un documental, esta pieza es un sentido collage visual, sin apenas vídeo, donde la realizadora monta su espléndida voz con fotografías de sus padres, sus cercanos, en el Irán anterior a Ruhollah Jomeini. Como es conocido, British Petroleum explotaba varios pozos en el país, que en sentido marxista expoliaban las riquezas del subsuelo en una nación todavía sumida en diversos despotados. Pero Pennell es inteligente, evita el discurso, y construye un sentido libro de memorias de ingleses excéntricos que llegaban incluso a escribir libros sobre extraterrestres fantaseando con las ruinas persas cercanas (hay una metáfora brillante sobre esto y el colonialismo…). Muchos de ellos no volvieron jamás al Irán posterior a la revolución islámica…

Treblinka (Sérgio Tréfaut, 2016)

En todos los libros de los supervivientes a los campos de concentración y exterminio nazi existe una reconstrucción de los periplos en tren a los que fueron sometidos los prisioneros. Aparecen así en El largo viaje de Jorge Semprún (1963) o Si esto es un hombre (1947) de Primo Levi. En estos campos, como explica uno de los testimonios de esta película, se aplicaba el método fabril al exterminio y la llegada de los prisioneros en los andenes iniciaba todo el proceso.

Aquí el realizador portugués Sérgio Tréfaut se permite rodar ese trayecto en trenes soviéticos desvencijados de varios guardias supervivientes de los campos. En ocasiones, filma a actores desnudos que ejercen como alegoría tangible de esa industria de cadáveres que fue la Alemania de Adolf Hitler. Filme duro, emocionante, por su gravedad y excelente factura es una de las mejores representaciones de algo tan difícil de testimoniar como el Holocausto.

5 October (Martin Kollar, 2016)

Las enfermedades terminales tienen bastante mala fama en la gran pantalla: suelen acabar en filmes plomizos, en plano fijo, donde el drama es permanente y la moralina cristiana del sufrimiento ahoga al espectador.

Por eso es encantador este documental, esta crónica, en la cual el director checo Martin Kollar filma a su hermano cinco meses antes de una operación a vida o muerte. Con un tumor como una pelota en la mejilla, Ján Kollar recorre toda Europa disfrutando sus supuestos últimos días. La gravedad de su situación aporta peso a la mirada, pero sin jamás perder el sentido del humor. Así, lo vemos jugar a los bolos, bailar e incluso atreverse con el senderismo. Más filme que documental, más ficción que realidad, es un gran trabajo audiovisual y también una notable lección de vida.

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