[Crítica] ‘Aliados’ – Los espías vintage de Zemeckis

¿Robert Zemeckis haciendo un melodrama de espías clásico? Sí, y la verdad es que no le ha quedado nada mal. El hermano pequeño de Steven Spielberg se reivindica, de nuevo, como un gran director todoterreno en una película que resulta deliciosamente pasada de moda.

Robert Zemeckis nunca falla. Sus películas serán mejores o menos inspiradas, pero nunca malas. Vale que Forrest Gump (1994) es la más cuestionable. Sobre todo a nivel ideológico, ya que cinematográficamente es maravillosa y pionera en el uso de ciertos efectos digitales al servicio de la narración. Pero el resto de sus títulos van de lo decente a lo brillante. Desde la trilogía de Regreso al futuro (1985-1990), a chaladuras memorables como La muerte os sienta tan bien (1992). Hasta mola su etapa dentro de la animación digital, de la que vale la pena rescatar Beowulf (2007) y la relectura que proponía de la fantasía épica.

Las últimas apuestas del norteamericano han demostrado su versatilidad. Es capaz de cambiar de género con una facilidad pasmosa. Ahí está el thriller provocador El vuelo (2012), o el apañado biopic con fuste de artesano sobre Philippe Petit que al final mutaba casi en un relato de aventuras y suspense, El desafío. The Walk (2015). En Aliados (2016), el nuevo salto es al cine clásico. Bueno, a la visión personal que Zemeckis tiene de ese cine. Un melodrama de espionaje con la Segunda Guerra Mundial de fondo que destila clase y savoir faire en su formulación visual, pero que, realmente, funciona como una desconstrucción de títulos como Casablanca (1944), incluyendo elementos modernos y progresistas. La verdad es que no recuerdo una película clásica sobre la Segunda Guerra Mundial donde se consuma recreativamente cocaína en una fiesta mientras se escuchan canciones de Louis Prima, pilotos de avión que admitan tener anfetas para llevar a cabo sus vuelos, o que aparezca una pareja de lesbianas viviendo libremente su amor. Y eso pasa en Aliados, que contiene varios wtf dignos de aplauso que la alejan del típico homenaje carca al Hollywood añejo.

Dejando de lado esos inteligentes exabruptos, Aliados se mueve dentro de estructuras genéricas reconocibles. Empieza como un relato de espías vintage, eso sí, algo más violento de lo habitual (no es descabellado pensar en Malditos bastardos (2009)-, con un secuencia de inicio deliciosamente irreal –diría de cartón piedra pero estaría exagerando-) en la que vemos a Brad Pitt descender en paracaídas en un desierto de África. Luego se convierte en un drama amoroso ambientado en Londres con secuencias decididamente pasadas de rosca. Vamos, con toda la intención por parte de Zemeckis, como la del parto de Marion Cotillard en medio de un bombardeo. Y acaba convertida en un relato de suspense en plan no me fío de mi pareja que hubiera hecho las delicias de Alfred Hitchcock. Aliados quizás no esté entre las obras más destacadas del director de Náufrago (2000), pero sí que se trata de un ejercicio de estilo interesantísimo cuyo máximo atractivo radica en la subversión que realiza del melodrama bélico tradicional.

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Un comentario

  1. Chalau dice:

    Ya podrían pasar el filtro de la crítica feminista por todas las películas de igual forma… Zemeckis no aguantaría ni medio minuto. Beowulf provoca arcadas directamente.

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Aliados

Año: 2016
Un ejercicio de estilo interesantísimo cuyo máximo atractivo radica en la subversión que realiza del melodrama bélico tradicional.
Director: Robert Zemeckis
Guión: Steven Knight
Actores: Brad Pitt, Marion Cotillard, Lizzy Caplan, Matthew Goode, Jared Harris, Jason Matthewson