[Crítica] ‘Cortázar’ – La primera vez que vimos ‘Cronopios’

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Julio Cortázar fue uno de los grandes maestros de la literatura universal y su obra es irrepetible. Tenemos la oportunidad de repasar su vida gracias al reciente lanzamiento de su biografía ilustrada, así que nos detenemos a leer el nuevo biopic publicado por la editorial Nórdica libros. 

Me imagino el trazar una semblanza suficiente de alguien como Julio Cortázar como un ejercicio particularmente complejo: aunar persona, autor, pensador, profesor, vagabundo y poeta para dimensionarlas bien y poder diseñar un escenario unificado donde residan ampliamente esos Julios, todos los Cortázares que habitaron dentro del mismo cuerpo físico. Dotarlo todo de una articulación sensata, hacer que esa suma de informaciones parciales, aleatorias, complementarias y contradictorias -a la vez- pasen a formar parte de un relato integrado y ordenado me supone al imaginarlo un trabajo hercúleo, propio de titanes, tareas para personas expertas en trazar mapas como cartografías vitales para las cuales ciertos perfiles no lo ponen especialmente fácil.

Así que antes que nada y por adelantado, mi enhorabuena al trabajo realizado por los autores Jesús Marchamalo y Marc Torices. El primero por mostrar su exhaustivo conocimiento sobre el imponente maestro de las letras que fue el belga más argentino, y el segundo por su tremenda capacidad gráfica, visual, su arte y toda la creatividad aplicada a esta obra de reciente publicación, liberada en este mismo mes de abril de dos mil diecisiete por la editorial Nórdica. Gracias.

Tras su reciente salida al mercado editorial y su paso por el salón del cómic de Barcelona llega a mis manos esta construcción eminentemente visual a medio camino entre el cómic en su sentido más clásico y la colección de ilustraciones que normalmente sirven de soporte para esa nueva línea de relatos y biografías dibujadas hechas para plantar batalla a las desasosegantes cifras de ventas de libros en nuestro país, atormentadas además por el tránsito al formato digital y que han parecido encontrar una tabla de salvación en el paso a mostrar lo ya conocido en nuevas representaciones: tomar novelas, cuentos, relatos y mostrarlos dibujados. Buscar nuevas formas para un mundo demasiado cambiante donde lo que puede verse tiene cada vez tiene más prioridad sobre lo que puede leerse y hacerlo atractivo, interesante, motivador. Táctica y estrategia mandan y hay apuestas más que interesantes frente a las que detenerse en el lineal de nuestra librería favorita.

Jesús Marchamalo y Marc Torices, autores de 'Cortázar'

Jesús Marchamalo y Marc Torices, autores de ‘Cortázar’

La labranza de biografías ilustradas de escritores ya forma parte de un campo suficientemente abonado y lleno de referencias válidas; este biopic dibujado de Cortázar se ubica en ese proto-género ya afianzado que ha dado frutos como el acercamiento a la figura de James Joyce en Dublinés de Alfonso Zapico, el Kafka de Robert Crumb, Gabo, memorias de una vida mágica de Óscar Pantoja o el lanzamiento reciente de Rulfo una vida gráfica con guión del autor anterior e ilustraciones del enorme artista Felipe Camargo.

Como vemos, el contexto en el que aparece la apuesta de Nórdica es bastante fértil y delicadamente atractivo para un mercado volátil, cambiante y poco estabilizado. Por eso tal vez las apuestas sean desiguales, con mayor o menor fortuna y resultados dispares. De todo el bancal, marquemos Cortázar como un fruto mayor de altísima calidad y muchos méritos.

Viñeta de 'Cortázar'

Establecer el relato vital de alguien tan complejo como Cortázar debe ser cualquier cosa menos un asunto sencillo: sus hitos vitales, su predilección por el azar y el culto a las coincidencias y las sincronicidades jungianas, sus problemáticos vínculos afectivos, su poderosa mente, su destacada inteligencia y sus idas y venidas por el ancho mundo no son cuestiones fáciles de reducir, marcar y simplificar. Así que mejor suponer que la manera más directa de asirlo tal vez sea acercándose a sus pasiones más fuertes, las más determinadas, las más constantes y resistentes a todos los vaivenes en la vida de esa figura de la lengua y la literatura. En esa dirección aparecen dos líneas de amarre sobre las cuales se podría sustentar todo el entramado de la obra: la primera es el jazz, y la segunda la dimensión política del protagonista. De las dos, es el jazz lo que vehicula el tratamiento de esta obr,a pero hay que tener el ojo afinado para verlo, pues no se trata de manera explícita más que como un departamento concreto de sus gustos y alineaciones personales. Sin embargo, Cortázar es puro jazz.

La obra capta las esencias y la arquitectura de unas de las ramas favoritas de este inmenso corpus musical y hace que todo el despliegue visual del trabajo sea en sí mismo una inmensa obra de be-bop que de manera implícita impregna todo el conjunto a partir de un intenso culto a la fragmentación, al tránsito desde zonas grises a explosiones de color, a la búsqueda de una armonía superior en base a partes diferenciadas (aquí cada capítulo es una construcción independiente en cuanto a forma, a color, a estructura y en definitiva en narrativa visual). Y el objetivo se consigue: Cortázar es una pieza del Charlie Parker más desatado, del Coltrane más experimental sin llegar a entrar en el hard-bop y habiendo partido de una base más parecida a una balada de Miles Davis se produce un disparo, un crescendo útil para mostrar que la mejor manera de hacer arte es trabajar con libertad absoluta cuando el creador es un ser lúcido que como en el caso que nos ocupa, no teme echarse a la espalda las doscientas treinta páginas de Cortázar para dar rienda suelta a sus propias interpretaciones sobre el tiempo, el espacio, el color y la forma.

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Marc Torices hace lo que quiere y consigue generar en nosotros el trabajo interpretativo necesario, el esfuerzo mental que debemos hacer y que queda en nuestro tejado cuando nos manejamos con su gestión de las clausuras, del ordenamiento, de la estética y en el uso que hace de las transiciones, que no son específicamente las más dinámicas para capturar el movimiento. Transiciones tema a tema, escena a escena y aspecto a aspecto que, sin darnos cuenta, en realidad van a un ritmo endiablado cuando el autor se encuentra en su propia parte de la partitura y deja salir toda su fuerza. Cuando la obra termine y lleguemos a la última página la policía estará levantando el cadáver de Charlie Parker, John Coltrane ha muerto, Miles Davis es la sombra heroinómana de lo que había sido y todo se desvanecerá entre el humo de cigarrillos franceses, que es lo que imaginamos que realmente expulsa el tren rojo que nos lleva por el periplo vital de Cortázar.

En torno a la segunda dimensión posible de Cortázar – la política y lo político – por alguna razón Jesús Marchamalo parece no detenerse demasiado. A la epifanía social sobrevenida al protagonista a partir de su vivencia directa de la revolución cubana le opone directamente el caso Padilla como punto gris de una ausencia de posición. A esta anécdota la podríamos llamar “el punto Jonbar de la revolución” y a partir del cual se termina la luna de miel entre la intelectualidad progresista y el gobierno de Fidel Castro, y sugiere un abandono al no firmar la carta en favor del polémico autor cubano que hizo gritar a la revolución. Pero cualquier persona experta en la vida y el pensamiento de Cortázar conoce sus razonamientos al respecto y como en su visión estratégica, primó más mantener el vínculo para operar a nivel interno que la ruptura y la distancia que algunos otros acometieron (y que fue el principio del viraje para Vargas Llosa).

Página de 'Cortázar'

Cortázar sabía perfectamente que cualquier revolución vive una primera fase de explosión creadora y a continuación, una segunda etapa de estabilización y control. Él eligió quedarse dentro de esta segunda fase para no permitir el atrofiamiento de las estructuras culturales. Y por ello no firmó aquella carta.

Sobre la aparición del Guevara ministro-comandante, tampoco hay mucho que decir: un ojo desconfiado colocaría al guionista en posiciones lejanas y la tentación es demasiado fuerte como para ser útil. Nos quedaremos con los versos finales de Cortázar, dedicados a la muerte del guerrillero y sus encierros en cuartos de baño para poder llorar íntimamente por la desaparición de ese hermano que dijo tener.

Cortázar nos trae al explorador, al maestro, al hijo abandonado, al funcionario, al solitario que se atrevió a ir frente a Borges a pedirle audiencia, en una obra delicada, cambiante, emotiva, emocionante. Tras leerla nos devuelve las ganas de hacernos la vida como realmente necesitemos, animándonos a ser honestos con nosotros mismos y no tener miedo a saltar sin red cuantas veces haga falta. Cortázar es oxígeno, es esperanza y es un deleite visual de principio a fin.

Cortázar -en cierta manera- es un homenaje a la valentía.

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cortazarportada

'Cortázar'

Año: 2017
'Cortázar' nos trae al explorador, al maestro, al hijo abandonado, al funcionario, al solitario
Guionista: Jesús Marchamalo
editorial: Nórdica
Dibujante: Marc Torices