[Crítica] ‘La maldición gitana’ – Marginales y cabezabajo

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¿Alguien sordomudo, sin piernas ―8 centímetros en realidad― y que camina invertido apoyado en sus gigantescos brazos puede ser el protagonista de un libro? Harry Crews dice que sí. ¿Puede ser el protagonista de un buen libro? Los lectores estamos admitiendo que también.

Kiko Amat prologa la novela de un autor sobre cuya traducción tiene gran parte de culpa. Antes de sus habituales reseñas, la mayoría de la comunidad lectora local desconocía la existencia de Harry Crews. Desde entonces -casi seis años, pasa el tiempo- tenemos cinco de sus obras en un español que exhibe un curioso deje murciano cuando median diálogos. La explicación es fácil: el Sur. Con mayúscula de relevancia significa casi todas las cosas que acopió el ya fallecido Sr. Crews en su bibliografía.

La sinopsis de La maldición gitana, al contrario que sus personajes, no tiene demasiados pliegues. Un tullido acogido en un gimnasio de un viejo polaco junto a dos boxeadores, en la misma línea de demencia, se enamora de la arquetípica femme fatale que trae a escena a un griego que recoge esponjas en una de las muchas bahías de Florida. No aguarden nada más sofisticado que tales piezas avanzando a trompicones en el damero. Porque, si hay que hacer una crítica a la novela, es la falta de engarce de determinadas secuencias, como si todo el pulso narrativo se fiase al talento que despliega Harry Crews en lograr que el protagonista, Marvin Molar, catalice el resto de tarados. Y lo hace muy bien. A través de la lectura de labios, el lenguaje de signos y las vibraciones que percibe va decodificando aquello que tal vez es previsible para un lector avezado. Por ello a la crítica le sobreviene la loa: estamos ante uno de los personajes más originales de la historia de la literatura. Y además con una formidable capacidad para el monólogo interior.

En esta ocasión los habituales modismos de Crews se han reducido, lo cual dinamiza el texto en su tercio inicial, donde no se puede obviar la genial presentación de Marvin. Reitero: a partir del primer combate de boxeo el conjunto se deslavaza, sublimando el arqueo de cejas un partido de voleibol y un masaje terapéutico que retuercen lo estrambótico en exceso. Quizá mis reservas tengan que ver con que algunas escenas evocan la única obra de Harry Crews traducida que no me gusta (es más, que detesto). Me refiero a Cuerpo (1990). La maldición gitana nunca naufraga, a pesar de algún denodado empeño, por la simbiosis de los cuatro parias que habitan en el Fireman´s Gym. Sin embargo, tanto en el prólogo como en la contraportada se avanza un final que ya de por sí es predecible para los acostumbrados a Crews. Esa omnipresente sensación -a la cual no colaboraré en el artículo- desenfoca el resultado. Durante la dialéctica a puñetazos de la novela bastaría con mirar los movimientos de hombros del rival para adivinar si viene un directo, un croché, un uppercut o simplemente nada. Y cuando el escritor es bueno, o tramposo, sabes que finta para castigarte el hígado mientras estás con la guardia alta. Pero si ya nos suben al ring y nos cantan los golpes antes de lanzarlos, se pierde esa droga endógena… ¿adrenalina? Cada uno sufre la suya leyendo. Mi visión personal: de alguna forma todos los conflictos de los libros acaban apagándose o explotando. Así que permitamos que al cerrarlo detone sin advertencias previas para medir nuestra obsesión por llegar a la última página oteando a un tipo sin piernas que avanza en la vida haciendo el pino.

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Cabe preguntarse qué podemos esperar de Harry Crews a partir de ahora. Si tal vez ya no va a superar lo que nos han traducido leyendo algunos comentarios de los doctos. Entretanto, disponemos de dos obras maestras como Una infancia (Biografía de un lugar) y El cantante de Gospel, bien amparadas por esta Maldición gitana y El amante de las cicatrices, ambas de Dirty Works. Una editorial de catálogo coherente, cuidadosamente presentado y con una línea de trabajo sugestiva. No son los únicos -la experiencia de Sajalin o el comienzo de Underwood como polos-, pero sí son los que mejor editan sus productos. Negros. De sus títulos recomiendo sin ambages Padre e hijo de Larry Brown. Otra liga; otro jodido deporte. Admito las gracias por privado en cuanto lo lean.

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The Gipsy's Curse

Año: 1974
La quinta obra traducida al español de Harry Crews lo confirma como uno de los autores más originales del siglo pasado.
Editorial: Dirty Works
Autor: Harry Crews