[Crítica] ‘El niño y la bestia’ – Extraordinario cotidiano

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Avalada por el éxito de taquilla y público internacional, la nueva película de Mamoru Hosoda pone las cosas fáciles a aquellos que, con cierta pereza, le califican de sucesor de Hayao Miyazaki. Lo cierto es que algo hay del maestro en El niño y la bestia, pero en la misma medida que lo hay de muchos otros referentes.

Cierto es que a veces nos lo ponen fácil. Etiquetar es otra manera de vender y si nos venden el nuevo film del director de Digimon: La película (2000) es muy probable que esto no nos diga nada. Pero si algún titular reza “El nuevo Hayao Miyazaki” igual plantamos la oreja. Aunque tal vez ni así. Lo cierto es que es difícil negar que la nueva película de Mamoru Hosoda se ha convertido en todo un fenómeno en Japón.

Desde su estreno, lleva recaudados 46 millones de dólares. Unas cifras que podrían no sorprender a un espectador acostumbrado al blockbuster estadounidense, pero que sin embargo marcan un triunfo notable en las taquillas niponas en las que la hibridación y fuselaje entre pequeña y gran pantalla es mucho más complicado de evaluar: triunfan las últimas adaptaciones de Detective Conan (1996-) o Shin Chan (1992-) en la misma medida que lo hacen, compartiendo cartelera, Spectre ( 2015) o Spotlight ( 2015). Lo que es innegable es que Hosoda se ha marcado una buena jugada adelantando incluso al estudio de Totoro: El Cuento de la Princesa Kaguya (una de nuestras heroínas Ghibli favoritas) recaudó 22 millones. La mitad que la película que nos ocupa, y eso que aquella era la última película de Isao Takahata.

Sea como fuere, etiquetar a Hosoda de sucesor de Miyazaki no le hace justicia. A ninguno de ellos. Puesto que, aunque fuere cierto y ambos tuvieran mucho en común, tanto uno como el otro son compendios vivientes de influencias: atávicas y remitentes a los mitos del país del sol naciente en uno y más apegadas al mundo contemporáneo en el otro.

De hecho, El niño y la bestia se hace grande cuando se reconocen en ella referentes contemporáneos: grandes creadores que han tenido la suerte de darse a conocer más allá de las fronteras de un pequeño país de 126 millones de habitantes. Ahí está la obsesión por el detalle de Makoto Shinkai (que a veces supera la realidad) en algunas escenas de la nocturnidad y de la vida del barrio de Shibuya. O ahí están la deconstrucción del trazo y detalle, así como la exageración de formas de un anime más experimental (si esto significase algo), como Tekkonkinkreet (2006) en las escenas de lucha. Y todos estos universos creativos se fusionan de una manera natural y casi imperceptible en El niño y la bestia. Y sí: funcionan muy bien.

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Por otra parte, El niño y la bestia no supone tampoco, no nos engañemos, ninguna novedad respecto a la línea de evolución artística de Mamoru Hosoda. El director sigue ahondando en la inclusión cotidiana y el tratamiento material, pausado y naturalista de lo puramente fantástico como hizo en otras de sus películas, ya fuera con la inclusión de múltiples líneas temporales en la vida de un adolescente (La chica que saltaba a través del tiempo -2006-), las posibilidades y peligros de una doble vida digital (Summer Wars -2009-) o las dificultades de unos niños mitad humanos mitad lobos en un mundo de humanos (Wolf Children -2012-).

Sin obviar que hacer de lo fantástico lo cotidiano es una de las bases argumentales más utilizadas del anime, tal vez se echa en falta arrojo en la nueva apuesta de Hosoda. De hecho, sería un buen objeto de estudio ver cuántos son los animes que se desarrollan totalmente en un mundo fantástico y en cuántos lo extraordinario forma parte de un mundo “real” más o menos parecido al que vivimos nosotros. Una dualidad constante que está en el gen mismo de la carrera de Hosoda: él fue uno de los principales responsables del choque de mundos de la serie que le vio nacer como animador. Hablamos del empujón que le dio a Digimon (1999-2000) cuando el universo narrativo de éste puso en contacto el mundo digital de criaturitas kawaii que digievolucionaban (me flipa esta palabra) en bestias pardas con nuestro mundo, donde no estamos acostumbrados a ver Metalgreymons caminando por la Gran Vía.

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Al final, El niño y la bestia juega bien la baza emocional: los problemas de adaptación de un adolescente incomprendido- También acierta cuando recurre a los resortes de una bella fábula de “profesor” y “alumno” en la que ninguno es tal y todos aprenden lo que significa ser uno mismo. Aunque estas también son temáticas habituales de la filmografía Hosoda, un realizador que confirma su saber hacer en un apartado visual bellísimo y animado con una pasmosa habilidad para la mezcla de formatos, aunque nos cuente una y otra vez la misma historia. Pero si soy sincero, yo volvería a ver El niño y la bestia una y otra vez.

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3 comentarios

  1. qwerty_bcn dice:

    Esta muy bien hablar de Mamoru Hosoda. Es altamente recomendable y necesario. En cierta mesura forma parte de esa generación de autores que deberían recoger el testigo de Ghibli. No necesariamente hacer lo mismo, pero si intentar ocupar su vació.
    Pero también me parece fundamental hablar de Yoshiyuki Sadamoto. Responsable de los diseños de personajes de tres de sus películas mas mencionadas (Wolf Children (Los niños lobo), Summer Wars y La chica que saltaba a través del tiempo) y cosas tan poco importantes dentro (y fuera) del mundo anime como puede ser "Neon Genesis Evangelion" (diseñador de personajes de la serie y dibujante del manga que adaptaba (a su ritmo) esa historia).

    p.d: En "El niño y la bestia" los diseños de personaje corren a cargo del propio Mamoru Hosoda. Parece que mantiene un estilo formal bastante parecido a lo visto en anteriores trabajos suyos.

    1. Francesc Miró dice:

      Hola Qwerty_bcn!
      Si te soy sincero ignoraba que el diseño de personajes de El niño y la bestia NO fuera de Yoshiyuki Sadamoto, pero conocía su trabajo y siempre me había parecido alabable la capacidad para hacer de las expresiones faciales exageradas algo razonable y emocional. Una característica que no suele ser el fuerte de muchos diseños anime, que suelen romper totalmente el estilo de los personajes cuando se da una situación cómica (mayormente) o extrema en algún sentido. Algo que no es ni bueno ni malo, en el fondo. Sea como fuere, gracias por comentar! Un saludo!

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