[Crítica] ‘The Affair’ S03 – La identidad y su pérdida

La tercera temporada de The Affair llega a su fin después de una tanda de diez episodios tardíos que no terminan de funcionar. Analizamos las claves para entender por qué la serie, ganadora de un Globo de Oro, parece haber perdido su esencia.

Atención: Este artículo contiene spoilers.

A pesar de que la audiencia siempre se contara como modesta, la crítica respaldó a The Affair desde el principio, a la vez que la industria premiaba una y otra vez tanto a sus escritores como a sus actores principales. No era desde luego una serie para todo el mundo y se solía incluir, junto con The Leftovers (2014-2017), en las listas de series  más infravaloradas por el público.

Lo que hacía a The Affair (que en España emite Movistar Series) tan fascinante para muchos era su forma y no su contenido. Aunque las relaciones extramatrimoniales ya han sido analizadas una y otra vez en pantalla, la serie conseguía parecer única y original al utilizar esta situación, no como premisa principal, sino como una excusa para deconstruir y examinar a dos personajes reales e interesantes, alejándolos de su zona de confort.

El sello característico de la ficción: el uso de los puntos de vista enfrentados en cada episodio. Una manera elegante de proporcionar información al espectador atento, convirtiendo a The Affair en un producto sobre el que se debía reflexionar y no simplemente observar cada semana. Sin embargo, la tercera temporada parece haber perdido tanto el rumbo como la identidad y los diez últimos episodios parecen una serie totalmente nueva. Una serie melodramática que, por otro lado, no es demasiado interesante.

El retrato de Noah Solloway

Durante las dos primeras temporadas, Noah y Alison han compartido al cincuenta por ciento el protagonismo. Salvo excepciones, la mayoría de los episodios solían contar con una primera parte centrada en el escritor y una segunda enfocada en las vivencias de la camarera. Con esas escenas, con las diferencias entre la perspectiva de él y de ella, The Affair creaba una narrativa implícita y sutil que hacía a la audiencia apoyar y comprender a ambos miembros de la pareja.

Ese equilibrio se rompe en la tercera temporada. Noah, recién salido de la cárcel después de declararse culpable por la muerte de Scotty, cuenta con puntos de vista sin contrastar en casi todos los capítulos. No obstante, estos se centran en contar una historia totalmente ajena a Alison, Montauk, su carrera como escritor o su familia.

Imagen de 'The Affair'

Gran parte de la trama de Noah no tiene un punto de vista enfrentado y es, precisamente por eso, por lo que el giro final, la gran revelación de la temporada, se puede predecir con facilidad desde el primer episodio. Toda la trama de John Gunther, el guardia de la cárcel empeñado en acabar con él, es tan forzada, exagerada y excesiva que da la sensación de pertenecer a una serie completamente distinta.

Aunque no es increíble que Noah, sometido a estrés, aislado y empapado por el sentimiento de culpa que lleva arrastrando años, desarrolle una enfermedad mental: la manera en la que se utiliza esta, como una estrategia para sorprender al espectador más que como una experiencia más en la vida del personaje, raya por momentos lo ofensivo y destruye toda intención anterior de definirse, de manera sutil, como una serie “de personajes”.

Pero no todo es efectismo en la trama de Noah. Los minutos dedicados al trauma por la muerte de su madre y a la relación con su hermana recuerdan en algunos momentos a las mucho mejores temporadas anteriores. Brilla, con muchísima diferencia, la escena de Noah y Alison frente a la chimenea del hotel, cuando él le cuenta cómo ayudó a su madre a acabar son su vida. Esto demuestra, una vez más, que la serie gana cuando enfrenta a sus dos principales y vuelve, de nuevo, al tema de su relación.

El extraño protagonismo de Juliette

El problema no es que Juliette, la profesora de literatura romance que da clases en la misma universidad de Noah, sea interesante (que lo es) o esté bien interpretada (que lo está), sino que su trama, al igual que la de Noah, ni está contrastada ni tiene el tono que acostumbra la serie. La historia de una mujer aún joven y con espíritu aventurero que tiene que huir de un marido mucho mayor, con Alzehimer y postrado en una cama, está muy bien planteada y pretende ser un recordatorio -con algo de moralina- de las consecuencias destructivas que puede traer un affair (pues sabemos que Juliette fue alumna de su marido y que éste estaba casado anteriormente).

Imagen de 'The Affair'

Las escenas más torpes y sin sentido de esta tanda de episodios tienen a Juliette como centro. Escenas mal pensadas que, como es evidente, no han funcionado tal y como los escritores tenían en la cabeza. La más llamativa: la de la cena con Noah y cuatro de sus alumnos. Aunque la discusión sobre los límites y las formas del consentimiento es actual y está teniendo lugar en muchas universidades americanas, la forma de plantearlo es tosca y de muy mal gusto.

Audrey, la alumna que defiende el consentimiento en cada paso de la relación, es gritona, exagerada y agresiva -tal y como se pintaría con burla a una feminista-, mientras que los que se oponen a ella, especialmente Noah y Julliete, mantienen la calma y la elegancia en todo momento. Lo que intenta ser tanto una lección sobre la pasión como una declaración sobre los debates actuales, acaba volviéndose en contra de los creadores de la serie, que zanjan el tema con un discurso sobre cómo la pasión no puede nombrarse y verbalizarse. Un discurso entregado, precisamente, por dos personajes que se encargan profesionalmente de escribir sobre ella.

Imagen de 'The Affair'

La presencia de Juliette en la serie, dado que su relación con Noah no es importante y que su marido muere en el episodio final, se siente como una “pérdida de minutos” frente a otros personajes con apariciones más agradecidas pero que parecen no tener trama sólida y propia en esta tercera temporada.

Helen, el personaje que le dio un Globo de Oro a Maura Tierney, es el más perjudicado. Mientras que en los episodios anteriores Helen siempre ha tenido una razón propia para estar ahí y algo que contar sobre ella, todas sus escenas de la tercera temporada oritan en torno a su exmarido y su sentimiento de culpabilidad y acaban resolviéndose de una gruesa pasada, escenificada como una desagradable escena sexual. Es extraño ver a Helen tan indiferente a sus hijos, tan cruel con Vik y tan impulsiva con sus padres, pero aún resultan más raras las apariciones de Oscar Hodges, el personaje recurrente al que todo el mundo disfrutaba odiando, convertido ahora en un hombre bueno, amable y sensible debido a la magia de la paternidad. El personaje que antes era Oscar es ahora un monigote que dice las palabras adecuadas para que los demás puedan exponer los conflictos. Una cara conocida que pretende servir de distracción en escenas mal planificadas y planteadas.

Lo que queda de The Affair: Alison y Cole en Montauk

Los únicos momentos en los que The Affair vuelve a parecer la serie que era son los ambientados en Montauk, el pueblo costero que funciona como un personaje más de la ficción. Las tramas que envuelven a Cole y Alison son las únicas que fluyen con naturalidad y que se fundamentan en todo lo explicado en las temporadas anteriores.

Alison sigue siendo una persona rota e impulsiva que, muy a su pesar, es percibida por los hombres como una mujer sexy y atractiva incapaz de cuidarse por si misma. Cole sigue siendo un personaje que prefiere sufrir y ser infeliz bajo su fachada de hombre respetable a romper con todas sus obligaciones autoimpuestas y buscar su felicidad. No obstante, su presencia en esta temporada es tan limitada y dice tan poco que se hace evidente que los creadores han dejado lo mejor para el final.

Con la cuarta temporada -que, según parece, será la última- ya aprobada, la historia de Ali y Cole ha quedado relegada al gran final. Quizás sea mejor así. Un final que nos devuelva la identidad perdida en estos diez capítulos para olvidar.

Imagen de 'The Affair'

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The Affair

Año: (2014-)
Esta tercera temporada supone un grave tropiezo para una de las ficciones más potentes y arriesgadas de los últimos años.
Director: Sarah Treem
Actores: Dominic West, Ruth Wilson, Maura Tierney y Josua Jackson