Curas, funcionarios y ligones baratos: los personajes olvidados de los inicios de ‘El Jueves’

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Aprovechando el cuarenta aniversario de El Jueves que se celebra este 27 de mayo, regresamos a 1977 para desempolvar a los personajes olvidados de estos primeros tiempos. Perdedores efímeros que nunca protagonizaron un Pendones del humor y con los que nadie jamás se hizo un tatuaje.

Cuando preguntamos a la gente sobre sus personajes favoritos de El Jueves, las respuestas pueden ser muy variadas. Es natural, porque cuarenta años dan para mucho. Si preguntamos por sus personajes clásicos, seguramente casi todo el mundo recordará al Profesor Cojonciano de Óscar Nebreda, Makinavaja de Ivá, a la Mamen de Mariel Soria, Andreu Martín y Manel Barceló, los Pedro Pico y Pico Vena de Azagra, los Grouñidos en el desierto de Ventura & Nieto o el más longevo personaje de la revista, Martínez el Facha, dibujado por Kim. Lo llamativo es que, de todos ellos, el único que verdaderamente estuvo ahí desde el primer número es el entrañable abuelete nostálgico de Kim. Muy poca gente recuerda a sus primeros compañeros de semanario, y hay una buena razón para ello: la mayoría tuvieron una vida efímera, condición motivada por las peculiares circunstancias en las que nació El Jueves.

Su impulsor, el editor José Ilario -responsable también de otros semanarios satíricos como Barrabás (1972) y Por Favor (1974)-, confirma la sospecha que surge cuando se hojean los primeros números, publicados a partir de mayo de 1977: su intención era crear el equivalente a una revista infantil de Bruguera, pero dirigida adultos. JL Martín, director artístico en esos primeros tiempos, afina aún más y menciona la referencia de Pulgarcito. Así que en esos primeros números se dedica, junto a Tom y Romeu, a replicar el modelo de personajes basados en estereotipos sociales presentes en las revistas de Bruguera, pero adaptándolo a los nuevos tiempos, a la época de cambios sociales y políticos en la que nacía El Jueves.

Ese primer impulso duró muy poco. Los primeros números de la revista se realizaron de un modo muy anárquico, y la mayoría de dibujantes abandonaron muy pronto unos personajes con los que no terminaban de sentirse a gusto. Tras una breve etapa de gran interés por la política -cosa lógica, porque en junio del 77 se celebraron las primeras elecciones generales-, El Jueves se fue perfilando como una publicación donde se hacía humor costumbrista, de la vida cotidiana, con alguna dosis de sexo y personajes con una personalidad más definida, más vivos. Ese cierto desapego de la política fue lo que, en opinión de JL Martín, permitió conectar más con un público desencantado, que demandaría contenidos más ligeros. Por otro lado, la renovación de contenidos y personajes ha sido una constante en los cuarenta años de existencia de El Jueves, en una búsqueda constante de nuevos lectores.

A continuación nos sumergiremos en ese magma primigenio de ensayo y error, de personajes cambiantes y confusos, finalmente abandonados en el baúl de los juguetes rotos, antes casi de que fueran sacados de sus cajas. Dejemos a un lado a la Betty de Romeu, que, intermitentemente, aguantó en el semanario hasta 1984, y dejemos también El cortijo del señorito de Trallero, que, ciertamente, sufre hoy un olvido injusto, pero que mantiene una coherencia interna y un gran nivel hasta 1980. Las series que rescatamos a continuación son otra cosa, que desafía la memoria de los más fieles lectores de la revista.

Pepe Progre

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Este personaje de Tom solo aguantó cuatro números en su sección, una tira vertical de viñetas apaisadas. Tom es un excelente dibujante humorístico, aunque nunca estuvo interesado en crear un personaje icónico. Aquí lo intenta, sin mucha fe, con un melenudo que más parece más pasota que progre, en realidad: en la primera entrega, Pepe y su mujer reciben la visita de una especie de vendedor a domicilio que pretende afiliarles a alguno de los partidos políticos que, en aquellos días, estaban ya protagonizando la campaña electoral. Su actitud escéptica encaja con la de su creador, que se ha definido como anarquista, aunque la campaña electoral se cruce más veces en su camino; por ejemplo, en una manifestación política con la que se encuentra mientras fuma un porro -lo que le genera un problema con la autoridad-. En su última aparición, parece abrazar una causa, pues lo vemos en una manifestación ecologista. Demasiado tarde, Pepe.

Leopoldo (un oficinista que es el colmo)

Leopoldo (un oficinista que es el colmo)

JL Martín, meses antes de ocurrírsele la feliz idea de realizar una historieta protagonizada por Dios, intentó asentar en El Jueves a este personaje, representante de tantos oficinistas de la España del desarrollismo y el inmediato postfranquismo. Si en Pepe Progre se notaba la ideología de Tom, en Leopoldo (un oficinista que es el colmo) JL no podía ocultar que su primer trabajo había sido el de empleado de banca. Sin embargo, a pesar de que se destaca la faceta profesional del protagonista -con una rima totalmente brugueriana-, nunca lo llegamos a ver en su lugar de trabajo. Al contrario: Leopoldo siempre estaba en casa, agobiado, intentando cuadrar la contabilidad familiar para irse de vacaciones a la Costa del Sol, o ultimando su declaración de la renta. Cinco números duró la aventura, antes de que JL se diera cuenta de que no había mucho más que rascar en el pobre Leopoldo.

Don Tristán Vallejo y Riuet

Don Tristán Vallejo y Riuet

Estereotipo del empresario capitalista sin más ideología que la del dinero, y contrapunto de los funcionarios y los obreros habituales en el humor gráfico de la transición, Don Tristán Vallejo y Riuet fue uno de los muchos personajes que Romeu manejó en el primer año de vida de El Jueves. El autor, mucho más sutil en su humor y su trazo que la mayoría de sus compañeros, sí parecía tener una idea más clara de lo que quería hacer con la serie, y eso se nota en su calidad. En sus diez entregas, el empresario aparece tratando sus negocios, haciendo todo tipo de chanchullos, recibiendo a su sastre y a su “evadidor de divisas” al mismo tiempo… En la más ácida de sus historietas, aparecida en el segundo número del semanario, lo vemos metido en política y dando un mitin electoral para un partido de izquierdas. Ver al señorito Vallejo y Riuet con barba de un día y la ropa viejo de su jardinero hablando de la revolución obrera hasta acabar llorando -de risa- ya justifica toda la serie, que Romeu acabó apartando para centrarse en Betty y en La liga de los sin bata.

El funcionario neura / El funcionario loco

El funcionario neura / El funcionario loco

Don Ángel es un autor de los primeros tiempos de El Jueves que poca gente recuerda. Su estilo humorístico no encaja demasiado con el de sus compañeros, porque Don Ángel es absurdo y surrealista. Por eso destaca esta maravilla loquísima que primero se tituló El funcionario neura y después pasó a llamarse El funcionario loco antes de desaparecer tras seis tiras. Por supuesto, aquí lo de menos era la profesión del protagonista: tras una primera tira en la que el funcionario le cuenta sus trifulcas con “la parienta” a un cliente, Don Ángel tiene la ocurrencia genial de convertir al tipo en un loco literal, que está convencido de ser aviador de la primera guerra mundial o soldado franquista en la guerra civil. Acosado por rojos imaginarios, su paranoia genera conflictos imprevisibles en tan solo cuatro viñetas: un prodigio de síntesis que no tuvo continuidad.

Rodolfo Valentín siempre va caliente

Rodolfo Valentín siempre va caliente

Otra serie de JL Martín, y una de las más interesantes de esta primera época. Rodolfo Valentín es un patético personaje, con granos y gafas, que siempre está intentando ligar allí donde va. Lo más llamativo de la serie es que supone una sorprendentemente temprana crítica al macho ibérico, al ligón barato y pocho. En su primera aventura, Rodolfo es rechazado por una mujer, traumatizado por un travesti -cosas de la época- y acaba escribiendo una historia que contar en la oficina el lunes, llena de fantasmadas. En las siguientes entregas, la campaña electoral se cruza en su camino, y el infame Rodolfo dirige sus esfuerzos a ligar con militantes de la izquierda, mientras están en mítines o pegando carteles de su partido. Su apoliticismo le juega malas pasadas: no es buena idea meterte en la cama de una joven activista diciendo que tu político favorito es Fraga. El personaje tenía más potencial que otros de la época, pero JL Martín decide mandarlo al limbo tras solo cinco entregas

El bar del Paco

El bar del Paco

Esta es la única serie que en lugar de centrarse en un personaje, se centra en un espacio… Y no hay espacio más representativo de España, entonces y ahora, que un bar. En esta serie de Tom, Paco regenta el típico bar de barrio, con sus carajillos y sus cafés con leche, y en cada entrega sucede una historia diferente, sin más personaje fijo que el hostelero. Como en otras series, la campaña electoral irrumpe en las tramas, de modo que Paco tiene que aguantar cómo un grupo de políticos se le marcha sin pagar o cómo varios afiliados pretenden empapelarle la barra con propaganda electoral. En el número cinco de El Jueves visitamos por última vez El bar de Paco, con una historia en la que el propietario del bar lo reconvierte en un museo de la picaresca de bar, desde vino aguado a croissants duros. Tenía más potencial del que pudo demostrar, pero no hubo piedad.

La Sra. de Mariano Ultra

La Sra. De Mariano Ultra

Un nuevo intento de Don Ángel por crear una serie duradera, en esta ocasión con una mujer como protagonista, Maruja, la esposa de un facha, aunque a partir de la tercera entrega el título pierde el adjetivo “Ultra” y desde entonces su marido pasa a ser, simplemente, un hombre mayor un poco tradicional. La serie, que arranca en el número 9 y resiste hasta el 17, supone una alocada y espinosa sátira de la vida sexual de un matrimonio tradicional bajo la óptica del feminismo de la época, con el que Maruja entra en contacto a través de dos amigas. Ingenua y sexualmente insatisfecha, tiene una curiosa interpretación de las consignas feministas: en su cuarta entrega, espera a su marido en la cama, con carteles que contienen eslóganes como “Machistas pero adorables” o “Falócratas (yujuuu)”.

El Padre Cirilo

El Padre Cirilo

Y terminamos con El Padre Cirilo -en algunas entregas se añadía el subtítulo Está siempre hecho un lío, una serie de Vives, un dibujante que estuvo prácticamente en todas las revistas satíricas de la Transición. La serie, que debuta en el primer número de la revista, está protagonizada por un cura de pueblo. Al principio tiene una actitud bienintencionada, pero muy pronto Vives lo convierte en un personaje negativo, con el que criticar la doble moral de la Iglesia y todos los vicios de su jerarquía. Cirilo roba del cepillo, echa miradas de tapadillo a las revistas porno que incauta a los fieles, y carga contra los obreros del pueblo, que tienen que soportar la violencia policial y de la ultraderecha. La apoteosis de la serie llega en su vigésima entrega, en la que un iracundo Cirilo responsabiliza a las mujeres de las violaciones, por no quedarse en sus casas… para, acto seguido, ser atacado él mismo por un violador corto de vista que confunde su sotana con un vestido. Tremendo. En cuanto Vives encontró el tono adecuado para su serie, esta alcanzó un excelente nivel: prueba de ello es que es la única de todas las que hemos rescatado que sobrevivió algo más de un año, hasta el verano de 1978.

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2 comentarios

  1. Dani dice:

    Gracias por rescatar estas joyas del olvido. Una crítica sin embargo es ver cómo el grafismo de la época se limitaba a copiar al genial dibujante francés Reiser, que llevaba ya una década entera haciendo ese tipo de tiras…

  2. Boris Vian dice:

    “España va de Cvlo”.
    Jóder igualito que ahora y que siempre.
    Pero los del PP lo llevan muy bien…, ahora y siempre.
    ¡Ah! y los Reyes también lo llevan bien.
    ¡Ah! y los Jueces.
    ¡Ah! y los empresarios…

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