[100 años de Roald Dahl] De ‘Matilda’ a ‘Mi amigo el gigante’: 10 adaptaciones esenciales

Se cumple el centenario del nacimiento del autor de libros para niños más imprescindible del siglo XX. Mi amigo el gigante une el genio de Roald Dahl con el de Steven Spielberg añadió recientemente otra pieza al grueso de adaptaciones de su universo. Repasamos una selección heterogénea como muestra de su versatilidad, con las adaptaciones más exitosas o las que resultan representativas de algunos aspectos menos conocidos de su trabajo.

Roald Dahl poseía una sensibilidad especial para conectar con las ansiedades e imaginación de los jóvenes y explorar los lados más oscuros de la infancia, pero a menudo se suele pasar por alto su trabajo como guionista, e incluso sus inquietantes relatos dirigidos a lectores adultos. Su obra ha transcendido el negro sobre blanco para dejarnos adaptaciones de todos lo colores y sabores. Aquí te traemos diez de ellas.

10. 36 horas (1965)

En su primera etapa como guionista, Dahl llegó a firmar el libreto de uno de los episodios de la serie Bond más populares, Solo se vive dos veces (1967), pero su primera aparición en las créditos de una película sería como autor del relato Cuidado con el perro (1944). Este thriller bélico se inspiraría en el mismo, pero su desarrollo sólo conserva la premisa principal: un hombre despierta en un hospital tras un coma de seis años para encontrarse que hay una conspiración para hacerle creer que la guerra ha acabado y se encuentra en Alemania, con el objeto de conseguir información de su misión. En la película se desarrolla el conflicto como un juego del gato y el ratón en el que nunca se sabe si el paciente se ha dado cuenta del montaje y, por tanto, si la información que proporciona es la verdadera o no. Una intriga de espionaje ambientada en la Segunda Guerra Mundial, toda una guía para hacer un filme bélico sin mostrar batallas o escenas de acción.

9. Chitty Chitty Bang Bang (1968)

Sólo un año después de su adaptación de Bond, Dahl se volvería a encontrar con Ian Fleming, el creador del agente secreto, en la adaptación de una novela infantil con su firma. El material de partida se acerca ya mucho más al universo Dahl que conocemos y el guión se toma algunas libertades para encajarse dentro de las propias obsesiones del escritor. Los niños protagonistas son el prototipo de niño pobre y bueno de las novelas del británico. Viven en una casa llena de inventos estrambóticos de su padre, con su abuelo y huérfanos de madre. Hay un coche mágico, una fábrica de caramelos y viajes a pueblos de Alemania en donde una especie de hombre del saco hipersiniestro se encarga de robar a todos los niños. Toques que podrían haber salido de cualquiera de sus trabajos y que, además, se presentan con una paleta de colores acorde con otras visiones de algunas de sus obras. Aunque es muy larga y le pesan un poco las intenciones de ser la nueva Mary Poppins (1964), es un viaje fantástico a la imaginación y la aventura con una espectacular estética de toques steampunk, en contraste con sus colores explosivos.

8. Relatos de lo inesperado (1979-1988)

Las dos primeras temporadas de esta modesta serie británica adaptaban todos los relatos imprescindibles del volumen Relatos de lo inesperado (1979), al estilo de las producciones televisivas de las islas por aquel momento: pocos medios, pero guiones impecables. Un formato de antología similar al de La dimensión desconocida (1959-1964) en el que el propio escritor hacía una presentación de cada historia como si fuera el mismísimo guardián de la cripta de los cómics EC. Todos sus relatos tuvieron adaptaciones que recogían con efectividad el suspense de los textos originales: Cordero asado, La subida al cielo, Jalea real, Edward el conquistador y otros muchos buenos ejemplos del potencial de Dahl como autor, también para adultos, tan deliciosamente macabro como La hora de Alfred Hitchcock (1962-1965), pero con el sustrato inquietante de las creaciones de Rod Sterling.

7. Un mundo de fantasía (1971)

Adaptada para la pantalla por el propio creador, esta versión de la película fue bastante ignorada en su momento, pero el tiempo ha convertido en un título de culto, por encima de la aparatosa y descafeinada visión de Tim Burton. A pesar de llevar el sello de Dahl, el escritor no se mostró satisfecho con su propio guión, que además sufrió algunas reescrituras que la alejaron algo más del material de partida, aunque por suerte, no se apartó de los aspectos más oscuros del mismo. Willie Wonka y la fábrica de chocolate, el título original, es la película que mejor representa los aspectos fantásticos y oníricos de la obra del británico. Notas psicodélicas y surrealistas a lo Lewis Carroll y la atmósfera de pesadilla pop propia del Dr. Seuss crean el contraste perfecto con la perversa animadversión infantil de los estrictos relatos morales marca de la casa. A parte del memorable logo, que ilustra ya sus propias chocolatinas, lo que más ha perdurado es la ambigua interpretación de Gene Wilder como Wonka. Capaz de ser el loco divertido que todos quisiéramos haber tenido como tío, el típico genio encantador que es capaz de trasformarse en el tipo más creepy en segundos. Imborrable su cara demente, impasible, cantando in crescendo durante el viaje por el túnel lleno de imágenes chungas: un pollo decapitado, insectos gigantes, ojos vigilando y lagartos comiendo niños.

6. El enterrador nocturno (1971)

Otro de los guiones de Dahl, aunque esta vez no basado en ninguna de sus historias. Un trabajo particularmente oscuro, muy alejado de sus obras infantiles, en forma de drama con cuerpo de psychothriller gótico, que evoluciona de forma única hasta su demoledor clímax. La rutina de una mujer de mediana edad, soltera y sin hijos, que vive esclavizada por su madre ciega, es alterada por la llegada a su casa de un empleado del que no saben mucho, pero por el que ella se siente fatalmente atraída. Una historia con sutiles detalles de perversidad propias del autor, llevadas al terreno de las tensiones y deseos no resueltos, en especial al describir la caída de la protagonista a sus pulsiones sexuales reprimidas, exponiendo el conflicto frente a la información de la que dispone el espectador sobre el turbio nuevo ayudante, creando un suspense típico del Hitchcock más malintencionado. La fantástica banda sonora de Bernard Herrmann refuerza el escarceo con las ficciones de Robert Bloch.

5. B.A.G. El Buen Amigo Gigante (1989)

Esta, primera adaptación animada del libro El gran gigante Bonachón, antes de la nueva versión de Spielberg, es también la primera visión de Dahl con animación. La historia de una chica huérfana, “adoptada” por un gigante de buen corazón, es una pieza no del todo recomendable para niños de todas las edades. No solo por estar centrada más en los diálogos que en la acción, sino porque sus secuencias con los gigantes malvados son bastante oscuras, y su diseño lo suficientemente bizarro como para dar pesadillas. El mundo fantástico en el que se desarrolla, con acceso al mundo de los sueños, es una bomba de fantasía en estado puro, con secuencias alucinadas de lógica especialita, muy de producto europeo de los ochenta. Detalles de humor idiota, como la canción de los pedos del gigante, o cáusticos, como la explicación de porqué los gigantes prefieren el sabor de los niños turcos, la convierten en una de las adaptaciones más valientes y fieles del británico.

4. La maldición de las brujas (1990)

Probablemente, la mejor de las traslaciones del autor a pantalla. Con un equipo que une al director Nicolas Roeg con Jim Henson y Anjelica Huston como jefa de las brujas, no era extraño que el resultado fuera oro puro. A finales de la década en la que era fácil encontrar atmósferas góticas y monstruos viscosos en el cine infantil, la más terrorífica de las novelas de Dahl no podía tener mejor embajador que el director de Amenaza en la sombra (1973) o El hombre que vino de las estrellas (1976). Roeg se encargó de trasladar al cine los macabros aquelarres de las brujas, en los que muestran sus verdaderas caras. Aunque nada es tan perturbador como la historia de la niña encerrada en el cuadro o la escena en la que una bruja trata de convencer a un niño para que baje de su caseta del árbol ofreciéndole chocolate. El final de la novela no era típico y forzado, pero en general, es una película infantil suficientemente extraña y oscura como para hacer de programa doble perfecto con El carnaval de las tinieblas (1983).

3. El hombre Hollywood en Four rooms (1995)

Dentro de Relatos de lo inesperado, tanto en libro como serie, había un cuento llamado El hombre del sur, adaptado en La hora de Alfred Hitchcock en los años sesenta, y otra posterior en los ochenta. La sencilla historia de la apuesta de encender el zippo diez veces sin fallar se convirtió en tal objeto de culto que hasta Quentin Tarantino la eligió como punto de partida de su segmento de Four Rooms. El director lleva la historia original al terreno del mundo del cine, interpretándose prácticamente a sí mismo y retando a los personajes a jugar al desafío que conocen gracias al famoso episodio. Su tratamiento cambia para moverse al terreno de la comedia, siendo más un ejercicio de homenaje en el que poder ejercitar sus marcas de estilo: en sus veinte minutos consigue encajar 193 “joder”, dos planos secuencia, una copa promocional de las hamburguesas Big Kahuna y hasta unos pies femeninos desnudos. Como adaptación de Dahl no ofrece mayor interés, pero es una muestra valiosa de la irrigación de otra faceta más del escritor en la cultura popular, que llegó incluso a inspirar el relato Cut de la película de terror asiático Three… Extremes (2004).

2. Matilda (1996)

Cualquier niño con dificultades de adaptación que creciera en los noventa debe encontrar en Matilda su Los Goonies (1985) particular. En pugna con La maldición de las brujas como adaptación más cercana al espíritu de Dahl, esta es una muy notable adaptación de su, casi considerada por unanimidad, mejor novela. Danny DeVito consigue trasladar el trazo afilado de los diálogos y conservar la sutilidad y malicia del humor con el que el escritor trata temas de calado más bien trágico, como el de ser una persona válida e inteligente abocada a la incomprensión por adultos egoístas e ignorantes. El escape a través de los arquetipos y la fantasía, sin volver la cara al mensaje subversivo y la descripción de adultos que, como Mrs. Trunchbull, pueden ser monstruos verdaderamente terroríficos. Matilda no es cine infantil al uso: es una película oscura, una versión familiar y alternativa de Carrie (1974) en un mundo dickensiano y expresionista, bizarro y fascinante.

1. Fantastic Mr, Fox (2010)

El stop motion es un estilo que cuaja muy bien con algunas de las obras más fantásticas de Roald Dahl. Henry Selick hizo una disfrutable versión de James y el melocotón gigante (1996) con su particular estilo de captura de movimiento y miniaturas, pero el tratamiento Disney decoloró las características más definitorias de la obra original, eliminando lo más oscuro de sus personajes. Selick iba a colaborar con Wes Anderson en la confección de las aventuras de El superzorro pero la producción de Coraline (2009) le impidió continuar. El resultado de Anderson es delicioso en todos los aspectos. El gurú del indie comprime la novela en ochenta minutos de ritmo frenético, usando animación deliberadamente retro y low-tech. Nunca deja de ser fiel al texto, creando espacios para dar alguna pincelada de su característica mirada a la disfunción de las relaciones familiares, y presentando un guión plagado de momentos ingeniosos con el ímpetu de una comedia física de Buster Keaton bajo una espesa ensalada de colores opresivos y supersaturados, creando la sensación de estar viendo un libro pop up en movimiento.

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2 comentarios

  1. DarkCoolEdge dice:

    En su momento se me pasó Fantástico Mr. Fox pero por suerte pude verla hace unos años en el Festival de San Sebastián, y qué decir, me maravilló. Una de las mejores películas de animación que he visto, si no la mejor.

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