‘Dream Daddy’ – El don de la oportunidad y otras claves de su éxito

Una urbanización llena de papás buenorros e hijos simpaticones es la localización del juego de la temporada. En Dream Daddy los tiros, puzles y misterios que mucha gente asocia con los videojuegos se echan a un lado para dar lugar a chistes y divertido ligoteo casual ¿Cómo un juego de estas características se convierte en un producto de éxito? Analizamos todas las claves.

Dream Daddy fue lanzado en Steam hace algo más de diez días, suma más de 120.000 descargas y tiene una valoración global de “muy positivo” como resultado de 1500 análisis. Estas cifras, no obstante no reflejan ni la importancia ni el ruido que el juego ha generado en redes sociales. Y es que para un juego indie, casual, de un estudio novel y que, además, se dirige a un mercado de nicho, encontrarse con análisis en el todopoderoso The Guardian no es algo que haya que tomarse a la ligera.




Más allá de los números, Dream Daddy está marcando un hito y es uno de los juegos de la temporada. Su importancia radica no sólo en su calidad, sino en aparecer en el momento adecuado en el lugar indicado. Porque Dream Daddy, además de por las citas con padrazos sexys y los chistacos de género, funciona como un buen reflejo de lo que muchos desean para la industria. Y ha aparecido justo cuando más se le estaba necesitando.

En el momento adecuado

Otome no es un término muy extendido, ni siquiera entre los aficionados a los videojuegos. No es de extrañar. Que en una industria que ha decidido definirse durante muchos años por la acción en sus títulos, la habilidad para jugarlos y, en ocasiones, por una mal entendida masculinidad, que no se conozcan juegos protagonizados, dirigidos y, con frecuencia, creados por mujeres no es nada extraño.

Los otomes -término japonés que significa “doncella”- nacieron a mediados de los noventa como una manera de adaptar los dating sims a un público femenino. La mecánica era la misma: juegos muy narrativos en los que, mediante las elecciones correctas en los diálogos, había que conseguir conquistar al personaje de turno.

Aunque los dating sim solían incorporar otras dinámicas -muchas veces el dating sim era una opción dentro de juegos de mayor envergadura- lo cierto es que los otomes suelen encuadrarse siempre dentro del género visual novel en los que, sobre cuidadas ilustraciones, podemos leer el texto y seleccionar las opciones que creamos necesarias.

Dream Daddy

Pese a que su nacimiento se produjera en Japón a mediados de los noventa, no fue hasta 2006 cuando el primer otome fue lanzado de manera oficial en occidente. The Bodyguards era un producto que ya contaba con todos los elementos que se había ido añadiendo poco a poco al género: una protagonista con personalidad inexistente, una caterva variada de buenorros y, lo que es más importante y diferencia los otomes de los dating sims, una trama que tiene bastantes más elementos que los meramente imprescindibles para el ligoteo.

A pesar de que el target principal de este tipo de productos pretende ser chicas adolescentes, el grueso de jugadoras suelen ser mujeres adultas bien entradas en la veintena. Y es que los elementos fantásticos o de ciencia-ficción, junto con la estética anime cuidada y el habitual interés en construir una historia consigue atraer a personas que inicialmente no se sienten atraídas por los videojuegos.

Dream Daddy

PS Vita es una consola muy ligada a ‘otomes’ y ‘visual novels’

A The Bodyguards le siguieron un par de títulos cada año que eran esperados con expectación entre el público fiel. No obstante, como suele pasar en géneros muy formulaicos, como pueden ser los slashers en el cine de terror, pronto comenzaron a surgir parodias respecto a los clichés de género que, en vez de quedarse solamente en eso, convirtieron los otomes en lo que son hoy día.

El uno de abril del 2011 la mangaka Hato Moa preparó una pequeña broma para el día de los inocentes anglosajón, un jueguito flash en el que el jugador encarnaba a la única chica humana en un instituto para palomas (sí, sí, palomas). Con personalidades basadas en los estereotipos y tropos del género, Moa creó a una serie de pretendientes alados que debían ser debidamente agasajados para culminar la conquista.

Gracias al boca a boca (y a alguna que otra sorpresita) la broma se convirtió en un producto de culto. Una especie de chiste interno entre los aficionados que rápidamente conquistó a los amantes del humor absurdo que extendieron por las redes capturas de las situaciones más alocadas.

Ante tan inesperado éxito, Hato Moa y su equipo reaccionaron de la manera más lógica posible: anunciando que desarrollarían su pequeño chascarrillo hasta convertirlo en un juego con todas las de la ley. Y así lo hicieron. Seis años después Hatoful Boyfriend tiene juego, remake, secuela y mucho más merchandising que la mayoría de títulos con el doble de descargas. Pero la importancia del chiste no se queda sólo ahí. Aunque no fue el primero sí que fue el que asentó la idea de que era preferible un otome autoconsciente. Un juego que se reía de sí mismo con tanto respeto que los fans lo elegían por encima de productos más serios.

El remake del 2014 de Hatoful Boyfriend influyó enormemente a los otomes que se producían y se distribuían en Europa y Estados Unidos. Esto lo encontramos, por poner ejemplos populares, tanto en el Hustle Cat (2016) como en el fenómeno de móvil Mystic Messenger (2016). El primero toma del juego de las palomas la premisa loca -está ambientado en un café donde los trabajadores se convierten en gatos al caer la noche- para crear un juego donde la inclusión y diversidad que después mostraría Dream Daddy comienza a mostrar la patita.

Mystic Messenger, por otro lado, se inspira en la autoreferencia y humor particular del Hatoful para, al igual que este, conseguir rentabilidad gracias a multitud de productos relacionados. Como aplicación de móvil, Mystic Messenger tuvo la oportunidad de llegar a muchos usuarios casual que nunca habían tocado un otome en PC o consola. Sus más de cinco millones de descargas (solo para dispositivos Android) confirmaban que el público potencial del género era mucho mayor de lo que se podía esperar.

El hacker 707, uno de los personajes más populares de 'Mystic Messenger'

El hacker 707, uno de los personajes más populares de ‘Mystic Messenger’

Esto, unido a que en nuestro país webs populares prestaran especial atención al producto e hicieran una reivindicación del género como igualmente válido, sirvió de caldo de cultivo para lo que venía: cientos de tuiteros convirtiendo en trending topic un pequeño juego sobre un padre que intenta ligar con otros padres.

Todo el mundo es bienvenido

De la misma forma que interesaba Dream Daddy por su premisa única en la que el ligoteo sale de los patios de instituto y se sitúa en una urbanización cerrada, lo hacía por su activa inclusión de la diversidad de género y sexual. Y si Hustle Cat destacaba por dejarte elegir ser hombre o mujer así como tu sexualidad (los pretendientes no cambiaban) y tono de piel, Dream Daddy lo hace al dejarte ser el “papi” que quieras: desde un hombre trans heterosexual con una hija biológica, hasta un tipo cis homosexual que optó por la adopción, con todos los grises que hay por medio. Elijas lo que elijas, no afectará a la relación con tu hija o con tus (atractivos) vecinos. Una idea, por desgracia utópica hoy día, que no deja de ser encantadora para muchos jugadores.

Dino es el Daddy Canino oficial

Pero la diversidad en Dream Daddy va mucho más allá de género y sexualidad. Los diferentes pretendientes de nuestro protagonista reflejan, y en ocasiones revierten, características y estereotipos que, más que a los otomes, hacen referencia a la vida real. Sin entrar en spoiler, quizás lo más sencillo es referenciar lo evidente: que Dream Daddy supone un nuevo alfiler entre los muchos que pretenden explotar la burbuja de masculinidad tóxica que oprime a tantos hombres.

El protagonista del juego, viudo con una hija de 17 años, no tiene ningún problema en expresar sus sentimientos por Amanda, de la que se siente muy orgulloso y con la que mantiene una relación en la que el amor y el respeto se encuentran por igual.

Dream Daddy

El otro padre de Amanda

Lo mismo puede decirse del resto de los padres. No importa si tienen hijos o hijas, si tienen pareja o si por el contrario están divorciados o viudos. Ninguno de los personajes masculinos del juego expresa en ningún momento que cocinar, cuidar o criar sea una actividad que se relacione con el género opuesto. Dream Daddy presenta una sociedad donde el heteropatriarcado no es lo imperante y donde nadie es juzgado por ser y sentir como quiere.

Juegos brillantes para tiempos oscuros

Lo curioso con Dream Daddy no es sólo que haya conseguido atraer a tantas personas sino que éstas sean tan vocales acerca de jugar a un juego que, para muchos, ni siquiera clasifica como tal. Dream Daddy ha visto la luz en un periodo en el que cientos de jugadores casuals, personas que nunca se han visto atraídas o que no encajan con productos como Call of Duty (2003), World of Warcraft (2004) y similares, reclaman su posición en el fandom -si no la palabra gamer– y su derecho a declararse jugadores incluso cuando a la hora de tomar los mandos eligen el modo fácil, valorando otras cosas más allá del reto y la habilidad.

Dream Daddy

El ejercicio de desestigmatización hacia juegos “sencillos” o rituales como podrían ser Animal Crossing (2001) o Stardew Valley (2016) ha conseguido que sean muchos los que se animen a probar y recomendar un título que en otro momento habría quedado relegado a un nicho. Los que antes se sentían jugadores de segunda por sus preferencias, ahora las reivindican para dejar claro que no hay una sola manera de ser aficionado.

Dream Daddy es un buen juego. Simpático, entretenido y muy, muy gracioso que, además, por ser poco exigente, resulta ideal para cualquier persona que esté lidiando con problemas de ansiedad o que quiera desconectar un rato. Sin embargo, su éxito se basa en tener el don de la oportunidad. En haber sido capaz de entregar, justo en este momento, lo que cada vez más voces llevamos pidiendo años.

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