Entre historiadores psicópatas y dilemas morales: las 7 mejores películas del Festival de Cine Alemán 2017

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Con un cambio de sede, este certamen cumple 19 años en la capital. CANINO ha realizado una selección de las siete películas de mayor calidad de esta edición. Desde suicidas terminales a historiadores psicópatas, el cine alemán este año pasado ha dado unos cuántos filmes interesantes y notablemente heterodoxos. Descúbrelos con nosotros.

Del 6 al 11 de junio se celebró en Madrid el Festival de Cine Alemán; un clásico de la capital y también una oportunidad de visibilidad para una filmografía normalmente infrarrepresentada en nuestras pantallas. Esta edición ha pasado de los Cines Palafox al Palacio de la Prensa en Callao, lo que ha llevado a una presencia superior en público y no pocas colas.




Esta edición contó con los últimos lanzamientos en ficción y no ficción en el país germano, la recuperación del clásico de la UFA Varieté (1925) y también un extraño ciclo dedicado al ciberpunk alemán (con Destino espacial: Venus -1959-, Algol -1920-, Somos el diluvio -2016- y especialmente la berlinesa y postpunk Decoder-1984-).

Varias ventanas, en fin, dedicadas a una filmografía más diversa de lo que pensamos y cuyo único punto en común, fuera del idioma, han sido este año los alambicados dilemas morales. Todas las películas alemanas que hemos seleccionado presentan dos o tres conflictos sobre el bien y el mal, sobre nuestras acciones e imperativos (citando a Kant), que culminaron en la proyección de un filme interactivo sobre un juicio (El veredicto).

Filmes poliédricos, donde pocas respuestas hay a esos enigmas que llevan embelesando a los catedráticos de filosofía idealista durante décadas.

El día más hermoso (Der geilste Tag, 2016)

¿Qué hacer si los médicos te dan un mes de vida? La solución evidente, en un melodrama común (véase Las invasiones bárbaras -2003- de Denys Arcand), es reunir a la familia y pasar esos días acompañado. Pero los enfermos terminales Andy y Benno tienen otra fórmula: iniciar un periplo por África con el objeto de pasárselo en grande antes de realizar un suicidio pactado.

Humor alemán, claro, repleto de chistes sobre el cáncer, las enfermedades, la represión sexual e incluso los nazis. Una extraña buddy movie, dirigida por el actor Florian David Fitz, donde los cambios de tono funcionan a pesar del tema tratado. A ello ayuda una divertida pareja protagonista, el propio David Fitz y Matthias Schweighöfer, que entre mareos, bombonas de oxígeno y libidos divergentes, se complementan. Una comedia americana producida nada menos que en el corazón de Mitteleuropa y éxito de taquilla justo en Alemania (más de 15 millones de euros de recaudación).

El éxtasis (Gleißendes Glück, 2016)

Este trabajo inmenso de Martina Gedeck -la mejor actriz alemana en activo- se inicia con una crisis de la mediana edad para acabar en un melodrama duro, no muy lejano a Fassbinder. Gedeck interpreta a Helene Brindel, una mujer maltratada, que sale de su desesperación gracias a una especie de ideólogo cantamañanas obsesionado con el sexo más bizarro.

Parece un chiste de los creadores de South Park, pero en la pantalla se construye como un excelente drama, con actores creíbles y un notable desarrollo del ello, en el sentido schnitzleriano, poco común y que aplaudiría Freud (¡o Cronenberg!). Aunque la historia puede ser pesada, el filme se repite narrativamente y es imposible quitar los ojos de este relato extraño, adaptado de una novela de Alison L. Kennedy, donde la libido reprimida conduce en su liberación al éxtasis.

Las manos de mi madre (Die Hände meiner Mutter, 2016)

El fantasma del último Ingmar Bergman, de sus psicodramas sociales nórdicos en los 70, domina este triste y medido trabajo de Florian Eichinger. A través de la historia de un abuso en la infancia, Markus (un sobrio Andreas Döhler) intenta evitar la ruptura familiar al pretender que no se haga público el pasado. Una narración quizá demasiado pulcra, sin la tensión siniestra del psicodrama a lo Haneke, aunque no es óbice para admirar su tono gris, sin aspavientos, con el que no se suelen construir las historias sobre abusos infantiles. De hecho, las escenas donde se recrean esos abusos son de una gran sutilidad; algo raro en un género pervertido y en ocasiones destruido por las peores fórmulas de los telefilmes.

Cinco mujeres (5 Frauen, 2016)

Este extraño filme, con no poco componente etéreo, presenta a cinco amigas aisladas en una casa rural al sur de Francia. Un planteamiento propio del teatro más sobado adaptado al cine por Ventura Pons, pero que aquí deviene en un filme entre el thriller y la lisergia. Así, las protagonistas, Marie, Ginette, Nora, Stephanie y Anna pasan de la amistad a enfrentarse por historias sentimentales pasadas, presentes y que se coronan con un asesinato. Obra que se inicia como melodrama tipo, que deviene en psicodelia vía alucinógenos y acaba con las clásicas preguntas morales sobre una muerte. Aunque se puede citar a Paul Verhoeven o Sofia Coppola como influencias, en su última mitad el discurso no es tan distinto a Picnic en Hanging Rock (1975) de Peter Weir.

Marija (2016)

Entre la ficción y el documental, con el estilo de los Dardenne, este debut en la dirección del suizo Michael Koch presenta la historia de supervivencia en Dortmund de Marija (Margarita Breitkreiz), una inmigrante ucraniana de peligrosa determinación. Cine desnudo, verité, reconstruye brillantemente los bajos fondos de una ciudad media alemana y usa a la protagonista como una Becky Sharp posmoderna que pasa de un padrino sentimental a otro buscando una difícil, casi imposible, supervivencia. Los choques culturales, el pelotazo urbanístico de allí, la misoginia omnipresente en la marginalidad se recrean en esta historia con puntos comunes a clásicos recientes del género como Negocios ocultos (2002) de Stephen Frears.

El veredicto (Terror – Ihr Urteil, 2016)

Esta película para televisión, aún con valores de producción de cine, presenta a los mejores actores alemanes recientes en un juicio donde el espectador, el público, debe decidir como jurado popular el destino del acusado. La premisa: un piloto derribó un avión con 200 pasajeros al ser tomado por un terrorista islámico. ¿Su objetivo? El estadio donde se estaba jugando una final de fútbol entre Alemania e Inglaterra. Una versión germana, en fin, del clásico thriller judicial americano (Anatomía de un asesinato -1959-, ¿Vencedores o vencidos? -1961-, todas esas películas que hacen levitar en el asiento a Eduardo Torres-Dulce, ex fiscal general del Estado), donde el veredicto es ejecutado por el jurado. Es decir, nosotros.

Una pulcra adaptación de una obra teatral de Ferdinand von Schirach dirigida con pericia y pulso, con gran tensión dramática, por Lars Kraume. Soberbiamente actuada, con dos monólogos de fiscal y defensa memorables (Martina Gedeck y Lars Eidinger), en su paso por Madrid dio como resultado la inocencia del piloto por muy poco. En Alemania ganó también la inocencia con un 87% de los votos, en su paso por televisión.

Dejamos a los lectores, en fin, el juicio de cómo esa inocencia puede justificar una o dos barbaries en el siglo XX ¡Todo ello citando a Kant como hace el abogado defensor!

Las flores de antaño (Die Blumen von gestern, 2016)

Un filme donde al cuarto de hora dos historiadores se matan a golpes por quítame allá ese puesto en un congreso no puede ser malo. Menos aún cuando la complicada trama trae a otra investigadora nieta de supervivientes del Holocausto y que acusa a la mitad del congreso de ser nazis tapados.

¿Imagina el lector una película plomiza sobre historiadores en un archivo? Craso error: Las flores…, dirigida por Chris Kraus, es una desopilante comedia romántica donde los extremos se atraen a pesar de todo. Si las obras anteriores de Kraus, Cuatro minutos -2006- o Polli -2010- mostraban un dominio del melodrama, este filme demuestra que este tipo es capaz de hacer una comedia romántica literalmente a martillazos.

Gracias a dos excelentes actores, Lars Eidinger y Adèle Haenel, el realizador sostiene una trama en ocasiones absurda, propia de un enfermo mental, pero que resulta creíble por el dolor en los gestos. Ya sea en los diálogos tremendos entre los protagonistas, en sus cameos más descacharrantes (hay una excelente secundaria, Sigrid Marquardt, que hace de actriz de Hollywood retirada que sobrevivió a Auschwitz y es necesaria como figura de renombre para financiar el congreso…) o en su triste final, es uno de los mejores y más heterodoxos trabajos filmados nunca sobre la pareja. Y, como buen trabajo sobre ésta, acaba mal.

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