[Entrevista] Chimo Bayo y Emma Zafón: “La diversión porque sí es el acto más revolucionario”

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Corre raudo los dos miles, y dos cuarentones se meten unas clenchas en el reservado de un puticlub para recordar los viejos tiempos. Las luces de colores. La permisividad que reinaba en los noventa, sus años de juventud. Un flashback brillante que inaugura la novela de Emma Zafón y Chimo Bayo, No iba a salir y me lié. Un volumen en el que muchos han creído ver reflejada parte de la biografía del DJ valenciano pero que, en realidad, no deja de ser tan solo esto: una novela.

“Que quede muy claro que nosotros no decimos que el drogarse mole o que sea bueno, eso que quede claro. Porque yo he peleado mucho que esto sea cultura, y ahora, ¡pam! Y que todos digan “¿Ves cómo eran malos?” Es un juego que la gente tiene que entender como parte de una novela. Yo veo ‘El Precio del Poder, de Al Pacino, que se pone hasta el culo y mata a toda su familia, y todos le aplauden y le dan el Oscar. Esto es igual, es una novela histórica por los sitios, por las situaciones, y es una ficción en la que los personajes están llevados al límite, ¡al éxtasis!”, aclara Chimo, dolido por la demonización constante de una época que, en No iba a salir y me lié (Ediciones Roca, 2016) es retratada con sus claros y sus oscuros, pero siempre desde el punto de vista periodístico que ofrece Emma Zafón (Valencia, 1987) y el aura recreada por Chimo Bayo (Valencia, 1961).

Y es que parece que, en lo referido a la Ruta del Bakalao, prima más la leyenda urbana que la historia oficial. Falta documentación de aquellos tiempos, más libres sin lugar a dudas, que estos que nos toca vivir ahora. También falta interés por rescatar a este movimiento de las catacumbas televisivas y sensacionalistas que el mismísimo Arturo Pérez Reverte ayudó a fomentar. “Tengo amigos ruteros, que son más mayores que yo, y que me han contado anécdotas muy divertidas, muy especiales, y que yo considero irrepetibles. Y de ahí viene la reflexión respecto a la poca cantidad bibliográfica, videográfica y documental que hay sobre la Ruta del Bakalao. Realmente nunca ha trascendido como algo ligado a producción artística, como sí la Movida Madrileña, y fue a partir de ahí cuando realmente me propuse contactar con Chimo. Yo sabía que quería escribir una novela, pero no sabía de qué forma. Ha sido ‘de mica en mica’, ir trabajando en esto, en nuestro pequeño bakalao” , explica Emma Zafón. “Hemos tenido un bakalaillo”, remata Chimo.

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No iba a salir y me lié se presenta con la conocida imagen ultra-terrestrial del Chimo Bayo de los noventa, aquel ser de luz que iba a liberar a los supervivientes terrestres de la esclavitud mediante la diversión, ese que se presentaba con la música de Blade Runner como telón de fondo. Sin embargo, quizás lo más destacado de la novela de Zafón y Chimo no sea la recreación de la Ruta del Bakalao, sino la reflexión que acarrea su lectura: ¿sería posible volver a repetir algo como la Ruta en pleno siglo XXI, con todos los controles a los que se ve sometida la población joven con la excusa de su propia protección?

“Hay un gran trabajo de periodismo detrás, de la ubicación cultural del momento, de la información, del principio de la democracia, el clima político de Valencia, todo eso es una labor de periodismo que se nota en la novela”, comenta Chimo Bayo. “La gente en las carreteras sigue muriendo, y no creo que haya bajado desde entonces. Si se comparan los accidentes de coche de aquella época, en la zona aquella, con lo que pasa ahora, no creo que hubiera una diferencia grande”, continúa. A lo que Zafón remata: “Las diferencias vienen porque antes no era obligatorio el cinturón de seguridad, por ejemplo. Hay menos accidentes, pero no solo porque no haya Ruta del Bakalao. Ahora no puedes hacer parkineo, solo por respetar las zonas acústicas de las ciudades, o los controles, o las aglomeraciones… es imposible”. Bayo se encarga de finiquitar: “Antes lo de los parkings era descarado. Tendrían que haber puesto un telón”.

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La leyenda de la Ruta del Bakalao se saldó con su desmantelamiento a base de insultos, multas, más controles y la sensación de haber asistido a un movimiento tachado pobre, sin ideales, y basado simplemente en la diversión psicotrópica. Como en todo, parte de razón, y parte de especulación: “Yo creo que en la Ruta del Bakalao la gente lo que quería era pasárselo bien y no tener ningún conflicto en casa, ni en el trabajo, ni en nada. Luego, cuando llegaron con las cámaras y sacaron lo mejorcito de cada casa, pues… es como si ahora te metes a un bar a grabar y sacas al más borracho que encuentras, y resulta que todos los bares tienen la culpa de que ese individuo esté borracho. Pues no”, reivindica Chimo.

“Los ruteros que conozco son gente normal, sí que hay casos de gente un poco… ‘pillá’, pero los que yo conozco son gente de clase media. Gente normal que vivió su juventud en aquel momento, con lo cual todo se idealiza”, contrasta Emma. “Yo ahora mismo, en Valencia, conozco gente a un gran nivel: políticos, abogados, etc. Y todos han vivido la Ruta. En Valencia tú vas por la calle, y a quien le preguntes, ha estado en la Ruta del Bakalao. Lo puedes preguntar en cualquier sitio. Es importante que se reconozca que todos hemos tenido la pasión por la diversión, y eso no quiere decir que ‘Ay, cuánta gente se ha quedado en el camino’. Porque también, ¿cuántos hay que se han hecho abogados, o ahora tienen una labor social y viven ahora mismo ayudando a los demás? De esos no habla nadie, ¿no?”.

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El legendario DJ se emociona con una mezcla de melancolía, impotencia y frustración en el rostro: “Te voy a contar una cosa para que veas que esto te llega al corazón. A mí me pasó hace unos años, tres o cuatro, en el que fui a actuar y unos padres me querían conocer. Vinieron y lo primero que me dieron fue un abrazo. Y me contaron la historia de su hijo, que yendo un día a verme actuar, tuvo un accidente y se mató. Y yo para él era el ídolo suyo, absolutamente. Pues los padres vinieron, me dieron un abrazo de parte de su hijo, y nos pusimos a llorar los tres. También hay cosas bonitas en este caso. Igual que otros demonizan, estos padres vinieron a abrazar al ídolo de su hijo. Quería contarlo porque es una cosa que compensa todas las demás”.

Las familias perdonan, pero no la sociedad ni la clase política. Para Zafón y Bayo, la idea de que el movimiento de la Ruta del Bakalao fue insulso y sin sustancia ideológica es falsa. Para ellos, el simple hecho de la existencia de la Ruta demuestra una reivindicación popular: acceder al derecho de divertirse libremente. Ese que, hasta hacía bien poco, se reservaba tan solo para las clases pudientes. “Eso ha pasado con los rockeros, con el movimiento hippie, en cualquier revolución te ponen una etiqueta. Y en Valencia el tema era divertirse, darlo todo una noche y a la semana siguiente, trabajar y volver a tu trabajo. Eso de guardarte el ajuar para casarte que los padres habían hecho, ahorra, ahorra para ser un hombre de familia y casarte… esos padres que trabajaron tanto para darnos una base de educación, de cultura importante, todo eso nos llevó a la empatía que existió en esa época, que era de hedonismo al cien por cien. Y la reflexión esta de ‘Busca una chicona limpia, que sea buena chica’… Pues a nosotros llegó un momento en el que estábamos bien criados, nosotros de ajuar nada. Nosotros lo pasamos bien y ya está”, declama Bayo.

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La diversión como hedonismo, punto de encuentro entre clases sociales y relajación de la moral judeocristiana. ¿Es la diversión peligrosa para el sistema? “Siempre, y la cultura más”, sentencia Bayo. “La diversión porque sí es el acto más revolucionario que un colectivo puede llevar a cabo”, afirma Zafón. “Y es que la gente esta de la Ruta trabajaba, y se gastan el dinero que habían ganado con su propio trabajo en un finde divertido este fin de semana”, comenta Chimo. “Eran cuarenta mil personas las que se movían en un fin de semana. Yo creo que molestaba”, reflexiona. “Tantos jóvenes entregándose a la libertad, tantos jóvenes libres… claro que molestaba”, remata Emma.

Sea como fuere, el caso es que la novela de Chimo Bayo y Emma Zafón destaca no solo en su aspecto formal y circunstancial al recrear atmósferas e identidades sepultadas bajo el prejuicio, sino al hablar, nada más y nada menos, que de música. Y es que parece que, en la Ruta del Bakalao, había de todo menos música. Algo que, para Bayo, es totalmente falso: “A principios de los setenta ya había DJs visionarios que ponían una música diferente: funky, reggae… y a finales de los ochenta seguía siendo transgresor que en una discoteca sonase eso, cuando la música disco era lo que funcionaba. Estos DJs empezaron a meter David Bowie, Lou Reed, tipos más rockeros. Y nosotros, la siguiente generación de DJs, recuperamos aquella cuestión cultural con técnica. Con platos que ya no saltaban. Todo eso sirvió para esto. Para tener unos DJs con personalidad. Culturalmente, nosotros aprendimos mucho de los anteriores DJs como Carlos Simón, Juan Santamaría… eso era la vanguardia. Yo tuve la suerte de poder empezar pinchando funky, luego la música blanca, luego salieron los nuevos románticos, luego los techno, luego el electronic world music… hubo un momento de explosión musical con muchos estilos: el house, el acid house, el electro… pero claro, la evolución del principio, poder pinchar hasta Police o Ramones. A los Doors incluso pinchaba yo, o el ‘American Night’ de Jim Morrison actuando en directo… todo ese tipo de evolución fue una suerte muy grande.” Otro factor cultural que ha cambiado de un tiempo libre a esta parte (parafraseando a la realizadora Beatriz Alonso Aranzábal): “La gente en aquel momento iba a las salas a escuchar lo nuevo. Ahora mismo es imposible. La gente va a las salas a escuchar lo mismo”, se lamenta Zafón.

No iba a salir y me lié no deja de ser una ficción. Y es que, a estas alturas, a los hijos de aquellos ruteros nos resulta imposible imaginar algo así de manera real. Aquella libertad resulta tan solo concebible a un nivel de ficción. Aún así, no podemos dejar que aquellos días, aquella empatía, se pierda en una leyenda urbana construida para el beneficio de unos pocos. Aquello fue real y revolucionario, y así debe ser recordado. Como el momento en el que la clase media se permitió el lujo de ser feliz sin sentimiento de culpa: “Yo sigo siendo el DJ del pueblo”, termina Chimo. 

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