[Entrevista] La Fonoteca: “No nos consideramos amateurs”

Empezaron siendo una base de datos, y ahora hacen prácticamente de todo: hablamos con Raúl Alonso y Diana Cortecero, responsables de uno de los sellos más versátiles de Madrid. FOTO: Paula Fernández

Ser el perejil de todas las salsas no es fácil en absoluto. Pero, en ocasiones, puede ser más sencillo de lo que parece: sólo es necesario llegar a tiempo a un lugar que nunca anda sobrado de iniciativas (la escena musical española, por ejemplo) con una idea inédita por esos pagos (como una base de datos con perfiles y discografías) y echarle tiempo y ganas durante años. Siete años, en concreto: los que lleva en activo La Fonotecaese proyecto encabezado por Raúl Alonso Diana Cortecero que dejó de ser sólo una web hace ya bastante. De hecho, podría decirse que esa página que ya supera el millar de fichas es ahora el iceberg que se esconde bajo una punta compuesta por la edición de discos y libros, la promoción de conciertos o el apoyo a ¡Queremos entrar!,  la iniciativa que exige el acceso a eventos musicales para menores de edad. Lo que se dice una criatura polimorfa, vamos, aunque sus responsables (sentados en los butacones de un bar con barra de eskai y espejos en las paredes, que a veces se convierte en cuartel de cierta modernidad madrileña) afirmen que su idea es “hacer pocas cosas, pero hacerlas bien“.

En realidad, cuando el nombre de La Fonoteca empezó a hacerse conocido causaba sorpresa por su lugar de origen, más que por su funcionamiento. Raúl reconoce que la web, fundada junto a varios amigos aficionados a la música (entre ellos, Javier Marzal, de Tigres Leones) nació con All Music Guide como referente, tras la frustración de no poder encontrar datos sobre la discografía de La Mode. El resultado, tras algo más de un lustro, es lo que Raul describe como “el único archivo biográfico que existe sobre el pop de aquí, desde los 60 hasta los 80“.  Pero claro, una cosa es emprender algo así en el ámbito anglosajón (o, si nos apuran, en cualquier otro ámbito europeo) y otra hacerlo en España, donde la documentación musical siempre ha sido paupérrima. ¿A qué puede deberse eso? “A que no hay interés por la cultura en general, y por la música española en particular“, responde. “La música en España nunca ha tenido demasiado calado cultural“.

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Tal vez en los ochenta no fuera así“, añade Diana. “Entonces había cierto apoyo por parte de aquella TVE de entonces, que ahora estamos redescubriendo que tiene un archivo estupendo, y también apoyo institucional. Cuando la música española ha tenido cierto respaldo institucional, ha estado bien valorada, ha salido fuera, los grupos han tenido cierto margen para hacer cosas de calidad… Pero después llegó un momento en el que se le da la espalda y… bueno, esto no lo sé, me invento, pero a lo mejor se debe a la estructura política del Estado: entre comunidades autónomas, ayuntamientos y demás, se acaba pagando cantidades desorbitadas a grupos, no por su calidad, sino porque en ellos toca el primo de alguien“.

La tendencia española a inflar burbujas (“la inmobiliaria, la de las puntocom… cualquier cosa“) y la falta de relevo generacional también entran en el discurso de Diana. Pero, añade Raúl, el desinterés del público español por la música es algo que se nota a todos los niveles, empezando por el público de su propia web. “Pese a que tenemos una web muy completa, la única así que existe nacionalmente, el interés que despierta es muy poco. Tenemos 1.500 visitas al día, y con cifras como esas te das cuenta de que la música no es algo que se esté buscando a diario“. Continúa Diana: “La gente busca actualidad, no historia, y nosotros, al tener material más de archivo, nos quedamos bastante al margen de eso. Pero, por ejemplo, hablas con periodistas musicales y te cuentan que usan la web como referencia. Porque, ahora mismo, sobre este tema, es la única base de datos que existe como tal. Remodelamos la web el año pasado, y por parte de esos profesionales hubo mucho feedback, pero te das cuenta de que, a nivel masivo, la gente se interesa por lo que suena en las radiofórmulas, y poco más“.

“Vivir de esto, no malvivir”

Con cifras como esas, ¿cómo se mantiene en pie una web así? O, en otros términos, ¿de dónde sale la pasta? Raúl Alonso suspira antes de contestar. “Nos autogestionamos“, dice. “En una versión preliminar de la web teníamos pensado un modelo un poco como el de Wikipedia, con donativos, que al final no les ha funcionado ni a ellos… Pero así no podemos mantenernos“. Si en España, prosigue, las ganas de pagar por la música tienden a la baja, uno puede imaginarse las ganas de gastar dinero en lo que rodea a la música. Y pone un ejemplo: “En nuestro Bandcamp tenemos la opción de descargar los discos gratis, o con un precio elegido por el comprador. Poquísima gente pone una cifra distinta de cero euros“. “El proyecto se financia porque hemos diversificado mucho“, prosigue Diana. “Empezó como base de datos, y justo entonces Raúl se muda a vivir a Londres. Allí empieza con La Fonoteca LDN, organizando conciertos de grupos españoles. Cuando vuelve a España en 2011, que tiene un poco la dinámica cogida, se plantea buscar a alguien con experiencia para dar difusión al proyecto. Me cuenta la historia, me empiezo a implicar, y desde entonces hasta la cocina, como quien dice“.

Lafonoteca empieza a funcionar en serio cuando se incorpora Diana“, apunta Raúl. “A partir de ahí se empiezan a hacer las cosas de una manera más profesional, y de una manera lógica eso ha llevado a otras cosas: edición de discos, de libros… Sigue siendo un hobby al que le dedicas mucho tiempo, pero de una manera profesional, pensando en rentabilidad y en difusión“. Pero “profesional” implica “ganando dinero”, ¿no? Cabe preguntarse si los responsables de Lafonoteca se han planteado alguna vez vivir de esto. Raúl sigue teniendo la palabra: “Yo sinceramente creo que podríamos hacerlo“, contesta. “Pero no estamos en una situación profesional que nos invite a saltar al vacío“.

¿A qué se refiere esto? Pues, según confirman los susodichos, a que Diana Cortecero trabaja en el mundo de la comunicación, y Raul es informático. “Nadie deja algo así por ganar 700 euros al mes“, comenta él. Y ella prosigue: “Tenemos dos buenos trabajos en posiciones que nos gustan. Tenemos la suerte de dedicarnos a lo que hemos estudiado, vaya“. Otra vez Raúl: “Mi sueño sería vivir de La Fonoteca, pero no malvivir de La Fonoteca“. Y Diana remacha: “Vamos sin prisa, pero sin pausa, porque estamos en una buena situación personal. Así, no te sabe mal echarle tantas horas“.

Aquí sale a relucir un tópico: que, para hacer música o editar música en España, necesitas ingresos altos. “Ingresos altos, o paciencia“, responde Diana. “Hemos llegado a un punto en el que el proyecto se autofinancia“. Raúl añade otro detalle: “Hemos recibido una subvención, pero se nos ha ido en remodelar la web“. Y su compañera vuelve al ataque: “Para que te hagas una idea, no es que tengamos unos ingresos altos y podamos hacer esto por ello. El proyecto se financia solo: lo que sacas de un concierto lo inviertes en un disco, y lo que sacas de un disco lo inviertes en un libro. Podemos sacar esto adelante porque hemos diversificado las áreas, y también porque hacemos ambientación musical en eventos, como la exposición sobre hiperrealismo del Museo Thyssen o fiestas para productoras de cine“. Raúl quiere añadir algo: “No nos consideramos amateurs. Es sólo que no tenemos la necesidad de apostarlo todo a una carta“.

“Hemos publicado a grupos que no nos apasionan”

La conversación vuelve a la entidad de La Fonoteca como base de datos: tratándose de una web en la que caben desde Obús Susana Estrada, pasando por Radio Futura, La Polla Records y Vetusta Morla, ¿no es algo preocupante esa disparidad de criterios en la que cada reseña es de su padre y de su madre? Según Diana: “Es natural: no puedes pedirle a un aficionado a la música clásica que te haga una reseña de heavy. Y luego está el factor de la participación: los visitantes pueden valorar también el disco. Y nunca hay grandes alabanzas ni críticas despiadadas: se trata de recordar que un disco fue editado y existe“. Entonces, ¿la función de La Fonoteca, como base de datos, es preservar un legado? “Exacto. Es dejar constancia de que esa música está ahí“. “Procuramos que la biografía sea rigurosa“, apunta Raúl Alonso.

¿Y qué pasa con el criterio en los recopilatorios? Desde No te apures, mamá, es sólo música pop (2011, con Hazte Lapón y Los Claveles, entre otros) a Mar y montaña (2014, dedicado a bandas de Barcelona), pasando por Madrid está helado (2012, con highlights de Espiritusanto y Sector de agitadas) y Nuevos bríos (2013, temas de Celica XX, Juventud Juché, Somos La Herencia y otras 13 bandas), cabe suponer que los responsables de La Fonoteca habrán hecho una labor de selección, determinando quién entra y quien no… “Sí, pero también metemos grupos que no nos apasionan“, dice Raúl. Hablando de lo cual, ¿han tocado ellos alguna vez en algún grupo? Raúl: “No, yo no sé tocar nada“. Diana: “Yo tengo un premio por tocar la flauta dulce. Lo demás es melomanía“.

La escena de Madrid tiene fama de ser endogámica. Ya la tenía cuando el ‘Tren de la Movida’ a Vigo (aquel que, en 1986, terminó con una chica descalabrada por un botellazo accidental de Fabio McNamara) y no parece haberse librado de ese sambenito ahora. Sin embargo, La Fonoteca ha montado iniciativas como los splits Puente aéreo (con grupos de Madrid y Barcelona versionándose unos a otros) y La Fonoteca LDN, exponiendo a grupos españoles a un público, el británico, al que se la suele soplar todo el pop que no esté cantado en inglés. “Lo que no ocurra en su propio país les importa bien poco“, confirma Raúl, “pero nosotros teníamos un truco, que era poner de teloneros a grupos de la propia ciudad“.

Y ya que estamos cosmopolitas, cabe recordar una verdad que duele: la escena rock y pop en los países de Latinoamérica siempre ha sido fértil (más que la española, podría decirse con mala leche), pero en nuestro país vivimos de espaldas a ella, casi sin excepciones. Y, ahora, el futuro de la internet de habla hispana está muy lejos de la Península. ¿Planea La Fonoteca mirar hacia el otro lado del charco, especialmente incluyendo nombres de allá en su base de datos? “No“, responde Diana. “Nuestra premisa es hablar de lo que conocemos, y hablar muy bien: para eso queremos ser una referencia y una enciclopedia. Entonces, no podemos dedicarnos a hablar de una escena latina y hacerlo en profundidad, porque lo que nos llega aquí es a través de los medios, de redes sociales… No puedes hablar de lo que está pasando allí si no estás yendo a conciertos, que es nuestra vía principal para descubrir grupos. Todos los grupos que hemos metido en las recopilaciones es porque les hemos visto teloneando a alguien“.

“Hay quienes piensan que somos unos pijos”

Aquí surge otro tema espinoso: la ignorancia con respecto a la música latinoamericana es uno de los dardos que los actuales cruzados anti-indie (sí, estamos pensando en Víctor Lenore) lanzan contra el underground menos politizado. ¿Les preocupa a Raúl y a Diana que les señalen con el dedo por burguesitos? “Ella es de Móstoles y yo soy de San Fernando de Henares, así que imagínate“, bromea Raúl, “pero yo creo que mucha gente piensa que somos unos pijos, porque el indie se asocia a eso“. Diana Cortecero mete ficha: “Tenemos gustos muy eclécticos, y creo que eso nos ha librado de que nos acusen de cosas así, porque en el indie siempre nos fijamos en la gente más pequeña. La premisa para publicar en uno de los recopilatorios que hacíamos era no tener un disco publicado“. ¿”Hacíamos”? “Sí, ahora mismo los hemos dejado de hacer, porque hemos empezado a hacer otras cosas. Ni nos salían grupos suficientes, ni nos daba tiempo“. “En cuatro años hemos sacado cuatro recopilatorios con cincuenta grupos“, explica Raúl. “España tampoco da para tanto“.

A las escenas no les ha dado tiempo a regenerarse“, añade Diana. “Sobre todo con las pocas facilidades que hay, tanto para los grupos como para el público”.  Se nota que tiene muchas ganas de hablarnos acerca de la iniciativa ¡Queremos entrar! Seguro que hay un montón de chavales que están haciendo cosas chulas y a los que no podemos ver porque no les dejan, ya no ir a conciertos, sino subir a tocar“, afirma. Y pone un ejemplo: “Algunos miembros de Stereosaurio, uno de los grupos que incluimos en Nuevos bríos, no eran aún mayores de edad cuando nos mandaron la maqueta. Por suerte, durante el proceso de producción del recopilatorio, organizar los conciertos de presentación y demás, fueron cumpliendo los 18. Pero en el concierto de presentación que hicimos en la Sala Sirocco no se pudieron quedar a la fiesta, tuvieron que irse“.

Ante anécdotas así, uno piensa en dos cosas: la primera, que el pop y el rock (“músicas jóvenes”, se decía hace no tanto) se han convertido en España en entretenimientos para profesionales de mediana edad. La segunda, que la gente joven está a otras cosas, también musicales pero alejadas de las guitarras. “Si hubiese una escena de música electrónica que realmente nos llegase, la apoyaríamos, aunque no somos expertos“, replica Diana antes de añadir una anécdota: “Hace poco nos llamaron para dar una charla en un colegio… ¿era en Carabanchel, o en Vallecas? El tema iba del rollo de ‘por qué te haces emprendedor’. Querían que les contáramos las razones para montar una empresa al margen de tu trabajo. Yo llevé a la charla un tocadiscos portátil, unos vinilos… Pensaba que iba a ser un rollo Mentes peligrosas total, que se la iba a soplar todo lo que tuviera que ver con la música. Y, una vez allí, lo que no les interesaba en absoluto era todo lo de montar una empresa. Las preguntas que más hacían era cómo se puede vivir de la música. Había un chaval de catorce años que tenía más vinilos que yo“. ¿Conocía alguno de esos chicos La Fonoteca? “Una chica, porque su hermano es Álvaro Gutiérrez, de los Trajano! A ella le sonaba porque éramos los que le habíamos sacado el disco a su hermano“.

Si implicas a los chicos, ellos se implican“, prosigue Diana. “Estamos haciendo cultura a espaldas de la juventud. A lo mejor tenemos muchos prejuicios con Jarfaiter o con Pxxr Gvng y…“. “¡Oye, que a mí Jarfaiter me mola!“, interrumpe Raúl. “Bueno, pues hay que superar esos prejuicios, ya sean con eso o con Miley Cyrus. Es como que hace falta el aval de un adulto para todo. Y ¡Queremos entrar! no ha cobrado dimensión hasta que los adolescentes se han movilizado“.

La conversación sigue durante un buen rato. Hablamos, por ejemplo, del hallazgo de ejemplares de Vainica dobleel libro de Fernando Márquez sobre Carmen Santonja y Gloria Van Aerssen, en “una librería de Gerona que los había tenido durante años metidos en una caja“, como cuenta Raúl. De la solidaridad mostrada por otros sellos pequeños, como Discos Walden y Gramaciones Grabofónicas hacia los primeros pasos discográficos de La Fonoteca (“Esto va así: tu pides consejo a gente más veterana y luego hay otros que están empezando y te la piden a ti“). De la BSO de la película El futuroun trabajo complicado, afirman, pero satisfactorio, y de la reedición de las maquetas de Los Suspensos, ese grupo tan estupendo y tan desconocido. De la necesidad de moverse bien para encontrar fábricas de vinilo que te hagan un trabajo bueno y a tiempo. Y (siempre para bien) de otros colectivos como Sonido Muchacho, La Residencia, Liceo Mutante y Hi Jauh USB.

Pero seguir con la charla se hace difícil, porque el partido de la Champions que lleva atronando en la TV desde hace un buen rato ha llegado al minuto 34, Trapp ha llegado tarde y Nacho acaba de marcarle un gol de zurda al Paris Saint-Germain. Aunque el bar no está demasiado concurrido, la locución a todo volumen y el griterío de los parroquianos nos dejan sordos durante un minuto largo. “Esto es una buena metáfora“, resume Diana. “Tres personas hablando de música, rodeados de gente que canta un gol“.

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