[Entrevista] Nazario: “Mis memorias son una mezcla de amor y muerte”

Nazario no para quieto y la culpa de tanto trajín es de La vida cotidiana del dibujante underground, sus memorias recientemente publicadas. Ahora, él ya no dibuja ni tampoco pinta sino que escribe, actividad que combina con la fotografía y los videos que realiza de lo que ve desde la ventana de su piso en la plaza Real.

FOTOGRAFÍAS: Enrique Camós

ADVERTENCIA: Debido al carácter de la obra de Nazario, algunas de las imágenes que ilustran esta entrevista son de carácter erótico y para mayores de 18 años.

Nos plantamos en su casa tras la multitudinaria presentación del libro en el bar Ocaña y un par de días antes de que partiera hacia Córdoba para inaugurar una exposición sobre su obra en la Sala Vimcorsa y nos topamos con un Nazario diferente al que llegó a Barcelona hace ya cuarenta años y que rememora en su libro. Aun así, hay cosas en él que permanecen inalterables, como hablar de maricones y de pollas en lugar de homosexuales y de penes. De hecho, nuestra sorpresa habría sido monumental si nos lo llegamos a encontrar con un lenguaje propio de la Real Academia Española.

Roser Messa (RM): Has pasado varios años escribiendo este libro sin tenerlo acordado previamente con ninguna editorial.

Nazario Luque (NL): Me he tirado tres años y, para hacerlo, me he servido de mis diarios personales, de biografías que escribí para mis catálogos y de consultas que he realizado a algunos amigos que me han ayudado a recordar. No me puse a buscar editor hasta tenerlo todo acabado. Entonces, Sergio Vila-Sanjuán, de La Vanguardia, me indicó un par de editoriales a las que les podría gustar. Lo envié y Jorge Herralde de Anagrama respondió diciéndome que le interesaba. Apostó por él aunque supongo que lo hizo un poco en plan de a ver qué pasa. Me imagino que no lo vería muy comercial y no esperaba que tuviera tanta publicidad.

RM: Tienes una vida muy intensa imposible de condensar en trescientas páginas. Seguro que hay cosas que habrás obviado expresamente, descartado por falta de espacio o incluso olvidado y por eso no aparecen en el libro.

NL: Lo que se olvida es como si no existiera, a no ser que alguien me lo recuerde y me diga  “joder… No hablaste de aquello” o “Hablaste de eso pero no ocurrió cómo lo cuentas”. La memoria es selectiva y, con el tiempo, solo nos acordamos de determinadas cosas.

RM: ¿Hay alguna anécdota que te haya sabido mal tener que eliminar?

NL: Sí y fue un problema porque, en un principio, el libro era más extenso. Tuve que recortar cincuenta páginas del apartado sobre las estrellas fugaces, donde hablo de Camilo y de otros amigos que vinieron a Barcelona para triunfar y tuvieron que volver al pueblo sin haber conseguido lo que esperaban. Hablo de él, de Julián Abad y Paca la Tomate. Esta última fue emblemática en los años ochenta. De día trabajaba de camarero y luego, por la noche, hacía de transformista en el bar Kike de la calle Raurich, al lado de la Plaza Real. Acabó teniendo cierto éxito entre el reducido grupo de amigos y eso fue suficiente para que ella se creyera que era la reina.

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RM: Esta es solo una parte de tus memorias completas que se publicarán en varios volúmenes.

NL: Sí, al final lo dividimos porque el total superaba las mil páginas. Lo que se corresponde con mi adolescencia en Sevilla ya está escrito. Allí relato mi juventud desde que termino Magisterio y me voy a Morón de la Frontera. Conozco a los gitanos, me echo un novio noruego que me dura cinco años, luego tengo otro que es guardia civil…Hasta que, al final, me vengo a Barcelona, que es más o menos donde empieza este libro. Otra parte es la relativa a mi infancia y el colegio de los salesianos en el pueblo. Luego está lo más reciente, que va desde los años noventa hasta la muerte de Alejandro, que era mi pareja, y que ocurrió hace solo un año y medio. Lo tengo todo hecho, solo me queda pulirlo y ordenarlo.

RM: Este primer volumen empieza en Sevilla poco antes de tu venida a Barcelona. Sin embargo no hablas de tus padres. Solo te refieres a ellos en un pequeño párrafo cuando dices que tu madre vino a verte a Barcelona poco después morir tu padre.

NL: Ellos no aparecen porque me centro en Barcelona, pero sí que salen tanto en el volumen de mi infancia como en el más reciente, de estos últimos años. Hay un capítulo, de cuando la crisis, en que mi madre se va a vivir a una residencia. Pues bien, una vez instalada, yo hablaba con ella todas las tardes y un día, de repente, me dijo: “Niño, no sé si contártelo porque casi me da miedo pero es que cada tarde veo a la Virgen del Rocío”. Como ella siempre fue muy devota de la Virgen, y yo era fan, le contesté: “Pues qué bien, qué suerte mamá que la veas, con lo que te gusta…”. Y ella tan contenta: “¿Verdad que sí, hijo?”. Total, que me dejó preocupado. Llamé a mi hermano, se lo conté y decidimos consultar a un psicólogo que nos hizo preguntarle si también la veía por la noche. Su respuesta fue que no y que le pasaba cada atardecer, siempre en el mismo lugar: al lado de una escalera a la que le daba el sol de lleno y donde había unos azulejos.

RM: ¡Ay que me imagino el final!

NL: ¡Entre el reflejo del sol en los azulejos y sus cataratas veía a la Virgen más nítida que ninguna! ¡Menos mal que no le hablaba porque vete tú a saber qué le habría dicho! (risas).

RM: Eras maestro en Sevilla y pediste el traslado a Barcelona. Aquí te destinaron a un colegio de la periferia, en Torre Baró-Vallbona. Entonces ya dibujabas y querías dedicarte profesionalmente a ello. ¿Por qué escogiste un oficio distinto del que realmente te gustaba?

NL: En mi pueblo, estudiar Bellas Artes era un lujo y una extravagancia. Mis padres eran campesinos y pensaron, lógicamente, que lo mejor era que estudiara una carrera corta como Magisterio y que luego hiciera lo que quisiera. La prioridad era conseguir un empleo y, con el sueldo asegurado, podría hacer lo que me diera la gana.

Nazario con un alumno en el colegio Ciudad Condal de Torre Baró-Vallbona (Foto: Pepichek)

Nazario con un alumno en el colegio Ciudad Condal de Torre Baró-Vallbona (Foto: Pepichek)

RM: ¿Cuál fue su reacción cuando les contaste que querías ser artista?

NL: La primera vez que leyeron algo sobre mí en la prensa, acerca de la contracultura, me dijeron: “¡Con el dinero que nos ha costado darte unos estudios y ahora va y te dedicas a la contracultura! Esto no es lo que habíamos acordado…”   De entrada no entendían nada pero, con el tiempo, empezaron a ver que se hablaba de mis cómics en la prensa y se les fue pasando el miedo del principio.

RM: En resumen, que al llegar a Barcelona conoces a Mariscal, os hacéis amigos y os juntáis con los hermanos Farriol, Montesol y Onliyú, entre otros, para iniciar una vida de hippies urbanos en un par de pisos que ya son míticos: uno en la plaza de Sant Josep Oriol y otro en la calle Comerç.

NL: Más o menos es lo que ocurrió (risas). A eso, los periodistas lo llaman underground.

RM: Hay un momento en que ellos se van a Ibiza y allí se gesta “Nasti de plasti”. Mientras, tú te quedas en Barcelona y, cuando lo cuentas en el libro, les llamas “hippies rupestres”. ¿Por qué no te fuiste con ellos?

NL: Simplemente no me atraía la idea de vivir en una masía llena de incomodidades donde ni siquiera había electricidad.

 Página de la historieta La calabaza encantada publicada en Nasti de Plasti, 1976

Página de ‘La calabaza encantada’ en ‘Nasti de Plasti’ (1976)

RM: En tu libro salen personajes que yo tenía olvidados. Por ejemplo, un tal Mateo Fortuny, que hacía un programa de radio para quinceañeras, que a mí me encantaba y que ahora me avergüenza reconocerlo. ¿Te llegó a pagar lo que te debía?

NL: Nos encargó un cartel para promocionar un evento, acordamos el precio y al final no nos lo pagó. Fuimos a Sant Joan Despí un montón de veces y siempre salía su secretaria diciendo que no estaba. Pero sí que estaba porque le oíamos la voz… Nos estuvo engañando y toreando hasta que lo dejamos por imposible. Un sinvergüenza, vaya…

RM: En los años setenta, y también en los ochenta,  los dibujantes solías trabajar a base de alcohol. Esto os lo he oído decir miles de veces a todos. ¿Qué os pasaba, que sin alcohol o drogas no había inspiración?

NL: Unos íbamos borrachos, otros ciegos de porros y otros enganchados a la heroína. Cada cual tiraba de su droga preferida y la mía era el alcohol.

RM: Además de mucho alcohol, en tu vida también ha habido mucho sexo, novios, novias, polvos de una noche y un amor de treinta y cinco años que se llamaba Alejandro. Y digo amor sabiendo que esta palabra no te gusta.

NL: He follado cantidad y también han muerto personas que apreciaba. Por eso, siempre digo que este libro es una mezcla de amor y muerte. En él hay amor, sexo, promiscuidad y muertos por doquier. Hay un momento en que la gente que me rodea muere, sea por enfermedades como el sida, suicidios, sobredosis o accidentes como el de Ocaña. También falleció Alejandro, mi pareja y, aunque ello no pertenece a este volumen, cuando empiezo a reescribirlo no tengo más remedio que contarlo ya que mi situación pasa a ser muy diferente. De hecho, el título inicial de la autobiografía iba a ser Un pacto con el placer pero con la desaparición de Alejandro ese título dejó de tener sentido para mí. Eso lo cambió todo… Antes jamás había estado solo. Primero, con amigos compartiendo piso y luego treinta y cinco años de pareja con él. De repente me quedé solo teniendo que reorganizar mi vida por completo.

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RM: Eres un superviviente… Cuando empezaron a morir tus amistades por culpa del sida ¿no te daba miedo que te pudiera ocurrir a ti?

NL: Nunca temí contagiarme de nada porque el ambiente en el que me movía no estaba tan expuesto como pueda parecer. Había gente mucho más promiscua que yo y que tenía mayores posibilidades de sufrir determinadas enfermedades. Además, Alejandro y yo teníamos novios y eso no es lo mismo que el que está todo el día en la sauna o el que va a ligar al parque, que siempre es más fácil que pille algo. Nosotros teníamos novios, a menudo bisexuales, que estaban casados o tenían novia y venían aquí para follar con nosotros.

RM: Hay una parte del libro que me parece muy bonita. Es cuando hablas de cómo conseguiste dejar el alcohol y las drogas y concluyes diciendo que el sexo es la única droga a la que nunca renunciarás.

NL: Tengo amigos que se sorprenden de que a mi edad siga activo sexualmente y me dicen: ‘joder, a tus setenta y dos años…”  En cambio, el otro día me quedé asombrado al ver una película que trataba el sexo en la tercera edad. Se refería a ello como ‘volver a empezar’, ‘empezar de nuevo’ o algo así porque se ve que hay personas de mi edad que tienen el sexo olvidado y les cuesta recuperarlo. Ese no es mi caso, sino al contrario. Tengo la suerte de ser homosexual y los homosexuales nos mantenemos más vivos en ese aspecto.

RM: Salvo excepciones, hay muchas diferencias de comportamiento entre heterosexuales y homosexuales. Incluso en cuanto a la fidelidad entre parejas estables.

NL: Alejandro y yo éramos una pareja liberada y la palabra infidelidad incluso nos parecía cursi. También hay parejas homosexuales muy estrictas y muy fieles en ese sentido. Tanto como una heterosexual. No se cuentan nada entre ellos ni se traen novios a follar a casa porque el dormitorio conyugal es sagrado. En cambio, nosotros, no desaprovechamos la posibilidad de alternar con otros.

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RM: Aun así, por muy liberales que hayáis sido, habéis sufrido por celos.

NL: Sí y especialmente al principio de nuestra relación. Yo era más celoso que él pero, de todas formas, a veces también se cabreaba. En el libro hablo de un día en que follamos tres veces seguidas y me quedé exhausto. ¡No podía más! Luego, Alejandro conoció a un tipo, echaron un polvo y yo no se lo prohibí. No tenía motivo para hacerlo. Si tiene más capacidad que yo… ¡Pues mejor para él!

RM: Dices que bebías tanto para sacarte la timidez de encima y desinhibirte, pero yo pienso que nunca has sido tímido ya que si lo fueras, por muy borracho que estuvieras, no habrías hecho ni la mitad de locuras que has llegado a hacer.

NL: Pues no sé… ¿A qué te refieres? (risas).

RM: Por ejemplo, a subirte a un escenario casi en pelotas junto a Ocaña y Camilo en las jornadas libertarias…

NL: Yo llevaba puesta una malla de pescar y cuando la Camila y la Ocaña se empezaron a desnudar, porque ellas sí que iban bien vestidas, yo no tuve que hacerlo… ¡Ya iba con la polla fuera y no me podía desnudar más!

Jornadas Libertarias en el Parque Güell, en 1977 (Foto: Eduard Omedes)

Jornadas Libertarias en el Parque Güell, en 1977 (Foto: Eduard Omedes)

RM: O a liarla tanto con Ocaña en la Rambla hasta el punto de acabar tres días encerrados en la Modelo.

NL: Ocurrió durante una verbena de San Jaime. Todo empezó en la plaza San Miguel donde habían instalado un pequeño escenario para celebrar espectáculos musicales pero, como allí no había nadie, nos fuimos hacia las Ramblas y, cuando llegamos a la altura del Café de la Ópera, nos empezamos a animar y a cantar fandangos. Entonces llegó la Guardia Urbana y nos arrestó.

RM: Ese día llevabas un vestido de Ocaña que, en teoría, había pertenecido a Salomé.

NL: Tengo fotos de una decena de amigos vestidos con ese traje. Después de lo de la cárcel no me lo volví a poner. Luego, ya en la época del Víbora, alguien lo usó para una fotonovela que hicimos. Igual que con todos los vestidos de Ocaña, este fue pasando de mano en mano, ya que una vez estrenados por él nos los prestaba para que pudiéramos lucirlos en las fiestas.

RM: Cuentas muchas anécdotas sobre Nazario y Alejandro voyeurs.  Espiabais desde una ventana del patio interior a los inquilinos de la pensión de abajo cuando estaban en el baño.

NL: Un día Alejandro pilló a un moro haciéndose una paja y él le enseñó el culo para ver si se lo podría ligar. ¡Al final lo consiguió! Aún me río cuando me imagino lo que vería el moro cuando se asomó a la ventana del baño… ¡El culo blanco de Alejandro saliendo por la ventana del piso superior! Esa pensión ya no existe. Cerró cuando empezó el boom de la especulación.

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RM: En el piso de la calle Comerç  te pasabas horas aposentado en la ventana observando al vecindario. Una de esas noches viste un espectáculo difícil de olvidar: un tío masturbándose mientras se alumbraba con una linterna y no se te ocurrió otra cosa que responderle a lo grande: haciendo lo mismo que él pero iluminándote con la luz de la nevera.

NL: Para hacer algo así hay que tener imaginación, ser voyeur y exhibicionista y resulta que yo lo soy todo (risas). Uno no se encuentra todos los días un caso tan descarado como ese. ¡Fue muy divertido! Quería responderle y llamarle la atención pero, como no tenía una linterna a mano, apagué la luz, me puse en pelotas con la polla tiesa y empecé a abrir y cerrar la puerta de la nevera para que me iluminara de forma intermitente y él me viera. Al final, apagó la linterna y se fue. Supongo que se debería correr.

RM: Tus compañeros de piso a veces también se asomaban un rato para ver si daban con algo de interés pero se aburrían y se acababan yendo cansados de esperar a que ocurriera algo que nunca pasaba.

NL: Yo no me aburría… Soy un cazador. Hace unos años hice una exposición en Cerdanyola del Vallès que se titulaba Un francotirador enamorado que iba de las fotos que hago de la plaza Real en plan de aquí te pillo aquí te mato. Para hacer fotos de este tipo hay que tener paciencia y esperar a que surja la ocasión idónea para disparar. Igual al final no surge pero, en caso de que sí, tendrás una buena foto.

RM: Eso son horas plantado en la ventana…

NL: A veces puedes estar parado esperando a ver si el borracho ese que has visto se acerca a la fuente y se mete dentro. Otras, igual pillo un grupo de garzas que baja para el delta del Ebro…  Ya ves que siempre tengo las dos cámaras preparadas allí, al lado de la ventana.

RM: Tu vida con Alejandro siempre ha transcurrido en este piso de la plaza Real.

NL: Sí. Aquí fuimos víctimas de la especulación inmobiliaria de la Barcelona preolímpica y esto nos pasó tanto a nosotros como a más gente del barrio. Nos pusieron entre la espada y la pared al decirnos que si no comprábamos el piso nos harían la vida imposible. A partir de ahí, estuvimos tres años viviendo en precario sin pagar el alquiler porque no nos lo querían cobrar y, al final, lo acabé comprando. Al fin y al cabo, esta es la casa en la que siempre he vivido con Alejandro.

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RM: Has colaborado en un montón de medios. Uno era el Por favor,  pero dices que no te encontrabas a gusto entre tantas “vacas sagradas”.

NL: Publiqué un par o tres de historias con ellos pero era un tipo de revista que no me acabó de gustar. Por favor y El Papus no casaban con mi tipo de humor. A mí, esa forma de funcionar que tenían reuniéndose alrededor del Perich, Ivá y Óscar para crear una especie de Hara-kiri no me interesaba. Con el Hara-Kiri sí que me reía alguna vez pero no era lo que realmente me gustaba. En cambio, Star y El Víbora sí. Yo no soy profesional del cómic ni nunca lo fui. Si tenía un dibujo lo publicaba y si no, pues nada. Igual que en 1977 también publiqué el Abcedario para mariquitas en Bazaar, una revista de lujo donde me pagaban muy bien pero en la que tampoco me sentía plenamente a gusto.

RM: También estuviste en Disco Express.

NL: Allí, Gallardo y Mediavilla encontraron su sitio, mientras que yo no. No obstante, sí que realicé algunas colaboraciones.

RM: Por entonces, Federico Jiménez Losantos también colaboraba en Disco Express. ¿Llegaste a coincidir con él?

NL: Afortunadamente no. Con quien sí que me relacionaba era con Biel Mesquida. Éramos amigos al margen del trabajo.

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RM: Conociste a Juanjo Fernández antes de que  creara la revista Star, en la que  acabaste participando. De hecho, entraste en contacto con él al poco tiempo de vivir en Barcelona.

NL: Antes que a él conocí a su padre, que era editor, y entablamos amistad porque nos ofreció un trabajo que consistía en distribuir, por las escuelas españolas, los cromos de sus colecciones. Yo lo hacía en Barcelona pero hubo otros compañeros que se fueron a repartirlos por otras ciudades. Enric, por ejemplo, que se fue a Canarias y murió en un accidente.

RM: En el rato que llevamos de entrevista hemos hablado de casi todo menos de cómics, pero es que en tus memorias salen poco.

NL: Esto lo comentábamos el otro día durante la presentación en el bar Ocaña. Hace algunos años, en el 2004, publiqué otro libro que se titulaba La Barcelona de los setenta vista por Nazario y sus amigos donde hablaba de las ediciones de cómic realizadas, tanto del Rrollo enmascarado como del Star, el Víbora, etc. También de música y de los autores con los que me relacionaba: Sisa, Pau Riba, Oriol Tramvia… A diferencia de ese libro, el de ahora es sobre mi vida  y si salen mis tebeos es porque tienen relación con alguna anécdota personal, como en el caso de San Reprimonio. Viene de una historia que me contó un amigo sevillano y que me sirvió de inspiración para inventarme el personaje adaptándolo un poco a mi infancia, juventud y a mi complejo de culpa.

RM: También sale Purita braga de jierro.

NL: Claro, porque me inspiro en María Antonia, una amiga mía de Sevilla que era un poco la Purita del tebeo.

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RM: Y El Rrollo enmascarado, por supuesto.

NL: Esto era inevitable porque se gestó entre un grupo de gente que nos reuníamos para crear historias. Pero ya te digo que en este libro hay poco cómic. Lo hice adrede porque, de lo contrario, sería redundante ya que esa parte la expliqué en su día en otro libro. Aquí prefiero contar lo que pasaba en el piso de la calle Comerç, por ejemplo, y que no tenía nada que ver con los tebeos, como mi relación con una mujer canaria o acordarme del Manolito, un chaval que estaba loco y que se dedicaba a pintar las paredes de la casa.

RM: Otro cómic que aparece es la Piraña divina, un fanzine que vendíais a escondidas en la caseta del primer Canet Rock y que luego se reeditó con un prólogo de Terenci Moix que fue todo un escándalo.

NL: Terenci me hizo el prólogo de una edición legal, titulada San Reprimonio y las pirañas, que recogía las historias que un par de años antes habían sido prohibidas. Curiosamente, en esta ocasión, lo que escandalizó a los censores era el prólogo y por eso nos pusieron una multa. En cambio, el contenido interior no supuso ningún problema.

RM: Pero cuando lo vendíais de estrangis en el Canet Rock sí.

NL: Nos lo secuestraron y nosotros hicimos una edición paralela que vendíamos mientras la primera estaba secuestrada en casa de los hermanos Farriol.

Stand de El Rrollo enmascarado instalado en el Canet Rock, 1975

Stand de El Rrollo enmascarado instalado en el Canet Rock, 1975

RM: Ese era un cómic totalmente underground ya que cumplía con las tres condiciones que dices que requiere toda publicación de este tipo. Tiene que ser…

NL: Underground (risas), y editado y distribuido por uno mismo. La primera condición era hacerlo con total libertad, sin pasar por la censura como hacía con mis historias publicadas en Francia en la revista Zinc y que luego aparecieron en la Piraña divina clandestina. El Rrollo emmascarado, Paupérrimus y Catalina tuvieron problemas con la censura pero esos ya los editamos con ISBN y toda esa historia. Por tanto, ya sabías lo que podías poner y lo que no. Así que, en ese sentido, eran poco underground.

RM: En cuanto a la estética, sí.

NL: Eso sí. El underground fue un concepto muy cacareado por los periodistas que nos comparaban con dibujantes americanos como Crumb pero, en realidad, no teníamos mucho en común con ellos. Aunque el estilo del dibujo fuera similar, éramos  dos mundos diferentes, de modo que californianos y barceloneses teníamos poco que ver. Allí había más distribución paralela y lugares de venta específicos. Aquí solo teníamos la librería Zap 275, de Jaume Fargas, el único lugar de la ciudad donde se vendían nuestros cómics.

RM: ¿Vuelve Anarcoma?

NL: Está previsto que después del verano La Cúpula la reedite en un volumen completo que incluirá la primera y segunda parte más todos los dibujos que he hecho. Hace un montón de años que la segunda se agotó y llegó hasta una quinta edición, pero a la editorial no se le ha ocurrido hacer nada con ella hasta ahora. Ha tenido que esperar años para su reedición, pero antes de que esto ocurra sacaré la tercera parte que se llamará Las peculiares aventuras de Anarcoma y el robot XM2. Lo publicará Laertes después del verano.

Página de Anarcoma 2, 2000

Página de Anarcoma 2, 2000

RM: ¿La has escrito ahora?

NL: No, es un guion que hice en su momento pero que aparqué para dibujar Turandot. Lo recuperé cuando escribía mi autobiografía porque estaba un poco harto de hablar de tanta realidad, así que lo retomé y metí un poco más de fantasía con un asesino de travestis que les corta la polla, pero no voy a añadir dibujos. Ya no estoy para eso. Es una obra literaria donde solo hay unas pocas ilustraciones copiadas de la primera y segunda parte de Anarcoma.

RM: ¿No es en formato de cómic?

NL: No, no me voy a poner a dibujar a mis setenta y dos años. ¡Si tengo a medio hacer un cartel sobre los refugiados al que me gustaría meter mano pero no lo hago!

RM: Supongo que Anarcoma no debe ser el único proyecto que tenías abandonado. Debe haber más.

NL: Solo Purita pero este me da pereza retomarlo porque es una especie de liberación de la mujer que ha quedado desfasada y no se puede recuperar.

Página de 'Ali-Baba y los 40 maricones'

Página de ‘Ali-Baba y los 40 maricones’

RM: Llega un momento de tu vida en que dejas los cómics por la pintura. Como coincide más o menos con la crisis de las revistas supongo que esa fue la causa de tu cambio de orientación.

NL: Pues no… Lo dejé porque ya estaba cansado. Con Turandot había llegado al máximo en cuanto al uso del color y la expresión de los personajes y luego, con Ali Baba y los cuarenta maricones, fui hasta el límite del mariconeo. Entonces salió lo de la pintura y cambié una cosa por la otra.

RM: Antes hemos hablado de Terenci Moix y del prólogo que te hizo para la versión legal de Piraña divina. En el libro hablas de él, y de Colita, refiriéndote a ambos como dos personas de la ‘alta cultura’ a las que les gustaba acercarse a vosotros, los de las cloacas, como  tú dices.

NL: Eran la Gauche Divine.

RM: Esto ahora también pasa. Hay una cultura que podríamos llamarla oficial y otra que está más al margen.

NL: Supongo que sí, pero no estoy muy al día. Lo que es cierto es que con internet ahora hay más facilidad para que cada uno haga lo que le parezca. Cualquiera puede abrirse un blog y escribir o meter ahí todo lo que quiera. No digo Facebook porque ahí sí que hay censura. A mí me lo han cerrado cuatro veces por meter fotos de pollas, o mías desnudo o de Alejandro durmiendo en el sofá. Hay que ir con cuidado con lo que uno pone allí.

Página de 'Piraña divina'

Página de ‘Piraña divina’

RM: Tú has dado el salto a esa alta cultura de la que hablamos. De hecho, te concedieron una medalla…

NL: Uy, ¡tengo muchas! La de la Vírgen del Rocío, la de la Macarena…

RM: Me refiero a la de las Bellas Artes.

NL: Sí, es la medalla de oro de las Bellas Artes. A Alejandro le hacía mucha gracia y decía: “Soy la esposa del ilustrísimo Nazario”, porque esta medalla conlleva el título de ilustrísimo.

RM: Así que has pasado de ser la Nazaria al Ilustrísimo Nazario.

NL: Según cómo lo mires también puedo ser la Ilustrísima Nazaria.

RM: Y encima tienes obra expuesta en el Museo Reina Sofía.

NL: Eso está muy bien. Me siento muy alagado de que San Reprimonio  forme parte de la colección permanente. Es una de mis historias más duras. Lástima que le faltan un par de páginas que me las robaron durante una exposición que se titulaba T-Veo y que hicimos en el Mágic. Fue una pena, porque hacerlas me costó un trabajazo.

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RM: Además del San Reprimonio, también hay una página de El Rrollo enmascarado.

NL: Es la portada del álbum de El Rrollo que nos editó Star, pero también tienen la de Anarcoma 2. Otro museo donde hay obra mía es el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

RM: Ahora, el cómic empieza a entrar en los museos y me parece magnífico. Es más, pienso que ya era hora.

NL: Para mí, esto es más válido que hacer un museo del cómic porque el cómic no es nada aparte del arte. Si a Miquel Barceló le diera por dibujar uno lo tendrían en los museos como una gran cosa.

RM: Max acaba de hacer uno por encargo del Museo del Prado, Álvaro Ortiz ha hecho otro para el Thyssen, el MNAC ha estado exponiendo páginas de trabajos conjuntos de Santiago García y Javier Olivares, en el IVAM hay otra exposición sobre autores valencianos…

NL: Bueno… Yo no me fío mucho.

RM: ¿Por qué no?

NL: Porque aquí no ocurre como en los Estados Unidos, donde los dibujos de Robert Crumb llevan años cotizándose. Yo he hecho exposiciones donde había a la venta tanto dibujos de cómic  como acuarelas, todos del mismo formato e iguales precios y el público se quejaba del importe de las ilustraciones de cómic. No entendía que valieran lo mismo. Pero… ¿por qué no puede ser igual? Si el artista es el mismo y el formato de las obras también. La fotografía ha pasado de no valer nada a estar bien cotizada. Mientras, el cómic sigue estando infravalorado. Si el Prado le hace un encargo a Max es para algo específico que a ellos les interesa pero no es que haya obra suya expuesta o que le den libertad para hacer lo que quiera con su historia…

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RM: En el Prado hay gente que defiende el cómic y cree que su introducción en los museos funcionará.

NL: Existiendo el Reina Sofía, el Prado no es el lugar más adecuado para exponer obras de cómic. Además, tampoco tiene porqué estar todo en el Reina Sofía. Aquí tenemos el MACBA y en cada provincia hay museos de arte contemporáneo. Todos se dan hostias por tener un Barceló pero nadie se pelea por  el original de una página de cómic.

RM: Del tema Lou Reed mejor no hablamos, ¿no?

NL: Una vez hice el guion de un corto donde, en dos momentos distintos, aparece un buhonero que despliega un par de aucas donde se explican las dos cosas que siempre me pregunta todo el mundo: cómo conocí a Mariscal y lo del plagio de la portada del Rock-Comix sobre Lou Reed. Así me escapo de contarlo yo. Además, al traspasárselo a un personaje de ficción también doy a entender que estoy un poco hasta los cojones de explicar siempre la misma historia. Es algo de lo que ya se ha hablado miles de veces. Y si alguien aún no lo sabe es porque no le interesa mi trabajo ni tampoco le le gusta Lou Reed.

RM: Pues tienes razón en eso. ¿Y ese guion saldrá a la luz de alguna forma?

NL: Ha habido  intentos fallidos aunque ahora parece que hay algo más consistente pero no tengo prisa por sacarlo. Voy haciendo mis proyectos y si salen, bien, y si no también. De hecho, ahora mismo voy de culo con la exposición que inauguro ya mismo en Córdoba. Me la han pedido en un mes y medio, el catálogo no estará a tiempo y me he pasado toda esta mañana con el informático preparando un audiovisual con fotomontajes y los vídeos de la plaza Real.

RM: ¿Hay alguna posibilidad de traerla a Barcelona?

NL: Hay un proyecto, pero no te extrañe que un día la oferte al Reina Sofía y la acepten antes, porque en los museos de esta ciudad es un poco lo del profeta en su tierra.

RM: No debe ser la primera vez que expones en Córdoba.

NL: En 1990 hice una que fue un escándalo porque había muchas pollas. Hasta la quisieron prohibir y ahora están con la intriga de a ver qué voy a presentar. Me gustará ver si la sociedad ha evolucionado lo suficiente para ver las fotos íntimas que tengo preparadas de Alejandro y yo con nuestros novios.

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