[Entrevista] Ornamento y Delito: “Madrid es una ciudad tan fea como alegre”

La mayor parte de los integrantes de Ornamento y Delito son de Vizcaya, pero viven en Madrid. ¿Por qué? Descúbrelo y averigua algo más sobre el Carlismo y el Getxo Sound de los noventa con esta entrevista con una de las bandas más inclasificables y estimulantes del momento.

Ornamento y Delito están ultimando las mezclas de su nuevo disco después de una intensa temporada tocando en directos: estad atentos a su perfil de Facebook y Bandcamp. Y mientras tanto, Garikoitz Gamarra, cantante del grupo, un tipo que vivió la eclosión del rock alternativo bilbaíno de los noventa, profesor de instituto, miembro de la comisión musical de Podemos, ha cometido la imprudencia de entablar esta discusión político-musical con CANINO.

JAIME GONZÁLEZ (JG): Cuando os recomiendo a alguien que no tiene ni idea de quién sois, se me ocurre emparentaros con Jarvis Cocker por la agudeza de las letras, y apelo a una nueva tendencia de ciertos grupos por manifestar sus convicciones políticas, como El Pardo, aunque vosotros no sois tan directos como ellos, sino mucho más sutiles y sugerentes. ¿Cala más el mensaje si hay que pensar las letras, quizá os aburren las soflamas…?

GARIKOITZ GAMARRA (GG): Hay gente a la que le salen bien las soflamas y le quedan chulas. A mí no, pero de vez en cuando, entre canción y canción, sí que me ha dado por ahí. Por otro lado, no somos un grupo de hits inmediatos, somos de cocina de digestión lenta.

JG: ¿Estéticamente, cuáles son vuestras referencias? ¿Podríais ser un spin-off del rock de la margen derecha de la ría de Bilbao?

GG: Spin-off de la margen izquierda, en todo caso, que es de donde somos tres de los componentes (de Portugalete y Santurtzi). Nuestras referencias estéticas son amplias y variadas: aunque tenemos puntos comunes en otros, cada uno tira para un lado. Desde el noise noventero, pasando por el afterpunk y el tecno romántico decadente, las películas de Buñuel, Berlanga, Saenz de Heredia y Nieves Conde, la arquitectura de Le Corbusier y Saenz de Oiza o la estética de los extrarradios inhóspitos con obras abandonadas nacidos al calor de la burbuja inmobiliaria. Es difícil concretar algo tan amplio, creo que nuestra estética la conocen mejor los que nos escuchan que nosotros mismos.

JG: Pero estáis más cerca de Lord Sickness, Cancer Moon o El Inquilino Comunista, a pesar de que cantaban en inglés, que de Eskorbuto, Dinamita pa’ los Pollos o los grupos heavies de la margen izquierda, ¿no? Por buscar similitudes, hay incluso un vídeo de Lord Sickness que empieza con imágenes en blanco y negro de gente con el puño en alto, un poco al estilo de Montejurra

GG: Sí. Rober y yo teníamos grupos en los noventa, cuando vivíamos aun en Portugalete, y efectivamente, estábamos completamente en la onda del Getxo Sound aunque fuéramos de la otra margen. Los Goofy, el grupo de Rober, estaban claramente influidos por los Pixies, El eterno femenino… En el mío éramos más eclécticos, pero Cancer Moon o Los Bichos eran referencias fundamentales. Lo comenté en una entrevista para un documental sobre las relaciones entre ambas márgenes: en realidad, en los noventa, a pesar de que seguía existiendo cierta brecha económica, social y culturalmente ambas márgenes se fueron homogeneizando (te diría que tras la desindustrialización todos nos getxizamos), uniéndose los hijos de los obreros y los de la clase media-burguesía

JG: Habéis escrito algunas de las letras más brillantes que he escuchado en castellano:“Qué haréis el día que se nacionalice el tiempo / A qué os dedicaréis cuando todos seamos genios / La revuelta digital que arruinó a Teddy Bautista / Era la gramática de un futuro socialista”. (Tráiganme la cabeza de Teddy Bautista; Relicario -2009-). Parece que cuestionar el capitalismo en bloque, con una revolución tradicional, históricamente ha dado unos frutos magros; y que últimamente nos seduce más la idea de que haya un talón de Aquiles, un eslabón más débil cuya destrucción tire abajo todo el sistema: acabar con el patriarcado, que el dólar deje de ser el nuevo patrón oro, liquidar a Teddy Bautista… ¿Esa estrategia la planteas en tono irónico, o de verdad hay que buscar, encontrar y explotar una grieta? ¿O ambas cosas?

GG: Son canciones, no programas políticos. Lo cual no quiere decir que no sea algo muy serio, pero es la seriedad propia del arte, del símbolo. Son brotes de sentido que nacen del inconsciente -como un brote esquizofrénico-. Después, la razón diurna interpreta y saca las migajas para construir proyectos posibles. Igual que un mito o un sueño, carece de la lógica de la representación realista pero no de verdad. Al contrario, creo que es una verdad más potente.

JG: ¿Y qué se puede hacer, cuando se nacionalice el tiempo, con esos mediocres que nos han dirigido y domesticado? La idea de que son unos semianalfabetos con un montón de crímenes a sus espaldas, y que uno de esos crímees es que han abolido el talento y la genialidad de muchas generaciones me parece muy potente…

GG: ¿Qué no se podría hacer? La vulgaridad se ha apoderado de nuestra civilización. El modelo hegemónico hasta hace poco, el del comercial vendedor de pólizas de seguros, el broker, el emprendedor que se siente el rey del Monolopoly es una triste sombra del ser humano. Pienso en la película de Visconti Luis II de Baviera, el rey loco (1973), sobre Luis II de Baviera, y creo que es necesaria no una democracia, sino una aristocracia real. En esto coincido con el Heidegger de principios de los cincuenta, cuando decía que el problema de nuestro tiempo no es el de la vivienda sino el del habitar. Y creo que poco a poco empieza a abrirse paso esta idea: trabajar no tiene por qué dignificar si el trabajo es indigno, si el universo simbólico al que remite, del que te impregna ese trabajo, es mezquino.

JG: “Leningrado está perdido / San Petersburg / Otro ciervo malherido / Se que eres tú” cantáis en ¡Peligro! Paso de animales en libertad. Las referencias a Rusia son recurrentes en vuestras canciones. ¿El “cervatillo marica” es el pueblo soviético y el que lo atropella es el “progreso”, como sugieren en alguna web, o es leer demasiado entre líneas?

GG: Bastante atinado. La canción se titula Peligro, animales en libertad. El animal es el pueblo ruso tras la caída del muro.

JG: En la actuación de los Conciertos de Radio 3 apareces con la boina roja, y en un foro carlista de internet se emocionan con Montejurra y descartan que lo tuyo sea una pose. Tomo tu respuesta por la de una voz autorizada: ¿el progresismo de Carlos Hugo tiene algún tipo de raíz en el carlismo histórico, o fue un invento suyo? ¿Tradición y socialismo encajan? ¿Hasta qué punto es reivindicable su corriente hoy día?

GG: Hoy solo me parece reivindicable desde la memoria histórica, desde la misma que lleva a la gente a querer localizar a su pariente en una zanja, sin con ello pretender cambiar el destino (Franco ganó). Marx decía del carlismo que era un residuo de la historia y aunque en ese juicio mostraba sus propias limitaciones ilustradas, no se le puede quitar cierta razón. En el carlismo, que tuvo como fruto más poderoso el nacionalismo vasco, se unían el tradicionalismo de las élites feudales que veían peligrar sus privilegios ante el desarrollo del liberalismo y la resistencia de un pueblo llano que sentía la amenaza sobre sus seguridades básicas.

Además, representaba un comunitarismo resistente frente al individualismo que se imponía. Un orden cultural donde, más allá de condes y príncipes, el pueblo (la aldea) se sentía dueño de sus símbolos, protagonista de sus tradiciones, de sus ermitas, de sus romerías, de sus carnavales y procesiones, de sus tiempos y espacios y de sus leyes (de sus leyes viejas). Representaba la resistencia de un orden simbólico comunitario frente al racionalismo individualista ilustrado que imponía el capitalismo -la ley de la razón pura, del cálculo de intereses, de la disciplina de los cuerpos, de la vigilancia, la producción, el consumo y la psicoterapia-. Los fueros representan ciertas costumbres tribales precapitalistas reconocidas por la nobleza medieval en un pacto de no agresión mutuo y el liberalismo venía a acabar con esas leyes básicas. La protección de los gremios y la mesta, los bosques y otros recursos que eran propiedad común del pueblo (amortizada, inalienable), todo esto iba a ser dilapidado por el capitalismo (el progreso).

Hay en el carlismo desde su comienzo cierto espíritu que me recuerda al Arts and Crafts de William Morris, ese romanticismo del Goethe del segundo Fausto que pone el foco sobre el crimen fundacional del progreso ilustrado. Algunos, como la familia de Sabino Arana, navieros artesanales, habían defendido el carlismo frente a un liberalismo que establecía la libre competencia y la entrada de los astilleros industriales, que acabaron con el viejo equilibrio (y también con el predominio de ciertas familias). En Bilbao, por ejemplo, Begoña o Abando, que más tarde fueron absorbidos por Bilbao (que en su origen se reducía al Casco Viejo), representaban esos modos equilibrados de vida, una especie de Brigadoon o Qué verde era mi valle, pequeñas aldeas con la iglesia en el centro, comunidades homogéneas muy distintas a las caricaturas de superstición y oscurantismo que construyó el liberalismo. El carlismo de Carlos Hugo, por tanto, sí tiene raíces históricas, aunque es un “renacimiento” del carlismo que destila los elementos más brutales y, efectivamente, retrógrados de aquel movimiento tan complejo.

Y, lógicamente, no somos carlistas, el posible carlismo moderno fue ejecutado en 1976.

JG: Pero esas apelaciones al comunitarismo y a las Lege Zaharra se han visto barridas de la historia por la posmodernidad, ¿no? Los filósofos políticos burgueses dedicaron todo el siglo XIX a intentar articular un régimen político en el que se incluyera a la clase obrera sin que esta amenazara el orden establecido. Y llega Carl Schmitt y dice que es imposible, que democracia y capitalismo son incompatibles. Hay que abolir la democracia si se quiere mantener el capitalismo; y funda un sistema en el que la legitimidad está sustentada en la raza y en el carisma del führer. Sobre el papel, esa propuesta tendría que haber vencido a esa amalgama imposible que era la propuesta estounidense, así que es muy interesante leer en la correspondencia o en las memorias de Albert Speer o del mismo Heidegger, al que citabas antes, cómo se dieron La Gran Hostia. Con esto en mente, retomo lo que comentabas de una aristocracia auténtica, y de la comunidad como sujeto político: ¿un proyecto que las incluya tiene alguna oportunidad frente a la posmodernidad?

GG: Igual es que manejamos una noción distinta de posmodenidad; yo no la entiendo como algo unilateralmente negativo, o tal vez como una negatividad que tiene su parte positiva. La posmodernidad frente a la modernidad de hecho representó un poco el retorno de lo reprimido, como el romanticismo frente a la Ilustración. Sin irnos tan lejos hasta Speer, Heidegger o Schmitt, el retorno postmoderno de lo sagrado, frente al laicismo moderno, no supone una vuelta a la Edad Media (por mucho que quisiera el Estado Islámico). Es una sacralidad distinta, que ha pasado por el desierto de la secularización y el individualismo, pero que sí recupera elementos comunitarios (o al menos un deseo, un anhelo, una nostalgia de comunidad). No sé, nos hemos puesto muy espesos, yo me planto aquí.

JG: Kike Túrmix, Poch Arias o vosotros: ¿por qué crees que vinisteis a Madrid? Para (algunos) madrileños es un misterio que dejéis un entorno privilegiado que envidiamos y os mudéis aquí (aunque lo agradecemos, claro). No me digas que es por la lluvia…

GG: Jajaja, igual sí. En el fondo, la misma envidia que sienten algunos madrileños, asfixiados por la gris conurbación, de Euskadi o Asturias, la sentimos nosotros de Madrid, una ciudad tan fea como alegre, contaminada pero que deja respirar. El norte te abraza maternalmente con tanta fuerza que algunos necesitamos escaparnos para existir, aunque el vínculo sigue, el cordón umbilical no se acaba de cortar del todo. Y luego está la lluvia (y me encanta cuando llueve en Madrid). Una canción de GGQuintanilla muy antigua, de 2001, que se titula El norte, canta… “Llueve como llueve siempre en el norte / Siempre te acabas por empapar /Como dentro de un invernadero/ Sin darte cuenta hasta que es tarde ya”. Creo que describe bastante bien, al menos, por qué me fui yo.

JG: Eres profesor de bachillerato (tenéis un tema dedicado a la profesión, incluso) y se nota en los conciertos. Entre canción y canción recomiendas la lectura de Chevengur de Platónov, y no dejo de pensar que ese es un viejo truco de profe que intenta distender, que hace una pausa entre dos argumentaciones densas. No es común esa aproximación pedagógica al rock, ¿qué tal funciona?

GG: Tampoco lo suelo hacer tanto. La verdad es que en mi último concierto estuve bastante profe, sí, no sé si seguiré por esa vía (me parece transgresora de verdad, decir que vas a dar un concierto y dar una conferencia). Generalmente no suelo hablar mucho entre canción y canción o soy muy cáustico y lanzo una parrafada en plan delirio.

JG: Y tú que estás en contacto con los chavales, ¿está tan echada a perder la juventud actual como insisten en afirmar los generadores de ranciofacts? ¿Se te ha presentado alguna vez algún alumno en un concierto? Y seguro que os han escuchado: ¿qué opinan los adolescentes de Ornamento y Delito?

GG: No, no la veo tan echada a perder, para nada. La gente joven vale mucho y a poco que cambiemos las reglas de juego, les devolvamos la calle, les dejemos hacer, les dejemos de joder la vida con los exámenes, las reválidas, los idiomas y toda esa mierda, van a dar la vuelta a todo. La verdad es que no me gusta hablar en el colegio de mi otra vida (ni del colegio ante la prensa musical) pero se acaban enterando y me da la sensación de que les gusta, lo ven como algo que mola (alguno te dice que le mola Cocaína o El Madrid de los Austrias).

No sé hasta qué punto se enteran pero creo que hace que me vean como alguien que tiene una vida más genuina que lo que representa la escuela. Y es que estoy de acuerdo con ellos que hoy por hoy la educación es una desgracia y los planes de la izquierda para reformarla no me parecen menos alarmantes… parece que todo lo que conciben hacer con los niños es amaestrarles como animales o someterles a psicoterapia. Si mañana tenemos un Columbine en España no me extrañaría.

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