[Entrevista] Pedro Vera: “Mis libros seguirán vigentes durante muchos años, por desgracia”

Diseccionar los aspectos más rabiosamente chungos de la vida cotidiana en España no es tarea fácil. Y, sin embargo, Pedro Vera lleva acometiendo esa tarea desde hace más de dos décadas, bien a través de Nick Platino, de Ortega y Pacheco o, como ahora, de historietas-reportaje que dan en toda la diana del grumo y el entresijo. Con Ranciofacts 3: Rancio no, lo siguiente, volvemos a vernos reflejados en sus páginas. Y, ahora, hablamos con él para que nos explique la fórmula de su vitriolo.

[Foto de cabecera: Manuel Bartual]

Escribir sobre el historietista Pedro Vera no es fácil para un servidor. Y no lo es por una razón que, en sí mismo, es rancia: la nostalgia. Para un murciano que reside en Madrid desde hace veinte años justos, los cómics de este dibujante (nativo de San Pedro del Pinatar, estudiante en ese nido de facherío que es la facultad de Derecho de la Universidad de Murcia y, ahora, residente en San Javier) han sido siempre un recordatorio de que España es cutre hasta lo asfixiante… y de que ese rincón al sudeste del país, conocido por sus hortalizas, sus pufos inmobiliarios y sus vocales abiertas es, en muchos aspectos, el epítome de esa cutrez. Una cutrez que es, en sí misma, un motivo para tenerle cariño a la tierra, siempre que uno sepa reírse de ella.

Así pues, desde sus primeras publicaciones (con Nick Platino, el detective de lo oculto y lo astral, como protagonista), pasando por los primordiales Ortega y Pacheco y, ahora, con esos Ranciofacts que empezaron como una broma en Twitter, la presencia de Pedro Vera ha sido un bálsamo espiritual, bien dentro de la revista El Jueves, bien en otros medios. Más allá de los factores personales, eso se debe a la capacidad para señalar verdades del barquero, de esas que, de puro evidentes, permanecen ajenas a la percepción hasta que un sabio llega para apuntarlas. La publicación del tomo recopilatorio Ranciofacts 3: Rancio no, lo siguiente, de Caramba Cómics es un nuevo motivo para emitir mil y un facepalms ante el país que discute sobre la presunta ‘cobra’ de David Bisbal Chenoa… y, también, para hablar largo y tendido con el autor.

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Yago García (YG): Van ya tres volúmenes de Ranciofacts. Cuando empezaste a usar ese hashtag en Twitter, ¿preveías que la cosa iba a dar para tanto?

Pedro Vera (PV): No tenía intención ni de dibujarlo: comenzó como una cosa puramente tuitera. Pero todo funcionó muy guay, y, además, todo esto empezó en torno a otoño de 2010, poco antes de una masacre de secciones en El Jueves, en la cual cayó el tebeo que dibujaba yo [se refiere a ‘Ortega y Pacheco’], y vi por ahí una salida. Tenía muchas cosas apuntadas, porque, ya un año antes, empecé a usar esa clase de cosas en Ortega y Pacheco. Y me dije “estoy tirando chistes a la basura”, porque, daba igual lo que hiciera, cada semana los lectores lo puntuaban como una mierda. J. L. [Martín, el creador de Dios Mío] me lo dijo en una cena de la revista: “Ortega y Pacheco ‘fail’, pero lo rancio está teniendo mucha aceptación”. Entonces, tras dos o tres meses viviendo de la actualidad, porque ya no tenía sección, decidí lanzarme a ello.

YG: Hay algo que llama mucho la atención en Ranciofacts: todos tenemos un conocimiento instintivo de lo rancio, pero ¿y si tenemos que definirlo?

PV: Ya ves. Ahora mismo me estoy mesando la barba y todo, tratando de decir algo ingenioso… Pero, no, no hay ninguna frase estrella. Yo pongo ejemplos: cuando empecé en Twitter, empecé con frases, y después pasé a describir imágenes, conductas… Se puede extender tanto a esas expresiones machacadas, pesadas, las que usas por pereza comunicativa y hacen incluso que la gente te tuerza la boca cuando las dices. Pero también hay algunos ranciofacts que son de creación modernísima, hasta vertiginosa. El desgaste que hay ahora, debido a las redes sociales, puede ser impresionante: un tipo crea una frase graciosa, la lees a las nueve de la mañana, y a las diez de la noche ya estás harto de leerla por todas partes, acordándote del que la acuñó y de toda su familia.

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YG: Eres muy activo en Twitter. ¿Usas mucho las redes sociales?

PV: Creo que las uso demasiado. Pierdo tiempo, pero es lo que tiene currar en casa y pasar muchas horas solo: en un monitor, estoy dibujando, y en la otra tengo cosas para entrenerme. Twitter, la radio, la tele con series…

YG: ¿Dibujas y ves series a la vez? Eso es soltura…

PV: ¡Ahí está la cosa! Yo, las series, las oigo: si no, tendría que tener el ojo ortegaypachequil, mirando para el otro lado, en plan camaleón. Por eso intento ponerme películas y series muy sesudas, muy de hablar, porque si son cosas más visuales, me lo pierdo todo. ¿Qué fue lo último…? Me dio un ataque por el western hace unas semanas, y, cuando llegué a El renacido, dije “no, con esto no puedo”.

YG: Mira, eso viene al caso, porque, cuando publicamos la crítica de El renacido en CANINO, muchos lectores nos llamaron de todo en los comentarios por ponerla mal. ¿Has tenido algún disgusto a causa de Ranciofacts, con el público ofendiéndose y demás por algo que has incluido en la sección?

PV: Pues aquí toca soltar algo rancio: “es como todo”. Pero ese “es como todo” abarca tanto a Ranciofacts como a otras secciones como Para ti que eres joven, que era puro costumbrismo. Si tocas ciertos temas, y la cosa tiene cierta repercusión, sabes que potencialmente te van a masacrar. ¿Ejemplos? Si tocas temas de política y de deportes, van a ir a por ti. Yo publiqué dos Ranciofacts sobre los progres y los fachas. Los publiqué seguidos, además, como cuando les das dos juguetes iguales a dos niños pequeños para que no se peleen. ¡Y me machacaron los dos bandos! Un señor mayor escribió una carta llamándome “niño de papá”. Y yo “¡Hijo de puta, si supieras la edad que tengo!”. Y te puedes imaginar cómo fue la semana siguiente con los fachas…

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YG: Ahora, un articulista o un humorista se da cuenta mucho más a menudo de lo fácil que es ofender a la gente: cosas que antes se ventilaban con una carta al director, ahora se traducen en hordas llamándote de todo en internet. Tú, que cultivas un humor destrozón, ¿cómo llevas eso?

PV: Paso. Pero paso totalmente. Con los rancios, normalmente, tengo al público a favor y no me llega mucho feedback chungo, pero la portada que hice para El Jueves cuando el Día de las Fuerzas Armadas hizo que me llegaran unos 500 insultos. A veces, estoy deseando que terminen de insultarme para poner alguna canción o alguna chorrada que me gusta, pero, generalmente, lo veo como puede ver alguien de Palos de la Frontera a un tipo que trata de apedrearle desde Jamaica: ahí están ellos, tirándole piedras al mar, y aquí estoy yo.

YG: Después de seis años haciendo Ranciofacts y de haber tocado una cantidad de temas enorme, ¿no te preocupa que la observación de lo rancio se vuelva rancia en sí misma?

PV: Es posible: el meta-ranciofact. Pienso que cualquier tema tienes que tocarlo con gracia y con originalidad. Si tienes talento y te acompaña la cabeza, puedes hacerlo sin parar. Pero no basta con enumerar hechos: tienes que presentarlos de alguna forma que haga reír.

YG: Con Ranciofacts practicas un humor muy observacional: tomar lo que ves (o eso parece) y darle un giro cómico. ¿En qué lugares has cazado más detalles al vuelo para tus páginas?

PV: Muchas veces me preguntan “¿Cuál de estas profesiones piensas que son más rancias?”. Y siempre citan las cuatro típicas: taxista, barbero, albañil… Pero están muy equivocados, porque lo rancio no entiende de clases sociales ni de oficios. Pongo un ejemplo: yo he dibujado eso de llevar sombreritos mexicanos en la parte de atrás del coche… pero un arquitecto o un ingeniero, lo que hace es poner un casco de albañil. Y anda que no hay ranciofacts entre los licenciados universitarios: el tipo que, entre carcajadas estrepitosas, alardea de haber terminado la carrera sin salir de la cafetería de la facultad.

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YG: Si hablas con licenciados en Periodismo, eso te lo van a decir muy a menudo… Pero, volviendo al tema: los murcianos reconocemos ciertos detalles de tu humor que vienen muy del terruño, como ese “aquí, sufriendo” que se suelta cuando tomas el aperitivo. ¿Tienes que trabajar para sacar lo que ves de tu ámbito cotidiano y hacerlo más universal?

PV: Mira, precisamente, el “aquí, sufriendo” tengo comprobado que se usa desde Vigo hasta Gibraltar. Tengo mucho feedback con eso en Twitter: guardo un montón de documentos de Word con ocurrencias sobre distintos temas, y, cuando veo que uno se me queda muy paupérrimo para incluirlo en la sección, tiro la caña y lo tuiteo para ver cómo responde la gente. Y tengo comprobado, pero comprobadísimo, que muchos aparecen en cualquier punto de España. En Ortega y Pacheco aparecían más cosas así, pero detalles como un cartel de la Deportiva Minera [equipo de fútbol de Cartagena] son más puntuales.

YG: En tu primera producción, sin embargo, había hitos como Flame Freddo, aquel gorila gigante y llameante que armaba una masacre en el Entierro de la Sardina [inenarrable festividad local]. 

PV: En esa época, cuando dibujaba las primeras historias de Nick Platino, Murcia estaba a punto de caer en los años del ladrillo y de aquella gala tan fascinante de Murcia, qué hermosa eres. De hecho, tengo candidatos para reeditar ese material, que me lo masacraron al publicarlo, y, para empezar, Ortega y Pacheco se reeditará dentro de poco (en glorioso Technicolor, por decirlo de alguna manera) con la forma de tochos de 200 páginas, gracias a Astiberri y ¡Caramba! En Nick Platino y otros trabajos del principio de mi carrera también hay gente interesada.

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YG: Gran noticia… Por otra parte, esos cómics los dibujabas de una forma mucho más recargada. Había influencias de Jack Kirby por un tubo.

PV: Sí, Nick Platino era rollo Kirby. Yo hacía la primera splash page de putísima madre, y luego, conforme avanzaba la historia, el dibujo ya se iba torciendo… Pero, de la misma época, con [el guionista] Ginés, tengo algunas que están fusiladas de Charles Burns totalmente. Eran reacciones a aquella época en la que estaban dando muchísimo por el culo Ray Loriga y compañía, con lo que sacábamos a una especie de Kurt Cobain español. Pero, conforme iba avanzando en cada página, me iba engandulando, y salía lo que salía.

YG: Cuando empiezas a trabajar en El Jueves, sin embargo, tu estilo se vuelve más sintético. Me recuerda a lo que cuentan de Ivá o de Já, los veteranos de El Papus, que idolatraban al dibujante francés Reiser, y que a veces dibujaban directamente con tinta, sin lápiz, ni filigranas, ni leches.

PV: Yo reconozco que, aun y con todo, me enredo mucho dibujando. Tendría que simplificar aún más. Con Ranciofacts me he acostumbrado a dibujar en color, aunque pillé el rollo muy rápido, pero, aun así, sigo metiéndome en detalles como tramas hechas a mano. En lo que busco, no invento nada nuevo: el dibujo de humor tiene unos cánones inamovibles. Ahora me vienen a la cabeza cosas de animación. Como tengo un niño de once años, me hincho a ver dibujos animados, pero tengo la suerte de que la producción actual tiene cosas muy buenas: Historias corrientes, por ejemplo, es brutal, y no se ceba en el histrionismo facial que veías en series como Ren y Stimpy. En Historias corrientes, los personajes genéricos son todos iguales. Veo ahí un avance, una modernización sobre lo que se llamaba antes “el mono”, que era cabezón, y tal. Yo empecé dibujando con proporciones más estandarizadas, más parecidas a la humana, pero vi que, con eso, yo no me reía. Y, como esto va de hacer reír, lo fui deformando.

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YG: ¿Te da problemas la caricatura?

PV: Me cuesta. Es una cosa que tengo que hacer varias veces hasta que le pillo el punto. Luego, lo que le llega al lector es una cosa muy simple, de cuatro trazos, pero para llegar a esos cuatro trazos tengo que trabajar mucho. En la mayoría de los casos, lo consigo, y eso que no tengo una técnica clara para cada personaje.

YG: Ortega y Pacheco tenían un humor mucho más bruto que el de Ranciofacts. ¿Nunca te dieron un toque tus jefes?

PV: No, nunca. Ortega y Pacheco era algo muy punk, muy visceral. Tal vez el último año, que tenía la espada de Damocles encima, hacía cosas que ya no sabía por dónde salir, y perdí la frescura que te da el ser tú mismo. Hacía lo que me pasaba por la cabeza, y nunca tuve problemas, salvo en una ocasión en la que me llamó [el dibujante] Fer, que por entonces era director de El Jueves: era una historieta en la que me metía con el fútbol, dando nombres y destrozando al Real Madrid, con Roberto Carlos y Guti haciéndole una mamada a Lorenzo Sanz en la última viñeta. Aquello era un suicidio… Y lo que me dijeron fue: “Siempre te hemos dejado hacer lo que quieres, pero, con esto, nos prenden fuego a la redacción”. Después hice una historieta en la que destruía el fútbol, como concepto, para siempre. ¡Y no pasó nada!

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YG: Es que, más que el deporte en sí, lo que le importa a la gente son los colores del equipo. Y esto entronca con lo que decíamos antes sobre las ofensas en el humor: ahora, cuando alguien se molesta por algo, todo el mundo se entera.

PV: Charlie Hebdo lleva así toda la puta vida y nadie se entera. Pero, ahora que llegan sus chistes a internet, llegan las protestas. Ellos no quieren ofender a las víctimas de las situaciones que ponen en sus chistes, sino al gilipollas y al meapilas que se ofende leyendo el chiste: aunque, qué se yo, la muerte de una niña en un terremoto en Italia les resulte igual de espeluznante que a ti y a mí, su chiste se folla la puta calavera de quienes no tienen sentido del humor.

YG: Aquí me toca romper una lanza. Había algunos chistes de Ortega y Pacheco, como aquel en el que pintaban una casa de blanco usando los pedos de Boris Izaguirre y Jorge Javier Vázquez… Bueno, digamos que, si eres gay (como un servidor) puedes torcer un poco el morro y decir: “Aquí, la gracia se le ha ido a este hombre por el orto”. No tanto por el contenido en sí, sino porque el gag te parece facilón.

PV: Bueno, es que, en aquella época, estaba yo muy Vuillemin, que tiene chistes atroces sobre eso mismo. Si a ti aquello te pareció fuerte, lo mío era Desayuno con diamantes comparado con lo que hacía él. Pero es que a mí me han dicho de todo. El año pasado, otro dibujante me dijo: “Tenía muchas ganas de conocerte, me parto la caja con lo que dibujas, pero a mi chica no, porque es gitana”. Y gags como el del Mazinger gitano, como que no. Creo que hay que diferenciar al personaje del autor: yo no soy como Ortega y Pacheco. ¿Tú crees que el director de A Serbian Film es un monstruo? Pues posiblemente sí, vete a saber… ¿O que lo era Apollinaire, que escribió Las once mil vergas?

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YG: En un futuro más o menos lejano, digamos, el Ranciofacts 2025, ¿cómo lo calculas? ¿Las cosas que están de moda ahora seguirán siendo rancias? ¿O seguirán quedando detalles de la vida cotidiana española de toda la vida por poner en evidencia?

PV: Puf… Por una parte, hay muchos rancios a los que, si pudiera, yo los haría desaparecer. Pero, por otra parte, hay veces que piensas: “Cómo mola que no se cae de la parrilla Mujeres y hombres y viceversa, porque esos chistes no se van a quedar obsoletos”. Hay muchas cosas que, por desgracia, harán que mis libros permanezcan actuales durante muchísimos años. Y veo que no hay manera de subsanarlo. Con cosas como el lenguaje periodístico, por ejemplo: creo que me moriré yo, y seguirán diciendo lo del “marco incomparable con condiciones meteorológicas adversas”. La vida es muy corta, y podemos saturarnos pensando que son cosas que se machacan, pero muchas de las cosas que registro están ahí desde siempre, y seguirán ahí. Cambiando cosas, según cambien el entorno y la tecnología. Pero, en el fondo, siguen siendo igual.

 

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2 comentarios

  1. Garri dice:

    ¡Copón! ¡Ya era hora, que alguien dijera: ¡¡Al pan pan y al vino, peleón!!

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