[Galería] El Japón psicodélico de Aquirax Uno

No todo van a ser novedades anime en esta vida. Hurgar en el underground del Sol Naciente proporciona descubrimientos tan alucinógenos como las imágenes de este ilustrador. La influencia de Aquirax Uno sacudió al país nipón durante los sesenta y los setenta, y aún sigue haciéndose notar en ámbitos de todo tipo, del shojo al guro.

Allá vayan otros con su Carnaby Street, su Haight-Ashbury o su Factory warholiana. Quienes gustan de indagar en el underground psicodélico de los sesenta saben que en Japón tienen una auténtica mina de oro. Durante aquellas décadas, la escena freak del Sol Naciente cobijó a una larga ristra de creadores muy al tanto de lo que ocurría en Occidente, pero con sus propios rasgos distintivos: muy radicales en lo político, amantes de lo raro y lo morboso y atentos a la cultura francesa más que a las novedades de Londres o Nueva York.

Hasta tal punto era francófilo el ilustrador Akira Uno (n. 1934) que decidió firmar sus obras como Aquirax Uno, porque así parecía galo y molaba más. Y eso que francesas, lo que se dice francesas, sus imágenes no lo parecen demasiado: digamos que, si evocan a algo, es a Aubrey Beardsley, Egon Schiele y otros funambulistas de lo grotesco.




Como cartelista habitual de Tenjô Saiki (la compañía de teatro fundada por el demente Shuji Terayama), así como en sus roles de fotógrafo y cineasta, Aquirax fue uno de los artistas gráficos más señeros del Japón sixties. Y no se quedó sólo en eso, porque el mainstream también llamó a su puerta en forma de encargos publicitarios. La iconografía que aparece en sus dibujos, con esas chicas de cejas perfiladísimas e inmenso pelucón acabó materializándose en las calles y en los garitos más in de Tokio.

Influyente tanto en persona (Katsuhiro Otomo trató con él en su juventud en espíritu), Uno ha dejado una huella muy honda. Su influencia pueden detectarse tanto en Nishioka Kyoudai y en Suehiro Maruo y las malas bestias de la revista Garo como en la rama más morbosa del shojo, empezando por Keiko Takemiya, Moto Hagio y demás autoras de la generación del Año 24. Échale un vistazo a estas imágenes y entenderás por qué.

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