El género ínfimo: destape en el siglo XIX

infimo-foto-cabecera

Por muy desconectado que estés de la historia de la farándula, la palabra cuplé, al menos, te suena. Quizás no sepas muy bien qué es, quizás solo venga a tu cabeza la imagen de Sara Montiel, pero es muy posible que sepas ubicarla. Sin embargo, la mayoría desconocen que este famoso género musical fue una evolución un pelín más pudorosa (para poder llegar a más público) de otro tipo de espectáculo denominado género ínfimo.

Cuando la mujer se incorporó al mundo del teatro (quizás quepa recordar que hasta el siglo XVI los personajes femeninos también eran interpretados por hombres), enseguida se pusieron de moda los monólogos destinados a entretener al público en los entreactos de las comedias en los que las actrices narraban historias, de temáticas picaronas y usando un lenguaje vulgar, sobre las relaciones que habían tenido con hombres valientes, tontos, guapos, soldados, chulos o bandoleros. El germen había sido sembrado: este particular género satírico dio origen, con el paso de los siglos, al romance de guapos, a la tonadilla, y a otras danzas populares españolas.

infimo-genero-infimo-1

Generalmente, estas pequeñas obrillas teatrales tenían una duración de entre quince y veinte minutos, pero siempre tenían un pasaje concreto que encandilaba al público y que las convertía en un éxito. Muchas de esas canciones individuales se hicieron famosas por sí mismas y fueron incorporadas al folclore popular. Una de las tonadilleras más famosas del siglo XVIII fue María Antonia Vallejo Fernández, apodada La Caramba, por haber hecho célebre una pieza que decía: “Un señorito muy petimetre/ se entró en mi casa cierta mañana/ y así me dijo al primer envite: /“Oiga usted: ¿quiere ser mi pareja?” /Yo le respondí con mi sonete, con ni canto, ni baile y soflama: / ¡Que chusco es usted, señorito! /Usted quiere… ¡Caramba! ¡Caramba!

Al mismo tiempo, la zarzuela había sufrido su particular evolución, convirtiéndose en el género que aún hoy en día conocemos por este nombre, una especie de “ópera a la española”, pero de menor duración, razón por la cual se la denominaba popularmente “el género chico”. Se piensa, erróneamente, que esta denominación habitual alude a la menor calidad de la zarzuela en comparación a la ópera, pero no es así. Las óperas duraban tres o cuatro horas, costaban mucho dinero y no eran un éxito asegurado. Sin embargo, las zarzuelas duraban entre cuarenta y cinco y sesenta minutos, por lo que podían programarse hasta cuatro funciones al día. Es decir: ponías dinero para un solo espectáculo pero el público pasaba por taquilla cuatro veces. A este sistema se le denominó “butacas calientes”, algo muy parecido a lo que ocurre hoy en día con el cine, que en cuanto termina una sesión comienza la siguiente y el público anterior cede una misma butaca a los nuevos espectadores.

infimo-genero-infimo-2

Nuevamente, el auditorio tendía a quedarse con una de las canciones de la obra musical, una pieza corta que aprendían y cantaban por las calles, una especie de hit que se ponía en boca de todos y que animaba a la gente a acudir al teatro para escucharla, y si ya se la sabían, cantarla junto con la orquesta sin ningún tipo de pudor. Vamos, que en el siglo XIX ya sabían de sobra lo que era un sing-alongAún hoy en día nos suenan de algo versos como “Dónde vas con mantón de manila, dónde vas con vestido chinés”, de la célebre zarzuela La verbena de la Paloma, estrenada en 1894.

La cosa es que alguien tuvo que darse cuenta de que el éxito de estos géneros chicos venía propiciado, en la mayoría de los casos, única y exclusivamente por la popularidad que adquiría una sola canción. Si el tema pegaba, la obra se convertía en un éxito. Y… si montar un espectáculo de cuarenta y cinco minutos ya era mucho más beneficioso para el empresario, imagínate cómo sería montar uno en el que solo se necesitase a una artista sobre el escenario que fuera al grano y simplemente cantase esas canciones que se hacían famosas al instante. Y, por marcar la diferencia y ofrecer algo nuevo al cliente, que ya se sabía estas canciones y las escuchaba gratis en la calle, se ofrecía, además de música, un ambiente distendido, cómico, pero sobre todo, erótico, lo que propició que el público de este tipo de espectáculos se volviera enseguida exclusivamente masculino. Aquí está el origen de la canción ligera individual en España, en espectáculos que consistían en la sucesión de varias canciones sin conexión temática entre ellas, y que, al ser todavía más cortos que el género chico, se bautizaron, con total coherencia, como género ínfimo. 

infimo-genero-infimo-3

Este entretenimiento prosperó rápidamente a principios del siglo XX, haciendo que en las grandes ciudades españolas aparecieran por todas partes los salones de variedades y los cafés-cantante o cafés marineros. Los llenaban hombres que necesitaban divertirse bebiendo un trago, fumando un cigarrillo y deseando a las jóvenes que mujeres que cantaban, se contoneaban y exhibían su cuerpo gracias a vestidos de caprichosas transparencias. En algunos lugares, como el Teatro Eslava de Madrid, la cosa llegó a ir más allá, llegándose a ofrecer lo que entonces se denominó como la sicalíptica, espectáculos que incluían desnudos completos de las artistas.

La entrada a estos locales era bastante más barata que una entrada para el teatro, por lo que el género ínfimo se asoció enseguida a las clases obreras. Sin embargo, a los burgueses y aristócratas también les gustaba disfrutar de la sensualidad y alegría de vivir de estas artistas, y de nuevo a alguien se le tuvo que ocurrir otra innovación para seguir sacando beneficios en su teatro, atrayendo de nuevo a los escenarios aquello que las clases altas se morían por ver y podían pagar. Fuera de los cafés y dentro de los teatros, las actrices se convertían en divettes, mujeres “que curan el esplén, y entre danzas, cuplés y carocas, la ilusión hacen ver un edén” (verso extraído de la obra Nuevo Género, estrenada en 1900). Eso sí, el teatro ya no era un lugar exclusivo para hombres, así que el género ínfimo, en su evolución hacia la revista, tuvo que dejar a un lado el exceso de erotismo y los desnudos completos a favor de lo cómico y satírico.

El gusto más puritano de las clases altas y la llegada de la dictadura de Primo de Rivera logaron borrar del mapa este género ínfimo que había quedado reducido a un mero espectáculo soez del gusto de las clases más bajas, reforzando así el significado peyorativo del adjetivo ínfimo, aunque en un primer momento este solo hubiera hecho alusión a la brevedad del mismo. 

Sin embargo, sobrevivió el cuplé, que recuperaba esa idea del espectáculo compuesto por varias canciones inconexas interpretadas por una mujer y que ya solo insinuaba, pues el aspecto más sexual de estas representaciones tuvo que ir progresivamente desapareciendo, pero seguía divirtiendo con sus cancioncillas pícaras, de temática cotidiana. Fueron muchas las artistas españolas que alcanzaron la fama internacional gracias a este género musical, como La Goya, Raquel Meller, Fornarina o La Bella Chelito.

Imagen de 1932 de una representación "sicalíptica" en Madrid.

Después de la Guerra Civil, el primer franquismo prohibió también el cuplé. Sin embargo, con el paso de los años el género logró resurgir, devolviendo el éxito a estas canciones y permitiendo la aparición de una nueva generación de estrellas conocidas alrededor del mundo por su sensual manera de interpretar estas canciones.

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Artículos Promocionados

Loading...

Publicidad

Suscríbete a nuestra newsletter semanal
Novedades y contenido inédito.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *