‘Girls’: El triunfo de la disfuncionalidad

La gente odia y ama Girls por el mismo motivo: temporada tras temporada vemos desfilar a cuatro mujeres que no sólo se ven envueltas en las situaciones más extrañas, sino que además son expertas en cometer todos los errores del mundo. En CANINO hemos podido ver un adelanto de la última temporada de la serie, que hoy estrena HBO y, como era de prever, todo sigue en (des)orden.

Entiendo y comparto muchas de las críticas que recibe Girls (2012-2017): es insólito que viviendo en Nueva York el personaje de Lena Dunham y sus amigas no tengan más que amigos blancos heterosexuales con la excepción del ex de Hannah (que para colmo es una marica mala y petarda de manual que peca de los peores estereotipos). También se les puede echar en cara que pese a no tener oficio ni beneficio (ningún trabajo les dura más de dos episodios) tienen unos pisazos que sólo en gastos de comunidad podrían consumir sus pingües sueldos. Pero Girls no nos gusta por eso: nos gusta porque no muestra mujeres perfectas, sino de carne y hueso que se despiertan hechas un cromo, que tienen celulitis y kilos de más, que vomitan cuando se emborrachan y que no llevan ropa interior de Agent Provocateur cada vez que ligan. Lo normal, vaya, por mucho que a algunos espectadores les pese. Pero además logra que al verla nos sintamos un poco menos perdedores y disfuncionales y que de paso nos riamos de ello.

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Da igual la edad que tengas: salvo que hayas pasado toda tu adolescencia y juventud en una comunidad de esquimales en el Ártico es más que probable que tú o alguno de tus amigos/as os hayáis visto envueltos en alguna de las situaciones que se dan en Girls, por mucho que te empeñes en relegarla al olvido. Desde sus inicios, Girls ha mostrado situaciones tan embarazosas que en ocasiones puede dejar en anécdota para todos los públicos el más oscuro de tus secretos. Uno de los motivos por los que Jessa (Jemina Kirke) y Hannah (Lena Dunham) se convirtieron de inmediato en los personajes favoritos de la serie es por su capacidad para cagarla a fondo frente a Marnie o Shoshanna, tan perfectas, tan normales, tan sensatas… ¡tan aburridas!

Judd Apatow y Dunham, cocreadores y coproductores de la serie, debieron darse cuenta de que los personajes sin defectos de fábrica no funcionan porque no tardaron en ir a la deriva: de la Shoshanna remilgada de la primera temporada apenas queda nada, y por mucho que Marnie se empeñe en ser “normal”, con boda pija incluida, no lo consigue. El día que vimos a Marnie poniéndose haciendo el ridículo delante de los amigos de su novio cantando el Stronger de Kanye West y a Shoshanna gritando sola en el aeropuerto a su vuelta de Japón, sus personajes dejaron de dar tanta grima: si hay algo que nos gusta más que un perdedor, es ver a alguien poniéndose en evidencia.

La nueva temporada: nuevos propósitos, ¿mismos resultados?

Aviso: en adelante hay spoilers. Nada masivo, pero suficiente como para que dejes de leer si eres picajoso/a.

La temporada final arranca con Hannah contando cómo todo le importa una mierda y además tiene una opinión sobre todos los temas. Lo cuenta jactándose, pero todos sabemos que es lo mismo que ha hecho que esté más sola que la una: lo primero que vemos en esta temporada es que sólo Elijah y Marnie siguen a su lado.

Hannah por fin triunfa en lo profesional, pero en lo personal sigue a la deriva y se ve envuelta en situaciones que nos resultan familiares: si ya la hemos visto sufriendo acoso laboral y haciendo un instinto básico a un profesor, aquí la vemos cayendo en la trampa de un escritor acusado de abusos. Hannah no aprende, y aún se sorprende cuando los amores pasajeros resultan ser justo eso. ¿Será posible que al final sólo busque amor, estabilidad y final feliz?

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Shoshanna y Marnie parecen decididas a poner orden en su vida, la primera centrándose en lo profesional y la segunda en lo personal. Pero Shoshanna termina en reuniones de mujeres profesionales que parecen fraternidades universitarias y Marnie se ve envuelta en situaciones de auténtico terror emocional. La única que está contenta con lo que tiene y no anda persiguiendo metas es Jessa: no sabemos si trabaja, lo único que sabemos es que sigue con Adam y que ambos parecen estar viviendo una luna de miel. Tanta perfección y felicidad no es propia de Girls, así que la única pregunta es por dónde y por qué va a estallar la situación.

Durante años hemos visto cómo las protagonistas de Girls iban dando bandazos y cómo pese a todo se levantaban y seguían adelante. Nos hemos acostumbrado a verlas fracasar y a que nunca les vaya bien todo: o trabajo, o amigos o pareja, pero todo a la vez, imposible. La sexta temporada arranca con unas mujeres algo más adultas, dispuestas a enderezar las cosas y dispuestas a dejar de ser un fracaso con patas. Pero la pregunta no es si lo conseguirán, sino si su público quiere un final feliz.

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