Japón ignoto: 8 mangas que no se han publicado en España (pero deberían)

El auge del manga en España es indiscutible. Y con todo, no se publica ni una centésima parte de lo que se publica en Japón. Ni siquiera un buen pedazo de lo que se publica en países vecinos. Por eso, para ponernos al día, elegimos ocho mangas que, aunque no están publicados (aún), deberían editarse en esta nuestra piel de toro.

El manga ya no es lo que era. En el buen sentido. Donde hace no tantos años la posibilidad de encontrar mangas que se salieran de la norma era prácticamente un milagro, hoy en día las publicaciones se han diversificado hasta un punto donde ya no parece que el manga sea un género monocorde. Y si bien aún no estamos al nivel de salud editorial de países como Francia e Italia, la cosa parece ir mejorando.

Eso no excluye para que haya cierto margen de mejora. Problemas. Ciertos prejuicios heredados de los cuales la industria no consigue deshacerse. Fuera de las novedades y de ciertos autores-fetiche, el manga que se publica en nuestro país sigue siendo bastante uniforme. Falta, en suma, ver al manga tal cual es: un medio sin límites con toda clase de historias.

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Por eso, para la ocasión, hemos elegido un puñado de mangas que creemos deberían publicarse en nuestro país. Y para ello mezclamos géneros, demografías e incluso nos inventamos un par de categorías. Porque todo vale. Porque lo que intentamos es demostrar la riqueza y diversidad de un medio del cual nuestra industria editorial no ha rascado ni la más epidérmica de las superficies. De ahí que, además de cada manga particular que recomendamos, también incluimos una lista de mangas similares, también sin publicar en nuestro país -o si no publicado, sí agotado o difícil de encontrar-, para que, quien lo desee, pueda seguir explorando por su cuenta.




Porque el manga vive un momento dulce, pero todavía está en la cuerda floja. Y si no sabemos asentar unos buenos pilares de futuro, demostrando que es mucho más aventuras en blanco y negro y excepciones de autor, nos arriesgamos a volver a los tiempos oscuros.

Kaguya-sama wa Kokurasetai: Tensai-tachi no Renai Zunousen

Kaguya-sama wa Kokurasetai: Tensai-tachi no Renai Zunousen

A veces cuando se habla de manga parece que siempre se piensa en dos arquetipos bien diferenciados. O bien historias de violencia y superación personal donde hombres jóvenes en un contexto fantástico deben amasar poder para enfrentarse contra enemigos cada vez más y más poderosos o bien historias románticas de instituto colindantes con el abuso donde personajes estilizados de ojos enormes cimentan sus vidas en el hecho de encontrar el amor. Y si bien nada de eso es falso, tampoco explica la totalidad del manga que se publica. No en Japón. Ni siquiera cuando miramos específicamente a las historias románticas de instituto.

Valga de ejemplo Kaguya-sama wa Kokurasetai: Tensai-tachi no Renai Zunousen, serie que combina muchas de las cosas que más nos gustan del manga: humor, un dibujo con personalidad y una premisa fuerte.

Todo transcurre en la academia Shuchi’in, una de las escuelas más prestigiosas de Japón, a la cual sólo pueden permitirse acudir las familias más adineradas. En ese contexto es donde se conocerán Kaguya Shinomiya, heredera de una de las más importantes compañías de Japón, y Miyuki Shirogane, genio adolescente procedente de una familia pobre de solemnidad. Siendo ambos parte del consejo estudiantil, en un momento dado decidieron que su objetivo es conseguir que el otro les declare su amor.

Kaguya-sama wa Kokurasetai: Tensai-tachi no Renai Zunousen

Esa es la lógica subyacente detrás de los personajes. En el amor, como en la guerra, hay vencedores y vencidos, y el que se declara siempre está en una posición de debilidad con respecto del otro. De ese modo, todo gira alrededor de ese supuesto: Kaguya urde planes absurdos para que Miyuki se declare, Miyuki hace lo propio con respecto de Kaguya. Incluso aunque, según avanza la serie, los sentimientos van pesando más que una ideología competitiva absurda y perniciosa.

Con un plantel de secundarios no menos desquiciados que sus protagonistas, un dibujo que utiliza con igual soltura los mecanismos visuales del romance y el terror -hasta el punto de que tuvieron que cambiar la portada del primer tomo en Japón, ya que la gente pensaba que era una historia de terror-, y un inevitable proceso de enamoramiento entre las partes, la obra de Akasaka Aka no es sólo una comedia descacharrante y un romance tierno y adorable, sino también una excelente obra narrativa con grandes resoluciones visuales.

En otras palabras, un manga imprescindible para cualquier aficionado a las viñetas.

¿Y similar a esto?: Re-Life, Nijiro Days, Sayonara Zetsubou-sensei

Yakusoku no Neverland

Yakusoku no Neverland

Antes dijimos que existen dos arquetipos. El romántico y el aventurero. Y si bien parece que, por lo que nos llega aquí, en la Shōnen Jump no publican nada que no esté siguiendo la guía básica del shōnen genérico, buena parte de las series de la revista siguen otros derroteros. No todo son chicos liándose a puñetazos. Ese es el caso de Yakusoku no Neverland, obra del guionista Kaiu Shirai y el dibujante Posuka Demizu.

Siguiendo el día a día de tres huérfanos en un orfanato ubicado en una casa de campo, los días pasan plácidamente mientras esperan ser adoptados por alguna familia dulce y cariñosa. Salvo porque nada es lo que parece. Para empezar, de los tres chicos, la protagonista es una chica, Emma. quien además de ser tan inteligente como los otros dos, es la más físicamente dotada del grupo -disputándose entre Norman y Ray, los otros dos chicos, el papel de genio, aunque sólo sea por ser menos impulsivos que su compañera-. Y también será ella la que descubra que lo que creían una pacífica vida en un orfanato en realidad oculta un oscuro secreto que no sólo afecta a las vidas de los huérfanos que viven allí, sino del mundo entero.

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Comparada con Death Note, haciendo del giro preciso su principal caballo de batalla, este es un thriller con una ejemplar construcción de un mundo y unos personajes mucho más complejos, misteriosos y difíciles de leer, que no de comprender, de lo que parece en primera instancia. Algo que explica las innumerables alabanzas de crítica y público que está cosechando en su país natal.

Con el primer arco recién concluido en Japón, todavía es prematuro que ninguna editorial anuncie su publicación. Pero no nos cabe duda de que esta serie tiene todas las papeletas para ser el próximo gran manga que llegue a nuestro país. Al menos, si se deciden a traerlo y darle el bombo que se merece.

¿Y similar a esto?: Liar Game, Tobaku Mokushiroku Kaiji, Jagaaaaaan

Tsurezure Children

Tsurezure Children

Si bien en España se considera que el manga humorístico no vende bien -cuando se dice exactamente lo mismo del yaoi (manga gay), el yuri (manga lésbico), el shōjo (manga para chicas jóvenes), el josei (manga para mujeres adultas) y todo lo que no sea shōnen (manga para chicos jóvenes) y, sólo recientemente, seinen (manga para hombres adultos)-, en Japón tiene gran predicamento. De ahí que resulte tan sangrante la práctica total ausencia del género en nuestro mercado.

Por diferente que sea, el humor es humor. Y en Japón tienen incluso formatos propios para el mismo. Por ejemplo, el yonkoma.

El yonkoma (o 4koma) es, como su nombre indica, un tipo de manga vehiculado a través de la sucesión de cuatro paneles regulares. Nada más. Tenemos una primera viñeta que nos presenta la situación, una segunda donde se recrudece, una tercera con alguna clase de giro (o gag) y la demostración de las consecuencias en la cuarta. Eso es todo. Narrativa destilada en sus elementos más básicos.

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Por supuesto, el género ha evolucionado a través del tiempo. Actualmente, la temática estudiantil es la reina. Y además del gag en cuatro viñetas, se ha ido estableciendo como canónico que respete el formato del manga, conformando capítulos, autoconclusivos o con continuidad, que vayan más allá del gag puntual al contar historias completas. Algo de lo que sería un ejemplo perfecto Tsurezure Children.

Siguiendo en cada capítulo a una pareja de adolescentes, todos pertenecientes al mismo instituto, Tsurezure Children es una comedia de personajes. Porque aquí, además del romance -siempre entrañable, rara vez, o nunca, cayendo en los tropos más discutibles del mismo-, el encanto es la comedia que surge al ver cómo interactúa cada pareja, cómo busca consejo en el exterior y, en suma, cómo se enredan las cosas por el elemento mínimo característico de toda forma de humor o historia romántica: la incapacidad para decir directamente a las otras personas lo que sentimos o pensamos. Enredos que su autor, Toshiya Wakabayashi, caracteriza con ternura y mucho humor.

¿Y similar a esto?: Gekkan Shoujo Nozaki-kun, K-On!, Lucky Star

Devilman

Devilman

No sólo los géneros se pasan por alto. También el manga clásico tiene un grave problema de visibilidad: a veces parece que sólo exista Osamu Tezuka. Y si bien es lógico por la impronta que tuvo, no es ni de lejos el único autor importante en la creación o la consolidación del manga como género. Hubo otros muchos. Y entre esos olvidados en occidente, uno de los más ninguneados ha sido Gō Nagai.

Aunque conocido en España por ser el autor de Mazinger Z -obra que Nagai siempre consideró inferior a sus obras mayores, más oscuras e interesantes-, su bibliografía escora más hacia las temáticas adultas, con el erotismo y el gore a la cabeza, que hacia las aventuras de corte shōnen más amable. Si es que se puede llamar amable a la serie en que en un robot gigante pega un puñetazo a un edificio y su piloto se hace consciente de que ha matado a decenas de personas al ver a la edificación sangrando. Porque esa es la dinámica tras toda la obra de Nagai. Cierto grado de introspección, no poco erotismo y un interés rayano lo enfermizo con la sangre, la tragedia y la reinterpretación creativa de diversos motivos mitológicos.

Por eso resulta tan vergonzoso que aún no haya sido traducida la que ha sido la más influyente de todas sus obras, Devilman.

Devilman

Todo comienza cuando Akira Fudo, tras morir sus padres en un viaje al ártico, se queda a vivir con la familia de Miki Makimura, amigos de la familia y benefactores del chico huérfano. El problema llegará cuando, engañado por Ryo Asuka, su mejor amigo, se ponga una máscara descubierta en un antiguo templo maya que lo hará ser poseído por un antiguo demonio encadenado a la misma. Con las puertas del infierno abiertas y Akira intentando contener al demonio que tiene dentro, el héroe sólo tendrá dos posibilidades: o morir como cualquier otra persona o utilizar sus recién adquiridos poderes para frenar en seco la invasión demoniaca que está viviendo. Pero, para su desgracia, su elección poco importará cuando ni humanos ni demonios estén dispuesto a aceptarle.

Con gran influencia sobre la obra de Hirohiko Araki y Hideaki Anno, Devilman es, además de una historia repleta de violencia, una tristísima narración sobre un hombre marginado que va viendo cómo le arrebatan su vida, pieza a pieza, sin poder evitarlo ni dejar de lado aquello que le hace diferente. Especial. Ni demonio ni humano.

Considerando que el manga tendrá nueva adaptación al anime en 2018, vía Netflix, de la mano de Masaaki Yuasa, autor de maravillas como Ping Pong. The Animation o Mind Game, no es mala ocasión para que nuestra industria editorial solvente la criminal ausencia de Devilman.

¿Y similar a esto?: Kamen Rider, Kochikame, Tiger Mask

Kamui Den

Kamui Den

Vayamos un paso más allá. No es sólo que el manga clásico no sólo sea Tezuka, sino que tampoco es sólo su mainstream. Y si bien se ha celebrado de forma generalizada el rescate de la obra de Yoshiharu Tsuge, que es excelente, eso no debería servirnos de excusa para no seguir hurgando. Para no fijarnos en donde publicaba. Porque Tsuge tal vez nunca hubiera existido sin la revista Garo.

La revista Garo fue una revista japonesa de manga alternativo y experimental fundada por Katsuichi Nagai en 1964 con la ayuda de Sanpei Shirato. Por allí aparecieron toda clase de autores, muchos de ellos bien conocidos para el público español, como por ejemplo el ya mentado Yoshiharu Tsuge, pero también Suehiro Maruo o Usamaru Furuya. Pero no será de ellos de los que hablemos. Ni siquiera de las no pocas mujeres –Nekojiru, Kiriko Nananan, Shungicu Uchida, Hinako Sugiura– que encontraron en la revista un espacio propio en el que crear. No cuando la revista en sí se merecería su propio artículo. Pero dada su indisoluble unión con la revista, aprovecharemos para reivindicar Kamui-den, la opera magna de Sanpei Shirato.

Kamui Den

En Kamui-den nos encontramos la historia de un joven de familia humilde, Kamui, que por diversas circunstancias se verá obligado a convertirse en ninja. Con todo, Kamui ejerce más el papel de narrador que de protagonista. De ese modo, el verdadero personaje central de la trama serán los conflictos políticos y sociales que se suceden en el pequeño feudo de Hioki. A través de su historia se van retratando los diferentes estamentos sociales y, siguiendo la ideología marxista de su autor, reflejar la sociedad feudal japonesa.

Y para quien quiera leer entre líneas, no sólo la perversidad de la sociedad feudal o sólo de la japonesa.

Considerada una de las grandes obras de su tiempo, es la que tiene más difícil de llegar a librerías de cuantas hemos nombrado. Por desgracia, Sanpei Shirato se niega rotundamente a que se reedite su obra. Por extensión, sólo nos cabe esperar que, como en el caso de Tsuge, acabe cambiando de opinión y, tarde o temprano, podamos disfrutar de su obra en nuestro país.

¿Y similar a esto?: Nekojiru, Blue Sky, Minami-kun no Koibito

Cat Eyed Boy

Cat Eyed Boy

Hemos nombrado a Maruo. También a Furuya. Hemos criticado abiertamente el tezukacentrismo que sufre en ocasiones el manga más clásico. Y si incluimos en la ecuación al ínclito Junji Ito, maestro y señor del manga de terror contemporáneo, es fácil ver de qué vamos a hablar ahora. Porque Ito también tuvo un maestro. Y uno, además, muy bueno.

Kazuo Umezu es el decano del manga de terror. Sin ninguna querencia particular, pudiendo ir del terror gótico al gore más salvaje, pero siempre explorando los límites del género y con una preferencia particular por lo desagradable y los niños muertos, su obra es lo suficientemente extensa, extraña e idiosincrática como para que elegir un único trabajo resulte, en el mejor de los casos, absurdo. Pero ante la necesidad, elegimos uno que puede resonar fácilmente con los gustos occidentales: Cat Eyed Boy.

Cat Eyed Boy

Odiado por monstruos y humanos por igual, todas las aventuras de Cat Eyed Boy, un chico gato de diseño adorable, son siempre capítulos autoconclusivos donde su único nexo en común es el hecho de que las narra su personaje protagonista y que son alguna clase de conflicto entre humanos y monstruos en el cual se ve envuelto. Todo ello para acabar siempre del mismo modo: despreciado por ambos lados, incomprendido y solo, teniendo que moverse hacia algún otro lugar donde, por fin, tal vez le acepten y le permitan vivir sin tener que temer persecuciones o represalias.

Combinando la parte más introspectiva y melancólica con su pasión por el terror, Cat Eyed Boy es, seguramente, la puerta de entrada más accesible al mundo del maestro Umezu. Especialmente considerando que en España ya se intentó publicar Clase a la deriva, obra maestra absoluta pero que no vendió más de 500 ejemplares por tomo. Pero igual que Inio Asano en su momento no vendió más que migajas y en el rescate de su obra se ha convertido en un imprescindible moderno en cualquier estantería que se precie, ¿por qué no iba a poder pasar lo mismo con alguien tan reconocido en su país natal, y al que el propio Ito reconoce como su maestro, como es el caso del extravagante Umezu?

¿Y similar a esto?: Petshop of Horrors, Kami no Hidarite, Akuma no Migite, Orochi: Blood

Shinya Shokudō

Shinya Shokudō

Hablemos de un género que por sí mismo en occidente no consideramos un género. Hablemos del género de la cocina. Porque en Japón se toman la comida de otro modo. Cada generación tiene su propio gran manga sobre cocina y, dentro de los temas, digamos, no estrictamente adscritos a un género, ya que no tiene ninguna clasificación demográfica como tienen los otros géneros, el de la preparación y degustación de comida es tal vez el más explotado dentro del manga. Hablamos de Japón, el país que vio nacer esa obra maestra conocida como Iron Chef. El país donde saben que comer es un asunto serio.

Por supuesto, la comida es muchas veces excusa para otra cosa. Para poder apreciar los dramas de las personas que se sientan delante de un plato; cada situación de la vida tiene una receta que puede arrojar luz sobre nuestras circunstancias. Sólo hay que tener la suficiente imaginación para verlo. O cuanto menos, la sensibilidad como para querer darse cuenta.

Shinya Shokudō

Shinya Shokudō, más conocida como Midnight Diner por la serie de televisión hómonima -que, además, está disponible en Netflix-, trata sobre lo que dice su nombre. Sobre un restaurante que sólo abre a medianoche. La particularidad del mismo es que su regente hará cualquier receta que le pidan sus clientes, siendo sus platos y los clientes los auténticos protagonistas de sus historias. Historias peculiares, tristes y entrañables como sólo pueden serlo las de los parroquianos de un restaurante al cual sólo se puede acudir a esas horas.

Ganador del prestigioso Shogakukan Manga Award en el 2007, esta obra de Yarō Abe de dibujo sencillo y narrativa reconfortante tiene una generosa recepción en su país natal. Y con razón. Porque, ¿qué hay mejor que una historia cálida delante de un buen plato de comida?

¿Y similar a esto?: Wakako-zake , Tonkatsu DJ Agetarō, Shirokuma Coffee

Shōwa Genroku Rakugo Shinjū

Shōwa Genroku Rakugo Shinjū

Hemos hablado de todos los olvidados de la industria editorial occidental. Del manga humorístico, del experimental, del clásico e incluso del de terror y el de cocina. Pero nos hemos dejado fuera un colectivo. No exactamente fuera, pues está presente de uno u otro modo en todas las obras anteriores, pero sí que hemos evitado señalar cómo, en España, se las ha ninguneado. En femenino, porque no hablamos sólo de mujeres, sino de un género del manga que está enfocado específicamente hacia ellas: el josei.

En el josei, como en el seinen, las señales de género son casi testimoniales. El hecho de que una obra se considere josei o seinen tienen que ver con que sean publicadas en una revista enfocada a esa demografía, siendo, esencialmente, la misma clase de mangas: historias con enfoques adultos. Esto puede significar tanto que hay un mayor contenido violento o sexual, pero también que su temática o tono es más adulto. Algo que puede significar que sus personajes son adultos como que trata sobre la vida de oficina o tiene un componente psicológico o filosófico más marcado. Por eso, para diferenciar un josei de un seinen, el único modo de hacerlo es fijarse en qué revista lo publica. Pero así y con todo, la cantidad de josei que se publica en nuestro país en comparación con el seinen es ridícula. Y casualmente, las pocas mujeres que se publican aquí son las que publican en revistas de esta última demografía.

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Sirva eso para hacer una doble reivindicación. Que traigan más josei, un género que está publicando multitud de joyas pero que a las editoriales de nuestro país parece que les produzca urticaria -como, podría decirse, cualquier obra firmada por mujeres-, y que para empezar bien podrían hacerlo con Shōwa Genroku Rakugo Shinjū.

Ya hemos hablado mucho al respecto del anime que adapta este manga. Por eso sólo cabe decir lo básico. Que es una historia de personajes siguiendo la historia de un maestro de rakugo, una forma de teatro japonés basada en monólogos, y sus conflictos con un antiguo compañero, con su discípulo y cómo todo ello se va hilando con el destino presente, pasado y futuro de su vida y del propio rakugo.

Contando con que el anime ya es una obra de culto contemporánea, ¿qué esperaban las editoriales para traer el manga? ¿Por qué siguen sin apostar por el josei? ¿O es que, acaso, vamos a tener que vivir para siempre con los mismos prejuicios?

¿Y similar a esto?: Kiroi Hon, Honey and Clover, Chihayafuru

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Un comentario

  1. Juan dice:

    Kamui fue parcialmente publicado por Planeta en los 90

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