Magos de las mentiras: Baldomera Larra, Bernard L. Madoff y el Sistema de Ponzi

The Wizard of Lies, película de producción propia de la HBO, adapta el libro de homónimo de la periodista Diana B. Henriques sobre la entrevista que esta redactora le hizo a Bernard L. Madoff (interpretado aquí por Robert De Niro), el respetado inversor estadounidense al que le cayeron 150 años de prisión por montar un fraude del tipo “sistema de Ponzi”.

Pese a que The Wizard of Lies no ofrece nada nuevo que no hayamos visto en un telefilm de sobremesa y sirva únicamente como cine-documento sobre la crisis económica del 2008 (al estilo de Margin Call -2011-), hay que valorar cómo muestra la huida hacia delante del capitalismo salvaje del siglo XXI, ejemplificándolo con la figura de Madoff y los “sistemas de Ponzi”, una forma de estafa que siempre está condenada al fracaso.




Tenemos que ser justos con nuestra identidad nacional: hay bastantes ejemplos de “españolidad” que resultan que no fueron invento de españoles. Se desconoce el origen del Himno Español; la canción del “yo soy español, español, español”, es el Kalinga ruso; Que viva España de Manolo Escobar es una adaptación de la tonada holandesa de Christina Bervoets Eviva España; y las “españoladas” tampoco son un invento español sino que vienen de los Heimatfilm alemanes tal y como Reflexiones de Repronto nos hizo saber. Todo esto ya nos debería hacer pensar que nuestro sistema de valores culturales sobre cómo ser español está en la quiebra.

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Pero también resulta justo que se nos reconozca alguna que otra cosa que los españoles hemos hecho, más allá de Ramón Mercader, la fregona o el autogiro. No fue Carlo Ponzi el que inventó la estafa que lleva su nombre si no que se trató de una española. Baldomera Larra Wetoret fue nuestra maga de las mentiras.

Hija de Mariano José de Larra, Baldomera fue la primera persona (que se sepa) en poner en marcha lo que luego se llamaría “sistema Ponzi”, que se suele confundir con otro timo parecido, el “fraude piramidal”. La línea que une a Baldomera con Bernard Madoff es mucho menos sutil de lo que podría parecer. De hecho, la historia económica del largo siglo XXI no es otra cosa que un “sistema de Ponzi”. Así como podríamos decir que su padre Mariano José inventó una forma de periodismo relacionada con la literatura que aún hoy perdura entre escritores (Javier Marías quejándose de los millennials no deja de ser esto mismo), su hija se adelantó a las prácticas habituales hoy en día de los bancos sin escrúpulos, de fondos ninja o de los timadores de la gente rica. Porque si el sistema Ponzi dejó algo al descubierto fue que no solo se puede timar a la gente boba, sino que los muy ricos y preparados para la vida moderna caen ante la seducción de la confianza y las ganancias rápidas.

¿Qué es el Sistema Ponzi?

El “Ponzi scheme” no tiene una traducción adecuada. Se suele utilizar la traducción literal “esquema (de) Ponzi” debido a la polisemia de “scheme”. Significa tanto “sistema”, como “ardid” o también “tramar”. Lo más adecuado en castellano sería llamarlo “trama Ponzi” porque “tramar” tiene también esa connotación polisémica. Sin embargo, prefiero la idea de sistema, pues el entramado de Baldomera se asienta sobre un conjunto de reglas lógicas y racionales. Que la lógica sea que al final todo se va a ir al garete no impide que sea racional o resulte ilógico. Los mercados también funcionan con la lógica suicida de un lemmining que es bastante racional.

El sistema de Ponzi es muy arriesgado. El timador le pide a la víctima que le preste una cantidad de dinero para una inversión y en breve se la devolverá con un interés elevadísimo; por lo general el doble de lo que se ha pagado. Pero, ¿cómo se puede devolver el dinero multiplicado por dos si no se invirtió? Sencillo: buscas a otra víctima. De esta manera uno paga lo que le debe a otro con el dinero de un tercero. Y lo que debe al tercero lo pagas con un cuarto, y así sucesivamente. El mayor problema de un sistema Ponzi es que crece desmesuradamente como la burbuja que es, por lo que es necesario cada vez más dinero y más víctimas para mantenerse. Es cierto que la mayor parte de los inversores son los mismos que ya lo hicieron: lo habitual es que al ver las ganancias que proporciona el fondo nunca saquen su dinero. Pero no hay que engañarse: todo sistema de Ponzi está condenado al fracaso.

Carlo Ponzi

Carlo Ponzi

Muchas veces se dice que un sistema de Ponzi es una estafa piramidal, pero pese a compartir similitudes bastante razonables, las diferencias son sustanciales. En la estafa piramidal la victima sabe qué compra (por ejemplo, oro) y conoce todos los riesgos de la operación (aunque no sabe que es una estafa) y que si quiere ganar (o recuperar) el dinero debe meter en el negocio a más personas. Es decir, las ganancias no dependen de la inversión inicial para la vícitma y se les hace conscientes de ello. De esta forma, si dibujásemos una figura de las conexiones entre victimas y victimarios se acabaría formando una pirámide. En cambio, los sistemas Ponzi no necesitan que las víctimas busquen nuevos inversores para recuperar su dinero.

Los sistemas de pirámide tardan menos en colapsar que los Ponzi debido a su frágil estructura, pero el estafador tiene más opciones de escapar con el dinero ya que el timo ya está hecho solo con los primeros timados; el sistema Ponzi ofrece menos ganancias al timador que el piramidal y pese a estar condenado a fracasar puede mantenerse durante mucho más tiempo.

Si uno ve el tren de vida de Madoff y los bienes que se subastaron después de ser encarcelado podía pensar que eso de “pocas ganancias” es una broma de mal gusto. El caso de Madoff es especial porque su estafa fue masiva, duró más de 20 años y los fondos de inversión que manejaba eran espectaculares. Por poco que ganase con cada transacción vivió como un rey, por no mencionar que el sistema de confianza que supo mantener hasta su caída era el mayor valor en su mercado particular. Por otra parte, manejar dinero y ostentar no implica, necesariamente, tener dinero. Es más, una de las estratagemas clásicas en este tipo de estafas es aparentar más de lo que se es. Tiene sentido: ¿le confiaría alguien 200.000 dólares a un tipo que va en un Seat del año 86?

El sistema de Baldomera

Baldomera Larra tuvo poco tiempo para conocer a su padre. Mariano José de Larra se pegó un tiro en la sien cuando la niña tenía cuatro años. Ella era la hija menor del matrimonio que Larra contrajo con Josefa Wetoret; un matrimonio que fue mal desde el primer día pero del que salieron tres hijos.

Aunque no se sabe mucho sobre su vida conocemos que su hermana fue amante de Amadeo de Saboya, rey por aquel entonces, y que ella se casó con el Médico Real Carlos de Montemayor, de lo que se puede inferir rápidamente que sus contactos con personalidades de relumbrón de mediados del siglo XIX eran habituales. Cuando Alfonso XII accede al trono, Amadeo de Saboya se ve obligado a salir del país y todos los “afrancesados” trataron de escapar del barco mientras se hundía. Montemayor abandonará a Baldomera Larra yéndose a América de un día para otro.

Dejarla plantada en Madrid le salió caro a la pobre mujer, que comenzó a pedir préstamos que debía devolver a gran interés. Tal y como plantea en hipótesis Rosana Torres, puede que ahí estuviese la inspiración del sistema de Baldomera. La hija de Larra comenzó a recaudar dinero bajo la siguiente premisa: compraba una onza de oro y al mes ganaba otra, si alguien invertía con ella en ese negocio  ganaría un 30% de lo invertido a final de mes. Para darle una apariencia de Verdad con mayúsculas, Baldomera comenzó a ostentar signos de riqueza, como si poseyese una fortuna indomable, de tal forma que su éxito sirviese de garante ante la posible estafa. Y no fue mala idea porque aún hoy en día sabios contemporáneos, como el periodista Francisco Marhuenda, creen que “¿Para qué va a robar un rico si ya tiene dinero?”, como si escaseasen casos de estos a lo largo de la historia de la humanidad.

Baldomera Larra

Baldomera consiguió tanto dinero que fundó La caja de imposiciones, que tuvo varias sedes, como una en la Plaza de La Paja donde ahora está el espacio social del que el barrio de Lavapiés se hizo cargo para frenar la especulación. Se dice que había colas que daban la vuelta al edificio. Se estima que Baldomera se hizo con unos 22 millones de reales y afectó a unas 5000 personas. Un buen día, suponemos que cuando el sistema de Baldomera comenzó a expirar, cogió sus cosas, el dinero que quedaba y huyó de España.

Baldomera recibió el mote de la “reina de los pobres” y la llamaban la “patillas” por la forma en la que arreglaba su pelo. Su plan alcanzó gran popularidad dentro y fuera de las fronteras españolas, como demuestra que su caso apareciese en Le Figaro. Además, el afilado ingenio español hizo de su estafa dos canciones, El gran camelo de Dª Baldomera y Doña Baldomera , “polka de 1 peseta por 5 pesetas” cuyo autor se hace llamar el maestro Veinte por ciento. Nadie da duros a peseta, que se suele decir.

Con orden de búsqueda y captura se la encontrará viviendo en Francia. Juzgada en España, se la condena a seis años de prisión, mientras que a su cómplice varón se le deja en libertad. Como puede observarse, las penas de este tipo siguen siendo igual de generosas tanto hoy como hace siglo y medio. Da que pensar si no será mejor lanzarse a delinquir incluso aunque las prisiones del 1850 fuesen mucho más duras. El giro de la trama viene cuando se lanzó una iniciativa, el Change.org del momento, para pedir que se pusiera en libertad a Baldomera. Como se dijo, contaba con bastante apoyo popular y, en realidad, había gente que ganó dinero con sus actividades: nada nuevo bajo el sol de las relaciones clientelares. El caso es que el documento lo firmaron tanto personas muy humildes como aristócratas, y Baldomera salió de la cárcel antes de cumplir su condena por completo. Después no queda claro qué hizo pero parece bastante probable que se fuese a vivir a Buenos Aires. En cualquier caso, la pista se perdió.

La confianza es cosa de un sistema

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Entre el sistema de Baldomera y la práctica de los bancos existe una diferencia sustancial aunque no tan grande. Lo que los bancos hacen, sostenidos bajo la idea de confianza, es en muchos casos pagar sus negocios con el dinero de otros inversores. La diferencia fundamental, se entiende, es que los bancos están sometidos a sistemas de control que validan la confianza entre clientes y oficinas bancarias. Sin embargo, el 2008 nos dejó a todos una crisis cuyo fundamento fue, precisamente, la ruptura de la confianza entre los sistemas de control y aquellos a los que sirven. La crisis también demostró que aunque nadie se fie de los bancos no te queda más remedio que aguantar porque no existe un modelo alternativo.

Madoff fue a la cárcel cuando estalló la crisis del 2008: la inestabilidad del mercado estaba provocando que los inversores en la empresa de Madoff retirasen su dinero. Ante las presiones, Madoff confesó a sus hijos y fue detenido. En el juicio fue condenado a 150 años de prisión y aún cumple condena. La empresa que auditaba a Madoff contaba solo con 3 personas, una de ellas un jubilado de 78 años. Parece bastante justo afirmar que uno de los motivos de la crisis fueron los sistemas de control.

Da bastante vértigo pensar que todo el sistema bancario es similar a un sistema de Ponzi (o mejor, de Baldomera). Lo peor de todo es que hemos tenido bastantes casos que respaldan este temor: Sofico (1974), Fidecaya (1982), Banesto (1993), Patrick Bennett (1996), Gescartera (2001), Haligiannis (2005), Fórum Filatélico (2006), Nueva Rumasa (2011)… Todos suelen tener algo más en común: alguien advierte a las comisiones que controlan las finanzas de estas empresas de que lo que sucede debe en los libros de contabilidad debe de ser ilegal simplemente porque hace las cuentas oportunas y determina que “nadie da duros a peseta”.

The Wizard of Lies

En muchos de estos casos y en otros como en el “fraude de las preferentes” se ha alegado tanto como defensa como para atacar que los afectados sabían dónde se metían con su dinero y los riesgos que tenía el negocio. Pero no es cierto por muchos motivos. El fundamental es que los estafadores saben maquillar la verdad con estratagemas en las que caen incluso las personas cultas y conocedoras del sistema financiero. De hecho, un sistema de Baldomera difícilmente puede sostenerse solo con el dinero de personas pobres. Si Madoff pudo mantener por tanto tiempo su sistema fue porque estafaba cantidades sonrojantes de dinero a empresas y particulares.

Por supuesto, los particulares perdieron su dinero mientras que las empresas fueron rescatadas con el dinero de otros particulares. Pagar deuda con deuda, comprar una tarjeta de crédito para pagar las deudas de la otra.

¿Sociopatas?

Meterse en un sistema de Ponzi parece la aventura de un loco, una espiral de avaricia que necesita alimentarse a toda costa porque el más mínimo fallo supondrá la bancarrota y que la policía llame a tu puerta. El daño que se produce es masivo y a propósito porque todo el mundo sabe que un sistema de Ponzi está condenado al fracaso. ¿Por qué hacerlo?

The Wizard of Lies

Baldomera Larra al menos tenía una excusa si la comparamos con Madoff: una mujer sola en el siglo XIX acostumbrada a vivir bien se ve desamparada por un marido que la abandona. Parece razonable que la desesperación le llevase a cometer la estafa. Pero, ¿por qué no paró antes? Madoff ya lo tenía todo pero se convirtió en una máquina de generar confianza. ¿Cuál era su objetivo? Según declaró a la periodista Diana B. Henriques pensaba entregarse antes de que le detuviesen porque no aguantaba más la situación, pero no pareció muy convincente esta declaración. Charles Ponzi era un criminal que se había dedicado a muchas actividades de ese tipo y su perfil se aleja del de Madoff o Baldomera. ¿Podríamos encontrar algo en común?

Una de las hipótesis que se manejan sobre este tipo de personas es que son sociópatas. Baldomera, Ponzi o Madoff son personas a las que la empatía les patina bastante. La película de HBO The Wizard of Lies plantea también este interrogante porque al personaje de Madoff (como al Madoff real) siempre se le ve tranquilo y con esa actitud ante lo que pasa de no se sabe muy bien si es resignación, estoicismo o que todo se la bufa.

Robert De Niro, que interpreta a Madoff, contestó a Variety sobre esta cuestión: “Lo único que creo saber es que ni sus hijos ni su mujer sabían nada del asunto… lo que hizo va más allá de mi compresión. Debe de haber algún tipo de desconexión de algún tipo que me gustaría ser capaz de comprender.” Diana B. Henriques lo tiene claro: “Sí que lo es [un sociópata]… no creo que te puedas conducir por la vida con esa falta de empatía por la devastación que has causado, así que es justo que te den esa definición”.

El auténtico Madoff

El auténtico Madoff

Para completar el retrato, Gregg O. McCrary, un antiguo agente del F.B.I. encargado de construir perfiles de criminales, alude a la habilidad de los psicópatas para controlar la mente de los demás: “La gente como [Madoff] son como camaleones. Son muy buenos manejando la impresión que dan… saben lo que quiere la gente y se lo dan”. ¿Podríamos aplicar esto mismo a Blesa, Rato o Mario Conde? La diferencia entre un psicópata y los estafadores como Madoff es, según ese artículo del New York Times, que los primeros deciden sobre la vida y la muerte de las personas como si fueran Dios; los segundos lo hacen sobre la vida económica. El mecanismo mental es el mismo.

En un momento de The Wizard of Lies, Diana B. Henriques (que se interpreta a sí misma en el film) le pregunta a Madoff sobre qué hacía para ganarse la confianza de la gente? Madoff le responde les decía: no pongáis más de la mitad de vuestro dinero conmigo. No lo hagáis. ¿Quién sabe? A lo mejor me vuelvo loco. Pero la gente [lo hacía] porque es avariciosa”. A lo que Henriques le replica: “Pero aún así cogía su dinero”.

Unas palabras de Baldomera sobre la seguridad de su negocio resuenan como un cámara de eco sobre las de Madoff: “Si le preguntaba cuál era la garantía de la Caja de imposiciones en caso de quiebra, contestaba impertérrita: “¿Garantía?, una sola: el Viaducto“. Para el que no lo sepa, el Viaducto fue un lugar de transito entre la vida y la muerte del suicida en Madrid durante muchos años. ¿A quién les hablaban estos dos en realidad?¿ A sus víctimas en una especie de arrebato de compasión? ¿A ellos mismos refiriéndose al futuro que les espera cuando les pillen?

Miguel Blesa

Miguel Blesa

El título The Wizard of Lies recuerda al del libro Rato: el gran artífice. Rodrigo Rato también tuvo un largo momento de gloria antes de caer en desgracia. Al igual que Madoff contó con la confianza de grandes instituciones financieras internacionales. Lo de “mago” es más oportuno que nunca. Siempre se utiliza esta expresión para definir a personas tienen a las que se les atribuyen habilidades únicas, en este caso para hacer dinero. Sin embargo, revela algo mucho más perturbador: la economía tiene mucho más de mística que de ciencia, y, sobre todo, que seguimos en manos de druidas.

En 2013 se hicieron famosos los correos de Miguel Blesa sobre las preferentes en las estafa de Bankia. En ellas se alegraba de haber colocado “un record histórico de preferentes” en un solo día incluso sabiendo que “habíamos engañado a los clientes”. En esos mismos correos se apunta a que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), los que deberían haber garantizado la seguridad de los inversores, estaba en proceso de permitir todo el chanchullo de las preferentes. Mientras tanto Caja Madrid se convertía en Bankia y pasaba a Bolsa a sabiendas de que tarde o temprano iba a descubrirse todo el pastel.

Porque si algo han aprendido los que utilizan los sistemas de Ponzi es que el capitalismo siempre es una huida hacia delante hasta que te pillen mientras lo demás colapsa. Un juego de manos.

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