[Crítica] ‘Mandy-candy.com’ – No vives si no lo enseñas

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¿Te has masturbado alguna vez delante de una pantalla? Actualmente, internet es una fuente inagotable de material pornográfico. De este, cada vez más lo encontramos en páginas de “rollo amateur”, personajes anónimos que bien podrían ser tus vecinos, mostrando su intimidad física y sexual para disfrute colectivo. Mandy-candy.com es uno de esos lugares. Y Kate es la chica que está detrás. Enseñándole el coño a América y recorriendo el oeste de los EE.UU a ritmo de rock.

¿Cuántas veces te has conectado hoy? La pregunta con la que los telediarios comienzan todos sus reportajes acerca del fenómeno internet, 25 años después de su nacimiento -hace bien poco que Facebook nos lo recordaba-, no deja de tener su miga. De hecho, el interrogante de “las veces” nos indica que todavía hay algún momento de nuestra existencia en la que no nos encontramos conectados. ¿Cuántas veces? No: la pregunta es… ¿cuándo eres capaz de desconectar?

Las redes sociales forman ya parte de nuestro día, facilitándonos -dejemos de lado los debates sobre intimidad y uso de datos personales- transacciones tan cotidianas como las de apañar viajes, comprar e incluso ligar. Y, cómo no, follar. Y, en el peregrino caso de que la transacción carnal no resulte, o de que no nos apetezca, o de que prefieres tu mano derecha que la de cualquier errante interesado, la red de redes se transforma en una inagotable fuente de onanismo. Desde YouPorn a PornHub, las posibilidades son ilimitadas. Mandy-candy.com tan solo es una de esas muchas ventanitas abiertas al mundo, en este caso, con el propósito de… enseñarle su coño yanki. Mandy-candy.com no esconde su propósito en ningún momento, y ya en la primera página deja claro que “me dedico a enseñarle el coño a América. Me gusta”.

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Ahora, la pregunta que cualquier ciudadano bienpensante, de inflexible moral de herencia judeocristiana, de hipócrita aunque efectiva tendencia a colarse en Mandy-candy.com en sus ratos muertos, se preguntaría es… ¿por qué? ¿Por qué una muchacha que roza la veintena, inteligente, ambiciosa, con sensibilidad artística y capacidad de raciocinio elegiría, por propia iniciativa, dedicar su efervescente energía juvenil a colocarse delante de una webcam y mostrar sus turgentes atributos a una masa anónima?

Asier Triguero (Bilbao, 1983) no llega a caer en la hipocresía de la cuestión con su libro Mandy-candy.com, partiendo como elemento detonante de otro tipo de planteamiento: no es el por qué ni la razón, preguntas que no dejan de tener un poso de sentencia por parte del curioso. Se trata de lo que hay detrás de la razón. Se trata de la necesidad. Como buen sociólogo, el escritor vasco ahonda en una sociedad que ha dejado de vivir y se dedica a enseñar, a mostrar, al show como forma de vida: “Hay muchas formas de enseñarle el coño a América. Una forma es la de los YouTubers. Otra forma es la de los escritores que tienen un blog. Y otra forma es la de los actores, en la gran pantalla. Y otra forma es la de las actrices porno como tal. Precisamente uno de los puntos fuertes que intento plasmar en la novela es la relación que tiene la protagonista, que abre su alma de esa forma, con lo más físico, con lo más directo: echo un polvo con mi novio y lo grabo y lo subo, y que lo vea todo el mundo, y la relación que tiene un escritor que está de paso en California, y que hace lo mismo en una página web, escribiendo unos relatos. Que no soy yo, por supuesto. La relación que tienen esas dos personas es uno de los ejes conductores. Hay muchas formas de estar expuesto en esta vida. Y hoy en día, incluso hay un concepto súper moderno que se llama extimidad. La necesidad de exponer tu intimidad en las redes sociales, a través de la distancia que te dan las redes sociales. La vida californiana está totalmente expuesta. En realidad, la vida que hay ahora. Tú puedes hacer cosas maravillosas, que si no lo cuentas en Instagram o en Twitter, da igual. De ahí nace un poco toda la idea. Yo abro mi alma y tú abres tus patas. No vives si no lo enseñas.”, explica Triguero.

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Mandy-candy.com es Kate, una joven californiana de clase media-alta, fiel representante de la cultura millennial. “No vives si no lo enseñas”, y ella vive mucho. Mucho y muy rápido, como mandan los cánones de la juventud. Una muchacha que no tiene reparos en pulsar el rec que conecta su intimidad sexual con el resto del planeta. Proto-actriz porno por propia iniciativa y voluntad. El problema, el desencadenante de la acción -dicho en términos cinematográficos- viene al comenzar a ser demasiado visitada, demasiado conocida. El anonimato que concede la red no es infinito, al menos no siempre. La huida hacia delante que conlleva la ansiedad de la auto-consciencia (tanto por parte de ella misma, como de los demás), de someterse al juicio ni pedido ni buscado de una sociedad de base profundamente heteropatriarcal y religiosa, es lo que Asier Triguero nos narra.

La extimidad, un concepto acuñado por Lacan allá por 1958, es la clave: “El porno es una cosa que siempre me ha hecho mucha gracia. La novela arranca en el punto en el que ella deja de ser amateur y empieza a ser bastante conocida. Y empiezan a darle estos ataques de pánico, al sentir que la reconocen. Y sigue haciéndolo. El tema del sexo siempre da mucho juego en las historias, no entendido como ’50 sombras de Grey’ simplemente para vender, no. La literatura tiene que ser la vida, y en la vida está el sexo. Me encanta el juego que dan los tabús, ver una actriz porno en público y fingir que no la conoces. Cuando quedé con Amarna Miller para entregarle el manuscrito, nos citamos en una cafetería de Malasaña, y había miradas de gente que la conocía, pero como estaba con la pareja… hacían como que no miraban. Había otros que sí, porque Amarna en cierta forma es ese tipo de actriz porno que no te importa reconocer que la reconoces, porque hace otras cosas. Eso da mucho juego”, comenta el autor.

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Amarna Miller (Madrid, 1990), es otra de las piedras sobre las que se ha construido Mandy-candy.com, aunque no a priori, dado que Asier Triguero desconocía su existencia hasta hace bien poco. El momento en el que el escritor vasco se encuentra con esta Kate real (también pelirroja, también estudiante de Bellas Artes, también iniciada en la industria del porno de manera autodidacta y casi intelectual) resultó catártico. Tanto, que la tentación de pedir a la conocida actriz porno que formase parte de esta aventura, aunque fuera a modo de prologuista, fue enorme.

En su prólogo, Amarna nos sumerge en la realidad de una mujer cualquiera, anónima, que pasea por una calle que bien podría ser la de cualquier ciudad. De nuevo, la intimidad se funde con lo público. Lo anónimo como lugar de encuentro. La extimidad como la necesidad de hacerse único, de demostrar nuestra esencia, de diferenciarnos de la masa como seres especiales y únicos. La pregunta real es, ¿por qué Mandy-candy.com? Responde Triguero que “Hace poco leí una frase de Vargas-Llosa, ‘no es el escritor quien escoge los temas, sino que es el tema quien les escoge a ellos’, o algo así. Yo no me puse a pensar: ‘voy a escribir una historia de una joven actriz porno que, de repente un día, se le pone en la cabeza empezar a subir vídeos porno’. Pues no. Me llega, pero una vez que me pongo a escribirlo, intento darle coherencia a eso que me ha llegado. Intento darle una coherencia casi cinematográfica. De hecho, en un principio me costó mucho. Mis dos primeras novelas transcurren en un lapso de dos días, porque me parecía un fraude eso de ‘y pasaron dos semanas’. ¿Cómo que pasaron dos semanas? ¿Y qué ha pasado en esas dos semanas? Mi mente iba siempre en continuo. Y la historia que se te va planteando, según la vas escribiendo, dices ‘esto no puede ser en dos o tres días’. Y si tengo que seguir ese ritmo, tengo que cortar, porque no puedo escribir una novela de mil doscientas páginas. Porque no quiero torturar a los lectores, ni a mí mismo. Como todo en esta vida, la cosa está en ir aprendiendo, y al final encuentras la fórmula”.

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Esta road movie por el oeste de los EE.UU, desarrollada a ritmo de rock -la novela incorpora una playlist de Spotify con la que acompañar la lectura (“El 75% del libro se lo debo a Greatful Dead)- no deja de abanderar un punto de vista abierto y feminista, igualitario, sobre la importancia de la invisible sexualidad femenina. En una industria en la que el papel principal y protagonista (hablamos del porno hetero-normativo) lo ocupa la mujer, no deja de ser paradójico la ausencia de respeto por las actrices que ocupan este puesto de trabajo, tan visible y tan invisible a la vez: “Los personajes fundamentales de lo que escribo suelen ser mujeres. Hablando simplemente en términos pornográficos, la cara del tío no importa, sólo cuenta su polla. Sí cuenta la cara de la tía y su cuerpo, en general. Del tío solo importa… lo que importa. Y nada más. Y muchos vídeos grabados de manera casera, como se ve en la novela, tienen la cara del tío pixelada y solo cuenta la mujer”, apunta Triguero.

El sexo como parte de la vida y la vida como material infinito de una red de la que ya no podemos salir ni desconectar. El cambio de paradigma dentro de nuestra intimidad. Nuestra necesidad de hacernos sentir únicos y, a la vez, parte de una sociedad. De eso trata Mandy-candy.com. Y quién somos nosotros para juzgar.

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Un comentario

  1. Noa dice:

    ‘Si no enseñas, no vives.’ Pues es verdad.
    Aunque en mi caso, aunque escriba relatos… siempre tendré la forma de ocultar lo que yo quiero ocultar.

    Un abrazo,

    Noa

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Mandy-candy.com

Año: 2016
Más que una página web de porno amateur, es una novela del bilbaíno Asier Triguero. Más que una novela sobre sexo, es una road movie.
Editorial: Edita: Me Gusta Escribir
Autor: Autor: Asier Triguero