Muere Sam Shepard, el dramaturgo y actor que descubrió el verdadero Oeste

El guionista de Paris, Texas, uno de los dramaturgos estadounidenses más importantes del último siglo, ha fallecido a los 76 años. Como actor, intervino en películas como Días del cielo Elegidos para la gloria.






Dos hermanos (uno, un escritor quemado; el otro, un buscavidas de baja estofa) yacen, completamente borrachos, en una habitación. En torno a ellos no hay sólo armas de fuego, ni botellas vacías, ni páginas estrujadas de un guión que nunca se terminará, sino… tostadoras. Ambos han robado los electrodomésticos como parte de una competición que les insta a ver cuál de ellos la tiene (metafóricamente) más larga. Esta escena de El verdadero Oeste (1980), una de las obras de teatro más aclamadas de Sam Shepard, puede dar una idea de qué paisajes describía el actor, dramaturgo, poeta y guionista estadounidense, que ha fallecido hoy a los 73 años.

Hablamos de un panorama reseco, marcado a partes iguales por la mitología de la Frontera y la sombra del absurdo. Piensen en las canciones de Wall of Voodoosi quieren hacerse una idea y saben de qué estamos hablando. Shepard comenzó a familiarizarse con esa coyuntura en su infancia (nació en Illinois, hijo de un ex militar alcohólico) y avanzó en su camino de perfección en la Nueva York bohemia de los sesenta, donde ejerció como actor, músico folk (miembro de los Holy Modal Rounders) y guionista de cine, con Zabriskie Point (1970), de Michelangelo Antonioni, como primer hito. Durante esa misma época trabó conocimiento con dos figuras tan similares como antitéticas: Bob Dylan, para quien escribió el libreto de su ególatra Renaldo y Clara (1978) y una Patti Smith junto a la que escribió e interpretó la obra teatral Cowboy Mouth. 

Con una reputación literaria cada vez más establecida, Shepard tuvo su primer papel de peso en el cine con un filme en el cual más de un actor (y más de un director, y más de…) daría los dos brazos por poner su firma. Hablamos de Días del cielo (1978), segundo largometraje de Terrence Malick, en el que daba vida a un terrateniente enfermizo, enamorado y timado hasta la muerte por el trío fatal de Richard Gere, Brooke Adams Linda Manz. Desde ese momento, sus triunfos en la pantalla fueron apabullantes y discretos a la vez, una paradoja que le cuadraba mucho. Nominado al Oscar por Elegidos para la gloria (1983), guionista de la Paris, Texas (1984) de Wim Wenders, adaptado a la pantalla por Robert Altman en Locos de amor (1985). También se sentó en la silla de tijera, firmando como director Norte lejano (1988) y Lengua silenciosa (1993).

En cierto modo, los trabajos más conocidos de Shepard aparecen ahora como exponente de una cierta forma muy ochentera de retratar la descomposición de EE UU, con los mitos del Lejano Oeste ya cadáveres, y reemplazados por la codicia del reaganismo. Su carrera, no obstante, duró mucho más, y dio para mucho más, tanto en la pantalla como sobre el escenario o en letra impresa: se nos olvidaba citar su muy notable producción como poeta y novelista, que dio frutos como Crónicas de motel. 

Antigua pareja de Jessica Lange (con quien convivió hasta 2009), Shepard deja dos hijos. Su muerte se ha debido a una esclerosis lateral amiotrófica.

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