Periodistas: así los ven el cine y la televisión de hoy

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Con el Oscar a Mejor Película bajo el brazo, Spotlight (2015) ha vuelto a poner sobre el brasero el estado de una profesión cuyo reflejo en la ficción lucha entre la fidelidad y la exageración. ¿La eterna crisis del periodismo aún está huérfana de su reflejo en la crisis del salto al vacío digital? Así es hoy la profesión vista desde el otro lado de la realidad.

Comprometidos, ideólogos, líderes de opinión, carroñeros o directamente fulanos del poder. Muchas son las máscaras con las que nos retratan el cine y la televisión de estos últimos años. Pocos son los que hablan del mal llamado “periodismo ciudadano”, de la era del bloguero, del aterrizaje de las redes sociales, el clickbait y lo viral en el periodismo ¿Va la ficción a remolque de la realidad de este oficio?

Spotlight, el periodista como Dios manda

La última película de Thomas McCarthy se proclamó el domingo gran vencedora de la noche de los Oscars. Aunque Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) se llevase el doble de estatuillas que la siguiente película con más galardones (El renacido de Iñárritu), Spotlight se hizo con los premios a Mejor Película y Mejor Guión Original.

Miles de personas han visto cómo ha triunfado la historia de un equipo de periodistas de investigación del Boston Globe que, comprometidos con la profesión y su rol social, destaparon casos de abusos y pederastia cometidos durante años por numerosos curas de la Iglesia Católica a lo largo y ancho del estado de Massachusetts. El periodismo como debería ser. El periodismo “de verdad” retratado como Dios manda.

En cierto modo, Spotlight parece dos películas distintas según con quién hables de ella. Prueben a comentarla con un profesional de la comunicación. Les aseguro que les dará una perspectiva diferente a la de alguien ajeno a la industria. Es decir: ha llovido mucho desde Todos los hombres del presidente (1979) y la profesión no es la misma. Ha cambiado no mucho, sino muchísimo. Y sin embargo, ambos retratos podrían ser el mismo a pesar de separarlos cuarenta años de historia social y comunicativa. Hoy Spotlight sigue retratando a los periodistas como aventureros sufridos, luchadores incasables por la verdad, detectives de calle y despacho. Profesionales que se enfrentan al poder (sea este institucional o eclesiástico, ambos encubridores del delito) y aceptan las consecuencias.

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Aún por publicar el de 2015, el último Informe de la Profesión Periodística de nuestro país venía a decir que la destrucción de empleo se había parado pero que la creación de nuevos puestos de trabajo aumentaba la precariedad de estos y seguía afectando más a la mujer ( el 64% de los parados eran mujeres y el 36% hombres). Como en todas las profesiones, vaya. Y esto no es precisamente alentador teniendo en cuenta que desde 2008 habían sido despedidos 11.145 periodistas y habían echado el cierre más de cien medios.

Podríamos o, mejor dicho, deberíamos preguntarnos cuántos periódicos en nuestro país podrían hoy permitirse el lujo de tener un Spotlight propio. Un equipo de profesionales de la investigación, dedicados durante meses a recabar información, cobrando un sueldo sin publicar nada, para llegar hasta el fondo de los asuntos de gran calado e importancia. Y bien: ¿cuántos?

Nightcrawler, el periodista carroñero

Otro retrato de la profesión es aquél que nos suele ver como hienas en busca de cualquier pedazo de carne que morder, sin importar a quién robemos la dignidad a mordiscos ni cuál sea la naturaleza del cadáver. Y encima nos reímos. Tal vez siempre hemos sido un poco carroñeros o tal vez aún arrastremos dejes de la profesión desde que, allá por el siglo XIX, empezásemos a ganarnos la vida escribiendo de horrores, crímenes y sangre en la penny press americana. Nuestro trabajo no valía más que un penique, así que mejor vender mucho y escribir poco ¿No?

De esta imagen deformada y putrefacta nace Nightcrawler (2014), un humillante retrato de una profesión que, francamente, merece ser humillada. Lou Bloom (increíble Jake Gyllenhaal) es un joven desempleado que un día, tras ser testigo de un accidente, descubre lo rentable que puede ser el periodismo sensacionalista en la ciudad de Los Ángeles. Pronto empezará a vivir de conseguir imágenes de accidentes, asesinatos y toda suerte de hechos macabros. Sin escrúpulos, sin moral alguna: sangre. Que es lo que vende.

Nightcrawler

El debate sobre la profesión que Nightcrawler plantea iría aún más lejos que el de la ganadora del Oscar: si no quieres que haga basura, no me la pagues tan bien. Si no quieres que te la pague tan bien, que no se venda tan bien. Porque se vende. Y ese es el círculo demencial de la problemática sensacionalista, tan antigua como el periodismo mismo.

Pongamos que un periodista de 23 años como yo cobra 5€ por artículo, en el caso de que cobre, que no es lo habitual. Digamos también que dedica 3 horas a cada artículo, que tampoco es lo habitual. La cuota de autónomos de 2016 para la base mínima de cotización es 267,03 euros mensuales. Así que para pagar la cuota de autónomo mensual, este periodista tendría que escribir unos 53 artículos al mes y dedicar a ellos 160 horas mensuales. Para pagar la cuota. Para comer ya tal. Pero tranquilos: si me pagan 200€ por cubrir el último escándalo de turno no los aceptaré, porque no me importa no comer mientras tenga principios.

En Nightcrawler la ficción se encarga de dar una visión cruda y descarnada de la profesión. Aunque parte del problema puede estar en que lo llamemos periodismo. Si lo despojásemos del término y lo llamásemos, por ejemplo, “grabaciones de muertos” la entenderíamos de otra forma. Gabriel García Márquez decía que la ética debe acompañar al periodismo como el zumbido a la mosca. Zumbemos, por favor.

The Newsroom, comprometidos con la democracia

Con los años, la primera escena de The Newsroom (2012-2014) ha alcanzado la categoría de antológica acerca de cómo arrancar una ficción demostrando desde el minuto las intenciones, valores y el estilo de lo representado. Will McAvoy (Jeff Daniels) es un presentador de televisión de experiencia probada sentado en una aburrida charla de una aburrida facultad en la que se ensalzan aburridos (y falsos) valores.

Así que cuando estalla, enumera las razones por las que America NO es el mejor país del mundo y conduce su excelente speech hacia un último objetivo: dejar a su profesión a la altura que merece. Enaltecer al periodismo más allá de la situación en la que la sociedad ha tenido a bien ir dejándolo. “Éramos capaces de ser y hacer todas esas cosas porque estábamos informados” nos dice McAvoy. Sin información solo queda la bajeza intelectual, que es lo mismo que la servidumbre.

the Newsroom jeff daniels

Lo cierto es que tan sólo escuchando la sintonía del opening de The Newsroom (compuesta por Thomas Newman), podemos aventurar qué tono adquiere la creación de Aaron Sorkin: suena un esperanzado piano que acompaña las imágenes encadenadas de grandes profesionales, en grandes épocas, contando las grandes cosas. El periodismo que ha narrado la historia. El periodismo que la ha cambiado.

Idealista redomado, Aaron Sorkin sigue ahondando en el significado contemporáneo de la democracia, sólo que esta vez traslada su discurso a los pasillos de una televisión por cable y un presentador digno. Jeff Daniels ejerce de maestro de ceremonias de una oda al “buen periodismo”. Al verdadero concepto de cuarto poder, de vigilante de la democracia y adalid de una opinión pública capaz y formada. “No hay nada más importante en la democracia que un electorado bien informado” nos dice en algún momento Will McAvoy. Así que ya saben: vean la tele. Pero la buena, hecha por buenos profesionales.

House of Cards, a cuatro patas del poder

Aunque la escena inicial de House of Cards no ha trascendido tanto como la de The Newsroom, lo cierto es que ésta es tanto o más certera a la hora de presentar el universo narrativo de la serie que la de Sorkin. En ella vemos a su protagonista, Frank Underwood (Kevin Spacey) acabando con el sufrimiento de un perro atropellado mientras, rompiendo la cuarta pared, su voz nos dice que momentos como ese requieren a alguien que actúe y que haga lo desagradable pero necesario. Conceptos como este guían no sólo el tono descarnado (e infaliblemente entretenido) de House of Cards en su retrato de la política estadounidense: también del periodismo que la trata.

El estudio de los entresijos del poder y su constante contacto (cuando no retozamiento placentero) con el periodismo en House of Cards es de los más poliédricos del espectro ficcional actual. Aquí el periodismo toma el cuerpo de Zoe Barnes (Kate Mara): una profesional que se siente minusvalorada y que hará todo lo que esté en su mano para ascender en la redacción.

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Pero reducir el tratamiento de House of Cards a Zoe sería un error a todas luces falto de perspectiva. Con el tiempo, la imagen del periodismo diversificará su retrato en cada uno de los trabajadores del The Washington Herald: desde el periodismo sin miedo a hurgar en la mierda y ensuciarse en el proceso encarnado en Janine Skorsky (Constance Zimmer, que ya hacía de periodista en The Newsroom) hasta la entereza y profesionalidad del periodismo de investigación encarnado en Lucas Goodwin (Sebastian Arcelus). Será en el editor del Herald en quién se encarne la batalla de territorio del “viejo” y el “nuevo” periodismo: “Twitter, blogs y nuevos medios de comunicación: son todos superficiales. No me dejaré distraer por lo que ahora está de moda”, dirá en algún momento. Tan de moda, que es un blog el que acabará con su carrera. De hecho, en House of cards no se libra ni el periodismo institucional: la otra cara de la moneda, el rostro detrás de los comunicados oficiales.

El periodista es el cuarto poder o eso nos venden en las facultades. Pero el poder tiene su erótica y, para ascender en las clases sociales del periodismo, uno tiene que jugar. Y ensuciarse. El mismo Underwood pone en su boca palabras de Oscar Wilde: “Todo se trata de sexo, excepto el sexo. El sexo se trata de poder”.

The Wire, el periodismo desaparecido

thewire

Igual de poliédrica pero mucho menos peliculera es la visión que la última temporada de The Wire (2002-2008) ofrece sobre el periodismo: una profesión con sus más y sus menos, sus siempres y sus hasta nuncas, sus sombras y sus luces, sus genios y sus imbéciles.

The Wire, en su afán por retratar el “todo” complejo y contradictorio de una ciudad como Baltimore, condujo su desarrollo sobre un pilar distinto cada temporada. Magistralmente pasaba de analizar la depresión y delincuencia de las calles de su ciudad a las dificultades de su clase obrera. De los desmanes de la clase política a la labor de la educación en la formación de ciudadanos. Así hasta llegar, en su última temporada, al periodismo.

En una época en la que la proliferación de blogs y el éxito de éstos puede marcar el futuro profesional de alguien que se dedique al periodismo sin tener la formación cultural, social y académica necesaria, Simon se muestra excéptico. En una interesantísima entrevista en Jot Down Magazine, David Simon decía que la llegada de internet a las redacciones era algo tan útil como peligroso: “De repente llega internet ¡La gloriosa era del periodismo ciudadano! Miles de puntitos de luz escribiendo a la vez, y, en algún punto, quizá, encontremos la verdad. Y una mierda. Los amateurs no pueden hacer este trabajo”, zanjaba tajante.

The Wire Bubbles

Curiosamente, el mismo director de Spotlight, Tom McCarthy, interpretó a un personaje en esta temporada de The Wire: un periodista que, harto de la rutina de la redacción, empieza a inventar sus noticias. Seguramente es en la serie de Simon donde uno puede observar los cambios sufridos en la profesión con su reflejo más fidedigno y equilibrado. Y aún así, la última temporada de The Wire se emitió justo antes de la crisis.

Nuestra profesión, en constante cambio, sigue buscando su apariencia en una ficción que la retrate como es. Sea comprometida con la sociedad, o dinamitadora de los valores que debería defender. Sea en profundidad o tan superficial como un gif de gatos. Sea digital o impresa. Ante la disyuntiva, el mismo Simon dice, que “lo importante no es el soporte físico del producto, sino la calidad de este, cuántos profesionales hay trabajando en él y cuál es el terreno que cubren. (…) Lo importante es que cada vez que despiden a un periodista, la calidad de la información baja. Cuando no queden suficientes periodistas, ya no tendremos información de calidad, tendremos otra cosa. Y a mí no me gusta la perspectiva”.

A nosotros tampoco.

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2 comentarios

  1. Completamente de acuerdo en tu análisis. Simplemente me gustaría que se diferenciara entre el periodismo en general y el de investigación. Este último es mas que una especialidad, es una carrera en si mismo.. Spotlight es periodismo de investigación, es decir mucho mas que periodismo.

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