Por qué no trabajar gratis (o casi): unas cuantas razones

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¿Trabajar gratis? No, gracias (la educación ante todo, eso sí). Una respuesta tan obvia y simple a veces se nos atraganta en estos tiempos de precariedad laboral, trabajos que se resisten y necesidad de salir de periodos demasiado largos de inactividad. Y si la picaresca se desata entre la gente más humilde durante las crisis, qué decir de quienes tienen medios para aguantar y aguantar apretando las tuercas.

(Ilustración de cabecera de Bea Tormo)

En cualquier caso, una cuestión tan sencilla, de básica comprensión e incluso, por qué no decirlo esencial funcionamiento para que los engranajes del capitalismo sigan rodando, se encuentra con ciertos obstáculos cuando los profesionales liberales (que no es exactamente esto, pero un poco también) aceptan dar el callo a cambio de visibilidad, promoción o el metafísicamente muy puro “colaborar con el proyecto, que aquí estamos todos arrimando el hombro”. Todo ello muy encomiable en términos morales, pero complicado de defender cuando hablamos de la molesta necesidad de comer, preferiblemente a diario.

Por eso se ha viralizado sin problemas un contundente texto del ilustrador Miguel Calero publicado en su perfil de Facebook y que habla de una oferta de trabajo en términos poco favorables para él: 21-24 ilustraciones para una publicación digital, que tras descontar gastos de la plataforma y mordisco para el editor, quedaba en 0’125 euros por aplicación vendida. Unas condiciones que, como comenta Calero, no son la primera vez que se encuentra: lo sorprendente es que en un año, esa empresa ha publicado 19 aplicaciones ilustradas, lo que deja patente que hay más de una persona que acepta esas condiciones esclavistas.

De ahí la carta abierta que Miguel Calero dirige, sobre todo, a sus colegas, y donde afirma cosas tan juiciosas como: “Quizás has pensado que, lo realmente importante sea empezar en este “mundillo” de la ilustración, meter la cabeza al precio que sea. Una vez que tengas experiencia, ya exigirás precios y condiciones más decentes. Pues, lo siento otra vez, pero vuelves a equivocarte. Porque resulta que este “mundillo” es mi profesión. Y esta profesión está cada vez más hundida gracias a que siempre hay alguien dispuesto a hacer estos trabajos por esos precios.” Y que concluye con una observación que, por desgracia, hemos leído más de una vez en manifiestos de este tipo: “Difícilmente respetará nadie nuestro trabajo, si los primeros en no valorarlo somos quienes lo realizamos“.

Como apoyo a este necesario texto de Calero, que no es el primero ni será el último, hemos seleccionado opiniones de otros profesionales (fotografos, artistas, periodistas, los sectores más castigados por estas prácticas tan criticables) y os ofrecemos una buena retahíla de manifiestos, gráficos, meditaciones y alguna que otra solución para este panorama.

-Ten claro que alguien se está quedando esos beneficios. En febrero de 2012, Forbes publicó un artículo en el que se analizaba el modelo de negocio, tan criticado, de Arianna Huffington para hacer sostenible (y sustanciosamente beneficioso) su Huffington Post, que se vendió ese año por más de trescientos millones de dólares. Fue uno de los primeros medios, antes de que el tópico se convirtiera en un chiste, en ofrecer “visibilidad” a cambio de textos, pero claro, era el Huffington. Publicar ahí era codearse con firmas muy prestigiosas, y por eso el texto de Forbes reconoce que “todo el mundo tiene que ceder tiempo ocasionalmente para que le pague en otras ocasiones, no importa lo importante que seas“. El problema está en quienes no son columnistas-estrella o superseres que tienen a un ejército de becarios para que les hagan de negros literarios.

 

Samuel Aranda © Premio World Press Photo 2011

Samuel Aranda © Premio World Press Photo 2011

-Cuidado con los que (aparentemente) tienen dinero. Aquí el que no corre vuela, y hasta los mayores conglomerados de la comunicación pueden estar al tanto por si pueden hacerte una puíca. Una multinacional de la envergadura de Random House intentó conseguir gratis una imagen del fotógrafo Samuel Aranda, ganador del World Press Photo de 2011 y colaborador de medios como el New York Times. El sello Grijalbo le pidió que cediera una de sus imágenes para ilustrar un volumen sobre Extremoduro, y cuando Aranda preguntó por la tarifa, el responsable le respondió que “De momento los fotógrafos con los que he hablado, al ser un libro de Extremoduro, están colaborando desinteresadamente”. Aranda le respondió tajantemente: “Supongo que Extremoduro cobra por sus actuaciones, discos y libros, supongo que tú cobras por el trabajo que estás haciendo para producir este libro, supongo que Random House ganara dinero con este libro, y supongo que los fans tendrán que pagar por comprar este libro, ¿cierto? Entonces, ¿me explicas porque tendría que dar yo mi trabajo gratis?” El también fotógrafo Rafael Aranda denunció la situación en su blog, achacando parte de la culpa a los propios fotógrafos, ya que “La idea de que a una gran editorial como Random se le ocurra pedir fotos gratis es porque ya lo consideran una práctica habitual, y porque han tenido una cantera de individuos dispuestos a regalar sus fotografías por el penoso minuto de gloria.

 

-Ojo con la terminología. En esto en el sector publicitario son los amos, y hay prácticas muy extendidas como planificaciones previas o pago solo bajo ciertas condiciones que se camuflan bajo sofisticadas retahilas de siglas y eufemismos muy locos que este video de Zulu Alpha Kilo parodia extraordinariamente. Solicitud de propuesta, SDP, specs, ReR, descuentos a cambio de fidelidad, adquisición a la fuerza de la propiedad intelectual y, cómo no, la amenaza de que “otros lo harán gratis”. Escalofriante la neolengua de la jeta.

 

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-La visibilidad no es suficiente. En 2013, el periodista freelance Nate Thayer publicaba en la web NK News un artículo sobre la curiosa relación diplomática entre el baloncesto de Estados Unidos y el de Corea del Norte. Poco después, recibía un mail del Atlantic Magazine solicitándole permiso para publicar una versión recortada del mismo, solo a cambio de visibilidad y de llegar a una audiencia potencial de 13 millones de lectores mensuales. Guardando las formas de modo exquisito (Thayer publicó después todos los mails en su blog), el periodista soltaba a su potencial empleador alguna perla como “Me resisto a sentirme insultado, y me quedo perplejo de ver cómo alguien puede esperar recibir servicios profesionales de calidad sin dar una contraprestación por ellos” o “Estoy seguro de que estás a tanto de cómo se están deteriorando las condiciones de nuestra profesión y las dificultades de los periodistas serios para ganarse la vida con su trabajo, lo que está resultando en una caída general de la calidad de las noticias.”

-Haz cosas gratis, pero. En su extraordinaria charla sobre la creatividad del ilustrador Puño en MAD 2011 (te recomendamos que la veas de principio a fin), el autor propone trabajar gratis… pero a cambio de algo. Promoción, nunca; pero si tu empleador tiene algo que ofrecer, no te cortes, y pide: contraprestación de servicios, material que necesites o caprichos que te puedan facilitar… Aquí estamos hablando en todo momento de supervillanos, pero lo cierto es que hay pequeñas empresas bienintencionadas que pueden requerir tus servicios y que te pueden ofrecer algo a cambio, aunque no sea necesariamente dinero. Entiéndete con ellos.

El gremio de los ilustradores es uno de los que ha luchado con más fuerza contra estas nuevas formas de explotación: Bea Tormo publicó en su blog este estupendo comic que servía a la vez de manifiesto y de aviso para listos. Y Mamen Moreu también soltó la suya en un comic tan furioso como necesario.

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Mauro Entrialgo es uno de los luchadores más incansables contra este tipo de prácticas, y lo ha reflejado a menudo en páginas de comics como este y como este.

 

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-Nadie está a salvo. Hablamos de la precariedad de la situación, que afecta especialmente a becarios que cobran en conocimientos que en el futuro les abrirán múltiples puertas del mercado laboral (spoiler: no), o a profesionales cuya firma no es suficiente como para atraer clientes / lectores / vagabundos, pero también las grandes firmas sufren a empresas que les tientan con la fama, la visibilidad y el va tío, que no te cuesta. El prestigioso escritor, traductor y articulista Javier Calvo publicó en 2012 en su blog (por desgracia ya no está en línea) un manifiesto en el que anunciaba que no volvería a publicar en ningún medio si no le pagaban: “escribir gratis, igual que pedir textos gratis, contribuye a degradar la vida de los trabajadores del mundo de la cultura, provoca sufrimiento y empobrecimiento material, cultural y moral”. Calvo afirmaba que “si uno no tiene dinero para pagar a los colaboradores, ¿no tendría más sentido no montar una editorial / revista / web / etc?? Con franqueza, ¿necesitamos verdaderamente tantas revistas web y editoriales independientes y demás? A los trabajadores del mundo de la cultura nos bastaría con que hubiera una décima parte pero que pagaran a los colaboradores”. Y concluye muy claramente: “Al próximo que me pida un texto sin pagarme a cambio le voy a indicar con todo lujo de detalle anatómico dónde se puede meter su petición. No se trata de una decisión de raíz materialista, al contrario: llevo 15 años escribiendo gratis para todo el que me lo pedía, incluso cuando ya tenía niños pequeños y estaba pasando por situaciones económicas difíciles. Mi decisión es de naturaleza moral (…) Seguiré escribiendo por encargo para los medios que me pagan, y el resto de cosas las publicaré en mi blog. Que es exactamente lo que les recomiendo a todos esos ‘emprendedores’, ‘empresarios’, ‘editores’ y demás ratas a las que me refería más arriba: que escriban ellos su propia mierda en vez de ROBAR la de los demás

 

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-Ante la duda, un test. Jessica Hische elaboró este práctico diagrama de flujo en el que, si te queda alguna duda al respecto, puedes contemplar todas las opciones que se despliegan ante ti. Te lo resumimos: solo debes aceptar trabajar gratis si eres masoca, te han prometido un riñón o debes un riñón a alguieb, eres altruista, es para tu madre o para una ONG u organización no lucrativa, siempre que estés seguro de que no te están explotando o te apetezca por convicción personal.

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6 comentarios

  1. Alcarendor dice:

    Jamás podré dejar de acordarme de esta viñeta de The Oatmeal cada vez que leo/escucho de este tema: http://theoatmeal.com/comics/exposure

  2. David dice:

    Hola, soy operador de cámara, y para sacarme el título tengo que hacer 3 meses de becario (no remunerado pero algunas empresas pagan transporte), término mañana, si, mañana viernes. Y llevó una semana sin saber si voy a continuar en la empresa o no, ya le informe de mi deseo de continuar, y me dijeron que ni iba a cobrar. Su argumento para no pagar: con pedirlo, viene otro becario al día siguiente, no les hacen falta mis servicios.
    Estoy ante una no renovación de un contrato gratis, el exclavo 2.0
    Y si me renuevan por supuesto tengo que dar gracias porque según ellos estoy cogiendo experiencia. 2 años llevan algunos compañeros becarios cogiendo experiencia aquí. A parir de medio año ya cobran, pero ni se acerca al sueldo mínimo legal.

    1. ProggerXXI dice:

      Ya decía Bukowski eso de "la esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores”.

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