¡Qué inventen ellos!: La España steampunk

Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox

Entre la tradición y la ruptura, España se incorporó a principios del siglo XX y poco a poco a las innovaciones europeas, y llegó a tener hombres que no distaban mucho de los autómatas. Revisamos un pequeño fragmento de la historia de la ciencia española a la luz de las fantasías steampunk. ¿Tuvimos de eso? ¿O tampoco?

Es el año 1903. Se abre la sesión de las Cortes en Madrid gracias a su presidente: un androide. Esto es, el político conservador Francisco Romero Robledo. En su definición más exacta, de la Real Academia, el jactancioso Romero Robledo era un “autómata de figura de hombre”. O por lo menos la mitad de él: en 1893 un tumor en la nariz, nos recuerda su biógrafo José Ayala Pérez, le obligó a ser operado de urgencia por el médico Ernst von Bergmann en el Berlín del II Reich.

Bernardo V. Carande da más detalles y afirma que se le sustituyó la nariz “con un apéndice de caucho, luego sufrió otra intervención en la garganta y casi no se le oía”. En 1900 llegó a tener medio cara prostática, de creer a las malas lenguas, y duró hasta poco antes de su muerte en la primera línea política. Luis Carandell refiere una anécdota, probablemente falsa, en la que afirma que las primeras palabras que dijo Robledo luego de la intervención fueron “Señores Diputados…”.

Político bien señalado, Azorín recuerda la vitalidad de Robledo en estas Cortes posteriores a la pérdida de Cuba: El señor Romero Robledo ha pronunciado ya su frase terrible de: ¡Ábrese la sesión!; ha mirado y saludado tenuemente con la cabeza a las damas de la tribuna; se ha limpiado la barba con la suave batista … ¿Qué es lo que sigue? El señor Romero Robledo llama a un ujier, y manda pequeños paquetes de caramelos a las señoras”.

Romero Robledo, en 1900, con sus partidarios electorales – MANUEL COMPAÑY

Romero Robledo, en 1900, con sus partidarios electorales – MANUEL COMPAÑY

El político conservador, llamado “el pollo de Antequera” por su cabello rubio, fue uno de los mayores conocedores de los pufos electorales del sistema y quizá uno de los más perfectos representantes de esa sociedad de “amigos políticos”, que dijera el historiador José Varela Ortega. El Conde de Romanones, un político parecido en métodos a su rival ideológico, recuerda también como “otro de distinto temple, en la situación en que había quedado [su rostro], no hubiera vuelto a hacer uso de la palabra en público, más Romero Robledo, apenas restablecido, acudió al Congreso y en él continuó batallando hasta su muerte”.

Este hombre, mitad humano y mitad caucho, se puede considerar una de las figuras más señeras, más corpóreas, del llamado Steampunk hispano. Era esa sociedad adormilada, de “falsa política, falsas mujeres y falso Imperio” que citaba Pío Baroja, con más zarzuelas y kermés que laboratorios científicos. Un país artificial, controlado por los poderosos, y que tenía como perfecta metáfora a un hombre robótico, de pega, como presidente de las Cortes.

Miguel de Unamuno, en una carta para 1893, llegó a afirmar que el Dr. Bergmann “ha inferido grave daño a España alargando la vida a ese aventurero”. Pero quizá sea mejor el testimonio del periodista Luis Bonafoux, el particular Larra de este tiempo, en el que declaró que le reconocía “todo, todo, todo menos que tiene nariz”.

Máquinas maravillosas e inventores idealistas

E. Thuillier, en un artículo divulgativo en una revista para niños tan pronto como en 1873, resume bien el espíritu del tiempo: “El vapor, que cuenta con tantas importantes aplicaciones; el vapor, que aplicado a las maquinas causa hoy en el mundo industrial un distinto modo de ser…”.

Son los tiempos de la expansión del ferrocarril, de las Exposiciones Universales (aquí especialmente la de 1888, de Barcelona) y del auge de los inventos y del tipo social del inventor. Julio Camba, gran comentarista de esta España somnolienta de inicios de siglo, se preguntaba ya en La Rana Viajera si llegarían a existir “máquinas maravillosas” que “nos lo hagan todo”.

Elena Hernández Sandoica y José Luis Peset recuerdan en la Historia de España de Menéndez Pidal cómo en todo el continente “fueron aquellos tiempos escenario de amplio desarrollo científico y cultural, de impulso intelectual acelerado, sobre la base de unas coyunturas favorecidas por la pujanza de las nuevas categorías sociales en ascenso”. [pullquote align=”right” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Un país artificial, controlado por los poderosos, y que tenía como perfecta metáfora a un hombre robótico, de pega, como presidente de las Cortes.[/pullquote]

En la Restauración, luego de los decretos del marqués de Orovio, el clima universitario era refractario a las nuevas ideas científicas y estas se tenían por quimeras por los máximos representantes del país. Una polémica que llegó al profesorado y que inició un debate entre Menéndez Pelayo y los catedráticos progresistas sobre si el país estaba atrasado al respecto del continente.

Es sintomático que Cánovas del Castillo, alma política de la situación, clamara lo siguiente a su ministro Pezuela cuando le comentaron un posible apoyo al submarino, invento del español Isaac Peral: “¡Vaya! ¡Un Quijote ha perdido el seso leyendo la novela de Julio Verne!”. Llegó a declarar, sigue Pezuela, que “ese cacharro náutico no podrá servirnos para ahora. Para más adelante ya se habrá vuelto cuerdo el inventor”.

Grabado sobre las pruebas del submarino de Isaac Peral en Cádiz, para 1890 – DIONISIO PÉREZ

Grabado sobre las pruebas del submarino de Isaac Peral en Cádiz, para 1890 – DIONISIO PÉREZ

La iniciativa, a falta de cualquier gran filantropía científica, habría de llegar de los inventores sueltos, que fascinados por las nuevas técnicas europeas se batían de manera heroica contra un país atrasado. España partía de una posición inferior a los líderes en el sistema de patentes e invenciones (Estados Unidos y Alemania), pero va remontando a medida del siglo XIX, de creer el completo estudio sobre esto realizado por Patricio Sáiz González.

Invento del TBO para 1925 sobre un lector automático de páginas - NIT

Invento del TBO para 1925 sobre un lector automático de páginas – NIT

La novela de Pío Baroja Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901) recoge bien este clima todavía reacio a la innovación en parte del país. Este joven inventor, Silvestre Paradox (con no pocos rasgos de su hermano Ricardo Baroja) vive en una buhardilla de la calle Tudescos, en Madrid y espera una imposible financiación del Ministerio de Fomento. Su lucha contra el Madrid alfonsino se declama en sus interacciones con Don Avelino, coleccionista filatélico con las inevitables antiparras: Por aquel tiempo don Avelino conoció a Paradox y éste le convenció de que la filatelia, la numismática, la paleontología y la bibliografía eran juegos de niños, pequeñeces, minucias, en comparación de la mecánica y de las ciencias físicas”

Sus inventos, disparatados todos, tienen un buen resumen en el delirante barco pez: De la observación de estos animales había deducido que un barco submarino necesita: primero, un motor de poquísimo peso y de gran fuerza: el aire líquido; segundo, un sistema de aletas, movido por un motor: aire líquido; tercero, una vejiga natatoria colocada sobre el casco del barco, y que se puede llenar inmediatamente por el aire líquido; cuarto, una atmósfera respirable: el aire líquido. El porvenir estaba en el aire líquido. Se discutió el proyecto. Silvestre encontraba contestación para todo. Aunque tenía más confianza en el motor de gas que en el submarino, poco a poco, hablando y hablando, se le subió el submarino a la cabeza y se entusiasmó y se entusiasmaron todos. Era admirable. Las calvas de don Eloy y de Silvestre brillaban de entusiasmo; hasta las antiparras de don Avelino centelleaban de júbilo. Lo llevarían a cabo entre los tres. ¡Ya lo creo!”

Portada de la edición de Caro Reggio de Silvestre Paradox – Julio Caro Baroja

Portada de la edición de Caro Reggio de Silvestre Paradox – Julio Caro Baroja

Por si faltaba alguna duda, el ilustre Paradox acaba escapando de Madrid, acosado por las deudas de sus inventos y tenido como estafador y “mistificador”, que diría Don Pío. Miguel de Unamuno resumió bien la resistencia de la casta española en aquella frase célebre de su diálogo narrativo El pórtico del tiempo: “Que inventen ellos”.

Ciencia y guerra

Poco a poco, avanzando el siglo XX, aparecerán las primeras asociaciones científicas: tanto los últimos gobiernos de la Restauración como los de la dictadura y acabando la República buscarán institucionalizar este fervor científico.

Otero Carvajal, en su polémico estudio sobre la “destrucción de la ciencia en España”, recuerda cómo a lo largo de estos inicios de siglo se darán iniciativas continuas de articular la ciencia en el país. Con figuras señeras, como el doctor Ramón y Cajal o el químico José Rodríguez Carracido, se concretará una iniciativa científica regulada, alejada de los fantasiosos inventores que emulaban solos la moda del continente. El recibimiento de Albert Einstein en el país, en 1923, supuso una puesta de largo de la ciencia española, y pasaron delante de él desde Alfonso XIII a los líderes anarquistas, además del inevitable filósofo “europeizador” Ortega y Gasset.

Albert Einstein en España con Alfonso XIII y las autoridades - 1923

Albert Einstein en España con Alfonso XIII y las autoridades – 1923

Pero este será el tiempo de nuestro segundo androide: José Millán Astray y Terreros. Un legionario hecho a sí mismo en el campo de batalla que perdió casi todas sus extremidades, y fue reemplazado en gran parte con apósitos de esta España emergentemente industrial. En 1921 fue herido en el pecho, en el 22 lisiado de una pierna y en el 24 perderá el brazo izquierdo. Heridas de África, de una guerra durísima, que acabarán en 1926 con la pérdida de su ojo y parte de su maxilar y mejilla.

Este militar sobrevivió a múltiples operaciones y siguió en el pie de batalla como particular Robocop de un cuerpo que era la elite tecnológica del ejército español. Recuerda Luis E. Togores que este cuerpo veía “un nuevo soldado colonial que luchaba desprovisto del apoyo de artillería, con equipos ligeros, aptos para desplegarse en pequeñas formaciones de rápido”. Distinta respecto a los militares peninsulares, más decimonónicos, la Legión era pionera en muchas tácticas militares y utilizaba métodos de guerra que adelantaban la guerra moderna. El propio desembarco de Alhucemas (1925), que profetiza la guerra moderna, es fundamental para entender las innovaciones de este cuerpo, muy profesionalizado, y su efectividad absoluta en la posterior guerra civil.

Millán Astray para 1942 (Museo de Ceuta) – Ignacio Zuloaga

Millán Astray para 1942 (Museo de Ceuta) – Ignacio Zuloaga

Astray, como una especie de legionario robótico, llegó a desenvolverse con un solo brazo, liándose cigarrillos con una extremidad y le fabricaron una pistola que se podía montar solo con una mano. La última herida le hizo perder todos los dientes, además, requiriendo cuidados intensivos y un trabajo de reconstrucción facial. En ese mismo año, 1926, se le implantará un ojo artificial en la Alemania de Weimar. Togores recuerda que la hija de Millán Astray afirmaba haber disfrutado con su número especial de su padre con este “gadget”: sacárselo de su cuenca. El resultado, continua el biógrafo, era el “horror de su público infantil novato y la alegría y diversión de los que ya conocían el truco”.

Con todo, este androide demostró en la dictadura heterodoxia y se enamoró de la prima carnal de Ortega y Gasset, con la que pudo tener un hijo. Esto le valió el exilio ante Franco por adúltero y también una demostración de que su hombría no se circunscribía únicamente a los campos de batalla. Dejamos a nuestros lectores la imaginación de cómo un hombre lisiado, mitad humano y mitad madera, puede procrear. Desde luego, superó a todos los modelos de Asimov y concibió un descendiente

¿Quién dijo que en España estábamos atrasados?

 

(Ilustración de cabecera: El inventor (Víctor Guetin, La ilustración artística, 1902)

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2 comentarios

  1. Elisabet dice:

    Genial ejercicio de documentación (y escritura)!!! Lo hago circular entre comunidades Steampunk, que cuesta sacarlos del imperialismo anglosajón 🙂

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