[Todos a una] Clones e imitadores: cuando la cultura pop no oculta sus referentes

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La cultura popular se recicla continuamente a sí misma. No es solo que secuelas, remakes, versiones, spin-offs y plagios puros y duros sean el pan nuestro de cada día en cine, comics, televisión y música, sino que la imitación forma parte de su misma esencia, en un continuo observarse y reinterpretarse. Homenajeamos esa vertiente de nuestras producciones favoritas: cuando la imitación es algo más que una simple copia.

Imitaciones de Batman y Superman, imitaciones de Bond, imitaciones de Sherlock Holmes… pero todas ellas aportando algo de cosecha propia a la clonación. Eso es lo fascinante de las réplicas de los personajes de éxito: funcionan a la vez como reconocimiento y como replanteamiento. Nuestra aguerrida jauría de colaboradores selecciona esta semana algunas de las imitaciones más notables de la historia de la cultura pop y analizan los resultados y el valor del reflejo.

Harry Dickson

Portada de una novela de Harry Dickson

Pocos personajes de ficción han alcanzado la fortaleza de Sherlock Holmes, casi un ente con vida propia que, desengañemonos, seguirá protagonizando nuevas aventuras cuando nosotros estemos criando malvas. En cierta forma, la robusta vitalidad del detective muestra que la cultura popular se comporta en ocasiones como si fuera una fuerza de la naturaleza más, capaz de reproducirse por sí misma, una y otra vez, en forma apócrifa o como pastiche. Cuando Arthur Conan Doyle decidió matar al personaje en el desenlace de El problema final (1893), éste cobró vida apócrifa lejos de sus manos. Entre los Holmes falsos que proliferaron al margen de los derechos de autor el más conocido fue la versión alemana, un longevo folletín titulado Detecktiv Sherlock Holmes und seine weltberühmten Abenteuer (“El detective Sherlock Holmes y sus aventuras de renombre mundial”) que más tarde evitaría lucir el nombre propio del personaje en la portada pero no en las páginas interiores, donde Sherlock Holmes siguió siendo el protagonista durante más de doscientas entregas, nada menos. En realidad, este tipo de cosas fueron bastante comunes tiempo atrás y, de hecho, este Sherlock Holmes amañado y sin marca se editó en casi toda Europa, también en España, pero no para siempre. Tras quince años de publicación regular, al final no hubo más remedio que rebautizar la fotocopia, que ya no sería Holmes sino Harry Dickson, “el Holmes americano”. Lo mejor, pero, estaba por llegar.

En 1929 el editor belga Hip Janssens compró al lote todas aquellas aventuras, que ya no podían lucir el nombre del detective original pero sí el de la imitación, y encargó a Jean Ray la traducción. Este era un escritor singular, de los pocos europeos cuyos relatos aparecieron en la mítica Weird Tales, la revista de horror pulp que cobijó a Lovecraft y su círculo. Ray no tardó en aborrecer el encargo, un suplicio terrible por la ínfima calidad del material y que no podía rechazar al ser su única fuente de ingresos. La forma en que solucionó el problema fue maravillosa: en vez de aburrirse traduciendo se divertiría escribiendo. Ray se inspiraba en el título y la portada del apócrifo alemán y, a partir de ahí, se inventaba y escribía una nueva historia mucho más loca y trepidante que, por supuesto, siempre acababa siendo mucho mejor que el material del que debía partir. Fue entonces cuando el calco cobró entidad propia y la imitación dejó de serlo. Daniel Ausente

The Asylum

Serpientes en el tren (2006), Alien Origin (2012), Paranormal Entity (2009), Transmorfers (2007), Abraham Lincoln: cazador de zombies (2012) o 30.000 leguas de viaje submarino (2007) son solo algunas de las muestrazas de talento para la explotación doméstica que maneja la gente de The Asylum, casa fundada a finales de los noventa en California. The Asylum surgió de la iniciativa del director David Michael Latt y dos viejos zorros ejecutivos de Village Roadshow, David Rimawi y Sherri Strain. La compañía se centró en la producción de películas de bajo presupuesto directa a video, generalmente de terror, pero no pudieron encontrar su mercado ideal debido a la competencia de grandes estudios como Lions Gate Entertainment o Dimension. ¿Cómo encontrar un mercado ideal y un público para sus productos? La respuesta llegó en 2005, cuando Steven Spielberg  presentó su versión de La guerra de los mundos. Entonces llegó el asilo y estrenó H. G. Wells’ War of the WorldsBlockbuster ordenó 100.000 copias de la versión de The Asylum, un pedido mucho mayor que cualquiera de los lanzamientos anteriores de la compañía, lo que hace que Latt y Rimawi reconsideren su modelo de negocio. El resto es historia. Como los videocubs de la cadena Blockbuster…

Para que te hagas a la idea, desde 1998 a 2005 The Asylum produjo 8 películas. A raíz de esta bazofia, solo en el mismo año, rodaron la misma cantidad. Y desde entonces no han parado. Kiko Vega

Mocedades (1969)

Por alguna extraña razón en las monografías de los nuevos grupos pop, de los cantautores, se omite a este grupo vocal euskaldún; parodia inadvertida de esos sencillos vocales de Byrds o Beach Boys. La aparición del rock radical vasco, reivindicado ahora luego de ser despreciado, es el pistoletazo de salida para cualquier movimiento allí…pero lo cierto es que Mocedades fueron antes y vendieron mucho más.

Bajo esa voz angelical de Izaskun Uranga, quizá la mejor del pop aquí, las distintas formaciones crearon pop folk de altísimo nivel y contaron con un hit prodigioso llamado Eres tú, que triunfó internacionalmente. Esta canción, indiscutible mejor corte que jamás se ha llevado en Celtiberia a Eurovisión, mezclaba la tradición de los orfeones vascos con los juegos de voces del folk americano de manera espléndida; todo un hito entre esas gentes embutidas en pana que hicieron la Transición. E incluso fuera: aquí tenemos este impagable comentario que hemos encontrado en Youtube de un afroamericano “This song make a nigga tear up every time i hear it. So hauntingly beautiful, no homo”.

En cierto sentido, y ellos no lo negarán, Mocedades eran una parodia de esos grupos espirituales blancos americanos, pero… ¡qué parodia! Desgraciadamente la enfermedad de Uranga hizo que la formación se dividiera y acabaron en casetes blanditos propios de retiros espirituales de la Universidad de Navarra. Entre medias, eso sí, nos dieron las canciones de la serie de animación de Willy Fog, de donde elegimos claramente Sílbame como un disco que habría aplaudido el Paul McCartney de los Wings.

Ahora, no nos engañemos: Eres tú, Amor de hombre, Desde que tú te has ido son hit indiscutibles de nuestro pop patrio.Solo alguien lleno de prejuicios, que desprecia cuanto ignora -que decía el clásico castellano- puede odiar a los indiscutibles Mamas and the Papas españoles. Julio Tovar

Apollo y Midnighter

Apollo y Midnighter

Creados por Warren Ellis para las páginas de Stormwatch en 1998, será en The Authority donde estos dos personajes alcancen todo su potencial. The Authority fue uno de los grupos más influyentes en el género de su época, una especie de Liga de la Justicia proactiva y macarra, sin miedo a utilizar la violencia extrema contra amenazas superhumanas, pero también contra los gobiernos de la Tierra si se pasan de la raya. Un concepto luego muchas veces visto, pero que en aquellos tiempos pre 11-S demostraron el buen ojo del guionista para adelantarse a sus colegas. Ellis concibió a estos dos personajes como humanos modificados mediante implantes biomecánicos por Henry Bendix, fundador de Stormwatch posteriormente renegado. Apollo vuela, tiene superfuerza, supervelocidad y lanza rayos solares por los ojos; Midnighter es el luchador definitivo, viste de cuero negro y puede librar un millón de veces una pelea en su cerebro antes de soltar la primera galleta. Son, por si queda alguna duda, dos de las más ácidas e interesantes homenajes o sátiras de Superman y Batman.

En las páginas de The Authority, dibujadas inicialmente por un Bryan Hitch en estado de gracia, Apollo y Midnighter podían hacer las burradas que los originales jamás podrán permitirse, atados como están por su condición de franquicia multimillonaria. Pero el giro de tuerca que introduce Ellis, además de provocador es inteligentísimo: en un determinado momento, revela que Midnighter y Apollo son gays… y pareja sentimental. De pronto, los lectores pudimos saber cómo sería una discusión de pareja entre los dos superhéroes más famosos de la historia. Por supuesto, en realidad ambos tenían personalidades propias que iban mucho más allá de imitar las de sus modelos, pero la iconografía que los rodeaba, y los arquetipos que representaban, nunca permitieron olvidarnos de el hijo de Krypton y el cruzado enmascarado. Ni siquiera cuando Mark Millar, segundo guionista de la serie, se permitió el lujo de mostrar junto a Frank Quitely cómo dos sosias del Capitán América y Thor violaban analmente a Apollo… con la consiguiente venganza de Midnighter, acompañado de un martillo neumático. Aunque esta gamberrada fue divertida, lo más interesante de los personajes vino después, cuando primero se casaron y, posteriormente, adoptaron legalmente a Jenny Quantum, una niña superpoderosa que era el espíritu del siglo XXI. Aunque la deriva de los últimos años de DC Comics, actual propietaria de los personajes, no le ha sentado demasiado bien a Apollo y Midnighter, siempre recordaremos la época en la que se convirtieron en una de las parejas más entrañables e iconoclastas del cómic norteamericano. Gerardo Vilches

Beatallica

Empezó como una broma a principios de este siglo, y hace solo un par de días arrancó la gira más larga de su carrera por los Estados Unidos. La idea de amalgamar a Metallica y los Beatles por la vía del guitarrazo, combinando las melodías y los títulos de ambos grupos con una fiel imitación de la voz de los primeros, no ha perdido ningún brillo desde que se presentara en 2001 en el Spoof Fest de Milwaukee (un festival de tributos en clave humorística que aún se sigue celebrando). Tras un primer EP, A Garage Dayz Nite, en el que se recogían las canciones que sonaron en aquella actuación, y el homónimo Beatallica (su “álbum gris”, en astuta referencia a los discos blanco y negro de las bandas madre), llegaría el inevitable contencioso con los propietarios de los derechos de publicación de los Beatles… pero no con los de Lars Ulrich, quien siempre se declaró fan del combo y de hecho les ofreció su apoyo (y a su abogado) para resolver la situación. A partir de ahí ya pudieron empezar a cobrar por sus discos y a desplegar su vasto conocimiento de los entresijos de ambos grupos sin temor a demandas millonarias, si bien el acuerdo alcanzado con Sony terminaría privándonos de sus habituales martingalas líricas en su última grabación hasta la fecha (Abbey Load, 2013), en donde se verían obligados a respetar los textos originales de los Beatles. Nos quedamos con las ganas de escuchar ese Mean Mr. Mustard transformado en Mean Mr. Mustaine, pero siempre tendremos hitos como …And Justice for All My Loving, Everybody’s Got a Ticket to Ride Except for Me and My Lightning o The Thing That Should Not Let It Be, y sobre todo debemos congratularnos de que Jaymz Lennfield y compañía continúen en la carretera. Andrés Abel

Mr. Majestic

Portada de Mr. Majestic

El personaje de Wildstorm es otro superhéroe que toma el modelo de Superman, pero que en manos de guionistas temerarios y editores comprensivos, fue capaz de dar historias con las que el kriptoniano sólo podía soñar (y más a principios de los dos miles). Claro que contaba con ventaja: su novedad, la falta de apego emocional que demostraba y una historia editorial que no abarcaba décadas le convirtieron en un prototipo de superhéroe con el que se podía jugar. En manos de Joe Casey fue capaz de disfrazar nuestro sistema solar, de revivir a su hijo a costa de la estabilidad de nuestro universo o de solucionar un bucle temporal de la forma menos traumática imposible. Encima, con los increíbles lápices de Ed McGuinness.

Aún mejor: en una aventura única guionizada por Alan Moore y dibujada por Carlos D’Anda, Mr. Majestic hace frente a la entropía de nuestro universo junto a una imaginativa tropa de supervivientes, entre los que están el mismísimo Judío Errante. Con Superman, esta supervivencia trae preguntas incómodas (¿se acordará de Lois Lane o sus amigos de la Liga de la Justicia, pasa igual con todos los kriptonianos?), pero con Mr. Majestic es una excusa para la aventura más grande de todas.

Al final, como habréis visto por la colaboración de alguno de mis compañeros, el uso de plantillas basadas en viejos superhéroes, junto a la participación de talentosos guionistas, dieron lugar a algunas de las mejores aventuras apócrifas. Otro día hablamos de WatchmenAdrián Álvarez

Neil Connery

El éxito planetario de las primeras entregas de la saga Bond generó un sinnúmero de exploitations e imitaciones (algo más de un centenar entre 1964 y 1968), de todo tipo y pelaje y que los italianos convirtieron en una industria nacional. Variaciones que apostaban a sustituir a 007 por un clon (Agente 077 misión bloody mary -1965-), una mujer (008 Operación Exterminio -1965-) o un enano (Agente 003 y ½ -1981-). Pero entre todas ellas destaca una operación comercial que acepta su condición de subproducto y lo abraza sin vergüenza ninguna. Se trata de Todos los hermanos eran agentes (1967), para la que su director Alberto de Martino reclutó al mismísimo hermano pequeño de Sean Connery, de nombre Neil, además de a todo un elenco de actores que habían aparecido en films de la saga legítima como Bernard Lee (el primer actor en encarnar a M),  Lois “Moneypenny” Maxwell, el villano Adolfo Celi (Operación trueno -1965-) y la fulgurante Daniela Bianchi (Desde Rusia con amor -1963-). Aquí aprovecho para mencionar que Jose María Forqué realizó una maniobra similar en la deliciosa La muerte viaja en baúl (1966) en la que además de Daniela Bianchi aparecía Harold “Oddjob” Sakata, el esbirro con bombín de Goldfinger (1964).

Neil Connery encarna a un doctor especializado en saberes orientales que además pega hostias como panes y sabe disparar como ninguno que ha de combatir a un supervillano con yate y un ejército de amazonas. Lástima que las dotes actorales del hermano pequeño de 007 fueran tan limitadas como su carisma. Aún así la película no para de moverse y de ir una localización exótica a otra mientras héroes y villanos se sacan extravagantes gadgets de la chistera y Ennio Morricone y Bruno Nicolai fabrican otra de esas incontables maravillas sonoras que produjeron durante los sesenta con la misma facilidad con la que un charcutero te hace un kilo de salchichas. Tanto meneo y giro sin sentido no deja a la audiencia reflexionar demasiado sobre el hecho de que el protagonista se llame también Neil Connery para así tener que evitar pronunciar la palabra prohibida y prohibitiva: Bond. Santi Pagés

Psicosis (1998)

Desde su punto de partida, abiertamente replicante y poco innovador con su mismo modelo, Psicosis estaba condenada a la incomprensión. La autoimposición de reglas (rodaje con el guion de la película original, planificación idéntica hasta en encuadres y montajes) deja bien clara desde el principio que esto no es exactamente una operación comercial como sí lo fue (reconocida por el propio Haneke) el remake plano por plano de Funny Games. Esto es más bien un metaexperimento cuyas virtudes son tan obvias que todos los críticos las identificaron sin problemas… aunque incapaces de reconocerle la inventiva a Gus Van Sant, las interpretaron como defectos.

Por una parte, su mímica aparentemente respetuosa de una película que todos conocemos al dedillo plantea interrogantes para el espectador acerca de su relación con el original, su condición de clásico, de dónde salen sus valores y por qué son irreplicables. Replicándolos. Por otra parte, los levísimos cambios de interpretación, diálogos y planificación plantean una disrupción de la copia perturbadora y reflexiva: Psicosis es tan igual a Psicosis que las leves diferencias son enormes. No exactamente una película normal, desde luego no una película artie o experimental, Psicosis de Gus Van Sant es una de las reflexiones más perfectas posibles acerca de la imitación como reformulación… precisamente por la vía de no reformular nada. Explícitamente, claro. John Tones

Famosos imitando a famosos

El mundo de los imitadores profesionales es bien conocido para el espectador medio, sobre todo si vivió su época de apogeo y esplendor durante los noventa, cuando las imitaciones de famosos reinaban en las galas regionales, programas de variedades con aspiraciones a late night  y especiales de Nochevieja que marcaban la pauta de “lo gracioso” durante los meses venideros entre corrillos de patio y chistes de barra de bar-oficina-taller.

Hablamos, cómo no, de los años de gloria de Martes y Trece, los inicios de Cruz y Raya, de la demanda de Chiquito de la Calzada a Flo y, sí amigos, de cuando Manel Fuentes hizo algo tan radical como suplantar a su majestad Don Juan Carlos I de Borbón en horario de máxima audiencia. En España, la disciplina pareció tocar techo con Carlos Latre, camaleónico colaborador de la última etapa de Crónicas Marcianas (1997-2005) justo antes de ser dinamitada por Joaquín Reyes y su anti-técnica de imposición del acento albaceteño a todos los personajes.

Como explicamos cuando hablamos de la icónica figura de Michael Caine, en el mundo anglosajón estos talentos tienen más que ver con las escuelas de actuación que con las salas de fiestas y es común que los alumnos más carismáticos desarrollen estas habilidades como hobby con el que divertir a sus amistades fuera de cámara que como una carrera profesional seria. No obstante, contamos con honrosas excepciones, como el añorado Robin Williams, que hizo de esta capacidad uno de sus números estrella en sus inicios como cómico. Es todo un hallazgo para aquellos que nos criamos con el doblaje de Josema Yuste compararlo con la versión original de Aladdin (1992) y descubrir que tras el montón de chistes absurdos de la versión patria se escondían decenas de voces y caricaturas de celebrities del momento.

Como siempre, ha sido internet y su capacidad de rescate y vindicación de lo íntimo el camino perfecto para que estos talentos pasen del salón y la escuela a las casas de medio mundo vía You Tube, descubriéndonos facetas imprevistas en la carrera de actores consagrados como Kevin Spacey, el paroxismo camaleónico de Jim Carrey o la impresionante capacidad del actor de The Walking Dead (2010-) Ross Marqand y su desopilante Casting Mix.

Por ir cerrando el círculo, si hablábamos del caso de Joaquín Reyes en nuestro país, la vía para la deconstrucción de la disciplina que nos ocupa en la comedia alternativa anglosajona la encontramos en los characters, subgénero del stand-up basado en micro-imitaciones de personajes nos famosos ideados por el cómico en base a situaciones absurdas. Un maestro en esta disciplina es Zach Galifianakis, con personajes gloriosos en sus especiales como “el proxeneta tímido”, “el niño de cinco años que se queja de tener barba” o “el tío que ha visto demasiadas veces la película Garfield” 

Pero nuestra historia favorita queda precisamente con un pie a cada lado del charco, con ese momento para nuestra historia en que Eugenio Mira, director de obras de culto como The Birthday (2004) o Grand Piano (2013) fue contratado para hacer de un joven Robert De Niro en Luces Rojas (2012). No tanto por la anécdota, sino por la pasión que emana al contarla un auténtico narrador de historiasPedro Toro

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Un comentario

  1. Tonto dice:

    Pornosawa retírate (-arlo antes de empezar)

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