Tribus salvajes, civilizaciones olvidadas y dinosaurios: 9 novelas que nos llevan a mundos perdidos

Películas que hemos visto este 2017 como Kong: La Isla Calavera o Z, la ciudad perdida han traído de nuevo a las pantallas la aventura exploradora de lugares que han quedado ocultos en el mapa por las brumas del tiempo. Antes de triunfar en la gran pantalla, el denominado género de los mundos perdidos fue muy popular en la novelas desde finales del siglo XIX. De hecho, muchas de estas obras han sido llevadas al cine. Aquí están algunas de las obras que han marcado este tipo de ficción.

Los lugares del mapa inexplorados siempre han resultado fascinantes. En la época del GPS y de Google Maps parece que pocos misterios quedan por descubrir en la cartografía. Pero aún quedan las novelas de mundos perdidos para alimentar los anhelos del explorador que llevamos dentro. Estas son las obras más representativas de este subgénero, a caballo entre la fantasía y la ciencia-ficción, y que transportan al lector a las zonas de terra incognita.



1- ‘La narración de Arthur Gordon Pym’ (1838) de Edgar Allan Poe

Narra las peripecias de la tripulación del barco ballenero Grampus. Entre sus tripulantes destaca Arthur Gordon Pym, que se introduce en la nave como polizón. Motines, canibalismo, y las inclemencias de los mares del Sur son solo la antesala de lo que espera a los marineros cuando llegan a las inmediaciones de la Antártida, un territorio prácticamente desconocido en el momento de publicarse la obra, en 1835 en Estados Unidos.

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Conviene recordar que se trata de la única novela que publicó Edgar Allan Poe. Pretendía ser una narración de aventuras al uso que tanto gustaban a los lectores de aquella época, pero muchos lo han considerado un relato iniciático con pasajes realmente enigmáticos. De todas formas, no debe extrañar la maestría del autor de Boston para la temática marítima, pues ya la demostró en relatos como Manuscrito encontrado en una botella (1833) o Un descenso al Maelström (1841).




La importancia de esta novela para el género de los mundos perdidos es que se trata de una de las primeras que sitúa la acción de la Antatártida y la existencia de la entrada a un extraño mundo subterráneo, si atendemos a su enigmático final. La obra tuvo una gran influencia en Francia, donde fue traducida por Charles Baudelaire en 1857, y Julio Verne se atrevió a continuar la historia en La esfinge de los hielos (1897).

2- ‘Viaje al centro de la Tierra’ (1864), de Julio Verne

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Además de proseguir con el relato de Poe, la gran aportación de Julio Verne al género de los mundos perdidos fue esta novela, que narra la expedición del profesor Otto Lindenbrock al volcán islandés Snaefellsjökull. El punto de partida es el enigmático manuscrito de un alquimista del siglo XVI, a partir del cual el grupo explorador plantea la idea de llegar al centro del planeta.

Viaje al centro de la Tierra es un texto hijo de su tiempo. Entonces surgían las teorías geológicas que dejaban atrás las concepciones bíblicas sobre el pasado de la Humanidad. Concretamente, Verne se inspiró en los trabajos de sir Humphry Davy, químico inglés que cita en la novela, y que defendía que en el interior del planeta no podía ser líquido ya que estaría sometido a la influencia de la gravedad de la Luna. Además, la existencia de ese mundo subterráneo recoge una teoría muy popular en la época: la Tierra hueca.

Esta novela sigue la tradición iniciada por la novela antártica de Poe de situar los mundos extraordinarios dentro de la corteza terrestre. También es una de las obras más adaptadas de Verne al cine y la televisión, como sucedió con la clásica de 1959 protagonizada por James Mason o la más reciente y cuestionable de 2008 con Brendan Fraser y Anita Briem.

3- ‘Las minas del rey Salomón’ (1885), de H. Rider Haggard

Pese a los claros referentes de Poe y Verne, esta novela de Henry Rider Haggard es, para muchos, la obra fundacional del género de los mundos perdidos. Aunque sus antecesoras habían sido populares, la clave para que Las minas del rey Salomón se considere la obra germinal del género es que apareció en el momento preciso, en plena época de los descubrimientos arqueológicos de lugares como el Valle de los Reyes, Mesopotamia o las ruinas del gran Mozambique, que se seguían con gran interés.

La acción se sitúa en el interior de Sudáfrica y presenta el antiguo reino de Kukuanalandia, que ha perdurado hasta nuestros días (bueno, cuando “nuestros días” era el final del siglo XIX). Tampoco hay que olvidar que esta novela fue la primera aparición de uno de los personajes referentes del género pulp como Allan Quatermain; a quien se ha visto en otras novelas de Haggard, en el cine (en adaptaciones de estas obras) o en el mundo del cómic, en piezas como La Liga de los hombres extraordinarios.

Más allá de Quatermain, Haggard también aportó otra de las obras icónicas del género de mundos perdidos, Ella (1887), que cuenta con una reciente e interesante adaptación al cómic.

4- ‘El mundo perdido’ (1912), de Arthur Conan Doyle

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Una buena muestra de que la producción de Arthur Conan Doyle va más allá de las aventuras de Sherlock Holmes. Además, se trata de la novela que ha dado nombre al género, y en su momento gozó de una gran popularidad. Con todo, este libro se puede considerar una obra crepuscular del género de aventuras victorianas que buscaban la exploración de aquellos espacios en blanco que aún quedaban en los mapas.

La trama presenta al joven periodista Edward Malone, que se embarca en una aventura para impresionar a su novia. Se trata de una expedición a Sudamérica con el peculiar profesor Challenger, que también aparece en otras novelas de Doyle. Este académico asegura que existe una meseta con fauna y tribus prehistóricas. Se les unen dos integrantes más, otro científico y rival del primero, Summerlee, y Lord John Roxton, prototipo de aristócrata y aventurero victoriano.

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El Viaje al Centro de la Tierra de Verne es una clara referencia para Doyle, ya que el grupo de El Mundo Perdido y las aventuras que viven con dinosaurios y tribus de humanos y seres simiescos arrastran una clara influencia de la obra del francés.

5- ‘La Atlántida’ (1919), de Pierre Benoit

Si se habla de mundos y civilizaciones perdidas es inevitable no mencionar el mito por excelencia en este campo: la Atlántida. La ubicación de este lugar legendario ha sido objeto del trabajo de arqueólogos heterodoxos, amantes del ocultismo o novelistas inspirados por el mito que relató Platón. Habitualmente, esta mítica ciudad-continente se ha ubicado en el Atlántico, aunque también se ha apostado por otros lugares.

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El novelista francés Pierre Benoit fue uno de los que propuso una de estas ubicaciones alternativa en esta obra. Situó a la Atlántida en medio del desierto del Sáhara. La acción lleva a dos militares franceses en una misión de exploración que se adentra en el desierto y acaba llegando a la mítica ciudad.

Allí se encontrarán con Antinea, una sensual pero temible reina que desciende del mismísimo Poseidón, y que se ha convertido en uno de los personajes femeninos icónicos del género junto a la Ayesha de Haggard, protagonista de Ella. Mientras que las mujeres parece que han conservado su sensualidad en la Atlántida, Benoit presenta a unos atlantes bestializados, en la línea de El mundo perdido de Conan Doyle. La novela fue todo un éxito, como demuestran los dos millones de ejemplares que ha vendido desde su publicación.

6- ‘El estanque de la luna’ (1919), de Abraham Merritt

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En la línea de Viaje al Centro de la Tierra, aquí estamos ante un caso de mundo intraterrestre y no a un punto perdido en un lugar inexplorado del mapa. Hoy ha decaído la popularidad de Merritt, pero a principios del siglo XX era un autor de referencia en el mundo de la literatura pulp. También se le considera una de las fuentes inspiradoras de Lovecraft.

La novela explica el viaje de una expedición científica a una isla remota del Pacífico. Allí encuentran unas ruinas antiguas donde las noches de luna llena se abre un portal hacia un mundo intraterrestre. Un miembro de la expedición es secuestrado por una extraña luz. Sus compañeros se lanzan al rescate hacia ese lugar desconocido donde encuentran se encuentran con dos razas enfrentadas.

La Tierra hueca

La historia continua con todos los elementos propios del género pulp: la expedición se inmiscuye en el conflicto local, encuentros con seres extraños, rescate de una hermosa joven local… Originariamente estaba pensada como una historia en dos partes (El estanque de la luna y La conquista del estanque de la luna) pero la editorial decidió publicarla conjuntamente para rentabilizarla al máximo.

7- ‘La tierra olvidada por el tiempo’ (1924), de Edgar Rice Burroughs

El final de los tiempos victorianos no hizo que los lectores perdieran su interés por los mundos perdidos; simplemente este interés se transformó. El auge del género pulp hizo que autores como Burroughs (el padre de Tarzán, quien también escribió aventuras en Opar, una colonia atlante) cambiarán el estilo del romance victoriano en la exploración de territorios desconocidos por los nuevos cánones que mandaba esta tendencia de la cultura pop.

Como otros autores de esta lista, Burroughs recurre a la Antártida. El helado continente seguía siendo terreno fértil para la imaginación de los escritores de principios del siglo XX, ya que aún constituía la última frontera por explorar en la Tierra. En sus inmediaciones, este escritor ubica una isla donde se ha generado un ecosistema peculiar que ha permitido convivir a toda una fauna prehistórica.

A este paraje tan peculiar llegan marineros británicos y alemanes durante la Primera Guerra Mundial. Los enemigos comenzarán a colaborar para poder escapar de un entorno hostil. En esta acción se introduce un personaje femenino con un rol destacado, uno de los primeros del género, aunque aún con las características propias del pulp: la damisela en peligro cuyo rescate constituye un eje clave de la trama. La obra también tuvo dos adaptaciones cinematográficas, en 1975 y 2009.

8- ‘En las montañas de la locura’ (1936), de H. P. Lovecraft

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Las civilizaciones de pasados remotos y de seres no humanos son uno de los ejes en la obra de H. P. Lovecraft. El autor de Providence aplicaba referencias de avances científicos del momento como el descubrimiento de Plutón en 1930 o las expediciones antárticas que se seguían con suma atención en todo el mundo durante el primer tercio del siglo XX. Al situarse en el Polo Sur, se le considera un heredero, incluso una especie de continuación de La narración de Arthur Gordon Pym.

Pero esta obra de Lovecraft aporta elementos únicos para el género. Por un lado, muestra con claridad una de las constantes de su obra: los humanos somos meros insectos en medio de un conflicto entre razas alienígenas que dura millones de años. El descubrimiento que hace la expedición antártica constituye una de las explicaciones más extensas del universo de los Mitos de Cthulhu.

Cthulhu

En segundo lugar, y dentro del ámbito de los mundos perdidos, aquí se presenta una civilización antigua pero que había logrado un progreso tecnológico muy superior al de la sociedad contemporánea (como experimentos genéticos o viajes espaciales). En las obras anteriores, las poblaciones que se encontraban los exploradores de turno normalmente contaban con una tecnología anticuada, y como mucho tenían un componente mágico.

9- ‘Congo’ (1980), de Michael Crichton

Una de las creaciones más recientes y destacadas en el género de los mundos perdidos, en la que Michael Crichton reimaginó Las minas del rey Salomón. El punto de partida es la búsqueda de la ciudad perdida de Zinj en el Congo, pero se introducen cuestiones contemporáneas como la relación entre la explotación de diamantes y otros minerales estratégicos, los conflictos armados en África y el rol de las compañías occidentales en estas situaciones.

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Crichton también recupera uno de los elementos clásicos del género visto en otras obras como El mundo perdido, los habitantes de estos misteriosos lares tienen una apariencia bestial, consecuencia de algún avatar evolutivo. En este caso, los gorilas que protegen la ciudad se han hibridado con humanos.

Prácticamente antes de que Crichton acabara la novela ya se hablaba de su adaptación al cine, que finalmente llegó en 1995. Los fans del libro (que tuvo una gran acogida en su momento) y la crítica cargaron contra esta adaptación por algunas diferencias con la trama de la novela. Con todo, la película fue rentable ya que recaudo unos 152 millones de dólares en todo el mundo.

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