‘Zodiac’ – La historia más allá de Fincher

Se acaban de cumplir diez años de la llegada a la cartelera española de Zodiac, una película basada en hechos reales, con la que el director David Fincher alimentaba la leyenda de uno de los asesinos más enigmáticos de la historia. Nadie puede poner en duda que la cinta sea uno de los mejores -si no el mejor-  thriller en lo que llevamos de siglo. No obstante, como producto de true crime, Zodiac deja mucho que desear. Hablamos de las pistas y teorías que el director decidió dejar fuera.

La influencia del asesino del Zodiaco es tan poderosa como la de Jack el Destripador. Su figura nos fascina como recordatorio de que la justicia no siempre llega, como ejemplo de que en el mundo aún puede triunfar la maldad.

El Zodiaco es, además, el prototipo de asesino que nos asombra. Lejos de esconderse o avergonzarse por su comportamiento, anhelaba reconocimiento y encontraba divertido burlarse tanto de los policías que lo perseguían como de los periodistas que cada día debían sumergirse en su caso. Ególatra, al Zodiaco le gustaba hacer gala de su supuesta inteligencia superior y, en sus cartas llegó a incluir varios mensajes codificados, uno de los cuales, un criptograma formado por 340 símbolos, sigue sin haber sido resuelto a día de hoy a pesar de los esfuerzos tanto de la unidad de criptografía del FBI, como de la NASA y de incontables fanáticos del caso.

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Basados en esta serie de asesinatos podemos encontrar casi una treintena de libros, uno de los cuales, Zodiac (1986), del dibujante reconvertido a escritor Robert Graysmith, destaca entre los demás en cuanto a volumen de ventas se refiere. Zodiac fue todo un best seller el año de su publicación, llegando a vender más de cuatro millones de copias, todo un hito para un libro de no-ficción. Entre los lectores estaba el guionista James Vanderbilt, que quedó tan fascinado con la historia de Graysmith que se dedicó a escribir una adaptación de la misma para la pantalla y a moverla hasta conseguir, no sólo financiación, sino que el director que él consideraba ideal, David Fincher, se sumara al proyecto.

Zodiac (2007) es una película hipnótica. Magnífica. Centrada en el diálogo y con un ritmo imperturbable, nos sumerge en la agonía de la obsesión por el asesino desarrollada por el propio Graysmith. Pero, incluso con la innegable calidad del producto final, los incondicionales del caso rechazan la cinta de manera tajante: el libro de Graysmith, pese a ser considerado una referencia por el gran público, es uno de los más denostados por los estudiosos del caso.

Mucha especulación y poca investigación, dicen. Injusto, inmoral y poco documentado. Graysmith ha acabado convertido en el personaje más odiado por la comunidad de fanáticos de los crímenes del Zodiaco.

El detective aficionado contra Arthur Leigh Allen

En su crítica para Los Angeles Times aparecida el 9 de febrero del 86, Richard Harnett decía que había disfrutado mucho con la lectura de Zodiac. Le había parecido un libro muy entretenido. El crítico se frotaba las manos -con media sonrisa irónica dibujada en la cara- mientras dejaba lo mejor para final. Y es que si Zodiac le había parecido tan divertido era porque lo consideraba un gran libro de ficción, lleno de teorías y suposiciones rocambolescas.

Fue Harnett, en este texto, el que le dio a Graysmith el sobrenombre que en internet no se cansan de usar contra él: “el detective aficionado”.

Graysmith y Jake Gyllenhaal, que le interpreta en 'Zodiac'

Graysmith y Jake Gyllenhaal, que le interpreta en ‘Zodiac’

Graysmith ha dedicado gran parte de su vida al asesino del Zodiaco. Además de Zodiac, ha publicado otro libro sobre el tema, Zodiac Unmasked (2002) en el que, según él, aumenta las pruebas que sostienen su teoría: Arthur Leigh Allen (conocido como Lee) es el asesino del Zodiaco.

Durante el año escaso en el que el Zodiaco estuvo cometiendo sus crímenes, Graysmith trabajaba como dibujante de caricaturas políticas para el San Francisco Chronicle, uno de los diarios de los que el Zodiaco solía acordarse en su correspondencia. El caricaturista vivió en segunda línea todo lo relacionado, tanto con los asesinatos como con los movimientos dentro del periódico y los debates sobre ética que las llegadas de las cartas abrían.

Su obsesión con el asesino iba en aumento conforme se percataba, según sus palabras, de que ‘la información sobre el caso se perdía entre jurisdicciones’ y que muchos sospechosos nunca llegaban a ser interrogados debido a los problemas burocráticos entre los diferentes cuerpos policiales involucrados.

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Graysmith cita como principal fuente policial del libro las notas de William (Bill) Armstrong, el investigador asignado por el departamento de policía de San Francisco al caso. No obstante, mucha de la información citada en Zodiac es incorrecta o, incluso, llega a ser contradicha en Zodiac Unmasked quince años después.

Es por eso que, aunque la película dirigida por David Fincher es bastante fiel al libro, descarta muchas de sus teorías plenamente especulativas (como la de que Allen usó para los asesinatos ropa heredada de su padre) y presenta algunas correcciones basadas en la investigación sobre el suceso puesta en marcha por el mismo director.

El cambio más llamativo es que Fincher decide ignorar los análisis caligráficos de Sherwood Morril -el especialista consultado por Graysmith- y seguir las conclusiones de Gerald Mcmenamin, un lingüista de la universidad estatal de California. Sus deducciones no pueden ser más distintas.

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Para Morril, cuyo método de trabajo principal se basa en analizar la forma de los trazos y el espacio entre las letras, sólo caben dos posibilidades: o bien el Zodiaco son en realidad dos hombres, o bien es sólo uno que intentaba disfrazar su letra usando un proyector y copiando la escritura del dibujante de carteles de cine Bob Vaughn (que fue investigado y declarado inocente por Ken Narlow del departamento de policía de Napa). Aunque esta última teoría se presenta en la cinta en una de las escenas mejor calibradas, no adquiere en ningún momento la importancia y profundidad que se le da en la versión en papel.




Para el investigador de Fincher, que prefiere analizar el lenguaje y las palabras escogidas para expresarse que el asesino usa en las cartas, el Zodiaco es sólo un hombre que en ningún momento intenta ocultar su identidad. Más allá de eso, disfruta mostrándose y es por eso que emplea tanto sus conocimientos sobre cine y literatura y utiliza frecuentemente el sarcasmo.

A pesar de que es la idea mostrada en la película, Max Daly, el investigador privado contratado por el director, también discrepa con la teoría central del libro, la de que Arthur Leigh Allen cometió los horribles asesinatos.

John Carrol Lynch interpretando a Arthur Leigh Allen

John Carrol Lynch interpretando a Arthur Leigh Allen

Aunque muchas pruebas circunstanciales pueden señalar a Allen, este ha sido investigado una y otra vez sin éxito. Lo más llamativo para muchos, es que ni siquiera su descripción se ajusta a la dada por los testigos del caso. Allen -que fue acusado de corrupción de menores- era un tipo gordo y bastante alto que a finales de los sesenta, cuando se cometieron los crímenes, podía ser ya considerado calvo.

Los testigos -entre los que se encuentra el agente Don Fonke de San Francisco- hablaban de un hombre delgado o musculado, con pelo claro (canoso, rubio o castaño claro rojizo) de estatura normal o baja y la cara alargada con gafas, lejos del redondeado rostro de Allen.

Las huellas dactilares que, se supone, dejó el asesino tanto en el taxi en el que cometió su último asesinato, como en el teléfono con el que dio aviso del tercero, no coinciden en ningún caso con las de Allen. Un hecho que Graysmith explica argumentando que no puede probarse de forma efectiva que esas marcas fueran dejadas por el asesino.

Fotografía policial del asesinato de Paul Stine

Fotografía policial del asesinato de Paul Stine

En 2003, un año después de la publicación de Zodiac Unmasked, Michael Maloney y Kelly Carroll, los detectives de San Francisco asignados a casos antiguos, tomaron muestras de ADN de las cartas enviadas por el asesino. Para ello, siguiendo una intuición, despegaron los sellos esperando encontrar rastros de la saliva usada para humedecer el pegamento. La corazonada funcionó.

De la muestra, el laboratorio fue capaz de obtener un perfil genético parcial que, de manera clara, dejaba fuera de sospecha tanto a Allen como a Mike Rodeli, otro sospechoso muy sonado de la época.

Durante la gira de presentación de la película, Graysmith, que por entonces aún se enfrentaba a una demanda de la familia de Bob Crane por su libro sobre el actor y su adaptación al cine posterior, defendió su teoría argumentando que esas cartas habían pasado de mano en mano por las redacciones de los periódicos y que la cadena de custodia policial se había roto. En definitiva: que no podía probarse que ese perfil de ADN correspondiera al asesino.

This Is The Zodiac Speaking

Oficialmente, el asesino del Zodiaco estuvo en activo desde diciembre de 1968 hasta octubre del 69. En ese periodo de tiempo tuvo ocasión de matar a cinco personas y dejar a dos hombres heridos en cuatro crímenes diferentes. Pero su sombra es mucho más alargada. El Zodiaco estuvo mandando misivas a diferentes periódicos y a particulares hasta 1974, salvo por un llamativo parón de algo menos de tres años.

Por descontado, existen una cantidad significativa de cartas cuya autenticidad no puede ser debidamente certificada. Entre estas, destaca una de 1978 cuya autoría, para algunos, pertenece a Dave Toschi, el investigador de la policía de San Francisco que es interpretado por Mark Ruffalo en la adaptación cinematográfica.

Y, al igual que con las cartas pasa con los crímenes. Hay algunos en los que siempre quedará la duda.

En la adaptación de Fincher podemos ver el encuentro entre una mujer y el que, según nos hace entender el director, es el asesino del Zodiaco, en una carretera nocturna. El hombre, tras hacerle señales luminosas a la mujer, consigue que detenga el coche y, tras eso, le inutiliza una rueda. Con la excusa de llevarla a una gasolinera, el asesino consigue que Kathleen Johns, que así se llama la joven madre, entre en su vehículo junto con su bebé para acabar saltando del coche en marcha más tarde ante el evidente peligro.

Este incidente, que sucedía en marzo del 70 cerca de Patterson, en California, es uno de los que más dudas levanta en los investigadores. Aunque la recreación de la película indique que todo fue cuestión de minutos, Johns pasó en el vehículo con su secuestrador algo más de tres horas y, debido a la diferencia de modus operandi, el único motivo por el que se sospecha que el Zodiaco pudo ser el criminal es que la mujer así lo dijo en la estación de policía en base a los retratos robots.

En una carta (de las auténticas), el Zodiaco reclamaba la autoría del delito cuatro meses después. Sin embargo, daba tan poca información al respecto y su historia se parecía tanto a la que ofrecían los medios que los investigadores confirmaron algo que venía sospechando desde mucho tiempo atrás: al asesino le gustaba apuntarse tantos.

Darlene Ferrin junto a su marido

Darlene Ferrin junto a su marido

Debido al afán del criminal por admitir cualquier cosa que aumentara el recuento de cadáveres, en la actualidad es muy difícil confirmar o desmentir teorías. No obstante, parece existir cierto consenso en admitir que Cheri Jo Bates no sólo fue una víctima del Zodiaco sino que fue la primera de ellas. Bates fue apuñalada 26 veces una mañana que se dirigía a la biblioteca de la universidad en la que estudiaba. Hay dos razones para relacionar este crimen con el Zodiaco.

La primera, las cartas. Un mes después del asesinato de Cheri, mucho antes de que el Zodiaco se diera a conocer, el asesino de la joven mandó una serie de misivas a periódicos de Riverside y al padre de la joven en el que, con cierto sarcasmo, se reía de la inutilidad policial.

Artículo sobre el asesinato de Cheri Jo Bates

Artículo sobre el asesinato de Cheri Jo Bates

La segunda razón, esta proporcionada por Graysmith en su libro, es que Morril, el experto en caligrafía con el que colabora, identificó un poema tallado en una mesa de la biblioteca de la facultad como “escrito por el asesino”. En la correspondencia enviada por el Zodiaco el 30 de abril del 70, el asesino felicita a la policía por haber descubierto “su actividad en Riverside” pero, al no proporcionar más datos, el asesinato de Cheri nunca se sumó a la lista oficial.

Los sospechosos favoritos

Zodiac de Fincher sigue tan de cerca la obra de Graysmith que ni siquiera se permite presentar a sospechosos alternativos. Los más conocidos son Richard Gaikowski, el sospechoso número uno para los fans del caso; Rick Marshall, al que los investigadores llamaban “el sospechoso favorito”; y Lawrence Kane, que es el que más pruebas y declaraciones acumula en su contra.

El nombre de Gaikowski saltó a la palestra gracias a Tom Voight, creador de zodiackiller.com y uno de los mayores especialistas en el asesino. Según su propia narración, Voight fue contactado por un informante, cuyo nombre en clave es Goldcatcher, que le proporcionó audio, fotos y muestras de escritura de un conocido del que sospechaba desde hacía mucho tiempo.

Tom Voight junto a Goldcatcher

Tom Voight junto a Goldcatcher

Al analizarlos Voight se convenció. No es sólo que la voz y la escritura de Gaikowski y el Zodiaco fueran similares o que su pasado en las fuerzas armadas pudiera haberle proporcionado habilidad con la codificación sino que el hombre, que trabajó de periodista en su juventud, solía firmar sus artículos como Gyke, palabra que puede leerse en uno de los criptogramas enviados por el Zodiaco.

Paralelamente, Voight descubrió que Gaikowski había estado en tratamiento por una enfermedad mental en el hospital Mt. Zion durante 1971 y 1974 coincidiendo con los años de silencio del asesino. En la carta del 74, cuando el Zodiaco se decidía a compartir sus opiniones sobre El exorcista (1973), Gaikowski trabajaba, precisamente, en un cine.

Para los investigadores, que no pudieron contar en su época con la declaración de Goldcatcher, el hombre a seguir era Rick Marshall.

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Marshall era, para el detective Ken Narlow, el sospechoso que más se parecía al retrato robot proporcionado por los testigos. Ferviente amante del cine y la literatura, Marshall aseguraba, en una entrevista en televisión, que no le extrañaba que los policías dudaran de él cuando compartía tantos intereses culturales con el asesino.

Durante el registro de la casa de Marshall se encontró una máquina de escribir de similares características a la que, se asumía, usaba el asesino, además de una máquina de coser (el Zodiaco se hizo una capucha y cosió un emblema en su pechera) y otros “items sospechosos” no detallados en el informe.

Pero es Lawrence Kane el que parece el candidato más probable según las pruebas. Diagnosticado, tras un accidente de coche en 1962, como una persona “incapaz de controlar sus impulsos”, fue identificado por las dos hermanas de la victima Darlene Ferrin como “El hombre desconocido que asistió al funeral”. Kathleen Johns, la víctima del extraño secuestro en coche, también señaló la foto de Kane como la imagen de su agresor.

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Kane estuvo en la marina, en donde trabajó y estudió codificación naval, antes de ser descartado y enviado de vuelta a casa. La descripción de Kane se asemeja mucho a la declaración de los testigos supervivientes, además, vivía cerca de la calle en donde mataron al taxista Stine y poseía un coche similar al descrito por los testigos en las otras localizaciones de los crímenes. Por último, dato que muchos psicólogos destacan, Kane era probablemente asexual, lo que explicaría por qué ninguna de las víctimas del Zodiaco fue agredida en este sentido.

Mitos y leyendas

Uno de los hechos más escalofriantes del caso es que el Zodiaco se fue como vino. Tal y como empezó, dejó de actuar un año más tarde. Es por esto que muchos piensan que, en realidad, el Zodiaco es otra identidad de algún célebre asesino.

Bruce Davis, que pertenecía a la familia de Charles Manson, fue sospechoso durante cierto tiempo hasta que tanto el FBI como el abogado Vincent Bugliosi demostraron que era imposible que fuera el perpetrador . El foco sobre Davis lo puso el autor Howard Davis en su libro The Zodiac/Manson Connection (1997). Dennis Rider, el famoso BTK y Theodore Kaczinsky, conocido como Unabomber, tampoco se han librado de la sospecha aunque son más llamativas las acusaciones contra Michael O’Hare y Earl Van Best Jr.

Bruce Davis (derecha)

Bruce Davis (derecha)

El primero fue señalado por Gareth Penn, reputado autor de true crime, que en su libro sobre el caso, Times 17 (1987), se hace un lío con las matemáticas y desarrolla la ya descartada “Radian Theory” (teoría del radián). Penn aseguraba que el Zodiaco actuaba siguiendo un ángulo concreto sobre el mapa de San Francisco y, por lo cual, debía ser alguien con amplios conocimientos cartográficos y científicos. O’Hare, como profesor de matemáticas universitario, se convirtió en su obsesión.

Van Best, por otro lado, fue un criminal de poca monta acusado, tras su muerte, por su hijo Gary L. Stewart en el libro The Most Dangerous Animal of All (2014). Stewart, abandonado de niño, empezó a investigar a su padre para conocer un poco de sus raíces y acabó desarrollando esta teoría, desbancada más tarde por los análisis de ADN.

Earl Van Best Jr.

Earl Van Best Jr.

Puede que al final el único libro que contenga algo más que especulaciones sea el de Lindon Lafferty, The Zodiac Killer Cover-Up: The Silence Badge (2012) que asegura que si no conocemos al asesino se debe a múltiples pifias de los investigadores y a la corrupción policial de la época.

Aunque los productores de cine dijeran a Fincher que un final abierto sería insatisfactorio y anticlimático lo cierto es que este, como mínimo, nos ha proporcionado unas buenas risas..

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Un comentario

  1. Alex Bolea dice:

    El artículo me ha parecido excelente. La película, no obstante, me pareció muy lenta cuando la vi en el estreno. Y lo del final abierto acabó dejándome con la sensación de que la película no había merecido la pena.

    Pero el artículo de 10.

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