10 razones por las que ‘No es mi tipo’ es la mejor comedia romántica del momento

Si eres de esos que te preguntas para qué vas a ver una película francesa, la respuesta está clara: este film va a hablar más de tu vida que todos los telefilmes amorosos de Jennifer Aniston que viste sin querer en Antena 3 estas vacaciones a la hora de la siesta.

En algún lugar de su petulante y primerizo Filosofía del Matrimonio (1829) Balzac afirma sobre las mujeres que “es necesario conocer sus cuerdas tremulantes, estudiar su posición, la tímida clave y la digitación cambiante y caprichosa”. No es nuevo el discurso y muchos recordarán que poco después, en 1832, Víctor Hugo haría en El Rey se Divierte una divertida y misógina evocación de este carácter cambiante. Esos versos, que declama el Duque de Mantua entre la ironía y el libertinaje, acabaron como la conocida aria La Donna è Mobile en la ópera Rigoletto (1851).

El misterio de las relaciones sentimentales, sus giros y virajes, son una gran tradición en el cine francés directamente extraída de sus romances. La seminal Jules y Jim (1961) o la irónica La Rodilla de Clara (1970) son eternos circunloquios sobre la naturaleza del amor y del hastío en lo cotidiano de la convivencia. Un país, en fin, donde cualquier hecho amoroso se sacraliza: “lo único que quiero es, ahora, filmar sobre las relaciones” afirmaba François Truffaut. Lucas Belvaux ha filmado ahora en No es mi tipo (Pas son genre, 2014) otra de esas pequeñas películas francesas que, a decir de Arcadi Espada, son una muestra de cómo ese cine es “hablado” mientras el resto de filmografías permanecen en la prehistoria narrativa.

Imagen0

Os ofrecemos diez razones por las cuales esta película es una excepcional comedia romántica y está más cercana a la vida real que cualquier producto manufacturado con Meg Ryan.

1. La relación es improvisada

En la mayoría de comedias románticas del “modelo Hollywood” se construyen arquetipos en los cuales el “guay”, el que tiene todos los chistes, consigue sin oposición a la dama. La relación en este film entre Clément (Loïc Corbery) y Jennifer (Émilie Dequenne) es todo menos superficial y tiene los suficientes choques iniciales como para que cualquiera pueda sentirse identificado. Además, ¿quién podría pensar que un profesor de filosofía alemana y una peluquera se amarían por primera vez?

2. La poética de los pequeños gestos

Unas manos que se cruzan, un primer plano de una mujer alisándose el pelo, la suavidad en el gesto del profesor que acaricia la cara de su amante para finalizar en los labios…En el viejo cine francés se construye el romance siempre como un thriller. Así, el ritual del crimen se filma igual que el del amor: a través de rasgos y planos detalle. La incógnita es, como en la vida real, ¿lo conseguirá?

Imagen1

3. Filosofía en la gran pantalla

Como es habitual en el cine galo, las referencias literarias fluyen en la película con total naturalidad. Afortunadamente el director Lucas Belvaux contrapesa la pedantería de la alta filosofía con los comentarios pizpiretos de la protagonista, una peluquera medio belga. El contraste, que en cualquier cosa estadounidense es impostado, aquí es natural y defiende a la persona menos culta con sus intuiciones geniales. Como resume un protagonista presuntuoso en La novia vestida de negro (1968) de Truffaut: “me gustan las mujeres vulgares, están llenas de vida…”.

4. Intensidad emocional

Es raro, muy raro, encontrar melodramas que no resulten falsos e hipócritas. El modelo americano ha sustituido la poética de la realidad por los clichés más sonrojantes: bombones, música enfática, filtros de cámara espantosos, capas de maquillaje encima de Meg Ryan, parecida ya a Monchito. En el melodrama francés, incluso en el menos poético y más comercial (La delicadeza, 2011), se busca siempre el momento sublime amoroso con una concienzuda interpretación de los actores. Algunas veces, incluso, a través de un sexo casi real, como en la excelente La vida de Adèle (2013) o la producción galo-polaca La Doble Vida de Verónica (1991). En No es mi tipo el sexo es simplemente creíble y los actores construyen sus personajes bajo miradas propias de la más descarnada pasión.

Imagen2

5. La lírica de lo hortera

Estamos en la mitad de la lista y muchos lectores pensarán que esta es otra película lenta, donde nadie se mueve y hay planos y planos de francesitas melifluas mirando al horizonte. Craso error: la película está llena de vida y al estar rodada sin énfasis da lirismo a las cosas más horteras que uno pueda imaginar, como karaokes o kermés con mucho de Fallas. Así, nuestra querida Jennifer tiene un grupo de peluqueras con las que hacen karaoke bruto de las mayores petardadas de Gloria Gaynor o las Supremes. Una película que habla de la Crítica del juicio (1790) de Kant y luego pone un karaoke es excepcional.

Imagen3

6. El peso del pasado

Cualquiera que haya vivido un puñado de relaciones sabe cuánto hay de cierto en ese aforismo de Arthur Schnitzler que se puede aplicar a cualquier género: “…toda mujer convive con los fantasmas de sus relaciones pasadas”. Tanto el profesor como la peluquera viven bajo el recuerdo de todos sus amores, que citan siempre de manera indirecta. Se evoca el pasado, así, como se suele hacer en la realidad con menciones sueltas o bajo la mudez más hipócrita. Lejos estamos, entonces, de Diane Keaton borracha hablando con la vulgaridad más falsa del tamaño de los penes de sus ex en un loft de Nueva York. En No es mi tipo las fotografías y libros hablan por unos protagonistas que se esconden: eso es el cine.

Imagen4

7. El silencio

Hollywood nos ha acostumbrado a un modelo en el melodrama muy ampuloso, que recarga escenas de amor con bandas sonoras estruendosas. El profundo influjo de la poética de la realidad, inspirada por Bazin y el cine de Renoir, tiene todavía peso en el mejor cine francés y es difícil encontrar esos excesos. Se busca, como decía Rohmer, evitar la “falsa amistad con la música” del cine, que amplifica las emociones para hacer el discurso tan sentimental como falso. No es mi tipo rehúye esa retórica construyendo una narración profunda y cercana. Y sin pagar derechos musicales a los Wet Wet Wet.

8. Émilie Dequenne enamora

Lo dicen sus biógrafos menos escrupulosos: Truffaut intentó liarse con todas sus actrices a lo largo de su trayectoria. No conocemos si Belvaux, un hombre mayor, tuvo algún exceso con Dequenne, pero lo cierto es que la protagonista brilla al hacer creíble un personaje en un papel tan vulgar. Los diálogos, que quizá podrían parecer impostados, alcanzan en su boquita de fresa rubeniana una naturalidad que arrebata. Es probable, además, que esta película pueda llegar a darle fama en el cine extranjero. Pero, ¿quién la desea como futura Jennifer Aniston? No queramos tan mal a la antigua niña regordeta de Rosetta (1999) de los hermanos Dardenne.

Imagen5

9. ¿Y si me voy con otra?

En Francia existe una glorificación del coqueteo y la búsqueda en agradar al otro. Esta tradición cortesana, que llevó a que Schopenhauer llamara maliciosamente a los franceses “los monos de Europa”, impregna sus filmes y todos los personajes parecen estar siempre a punto de iniciar ligues como el zorrillo Pepe Le Pew de los Looney Tunes. El profesor, en su llegada a Arras, filosofa y coquetea con una asistenta en su instituto. También mantiene el contacto con su anterior relación. Ella, por otra parte, tiene una niña y muchos desencantos pasados. En la narración, el concepto de que un enamoramiento no sea lineal, que cuente con eternos imprevistos, es una muestra de madurez dramática.

10. No hay esperanza

Es raro en cualquier relación sentimental, más en la actualidad, acabar en la más absoluta felicidad. No nos engañemos: incluso si la pareja dura todas las mentiras, fotos viejas o aquellas frases que no se debieron decir, revolotean en la memoria años. En el baile de máscaras de las parejas, minué siniestro que acaba en depresiones o mensajes de exes en Forocoches, cualquier tropiezo puede ser el final. Lo grande de No es mi tipo es que no rehúye esa realidad y no fuerza situaciones que hubieran destruido el filme. Y, parafraseando a Muriel Brown en Las dos inglesas y el amor (1971), lo que “duele no es el amor, sino la incertidumbre de este…”

 

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad