100 personas comparten sus insultos favoritos (y nosotros añadimos un puñado)

Insultar es algo connatural al ser humano. A nadie ha matado soltar un buen "tío mierda" con voz de Arnold Schwazenegger. Por eso hoy te traemos un vídeo donde cien personas diferentes te explican cuál es su insulto favorito. Porque hay que ser un verdadero desgraciado nacido de un pedazo de mierda encallado en el esfinter de Satanás para no venirse arriba con una buena ración de insultos.

Todos tenemos un insulto favorito. Ya sea la rotunda sencillez de un “imbécil” o la glorificada sonoridad de un “bastardo hijo de mil hienas”, es imposible no tener una palabra o una frase con la que se nos llena la boca a la hora de definir a nuestras personas menos favoritas del mundo. Y como no existe exceso de ingenio a la hora de recordar qué pensamos la gente que desearíamos que les atropellara un autobús repetidas veces porque el conductor no está seguro de haber reconocido o no a un antiguo amigo de la infancia entre uno de los viandantes, te traemos una recopilación de los insultos favoritos de cien personas diferentes. Lo cual da para una generosa diversidad de gustos en lo que respecta a ponerse faltón.

Si bien el vídeo está en inglés y los insultos son particularmente idiosincráticos de su lengua, eso no nos impide disfrutarlos en toda su rotundidad. Especialmente si estamos aquí para traducirte un puñado de ellos. No por nada, entre los clásicos “chupapollas”, “pedazo de mierda” e “hijo de puta” podemos encontrar otros más desconcertantes, como “jodido ladrón de baguettes” o “tableta de chocolate derretida”. Por supuesto, también hay sitio para el insulto ingenioso que parece nacido de un guión olvidado de Monkey Island. A fin de cuentas, uno no oye todos los días frases como “Iba a retarte a una batalla de ingenio, pero veo que vienes desarmado” o “¿Es eso tu cara o tu cuello ha soplado una burbuja?”.

Pese a todo, nos dejamos en el tintero muchas más formas de insultar al prójimo cuando insiste en no cumplir los mínimos estándares de no tocarnos las pelotas. Por eso, para despedirnos, además del vídeo, nada como un intraducible juego de palabras que, desde ya, introducimos en nuestro vocabulario para tratar con nuestros vecinos anglosajones: Merry Dickmas, Santa Fuck!

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