14 canciones de Prince que necesitas escuchar

...Si es que no las has escuchado ya, claro: rescatamos los himnos por excelencia del genio de Minneapolis para un homenaje apresurado pero necesario.

Como hemos escrito antes, el fallecimiento de Prince ha sido un mazazo de los gordos: a los 57 años, y por causas todavía desconocidas, el músico que dominó el pop de los 80 (siempre en dura competencia con Michael Jackson Madonna) ha dejado este mundo legándole al público un kilométrico catálogo de grandes canciones. En homenaje a su labor, CANINO le dedica esta lista de temazos imprescindibles, centrados en los años más gloriosos de su carrera.

Soft and Wet

Lo que se dice una declaración de principios: lo de «blando y húmedo» alude precisamente a aquello que se imagina el oyente. Los créditos del álbum, por cierto, afirmaban que Prince había tocado nada menos que 27 instrumentos en la grabación del disco… sin especificar que esos 27 instrumentos eran diversos modelos de guitarras y sintetizadores (más, por supuesto, guitarra, bajo y batería). El talento del chico para el autobombo ya iba descollando.

I Wanna Be Your Lover

La primera canción del Artista en vender un millón de copias. Y una de las primeras que empezaron a marcar la diferencia: no es exactamente funk, no es exactamente música disco, no es exactamente pop. Lo que sí es, exactamente, es un temazo con un estribillo irresistible.

Dirty Mind 

https://www.youtube.com/watch?v=tZ63tZO7_yM

Apodado «la maqueta más vendida de la historia», Dirty Mind fue un álbum cocinado por Prince prácticamente a solas y en su casa, sin apenas añadidos en posproducción. De ahí que una canción como esta, con su legendaria pericia para programar cajas de ritmo y su buen ojo para los sonidos de sintetizador, resultase tan rompedora en su momento: entre un ritmo esquelético y trallazos de Oberheim OBX, el músico nos insta a asumir que todos somos unos guarretes. Sabio mensaje, a fe nuestra.

When You Were Mine

Para entender la trascendencia de una canción así (también objeto de una preciosa versión a cargo de Cindy Lauper), basta con entender que, hace 36 años, nadie se esperaba que un cantante afroamericano ofreciese un tema que podría haber entrado sin problemas en el repertorio de Blondie u otros grupos de la Nueva Ola, con ese ritmillo trotón y esa línea de teclado tan pegadiza. La letra, en la que Prince se despoja de su imagen de übermensch sexual para contar una hilarante historia de adulterio, también merece ser destacada.

Jack U Off

https://www.youtube.com/watch?v=7PdF5a1mPcM

Acusado a menudo de ser una secuela sin gracia de Dirty Mind, Controversy tiene, sin embargo, sus encantos. Como este rock’n’roll aliñado con blips blops sintéticos en el que Prince expone sus numerosas virtudes como pareja y amante. Entre ellos, el de realizar trabajos manuales, de la índole que el lector se estará imaginando. «Y, para terminar, tú puedes hacerme una paja a mí», concluye ladinamente.

Little Red Corvette 

En el año del Naranjito, Prince publicaba uno de sus discos más innovadores en lo sonoro: el sonido de 1999 (acreditado ya a Prince and the Revolution) estaba presidido por los teclados del propio Prince y de sus (por entonces) sintesistas de cabecera: Dr. Fink Wendy Melvoin. El resultado es un trabajo de lo más cibernético, cuya frialdad suntuosa sólo se ve desmentida en piezas como esta oda a un coche, y a las cosas que uno puede hacer en el interior de ese coche. Concretamente, en su asiento de atrás.

When Doves Cry

Usando uno de sus trucos favoritos en la mesa de mezclas (saturar el bombo, para así compensar la ausencia de bajo), y haciendo que la caja de ritmos (una Linn-M1, para los interesados), la guitarra y los sintetizadores echen chispas, Prince obtiene uno de sus temas más innovadores en todos los aspectos. El resultado: su mayor triunfo hasta la fecha (llegó al millón de copias vendidas tres meses después de su lanzamiento) y una andanada de emoción eléctrica a la que ni Patti Smith pudo resistirse.

Purple Rain

Para muchos (fans y no-fans), LA CANCIÓN de Prince por antonomasia. Un ejemplo de cómo subvertir los tópicos del rock de estadio a base de duración mastodóntica, un solo de guitarra on fire y una interpretación vocal que va del murmullo al aullido vesánico. La película para la cual fue compuesta tiene muchos números para ganarse la categoría de truño, pero esta maravilla (ganadora del Oscar a la Mejor Canción, por cierto) prevalece frente a cualquier imagen.

Raspberry Beret 

Según acaba de confesar, Justin Timberlake sintió un pinchazo de melomanía infantil cuando escuchó esta canción por la radio, siendo un alevín de soulman sureño. Sólo por eso, el tema estrella del álbum posterior a Purple Rain (lanzado prácticamente por sorpresa, y con una instrumentación que renunciaba a la electrónica para apostar por los arreglos de cuerda y la psicodelia) se merece un monumento. Pero es que, además, la condenada es bonita hasta decir basta.

Manic Monday

A la hora de hablar de Prince, no cabe olvidar sus canciones compuestas para otros artistas. Y entre ellas se encuentra este caramelo sixties, regalado a las hoy (injustamente) olvidadas autoras de Walk Like An Egyptian. Efectivamente: llega un momento en el que los sueños se acaban, y una debe asumir que se enfrenta a otro maldito lunes.

Kiss 

Con Parade, Prince se superó… y no necesariamente en el buen sentido: el álbum era todavía más raro que Around the World in a Day, Under the Cherry Moon (el filme, dirigido por el propio Artista) al que servía como BSO era aún peor que Purple Rain. Poco importaba todo aquello, la verdad. El filme quedó rápidamente olvidado (aunque tiene sus defensores), el disco resultaba glorioso en su locura, y, además, entre sus surcos se cobijaba esta soberana maravilla, compuesta para otro grupo llamado Mazarati y prontamente recuperada por el músico cuando se dio cuenta del pedazo de hit que se traía entre manos.

Sign «O» The Times 

En principio, el álbum iba a llamarse Dream Factory, y estaba destinado a ser la obra más colaborativa de todas aquellas publicadas por Prince and The Revolution. Pero que si quieres arroz, Catalina: en uno de sus habituales cambios de humor, el genio no sólo decidió convertir este doble elepé en un monumento a su ego, sino también despachar con viento fresco a quienes, hasta entonces, habían sido sus fieles acompañantes. El sonido de una canción como esta (trabajo, una vez más, levantado sobre una guitarra y una caja de ritmos, a palo seco) puede eclipsar hasta cierto punto esa mala jugada.

If I Was Your Girlfriend 

La cara amable (y, por lo tanto, sexy) de Sign «O» The Times se encuentra en esta canción, donde Prince exhibe su estratosférico falsete para expresar su deseo de ser la mejor amiga (!) de la chica que le ha dado calabazas. «Podría escoger tus vestidos, nena, déjame comprarte la ropa», afirma. Por cierto: la distorsión de la voz en algunas estrofas se debe a un feliz patinazo de la técnico en el estudio.

Nothing Compares 2 u

Búscala en… The Family (The Family, 1985) y I Do Not Want What I Haven’t Got (Sinéad O’Connor, 1990)

The Family, uno de los proyectos más anecdóticos de Prince, cobró una inesperada relevancia cuando la cantante irlandesa se fijó en una de sus canciones, usándola como instrumento para rendir homenaje a su recién fallecida madre. Seamos herejes: la versión original es tirando a chuchurría, pero las cuerdas vocales de O’Connor elevan la canción muy, muy alto, convirtiéndola (si bien de rebote) en uno de los hits menos probables del músico.

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