15 aniversario de ‘Donnie Darko’. ¿Cómo aguanta el paso del tiempo el clásico de culto?

Han pasado, en realidad, más de quince años desde su estreno, pero la edición doméstica que conmemora sus tres lustros acaba de aparecer. Una introducción al nuevo milenio del cine de ciencia-ficción, entre retrospectivo y posmoderno, que se adelantó a su tiempo y pasó del anonimato más absoluto a un estatus de culto sin fronteras. Hoy, Donnie Darko permanece en el top de 250 mejores películas de imdb, su legado se sigue estudiando y su iconografía sigue siendo combustible de disfraces de Halloween, pero la pregunta es... ¿ha aguantado el peso de su legado durante esta caótica introducción al nuevo milenio?

El periodo de reajuste del mundo tras el 11-S, durante los primeros meses tras el ataque, fueron confusos para el mundo de la cultura. Todo era ofensivo, cualquier imagen se miraba con lupa. La primera reacción fue rechazar todo proyecto que no fuera cálido y acolchado, para evitar el recuerdo de un trauma social inducido, y hacer desaparecer toda la imaginería que recordara a aquella fatídica mañana de septiembre. Solo un mes tras la caída de las torres, Richard Kelly estrenaba su ópera prima, un maduro drama adolescente entre el thriller de horror y la ciencia-ficción que no sólo era mucho más oscura y triste de lo que acostumbraba el cine de género de la era post-Scream y post-American Pie. También tenía accidentes de avión que redondeaban un timing nefasto que hizo que nadie le diera una oportunidad en el cine y fuera completamente ignorada por los medios.

Donnie Darko

El enfrentamiento del mundo a Donnie Darko siguió una curva parecida a la famosa gráfica de la evolución del aprendizaje. Empezó muy abajo, en un estado de shock en el que la película no encontraba su espacio entre un público no demasiado interesado en encontrarla. El inicio de los 2000 es un periodo muy interesante para examinar cómo el cine de género trató de ajustarse a una nueva situación, en la que la herencia de la anodina década anterior todavía tiraba entre el público, mientras que la pesadilla árida de los setenta iba haciéndose un camino, aunque la industria pusiera todos sus medios para evitarlo. En consecuencia, películas híbridas como Jeepers Creepers (2001) mantenían la premisa adolescente mientras rompían los esquemas estéticos de la década anterior. Un periodo de reajuste creativo, con un nuevo lienzo en blanco por llenar. Donnie Darko, sin embargo, tenía un tono consistente, claro y sólido, pese a su experimentación de géneros, porque respondía a una visión muy clara de su autor.

Nostalgia 80’s, 15 años antes de que estuviera de moda

En su experimentación estética, con su iconografía reconocible y su utilización de cortes de música anacrónica, Donnie Darko fue sorprendiendo a una generación que vivía el último suspiro de la contracultura dentro del mainstream durante la anterior década, y su culto se asoció a movimientos como el emo y la generación hot topic, penetrando en la cultura popular de forma geométrica, e inversamente proporcional a la popularidad de su creador.

El joven Richard Kelly, cuyos proyectos siguieron la estela de malditismo de su debut, nunca ha llegado a superar el éxito creciente y rotundo de su primera criatura. La consecuencia fue un rotundo estatus de culto que le sigue acompañando año tras año, pero que deja dudas sobre si puede replicarse en la era millennial, tras una crisis económica global, guerras y la aparición de una forma de consumo de cultura ajustable a la apetencia y/o vagancia de cada momento.

Donnie Darko

Si tenemos que resumir la cuestión de la validez de la propuesta de Kelly en plenos 2010s, la respuesta corta es un rotundo sí. Es lógico que genere dudas sobre si Donnie Darko ha quedado envejecida o no, pero un producto alienígena en el momento que se estrenó queda, cuanto menos, refrendado por su carácter de cine de autor. Su peso en estos días es, precisamente, más notable que nunca. En primer lugar, por la capacidad de hacer funcionar una melé de géneros no solo creando un ente vivo y personal, sino predefiniendo una tendencia que ahora mismo invade el cine (y sobre todo, la televisión) de jugar al combinado como definición del estatus del cine actual. Es decir: creadores de segunda hornada que han bebido del cine americano de los ochenta e incluso noventas.

Por otra parte, el mismo eco del cine ochentero repiquetea en series como Stranger Things (2016-) y en la tendencia al reboot nostálgico, y por los mismos motivos, encontraba ya su punta de lanza en Donnie Darko, que recuperaba una vena post Amblin, de fantasía agridulce y drama cotidiano, presente en producciones mucho más melancólicas de la época -y no tan populares- como Más allá de la realidad (1986) de Nick Castle.

Los pilares de la solución formal de Kelly

Quizá sin la coyuntura actual,  el ensayo no se mantendría en pie de la misma manera, pero lo cierto es que, incluso atendiendo estrictamente a lo formal, la estética del filme, con una perspectiva visual rica en panorámicas y una concepción alejada de la comodidad de los primeros planos en la puesta en escena, resulta igual de consistente hoy, algo que Kelly puede agradecer sin miedo a Steven Poster, que no fue director de segunda unidad de Blade Runner (1982) por casualidad. Y cuando hablamos de envejecer, el caballo de batalla suelen ser los efectos visuales, que en este caso están economizados al mínimo común denominador en la propia historia. Como consecuencia nunca se abusa de ellos y su ejecución nunca está exagerada, estando basados muchas veces en trucos de luz, y acaban por no afectar a la percepción del conjunto como un fruto anclado en su momento.

Donnie Darko

Parte de la resistencia a la caducidad reside también en las interpretaciones, especialmente las de Jake Gyllenhaal y Jena Malone, quienes se han convertido en garantías seguras en la pantalla actual, y prácticamente fueron descubiertos aquí. Sin ellos no sería tan palpable la complejidad de la representación de la adolescencia atormentada de la película. En el caso de Gyllenhaal, es capaz de hacer evolucionar gradualmente su personaje hasta hacernos sentir su malestar y confusión, con un residuo dual entre la torpeza social y sus destellos de carisma que verdaderamente lo convierten en un Holden Caulfield del siglo XXI. Todo el aspecto emocional navega entre aguas de enigmas y puzzles, que implican desde  convenciones de género a los términos de la historia en sí.

El desgaste del tiempo a través de un agujero de gusano

La posibilidad de que todo sean sueños, cómo Donnie experimenta el orden de los acontecimientos, las paradojas temporales de huevos y gallinas, preguntas con cabos sueltos, insatisfacciones y dudas, crean un estado de mística en el tono que invita a revisitarla periódicamente. Es cierto que hemos pasado por un periodo de muchas películas de paradojas temporales que hacen que la lagartija que se muerde la cola de Donnie Darko sea mucho más asumible y fácil de digerir que lo que se planteaba en su momento. Tras los puntos de bisagra de Primer (2004) y Los Cronocrímenes (2007) nada tiene el mismo impacto, y en ese aspecto, quizá es dóonde la ventaja de Donnie Darko se ha visto reducida irremediablemente. Si hoy se estrenara, el gimmick del viaje temporal tendría mucho menos impacto.

Donnie Darko

Pero ese detalle no es suficiente para hacer un borrón en su indescriptible aura de misterio y los elementos provocativos de  la historia. Su sincero retrato del antihéroe, con su revisión perversa de El invisible Harvey (1950), permuta entre una cuenta atrás carrolliana y el viaje psicológico oscuro. Un viaje en el que la parodia esperpéntica de los estereotipos acaba en una fosa tragicómica, escondida tras lo cotidiano. Los ochenta que describía Richard Kelly estaban a sólo trece años del momento de su estreno. La brecha era tal que su ambientación, en esos días, resultaba bastante radical. Ahora, tras 16 años desde su estreno, la sensación de distancia con ella no nos resulta igual de tangible, la prueba definitiva de que sigue siendo un testimonio igual de válido en plena revolución digital.

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