22 temazos para una nochevieja Eurodance

¿Hartos de modernidades sin sustancia? ¿Quieren recibir a 2016 marcándose unos bailes como Chimo manda? No lo piensen más y recurran a esta retahíla de clásicos rompepistas con más de dos décadas de solera y el marchamo del mejor eurodance, desde 2 Unlimited a Paradisio. Dense prisa en reivindicarlos antes de que sean pasto de 'hipsters' y similares...

Si, como resulta cada vez más constatable, los 90 son los nuevos 80 y reivindicarlos está a punto de convertirse en el summum de la modernez, entonces hay que hacerlo hasta las últimas consecuencias. Porque una cosa es ponerse a cantar las loas del grunge a toro pasado, afirmando que Kurt era un genio y Courtney es una ídola, y otra reconocer cuál fue la verdadera música popular que azotó los baretos y las pistas de baile hasta bien entrada la década. Si bien los cuatro raritos de siempre se refugiaban en las quejumbres de Nirvana, Pixies, Soundgarden y compañía, la mayor parte de la muchachada (especialmente la de clase obrera) tenía hace dos décadas su propia forma de ir al paraíso. Y esa forma, por más que les disgustara a muchos en su día, solía venir del Benelux o de Italia más que de Seattle, y no digamos ya de Chicago, Sheffield o Detroit. Por eso en CANINO les animamos a dar el último paso del revival y atreverse con una auténtica nochevieja eurodance.

Desdeñados en su momento por faltos de sofisticación y abundantes en bombo, los sonidos bailables producidos generalmente en la Europa continental (de ahí su nombre) generaron una casi insultante retahíla de temazos que llegaron al gran público en masa mientras las filigranas con Roland 909 seguían siendo pasto de exquisitos. En recuerdo del gran Guru Josh, nosotros les proporcionamos aquí una lista de hits con la que recibir a 2016 como Chimo Bayo manda. Por bien de la concisión, hemos limitado esta lista a canciones producidas hasta 1995 (¡20 años justos!) y, por supuesto, no descartamos las omisiones. Si su cantadita del alma, esa merced a la cual consiguió llegar a mayores con la Vane o el Iván, se encuentra ausente de nuestra recopilación, háganoslo saber en los comentarios…

Voodoo Ray (A Guy Called Gerald, 1988)

https://www.youtube.com/watch?v=zcYW_-EjdPo

¿Puede ser denominado «eurodance» un tema de un artista británico? Nosotros pensamos que sí, siempre que sea tan populachero y elegante a la vez como esta joyita de Gerald Simpson: el ex componente de 808 State triunfó de lo lindo en toda Europa (España incluida) con esta joya de ritmo pegadizo e inolvidables vocecillas, que tantas discotecas puso en pie durante el Segundo Verano del Amor.

Everything Starts With An E (E-Zee Posse, 1989)

Con coautor tan improbable como Boy George (por entonces, en plena reconversión bailonga tras Culture Club) y con una letra en modo «estoy hablando de drogas, ¿a que no se nota?», merced a la cual se ganó un veto en la BBC, esta pieza no sólo queda como un hito de la oda pastillera que recorrió las Islas Británicas durante el cambio de década, sino también como una de las primeras incursiones europeas en el raggamuffin jamaicano. Esto último, por cortesía de la deliciosa MC Kinky.

Ride On Time (Black Box, 1989)

https://www.youtube.com/watch?v=igJJi34b4dQ

Aviso para navegantes: quien pone la voz en este trallazo made in Italy no es la modelo que aparece en la portada (y que hizo los playbacks de rigor en los programas de TVE), sino la diva de la música disco Loleatta Holloway, sampleada y recortada a granel por el DJ Valerio Limoni. ¿Le quita eso méritos al tema? Pues, a no ser que uno sea un abogado especialista en copyright, no.

Infinity (Guru Josh, 1990)

La muerte de su autor nos ha impelido a realizar esta lista, y sería un crimen que no estuviera aquí: con su saxo trotón, su ritmillo prestado de los clásicos de Chicago y su cantinela de «It’s 1990s, time for the Guru», Infinity es un tema subidamente perecedero, pero su mera escucha basta para que el oyente desee hallarse muy lejos del curro y muy cerca de una rave de buen rollito en una playa mediterránea. Méritos suficientes, en nuestra opinión, para pasar a la historia.

Pump Up The Jam (Technotronic, 1990)

Da real thing, señoras y señores: desde el Benelux, y con muy malas artes promocionales (eso de acreditar como vocalista a la rapera Ya Kid C por la bailarina Felly no estuvo nada bien), el productor Jo Bogaert se marcó uno de los primeros temazos que desplazaron el polo del baile para las masas desde las Islas a la Europa continental. Y lo sigue desplazando, qué duda cabe.

Así me gusta a mí (Chimo Bayo, 1991)

«Chiquitán chiquititan tan tan que tun pan pan que tun pan que tepe tepe pan pan pan que tun pan que pen»: con este poema fonético a la altura de Hugo Ball y los dadaístas del Cabaret Voltaire (el de Zurich, no el de Sheffield), el DJ valenciano introdujo el término «mákina» en el vocabulario de millares de españolitos recién llegados a la edad del pavo. Y, todavía hoy, sigue siendo la responsable de que la conciencia colectiva de la Península responda a según qué estímulos con un sonoro «¡Ju-já!».

America: What Time Is Love? (The KLF, 1991)

Tenían que salir: el dúo de Bill Drummond Jimmy Cauty, la banda que (tras haberse dado al ambient más pastoral) acabó volviéndose más garrula que nadie y quemando un millón de libras, había grabado ya una primera versión de este tema en 1989. Pero si buscas aquella que reventó pistas de baile con sus «úa-úa», deberás dirigirte a esta segunda mezcla que vio la luz de los hit parades dos años después.

Espiral (Dunne, 1991)

¿Otro tema español? Pues sí. Y valenciano, por añadidura: no en vano su coautor fue Germán Bou, uno de los responsables de Así me gusta a mí. Vale que su estructura, erigida en torno a una melodía de saxo, puede recordar a Infinity más de lo necesario, pero con una línea de bajo tan sinuosa como un gusano de arena gigante, a nosotros nos tiene ganados desde el principio.

Everybody’s Free (To Feel Good) (Rozalla, 1992)

El año de las Olimpiadas de Barcelona fue también en España el del apogeo definitivo del eurodance holandés y belga. Y, gracias a los desvelos de Eufemiano Fuentes, por un lado, y a los de incontables profesionales del menudeo (no necesariamente apodados ‘El Rulas’ o ‘El Edu’), por otro, podemos estar seguro de que tanto la mayoría de nuestros atletas como la mayoría de quienes se convulsionaban al ritmo de canciones tan infalibles como esta iban puestos hasta las cejas. «Todo el mundo es libre de sentirse bien», ya se sabe.

No Limit (2 Unlimited, 1992)

Si tuviéramos que hacer un podio con los hitos indiscutibles del eurodance, apostamos a que esta canción figuraría en el número 1: originarios del Benelux, para variar, 2 Unlimited codificaron para la eternidad la fórmula «vocalista exótica + rapper malencarado + sintetizador en modo supersaw». Si bien éxitos posteriores como Maximum Overdrive (con una inenarrable versión en castellano), The Magic Friend Faces también sirvieron de impulso a más de una mandíbula desencajada, este es su temazo más recordado. Y con razón.

Rythm Is A Dancer (Snap!, 1992)

En puridad, los germano-ítalo-estadounidenses Snap! habían llegado al estrellato en 1991 con The Power (o «aigodepáguer», según la voz popular), un tema que se atenía a los parámetros rimados y funkies del hip house. Pero esta joyita del 92 supuso su apuesta por las fórmulas más descaradas y accesibles llegadas de Europa, con resultados superlativos.

Open Sesame (Leila K., 1992)

Subidamente macarra tanto en su sonido como en su nivel de BPM, esta canción es perfecta para dejar exhaustos incluso a los bailarines más curtidos, especialmente si se recurre a esa versión extended de ocho épicos minutos. El mayor éxito de Leila El Khalifi, MC sueca-marroquí de turbulenta vida, sigue siendo un petardazo lujurioso en el que se cruzan esencias nórdicas, jamaicanas y de Oriente medio entre perfumes de dudosa legalidad.

Power Of The American Natives (Dance 2 Trance, 1992)

Nos dejamos por un momento de estribillos, melodías pegadizas y demás concesiones a la galería: esta vez, nos lanzamos en plancha hacia un tema de sonido extremadamente macarra a la par que deep. Adecuado para ambientar cualquier subidón, este tema cuenta con uno de los mejores sonidos de bombo jamás grabados, capaz de dejar tu estómago como un punching ball.

All That She Wants (Ace Of Base, 1992)

Bueno, venga: la base utiliza un ritmo reggae, y la voz de Linn Bergrenn suena más blanca que las de las dos chicas de ABBA juntas. En algo se tenía que notar que estamos ante un proyecto sueco. Pero si esta canción no rompe la pana, que vengan todos aquellos que se emborracharon, se besuquearon y se enamoraron (no necesariamente por ese orden) antes o después de corear ese «she lives a lonely life», y lo vean.

What Is Love (Haddaway, 1993)

https://www.youtube.com/watch?v=xhrBDcQq2DM

Si nos atenemos a la calidad de lanzamientos, podemos concluir que el 93 fue el año por excelencia del eurodance garañón. Y, si queremos garañones, aquí tenemos a Nestor Alexander Haddaway, luciendo pectorales, caída de párpados y un estribillo glorioso. 22 años después, que se dice pronto, What Is Love es la canción en la que piensa casi todo el mundo cuando se le mencionan los términos «eurodance» y/o «Máquina Total». Será por algo…

Sister Golden Hair (Spanic, 1993)

De origen valenciano (para variar), el proyecto Spanic se especializó en una variedad muy peculiar del eurodance: producir versiones de éxitos pop con el bombo a toda pastilla (ejem…). La cuestión era que dichas versiones les salían muy bien, agraciadas por la vocecilla de Fina Vercher y por unas bases sencillas y caseras. Así, tras haberse atrevido con Police (Bring On The Night) y Roxy Music (Same Old Scene), obtuvieron su mayor éxito llevando a las pistas este tema de los America, todo un hito de las FM para maduritos.

Sing Hallelujah! (Dr. Alban, 1993)

De origen nigeriano, y doctor en la vida real (su especialidad: la estomatología), Alban Nwapa dejó de sacar muelas en su consulta de Estocolmo para poner su cavernosa voz en temazos como No Coke, It’s My Life o este raro ejemplo de afro-gospel-dance que no llegó al número uno en las listas de ningún país, pero que nos parece su sencillo más logrado y sofisticado.

The Rythm Of The Night (Corona, 1993)

Para gustos, los colores, pero si nos preguntan cuál es la mejor canción eurodance de toda la puñetera historia de la humanidad, nosotros diríamos que esta maravilla firmada por un señor llamado Lorenzo Bontempi en la vida civil, y Lee Marrow en los anales del italodisco ochentero. Una base que empuja al baile sin dar coces, una melodía vocal formidable (y llevada al Más Allá por la garganta de Olga Souza) son los ingredientes de un clásico como una catedral.

 Saturday Night (Whigfield, 1993)

Efectivamente: es la del bailecito. Si nunca llegaste a aprender la coreografía inspirada por este caramelito de la danesa Susan Charlotte Carnston, es el momento de ponerte a ello de una vez por todas. Para ello cuentas con una línea de bajo más pegajosa que el chicle, un arreglo de dos notas (¿para qué más?) y con una melodía que, de puro tontorrona, puede hacerle perder la vergüenza a cualquiera.

Mr. Vain (Culture Beat, 1993)

Cuando decíamos que 1993 fue el año dorado del eurodance lo decíamos por algo… Este hit que estimuló tantos momentos de postureo en la tarima también pertenece a su cosecha, luciendo tanto una adictiva melodía de sintetizador como una letra de gramática cuestionable. Si alguien nunca se dirigió al objeto de sus afectos diciéndole lo de «i know what i want, and i want it now» bajo los efectos de numerosos cubalibres, que levante la mano.

Be My Lover (La Bouche, 1995)

Pasado el esplendor de 1993, el eurodance corrió la suerte de todos los géneros que se vuelven masivos: se estandarizó, entregando fórmulas trilladas donde antes había invenciones gloriosas. De modo que, para encontrar un himno a la altura de los demás presentados en este informe, tenemos que elegir esta producción de Frank Farian, la maléfica mente maestra tras Boney M Milli Vanilli. Puede que el viejo Frank fuera un tramposo de órdago, pero sustraerse al hechizo de ese «ladadida-dadá» sigue siendo difícil aun ahora…

Bailando (Paradisio, 1995)

La versión de Astrud tuvo su gracia, lo sabemos, pero la mandanga buena está en esta versión grabada por un proyecto belga de difusa inspiración latina (o más bien made in Benidorm) cuestionable dominio del castellano. Así pues, desconfíen de las imitaciones y las hipsteradas: si buscan la auténtica corona de cristales, la encontrarán aquí.

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