25 años de ‘Anarchy’ de Chumbawamba: Amor, insurgencia pop y otras (muchas) claves

Se bautizaron con un nombre en apariencia ridículo que no significaba nada, tocaron casi todos los palos sonoros y jamás dejaron de denunciar injusticias, desigualdades e hipocresías en sus punzantes letras. La comuna libertaria con sede social en Leeds –lugar proclive al punk heterodoxo más politizado: Mekons, Gang of Four-, los ya históricos Chumbawamba -disueltos en 2012-, hicieron de sus irrenunciables convicciones políticas y de su activismo socio-cultural un modo de vida (y casi una epopeya), sobreponiéndose a la contradicción que supone jugar siempre en terreno contrario y tener que estar en todo momento justificándose por ello.

De formación más o menos variable, como buenos anarquistas –ávidos lectores de Kropotkin y Malatesta– repudiaron los caudillismos y jerarquías organizativas en el seno del grupo: todos contaban por igual y podían dejar de hacerlo sin falsos sentimentalismos. Se trabajaron muy pronto la autogestión –red de coordinación con casas okupadas y todo tipo de actividades culturales al margen del showbiz-, el veganismo –cuando distaba mucho de ser tendencia-, el ecologismo o el apoyo a los más desfavorecidos en todo tipo de causas nobles. También la autoedición: desde sus inicios en 1982, fundando sus propios sellos –Agit-Prop, Mutt– y dando espacio en sus referencias a alguno de los nombres clave del pensamiento ácrata contemporáneo –Noam Chomsky-.

Fueron unos one hit wonder con una carrera amplia detrás, rica en matices y complicidades, a los que su propio Tubthumping (el megaéxito planetario de 1997 convertido en salvavidas de descerebrados borrachuzos más o menos ‘alternativos’) pudo ponerles contra las cuerdas: fichaje con multinacional y la concesión mefistofélica de ceder el hit para un anuncio de Nike (“¿pero estos no eran anarquistas?, ¿ahora se han vuelto troskos?“, podían pensar muchos insensatos aquellos días), coronado por el travieso incidente de verter un cubo de agua helada sobre el segundo de la administración Blair (John Prescott) en plenos British Awards. El tiempo no solo les dio la razón –había que desprenderse del remilgo ideológico de no pactar con el enemigo industrial a cambio de diseminar su discurso más allá de los convencidos, si aun con eso conseguían no prostituir sus ideales-, sino que hoy en día se echan de menos formaciones con sus posturas, su abierta paleta estilística y su arrojo mediático. Y es que fueron un caso único casi en el mundo: anarco-pop más o menos especulativo –a nivel doméstico Aviador Dro, pero estos poco más allá del plano estético- sin descuidar en paralelo la trinchera. Chumbawamba: un grupo lleno de guiños, pistas e incomodidades.

Anarchy  (One Little Indian, 1994)

Coincidiendo con su fichaje por la compañía que albergaba entonces a artistas como Björk o Kitchens of Distinction y tras cuatro álbumes previos con material original, por primera vez todo está en su sitio: la confrontación entre punk-rap descarado, dream pop mordaz, pespuntes electrónicos y ráfagas de trompetas entusiastas discurre de manera equilibrada, haciéndose hueco con naturalidad a medida que avanzan cada uno de los cortes. Desde la inaugural Give The Anarchist A Cigarette, a cuenta de una anécdota que recogía el documental Don´t Look Back que cubría la gira de Dylan de 1965. Albert Grossman (manager del de Duluth) le confiesa al cantautor en un momento del metraje: “(la prensa) empieza a llamarte anarquista, porque no les ofreces soluciones” (sic), a lo que Dylan contesta: “bueno, vale, dame un cigarro, dale un cigarro al anarquista”.

Este chascarrillo post-moderno dará pie casi treinta años después a que Chumbawamba –un combo real y conscientemente libertario- ironice sobre las ocurrencias del ya por entonces cantautor multimillonario, pasto de sacrificados y aburridos críticos rockistas que hacen de cualquier historieta estúpida del ídolo un acontecimiento para los anales. El combo aprovecha la coyuntura para -metafóricamente- hacerle tragar la armónica y recordarle que los tiempos siguen cambiando, aunque lo más probable es que desde un jet privado uno no se dé cuenta. Y sentencian: “You know I hate every pop star that I ever met”.

Timebomb  –que se repite al final del disco en reprise paródico a la manera de Tom Jones-, a pesar de cierta oscuridad en su mensaje, es un muy pegadizo número de pop festivo que no obstante invoca esas rebeliones proletarias que se van cociendo a fuego lento y terminan explotando en cualquier sitio cuando las circunstancias suelen apremiar.

Un clásico del grupo de Leeds hasta el final de sus días: el suceso real de la muerte a palos de un gay en el baño de un establecimiento de Bradford es el motivo del siguiente corte, Homophobia. Esa auténtica tara que siguen incubando varias capas intolerantes de la sociedad y que, desgraciadamente, continúa de plena actualidad con el amparo, el empuje e incluso el patrocinio de instituciones y partidos de inequívoco signo.

La versión acústica de esta pieza, incluida en Anarchy, fue remodelada en el mismo 94 para el EP homónimo con la ayuda de The Sisters of Perpetual Indulgence en una remezcla –y reescritura musical, aunque también cambian alguna línea de la letra- inusitadamente nutritiva a modo de dance-pop trepidante que recuerda a las cadencias de los Pet Shop Boys de Very un año antes.

La cortinilla instrumental de On Being Pushed da paso a Heaven/Hell, una sorprendente relectura de una canción tradicional húngara a modo de sedante pop electrónico y texto existencialista. Love me saca a colación a una de la dianas preferidas de Chumbawamba: Bono Box y su publicitario y caricaturesco pop-rock paternalista, esta vez con la excusa de la gira Zoo TV y su fetichismo neoliberal como telón de fondo.

Georgina, una de sus más excelsas canciones, con un balanceo a modo de las girl groups de principios de los sesenta, es un homenaje a la protagonista femenina del film El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989) del excesivamente esteticista y presuntuoso Peter Greenaway. Doh! y Blackpool Rock son otros dos recesos con los que tomar aire para llegar a la circense This Year’s Thing, con sus estrofas ska y su estribillo directo, cabal y rabioso. Mouthful Of Shit es quizá, de todos los posibles precedentes de su hit mundial Tubthumping, el más claro y hermanado con este: estribillo hooligan, recitado desafiante y la voz en apariencia cándida de la gran Lou Watts como contrapunto. Mouthful, como tal, es una crítica convenientemente escatológica hacia el hiperliderazgo político –demagógico, idólatra y cínico per se– que incluye una de sus frases más memorables: “You think you’re god’s gift/You’re liar/I wouldn’t piss on you if you were on fire”.

Never Do What You Are Told, la siguiente, es justamente eso: un (sucinto) alegato a favor de la desobediencia, con cáustica referencia a uno de las canciones más celebradas de David Bowie incluida… El rock mestizo futurista de Bad Dog antecede al himno anti-fascista Enough is Enough, interpretado a medias con el grupo británico de hip-hop Credit To The Nation –compañeros de escudería en aquel momento- con un mensaje -el control ideológico de masas y la mentira como tótems martilleantes- de tristísima vigencia en nuestros días. Cierra su más valioso disco la muy bella –y fantasmal- Rage .

Mención aparte para la portada de la controversia: un recién nacido saliendo del útero materno. En un gesto de intransigencia y puritanismo sin igual las tiendas fueron retirando el disco de sus cubetas, obligando a la compañía a sustituirla por otra más amable.

Otros discos recomendados:

WYSIWYG (EMI-Republic, 2000)

Acrónimo de “What You See Is What You Get” –desplegando del todo la portada está la explicación completa…-. Más centrado, completo e inspirado musicalmente que el previo y triunfal Tubthumper. Shake Baby Shake y la final Dumbing Down –sobre la miseria conceptual del turbocapitalismo- son puro Saint Etienne época Good Humor; Pass it Along  –a vueltas con la falta de compromiso- combina el recitado sobre satén orquestal con eufórico estribillo brit-pop. El soul sesentero enfervorizado está representado por Hey Hey We’re the Junkies y LIE LIE LIE LIE. También en I’m In Trouble Again, sobre sus remordimientos con la aceptación masiva -“I walked into a life of crime. Now I turn water into corporate pop”.

Easy-listening twee lounge en The Health & Happiness Show, Ladies For Compassionate Lynching o Smart Bomb –sobre el contrastado instinto criminal de George W. Bush Jr-. I’m Coming Out y She’s Got All The Friends That Money Can Buy hablan de la fatuidad del mundo del éxito y la aceptación social sostenida desde la mera apariencia, y hay apuntes de country sarcástico en Social Dogma y Celebration, Florida, y de ska contra la comunicación basura –WWW Dot-, siendo la breve y cabaretera Moses With A Gun la que más anticipa musicalmente sus últimos días como grupo. Incluye la gema de pop barroco New York Mining Disaster 1941, versión de Bee Gees, incluida en el segundo álbum de los australianos, que luce a juego con canciones propias como The Standing Still. Aún y con todo, quizá su disco menos politizado y, a la vez, más preocupado por mostrar la versatilidad sónica del proyecto.

Un (Mutt, 2004)

Tras el paso por multinacional, Chumbawamba vuelven a autoeditarse a través de una escudería que apenas tendría dos años de vida, donde publicaron el decepcionante Readymades (2002) y reeditaron –con algún extra- su grabación de cánticos revolucionarios English Rebel Songs. Un es, con diferencia, lo mejor de esta etapa, que los vuelve a mostrar tan esplendorosos estilísticamente –folk dactiloscópico y vitaminado- como en WYSIWYG, con una deriva intimista en el tramo final que marcará por otra parte su devenir como grupo para teatros. The Wizard of Menlo Park  (polémica canción laudatoria sobre Thomas Edison), On eBay –entonces en uno de los picos de popularidad de la web de compra-venta- sobre el consumismo desaforado y la destrucción natural que hay detrás de tantas aparentes oportunidades desarrollistas, Everything You Know Is Wrong, sobre el 11-S y la gran estafa de las armas de destrucción masiva (otro saludo, Bono) arrancan otra muy disfrutable y fervorosa grabación.

Los saludos zapatistas en When Fine Society Sits Down To Dine, A Man Walks Into A Bar -con su crítica a la oposición de Miami y su patriotismo del dólar- mantienen el pulso, y Buy Nothing Day es el explícito homenaje al simbólico Día sin Compras. We Dont Want To Sing Along, que trata de mezclar pop con los ritmos campesinos del Caribe y Rebel Code -sobre el control de masas-, cierran el disco que significó la retirada de gran parte de la plantilla inicial del grupo: sus cantantes Danbert Nobacon y Dunstan Bruce, su trompetista y percusionista (y actual escritora) Alice Nutter, o el batería Harry Hamer. Del quinteto de las giras conclusivas solo quedarán como miembros originales el guitarrista y vocalista Boff Whalley y la cantante y teclista Lou Watts.

The Boy Bands Have Won (No Masters, 2008)

The Boy Bands Have Won, que tiene en realidad un título oficial kilométrico (ocupa toda la portada), no ahorra tampoco en material: 25 canciones –muchas de ellas no superan el minuto de duración- centradas en el indie-folk-pop que marca indefectible su última etapa. Es un disco de ternura afilada, distinguido en su cuidada estética acústica (apuntes de bossa, trotes camperos y recuperaciones a capela incluidos). Add Me habla del acoso en las redes sociales –en el momento de su máximo auge con Facebook y otras-, El Fusilado  sobre la gloriosa Revolución Mexicana y Unpindownable sobre la nostalgia pre-digital; All Fur Coat And No Knickers es una oda –con retranca- a Old Trafford, aprovechando de paso para recordarnos la sempiterna demagogia de grupos como U2 (¿habíamos dicho antes que no nos cae muy bien el grupo irlandés?) y Lord Bateman’s Motorbike trata sobre la diferencia de clase social –que sigue siendo un hecho, por mucho que niegue la mayor el azote neoliberal- y los destinos que les suelen deparar a unos y a otros.

La tentación de traicionar a la clase obrera olvidando el discurso tiene su (hu)eco en A Fine Career y (Words Flew) Right Around The World hace un juego de palabras con un icono del antifascimo como Bertolt Brecht. Compliments Of Your Waitress -sobre el trabajo basura-, Refugee -sobre la inmigración-, y Waiting For The Bus sobre el recluso Gary Tyler, que entonces todavía se encontraba en prisión después de más de treinta años tras un juicio irregular marcado por constantes disquisiciones racistas y de clase son otras relevantes de su momento más plácido y maduro.

Otras canciones destacadas

British Colonialism & the BBC (1986). La manipulación de los medios públicos siempre al servicio del poder, con referencias aquí al azote del Apartheid (que aún segregaba a la población negra con suma violencia). No en vano Sudáfrica seguía –y sigue- bajo el manto de la reina Isabel II a través de la Commonwealth, confirmando que las monarquías llamadas parlamentarias ampara(ba)n de una u otra manera las violaciones de los derechos humanos, en este caso en nombre de la cooperación. La sacrosanta BBC no se salva de los ataques de Chumbawamba: el caos informativo como productor de desorientación sistemática, priorizando el runrún retórico-legislativo por encima de las necesidades perentorias del grueso de la sociedad. Una canción no muy alejada del punk asilvestrado de las Slits.

Commercial Break (1986). Breve pieza new wave con toques 2 Tone que incide, con sangrante ironía, en el punto de vista nazi –abuso de poder, desprecio al diferente, clasismo enfermizo y explotaciones varias- de la hipotética esposa de un empresario blanco en un contexto que podría ser de nuevo Sudáfrica, el propio Reino Unido o cualquier otra parte del mundo.

An Interlude: Beginning to Take It Back (1986). Como las dos anteriores, incluida en el primer álbum Pictures of starving children sell records (“Las fotos de niños hambrientos venden discos”, en referencia al entonces pujante Bob Geldof y su Live Aid, ejemplo paradigmático de espectáculo populista de masas). Beginning  es un remanso folk celta para denunciar en este caso la conspiración de la administración Reagan a través de la Contra nicaragüense en plena guerra civil del país centroamericano, con referencias al levantamiento del 79 del FSLN.

Come on Baby (Let’s Do the Revolution) (1987). La canción más destacada de su segundo disco, Never Mind the Ballots , que no deja de ser una mezcla de homenaje a los Sex Pistols y al abstencionismo propio del mundo ácrata. En este segundo aspecto viene a incidir la letra correspondiente.

The Diggers Song  (1988). Para su tercer álbum, nuestro colectivo anarco-punk favorito decide reciclarse en conjunto a capela y rescatar canciones combativas de un sinfín de épocas. De manera ilustrativa el disco se llamará English Rebel Songs 1381-1914. Diggers describe y denuncia la explotación agraria en el siglo XVII por parte de la nobleza inglesa. Es una llamada a la rebelión del campesinado, y sí, con la herramienta que uno más tenga a mano.

The Triumph of General Ludd (1988). La leyenda del personaje del siglo XIX que inspiró el ludismo –movimiento contrario al mecanicismo, al que corresponsabilizaba de la degradación social y la explotación laboral, conflicto que podríamos extrapolar perfectamente a nuestro tiempo de falsa igualdad tecnológica-, no evita el tono melódico, épico y de exaltación de este intrigante héroe de la clase trabajadora.

Song Of The Times (1988). Otro himno proletario de mediados del siglo XIX que anima a rebelarse contra el patrón, el cual no solamente siempre ha vivido a costa el trabajo de los demás sino que, incluso, para mantener a toda costa su estatus les hace objeto de criminalización: “The world seems upside down”.

Idris Strike Song (1988). Recortes de salarios, multas por llegar al trabajo tres minutos tarde, despidos aleccionadores… las mujeres trabajadoras de la planta de Idris (de agua embotellada) se levantaron a principios del siglo XX contra la patronal empresarial animando al todas a secundar una huelga a través del tradeunionism. Acabarían siendo sustituidas por hombres y niños… en otra muestra más del sadismo malsano de los mandamases opresores de las fábricas.

Rubens Has Been Shot! (1990). La mejor canción de su disco Slap! (subordinado en conjunto a piezas cuasi instrumentales), de aliento post-punk en la línea de unos Luxuria, habla de los daños sufridos por lienzos de Rubens y Durero en el museo Zwinger de Dresden en las navidades de 1921, incorporando el debate de valorar la destrucción de una obra de arte por encima de la de varias vidas humanas –que corrieron en paralelo- en un enfrentamiento laboral de aquel año.

Nothing That’s New (1992). Shhh es el explícito título genérico de un trabajo que escenifica la pelea contra la censura crítica y la necesidad de expresión a través del recurso del sampler, como certifican piezas como la aquí presente. Frases lapidarias (Everyone’s stealing from someone) acunadas a ritmo de vals.

Pop Star Kidnap (1992). Como The Fall por esos mismos años, Chumbawamba empezaron a coquetear con el pop de baile sin abandonar los textos explícitos. Esta concisa canción -que comparte notas y samplers con otra de Shhh! titulada Snip Snip Snip– está construida fundamentalmente sobre caja de ritmos y contiene alusiones al multimillonario ex-Pink Floyd Roger Waters.

All Mixed Up (1995). Swingin’ with Raymond fue uno de sus discos más frustrantes, tras las buenas prestaciones del estreno con One Little Indian con Anarchy. Aún así tuvo puntuales buenos momentos, sobre todo los que corresponden a la cara B (HATE) en detrimento de la A (LOVE). All Mixed up contiene trompetas soul y berrinche punk para una proclama perfectamente armada contra la usura.

Waiting, Shouting  (1995). En concordancia con el brit-pop (vía Blur) de la época, prepara la pulsión aguerrida que se crecería como un reguero de pólvora con Tubthumping . Waiting, Shouting acabó incluyéndose en el recopilatorio del 98 Uneasy Listening, que aprovechaba el tirón mainstream de esos días.

One by One (1997). Tubthumper fue uno de sus discos más dispersos, eclipsado además por la ubicua Tubthumping . One by one, en la órbita dream-pop de Kirsty McColl de Titanic Days, compromete el papel de los líderes sindicales que se dedican a traicionar a los que decían representar buscando el rédito personal –y económico- con un escaño en la Cámara de los Lores.

Smalltown (1997). Entre el chill-out y el sophisti-pop (Swing Out Sister o Shakatak como ejemplos), en una de sus letras más poéticas y conseguidas que habla de áreas restringidas y desconfianza en el ambiente, como una especie de pánico ante una posible delación durante peligrosas ocupaciones foráneas.

Salt Fare, North Sea (2002). Muzak con sabor a salitre donde transforman el sentido del sampler utilizado (el Some Old Salty del dúo folk Lal Waterson & Oliver Knight, con referencias al rock’n’roll primigenio) en un alegato político a través de la figura de un marino lobo solitario y escéptico ante lo que se cuece en tierra (“from the mast I can only see tyrants”).

Don´t try this at home (2002). Otra canción sobre revueltas y esperanzas, sobre unir fuerzas, o sobre no sucumbir al desaliento o postrarse a las recomendaciones de las élites y sus gregarios. Uno de sus estribillos más eficaces.

By & By (2005). A estas alturas (el álbum A Singsong and a Scrap) Chumbawamba se han reciclado definitivamente en grupo de folkie más o menos tradicionalista. Números templados de belleza prístina como este que alude al cantautor sindicalista norteamericano de principios del siglo XX Joe Hill. Más combustible contra la apatía y la desesperación.

When Alexander Met Emma (2005). La historia de amor y compromiso entre dos reputados anarquistas como Emma Goldman y Alexander Berkman, separados por el paso por prisión del segundo tras el asesinato fallido al empresario déspota y violento Henry Clay Frick. Otra balada excepcional.

Torturing James Hetfield (2010). El tópico del heavy metal como género contestatario, rebelde y (sic) apolítico se desmorona por completo con declaraciones deplorables como las del líder de Metallica, que se sintió en parte orgulloso por el hecho de que eligiesen su música para los interrogatorios de presos iraquíes en la prisión de Guantánamo… Luego intentó recular alegando que no se le malinterpretase ya que eso podría provocar que mucha gente se confundiese y le posicionase políticamente (!): la mala conciencia del icono turbocapitalista que, años antes, promulgaba la justicia para todos… Chumbawamba, a ritmo de swing despreocupado proponen torturar sin parar a Hetfield con música de Simply Red y con el único recopilatorio de grandes éxitos de nuestros protagonistas: sin compasión.

Hammer Stirrup & Anvil (2010). Otra denuncia sobre el vasallaje de la cultura al servicio del poder tiránico y extremista, como reclamaban en Wagner at the Opera, también incluida en ABCDEFG. Pop neoclásico de cámara contra todo autoritarismo.

The Knives Are Out (2012). ‘Los Chumbaswambas’ cierran su discografía con un disco especialmente cabaretero (el musical Big Society!) firmado a medias con la compañía de teatro itinerante Red Ladder. Preñado de sátira (aunque más suavizada de lo esperado, como ocurre por ejemplo en The Knives), trataron de trazar el paralelismo entre la sociedad británica de Eduardo VII y Herbert Asquith (el mazo de la polémica) de principios del XX y la Inglaterra pre-Brexit de Cameron y Clegg.

If It’s a Sin, Count Me In (2012). Esta tonadilla cierra prácticamente la discografía del grupo y está interpretada por la actriz, directora y escritora Kyla Goodey, que pone ese acento alemán un poco a la manera de Marlene Dietrich. Destaca el apunte final del ukulele-banjo a cargo de Boff Whalley.

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