One-Punch Man: el superhéroe que nació de la pasión y el esfuerzo

Con la llegada de su adaptación al anime, One-Punch Man está en boca de todos los interesados en el cómic y la animación. Y para que no te quedes atrás, en CANINO te explicamos porqué tú también deberías unirte a los seguidores de un superhéroe con calvicie.

La paciencia, el esfuerzo y el trabajo duro son tres atributos que rara vez son vistos como deseables en nuestra sociedad. Al menos fuera del mundo laboral. Cualquier acción que implique rutina o tesón y no reporte beneficios inmediatos, por escasos o difícilmente perceptibles que estos sean —ya sea un sueldo, si hablamos de trabajo, o la satisfacción de la victoria, si hablamos de deporte—, es desestimada de inmediato como una rareza, una excentricidad o, en el peor de los casos, como una tortura autoimpuesta para creerse superior al común de los mortales; en nuestra sociedad se ha desestimado el valor de lo inútil, lo que se hace por motivos más allá de los beneficios que nos pueda aportar. Hemos olvidado cómo disfrutar de la vida en favor de la aplastante lógica economicista: debemos maximizar nuestros beneficios siempre, incluso cuando hacerlo no nos reporte nada en el ámbito personal. De ahí que nos pueda resultar inconcebible que haya placer en el hecho de trabajar, de esforzarse, de tener que poner nuestras fuerzas en un objetivo que, en el mejor de los casos, sólo nos reportará algo a largo plazo. Resulta inconcebible que el hecho mismo de esforzarse en hacer algo, en mejorar, en ir más allá de nuestros propios límites, pueda ser recompensa suficiente para alguien.

One-Punch Man (One-Punch Man, 2009) es, en muchos sentidos, la antítesis de la mentalidad del mínimo esfuerzo. ¿A qué es debido eso? A su premisa: Saitama, el protagonista, es un superhéroe tan poderoso que es capaz de derrotar a cualquier enemigo de un sólo puñetazo. Sin excepción. Hombres topo, personificaciones de la naturaleza, toda clase de bestias gigantes o genocidas intergalácticos; no importa, todos han sido desintegrados de un sólo puñetazo de Saitama. Si bien esa es su premisa, también es su incidente incitador, el motor esencial de la narrativa detrás del manga: su frustración por tener un poder tan exagerado que ya es incapaz de disfrutar de nada. El drama de Saitama no es ser incapaz de ser reconocido públicamente como superhéroe, apenas sí tener dinero para comer o estar calvo debido al esfuerzo excesivo que le supuso obtener sus poderes, sino algo que apenas sí nadie podría reconocer como problemático en primera instancia: es demasiado poderoso como para poder disfrutar haciendo aquello que más desea en el mundo: ser un (super)héroe.

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Para entender su inquietud sólo es necesario ver cómo está dibujado. Trazo simple, sin detalles, rostro inerte; rara vez se emociona y lo primero que le vemos hacer es sintomático: después de derrotar de un sólo puñetazo a un enemigo que ha barrido el suelo con varios superhéroes sin esfuerzo alguno, grita furioso condenando su mala suerte. Ese es Saitama. Paródico, casi un emoji en su forma de expresarse, generalmente vistiendo de forma tan simple como su expresión —ya sea su traje de superhéroe, que podría pasar por un mono de trabajo, o su sempiterna sudadera, que tiene un dibujo muy simple de unas tetas bajo la leyenda oppai («pechos grandes» en japonés»)—, es la sombra de sus cuatro trazos: la desidia de no poder disfrutar nada. Nada, ni siquiera un aspecto heroico.

Esa sencillez de trazo parece ser compartida por su creador, ONE. De identidad desconocida, publicando One-Punch Man en origen como webcómic, autodeclarándose aún hoy como mangaka por hobby, en muchos sentidos se antoja el reflejo de su propia creación: demasiado poderoso para su propio bien. ¿Por qué demasiado poderoso? Porque a través del webcómic consiguió rendir a todo Japón a sus pies hasta convertirse en un fenómeno de masas a través del cual ha logrado publicación física, serialización de otras de sus obras, serie de animación e, incluso, una colaboración con una línea de trenes. Su dibujo simple, que parece hecho con Paint, su impecable sentido de la narrativa y su humor desconcertante, aunque universal, logró que incluso un mangaka profesional quisiera hacer un remake de su obra. Pero antes de hablar del dibujante de Eyeshield 21 (2002), permitámonos hablar antes de otra cosa: si Saitama es un dibujo extremadamente simple en todas sus encarnaciones, incluso cuando los demás personajes no lo son necesariamente, es porque el dibujo de ONE es, de entrada, tan sencillo como el propio Saitama.

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Concluir que un dibujo en apariencia tan sencillo no hubiera tenido la más mínima repercusión en Occidente no es mero prejuicio. A diferencia de nosotros, en Japón han comprendido el cómic como un medio que trasciende la mera labor técnica: lo importante no es el virtuosismo con el que se ejecuta un dibujo, sino que éste logre transmitir con la mayor eficiencia posible lo que el autor trata de contarnos. Que sea narrativamente impecable. De nada sirve un dibujo un dibujo hiperrealista, plagado de detalles e información, si después no logra transmitirnos nada con ello. Ahí radica el triunfo de ONE sobre quienes abogan por la técnica por encima de todas las cosas: su estilo es simple, de líneas muy básicas, pero cumple su cometido a la perfección. Es eficiente. Cada escena, conversación y combate logra transmitir la tensión, la épica o el humor detrás de cada momento —en ocasiones, varios de ellos al mismo tiempo— no sólo porque el guión esté espléndidamente bien escrito, sino también porque ONE sabe elegir aquello que debe mostrarnos en cada ocasión. Ninguna viñeta está ahí por capricho o lucimiento, ni siquiera podría. [pullquote align=”right” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Algunas secuencias de ‘One-Punch Man’ pueden seguirse viñeta a viñeta como pequeñas películas de animación.[/pullquote]

Aunque la técnica no sea necesaria, eso no significa que no sea un valor añadido deseable, de ahí el remake, todavía en serialización, que está llevando acabo Yusuke Murata. En cualquier caso, el valor añadido de Murata es doble: (también) se publica gratuitamente en Internet y sus capacidades pictóricas sobrepasan ampliamente en el ámbito técnico a las de ONE. Ahora bien, lo importante es la combinación de ambos. Al ser publicado primero en Internet y después en tomos recopilatorios, de vez en cuando se permiten hacer capítulos de más páginas de lo normal —con un récord, hasta el momento, de un capítulo de más de cien páginas—, con los que seguir secuencias de combate de forma pormenorizada; su obsesión por el detalle es tal que, algunos de sus capítulos, pueden seguirse viñeta a viñeta como si se trataran de pequeñas películas de animación. Que lo son. Su otro gran triunfo es algo que ya hemos visto, que es el propio diseño de Saitama. Mientras todos los demás personajes ganan en complejidad, se vuelven significativamente más detallados y mejor dibujados, el único que no lo hace es Saitama: sigue siendo cuatro líneas peladas, la sencillez personificada. A partir de entonces fue cuando One-Punch Man logró hacerse un sitio no sólo entre connesieurs del manga, sino también entre el público general.

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Después de su meteórico recorrido su siguiente paso lógico era tener su propio anime. Dirigido por Shingo Natsume, quien ya ejercería idéntica labor en Space☆Dandy (2014) junto con el archiconocido Shinichiro Watanabe —director de Cowboy Bebop (1998) y Samurai Champloo (2004), entre otros clásicos modernos del anime—, y producido por Madhouse, se esperaba que el resultado final no desmereciera en absoluto el original. Y así ha sido. Con una animación soberbia, un diseño siguiendo los originales de Murata —incluso con un Saitama limpio de complejidad alguna— y un guión que sigue de cerca los pasos del original; ya en su primer episodio —el único emitido a fecha de escribir este artículo—, ha demostrado ser la apuesta más sólida de la temporada.

Con su emisión ya licenciada a nivel internacional, España incluida, se espera que One-Punch Man sea the next big thing del anime después del desproporcionado éxito de Ataque a los titanes (Shingeki no Kyojin, 2009). Tanto dentro como fuera de Japón. Y tiene cualidades sobradas para ello. Todos los implicados han logrado crear una obra diferente, construyendo paso a paso una riquísima mitología tanto fuera como dentro de las viñetas: con decenas de personajes además de Saitama, un trasfondo ético-político que sobrepasa el canon del género —Saitama no es héroe porque tenga alguna clase de trauma o se sienta responsable por hacer nacido con esos poderes: es héroe porque desea serlo, incluso si ha dejado de disfrutarlo debido a su desproporcionado poder; en ese sentido, está más próximo de otro gran anime reciente, Samurai Flamenco (2013), que de cualquier película de Marvel o DC— y un humor a prueba de bombas, tiene todos los elementos necesarios para enamorar a las audiencias. Al menos, en potencia.

Paciencia, esfuerzo, trabajo duro: One-Punch Man. Pero también diversión. En un tiempo donde todos los superhéroes son grises, moralmente ambiguos y obligados por la responsabilidad, la auténtica revolución es que un héroe no sólo quiera serlo por propia voluntad, sino que además busque que su trabajo sea lo más difícil posible, que exista la posibilidad de ser derrotado. Que disfrute del placer del combate. Saitama es el verdadero héroe de nuestro tiempo: aquel que grita para despertarnos, para recordarnos que sí, que sólo hay auténtico placer en aquello que requiere nuestro mejor esfuerzo.

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