40 años de ‘It’s Alive!’ de Ramones: así es el mejor álbum en directo de la historia

It’s Alive es el primero de los tres directos oficiales editados por los padres del sonido punk rock. Los Ramones lo grabaron en el Rainbow Theatre de Londres el 31 de diciembre de 1977 y fue lanzado en abril de 1979. Un set de 2 LPs, básicamente un obús compuesto de temas de los primeros tres álbumes de la banda. La trilogía sagrada sobre la que se asienta no solo el sonido Ramones sino el decálogo sobre la actitud en el escenario de todo un género musical.

«Aquel doble directo cambió el mundo. Si estás
deprimido o pasa algo horrible, pones ese disco
y vuelves a la vida por arte de magia»
Julián Hernández (Siniestro Total)

Un año y medio después de su primera aparición en Londres y de revolucionar la incipiente escena punk, Ramones grabaron cuatro conciertos durante una exitosa gira por el Reino Unido. La banda todavía estaba funcionando con su alineación clásica: Joey Ramone (Jeffrey Hyman) cantando, Johnny Ramone (John Cummings) en la guitarra, Dee Dee Ramone (Douglas Colvin) en el bajo y Tommy Ramone (Thomas Erdelyi) en la batería. Tommy dejó de llevar la cinética del grupo tan solo unos meses más tarde, coincidiendo con el momento de máxima creatividad de la banda, antes de grabar su disco más completo, Road To Ruin (1979). Entre esas cuatro actuaciones, eligieron la apoteósica presentación del Año Nuevo, el 31 de diciembre de 1977, entre otras cosas por multitudinaria y significativa. Un éxtasis constante que acabó con el lanzamiento catárquico de todo tipo de objetos y fue considerado el mejor bolo de la gira.

Hay mucha mística sobre los directos de las bandas de rock y el mejor disco en la categoría de la historia. Probablemente, en muchas de las listas no aparecerá It’s Alive cerca de los primeros puestos. Es difícil convencer a un fan de Judas Priest o Iron Maiden que un disco sin un solo punteo pueda ser mejor que los que sacaron esas bandas tras sus mejores conciertos. Pero en cuanto a influencia en su parcela musical, no cabe duda que el de Ramones es el disco en directo más importante de la historia del rock, y la razón es, en esencia, que es quizá más definitivo y definitorio dentro del punk rock que muchos discos de estudio de otras grandes bandas o incluso que los de los mismos Ramones. En otros estilos puedes comprobar lo bien que lo hace la banda, lo poco que pierden sonando en el escenario y el virtuosismo de sus músicos. Como en los discos de Ramones no hay un condenado arreglo, su directo no solo no pierde, sino que lleva las mismas canciones a otro terreno.

Como en todos los álbumes en directo que han trascendido, existen los rumores de que el directo está retocado en estudio, lo cual no sería descabellado dada la gran calidad de sonido del mismo. Uno de los que lo afirman es el mismo Marky Ramone, quien asegura que él vio al grupo grabar los temas en Nueva York a partir de las pistas de batería de Tommy. Puede que tenga razón y que todo sea una farsa, o quizá solo se arreglaron temas como Pinhead, pero el concierto también se filmó en vídeo y luego se lanzó parcialmente en el DVD It’s Alive 1974-1996 (2007). En los cortes de vídeo se puede escuchar un sonido, si no idéntico, sí muy similar al que se escucha en la grabación, aunque sí hay algunas interrupciones en la voz de Joey —al apartarse del micro de forma espasmódica, dejando pequeños silencios de pura actitud— que quizá puedan avalar la teoría de que, en efecto, se retocaron pistas. De cualquier forma, se puede comprobar el delirante nivel de velocidad y ejecución técnica de todos los componentes durante la actuación tanto en audio como en vídeo, dejando un registro del que, en efecto, fueron los mejores minutos de actuación de la historia del rock. Estas son las principales razones.

Marca el fin del año del punk

1977 fue, unánimemente el año del punk rock. No solo Ramones sacaron Rocket To Russia, completando su trilogía sagrada, sino que en la primera mitad de aquel año apareció el rabioso debut de The Clash y, a solo dos meses de acabarse, Sex Pistols lanzaban Never Mind the Bollocks. Ramones hizo el fin de fiesta más significativo, tocando en la última noche de ese periodo frenético en el que las guitarras a tope de distorsión, el sudor y los espasmos desafiaron los conceptos tradicionales de la música rock y pop para acompañar a un movimiento social en Gran Bretaña y representar una revuelta juvenil basada en la cultura y en el reconocimiento de la individualidad.

Para resumir, el concepto que caló en el mundo es que los desgraciados sin talento virtuoso, con las muelas picadas y vestidos con lo primero que se les ocurriera también podían hacer música, y esta podía ser significativa, rompedora e importante para sus compañeros de generación. It’s Alive selló ese pacto faustiano para siempre con un concierto importantísimo para todos los asistentes, que tomarían buena nota de cómo cuatro tipos con peinado casco —resultaban una caricatura malvada de Hanna-Barbera de los Beatles trajeados— llevaban la suciedad sónica a la categoría de arte.

Recoge los mejores discos de la banda

El material que aparece en It’s Alive representa, en esencia, lo mejor de los Ramones en su etapa más explosiva. Todas las canciones seleccionadas están extraídas del debut homónimo del grupo en 1976, Leave Home y Rocket to Russia, ambos de 1977. Y aunque por supuesto hay muchas gemas del grupo posteriores, incluso temas mejores de los que se encuentran aquí, en grandes álbumes como Road to Ruin, este álbum es la destilación de su creatividad en su pico absoluto.

Rara vez se volvería a ver a los Ramones tan conectados en la proyección de su imagen a través de sus canciones, y el resultado que se generaba en la simbiosis entre su aspecto y las letras. Por supuesto, la selección de 28 recoge las más esenciales, o al menos las que mejor conectan con el formato directo tal y cómo se lo planteaban los de Queens. De Blitzkrieg Bop a Sheena is a Punk Rocker pasando por Rockaway Beach, Havana Affair, Commando, Today Your Love, Tomorrow the World, Judy is Punk, Pinhead, Glad to See You Go o Oh Oh I Love Her So. Los tiene todos, o al menos no hace echar en falta ninguno en particular.

El todo es más que la suma de sus partes

Para bien o para mal, Ramones es un grupo sencillo en sus herramientas de trabajo, y una de las ventajas de esta particularidad en su forma de componer y tocar lleva a una consistencia inusual en el mundo del rock. Los 28 temas se desarrollan como un misil uniforme, preciso y veloz. Toda esa cantidad de píldoras no llegan a alcanzar la marca de los 54 minutos, es decir, ni a dos minutos de media por tema. En ese bloque de tiempo no hay una cadencia de diferentes ritmos, momentos de relax, fases de intensidad o crescendos, no hay balada para mecheros, no hay una canción para presentar a la banda uno por uno, no hay, en definitiva, un espacio musical mayor de 10 segundos en el que no suenen tres instrumentos a la vez junto a la voz.

It’s Alive es una performance en sí misma, en donde la selección revela una intencionalidad más práctica que cualitativa. Imagina a estos cuatro descartando los temas de los discos conforme se empalman mejor unos a otros, sin hacer variaciones de metrónomo y romper el tempo interno de la banda, y tendrás la respuesta. Una masa de ruido limpio, electricidad melódica, júbilo juvenil sin filtro con sonido de cortacésped durante casi una hora.

En el punk rock no se mea

Parte de la uniformidad de It’s Alive no se debe solo a la categoría homogénea de las tonadas que van sucediéndose, de su concisión casi clonada, sino que se añade un elemento de urgencia en el que no se atisba un solo momento de inactividad, no hay espacios entre las canciones, ni cualquier posible momento de despiste en el que a Ramones les dé tiempo para pensar. Una mecha de pólvora a corcheas sin una sola reflexión, con el único discurso hacia el público en los compulsivos “one, two, three, four” bramados entre corte y corte por Dee Dee, como si ninguno de sus tres compañeros fueran a escucharle por monitores.

Celebramos 40 años de la edición del disco en directo más importante de la historia, IT’S ALIVE de RAMONES. Un misil frenético que resume todo lo que adoramos de la mejor banda del mundo.

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Desde el “Somos Ramones y esto se llama Rockaway Beach « de Joey Ramone antes de empezar, hasta el “gracias a todos por venir, buenas noches” de We’re a Happy Family, se va pasando de canción a canción instantáneamente. Sigue Teenage Lobotomy, un saludo de menos de cuatro segundos y lanzan el riff atronador de Blitzkrieg Bop, apenas una absurda mención al pollo a la vindaloo y siguen con I Wanna Be Well. Y así sin parar, como si quisieran acabar el concierto porque el suelo del escenario les quema las suelas de las Chuck Taylor.

Suena mejor que muchos discos

El característico sonido del primer disco de Ramones es tan reconocible, diferente e icónico que se le perdona que se asemeje al ruido de un transistor de juguete con el altavoz rasgado, pero lo cierto es que no acaba de representar la dimensión que el grupo buscaba y que lograron en sus siguientes discos. Probablemente It’s Alive no tenga la definición fresca de Rocket to Russia, pero no le tiene nada que envidiar a la producción de estudio de Leave Home y supera, con mucho, el resultado de Ramones.

Esto juega a favor de los temas de ese disco y, probablemente, contiene el mejor Britzkrieg Bop que puedes escuchar —si quieres pincharla en un bar, aplícate el cuento— con la inercia salvaje de estar gritando la consigna “Hey Ho, Let’s Go” a un grupo de personas y no en una pecera aislada llena de cables y micros. La canción recoge del pogo que genera todo el ímpetu atronador de su proclama militar y le añade el brillo eléctrico de la Mosrite de Johnny Ramone en su máxima expresión de raca-raca a todo volumen. Lo mismo con Judy Is a Punk, Chain Saw o Now I Wanna Sniff Some Glue. Y mejor no entrar a comparar sonido con el debut de The Clash, Dammed o Dead Boys. Las bases rítmicas están equilibradas, el muro de cuerdas es crujiente pero no rasga y la mezcla es potente y moderna. Es lo que vulgarmente acostumbramos a llamar un auténtico pepino.

101 del estilo Ramones

Conseguir que lo que haces parezca fácil es uno de los trucos más difíciles del ilusionismo, de la misma manera que el mayor engaño del diablo es convencer al mundo de que no existe. Ramones hicieron creer a los virtuosos y pesados del mundo del rock que no sabían tocar. Los que creen que un Picasso tiene menos validez que un Velázquez tienen la misma amplitud de miras que los fans de Dream Theather que desprecian los discos de Joey, Johnnny, Dee Dee y Tommy. Ramones son al mundo del rock lo que Mark Rothko al arte. Su minimalismo salvaje no requiere escalas jónicas y dóricas pero sí un escrupuloso control de lo que no quieres que suene en tus canciones.

Prohibir semitonos, limitar los compases de fórmulas extrañas, dotar al charles de un protagonismo que lo convierta en un instrumento más, no un simple marcador de tiempo. Rascar las cuerdas siempre para abajo, sea cual sea el tempo de la canción. Nada de solos de batería, prohibido el tom, el bajo no pasa más abajo de las dos cuerdas gordas. Forjar una visión artística distintiva dentro de una paleta limitada es una tarea que pocos logran perfeccionar y Ramones demostraron con It’s Alive que su fórmula tenía una razón de ser. Eran ellos, dentro del estudio y encima del escenario. No necesitaban producción, no necesitaban coros. Su estilo es válido en los dos formatos porque es sólido como el adamantium y, además, se beneficia de la rabia y velocidad que genera una sala de conciertos.

Filosofía de escenario: dignificando el punk

Que sí, que nos hace mucha gracia ver a Manolo el treinteañero de la oficina vestido con una chaqueta de boda con las mangas cortadas y pegatinas dando botes y tembleques mientras canta con su banda, que está preparando su segunda maqueta. A la mayoría de punks de finales de los setenta les conquistó la imagen de Johnny Rotten, que compartían Richard Hell o Stiv Bators. Lo realmente difícil era ser Jim Morrison—probablemente el más punk de todos— o Iggy Pop, que requería un alto grado de locura no disimulada. Pero crear una imagen durarera, que molestara en los setenta y siguiera funcionando en los noventa, solo está reservado para unos pocos. Ramones es una banda importante desde el punto de vista musical, pero quizá lo sea aún más desde el estético. Y todo lo que significa su filosofía se resume en It’s Alive. El cantante pegado al pie de micro, con apenas movimiento, arenga al público cantando desafiante, a menudo con su puño en alto dirigido a la platea.

Mientras, el guitarra y el bajo lo acompañan en una posición paralela, como las dos criaturas de Gozer el gozeriano, limitándose a balancearse al ritmo de la canción y recorrer el escenario de arriba abajo. Johnny abre las piernas con sus pantalones rotos con la guitarra cinco veces más baja que cualquier músico medianamente serio. No la toca, la exprime. Quiere matarla, asesinarla. Alterna ocasionales saltos con su postura arquetípica, como una efigie firme, autoritaria, dominante, imperial; la imagen definitiva del guitarrista de punk rock. Inmejorable. Inigualable. Dee Dee como un goblin desesperado, un gremlin recién alimentado tras la medianoche a punto de recibir un chapuzón, balanceando su cabeza de un lado a otro, como un cachorro simpático con cara de Antonio Vega. A veces sus balanceos hacen dudar de que esté tocando su instrumento, parece moverse a merced de un maestro de marionetas, pero no falla ni una nota. Y eso que pasan un buen rato con sus pesadas, calurosas chupas de cuero, un uniforme que llevan dentro y fuera del escenario.

Al fondo, Tommy, la máquina detrás del engranaje, no se quita sus gafas de sol. Encima suyo se erige un logo presidencial, un símbolo americano que evoca al fondo de los discursos de un presidente de los Estados Unidos en un riguroso blanco y negro. Lo conocéis de los cientos de miles de camisetas de tienda textil de centro comercial. La estampa al completo es un rombo perfecto, un complejo prácticamente infalible emitiendo una barrera de decibelios rompeyunques sin aburrir al respetable con paradas para afinar o contar chistes. El tiempo es oro y todo lo que sea paja no merece la pena, y cualquier traba a lo que sea estrictamente música se considera un fracaso.

Muchos grupos de punk rock actuales siguen estas reglas no escritas e incluso hay subgéneros que siguen al pie de la letra los esquemas de qué se debe y no debe hacerse en un escenario, al igual que tantos grupos lo siguen teniendo como referencia, quizá no directa pero sí a través de la influencia en el saber estar encima de una tarima. La espontaneidad disciplinada de It’s Alive es la esencia misma de Ramones, una de las pruebas definitivas de que ciertos protocolos del rock son, en realidad, barreras invisibles que impiden la expresión pura de un artista.

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