40 años de ‘Piraña’: así empezó la fiebre por los pequeños peces carnívoros

Reciente aún el impacto de Tiburón de Steven Spielberg, llegaba a las pantallas de los cines de todo el mundo en 1978 otra terrorífica película protagonizada por animales asesinos con ganas de zamparse a despistados bañistas. Piraña, que cuenta la historia de unas pirañas accidentalmente liberadas en un río frecuentado por turistas que están en plena temporada de verano, se acabó convirtiendo en una película de culto.

¿Por qué seguimos recordando esta peli de serie B que ahora celebra su 40º aniversario? A pesar del tiempo transcurrido desde su estreno, hay varias razones para hacerlo. Por un lado, se trata del debut en la dirección de cine del estadounidense Joe Dante (Gremlins, Aullidos,…), aún en activo a pesar de haber dejado de trabajar para los grandes estudios hace dos décadas. Por otro, el humor y la ironía que desprende sigue arrastrando legiones de fans y el propio Steven Spielberg, fan declarado de la cinta, ha asegurado en más de una ocasión que Piraña es el mejor rip-off que jamás se ha hecho de Tiburón (1975). Es más, el film ha llegado a contar con varios remakes y secuelas. James Cameron, por ejemplo, dirigió la primera de ellas, llamada Piraña 2: Los vampiros del mar (1981), de la que el cineasta comentó en una entrevista que su film era “la mejor película de pirañas voladoras jamás realizada‘.




Pero, ¿cómo se fraguó la icónica peli? La idea de hacer el largometraje se puso en marcha después de que Jeff Schechtman, antiguo asistente de Roger Corman, productor del film, y una antigua estrella de cine japonesa llamada Chako Van Leeuwen se presentaran ante Corman con un estrambótico guion sobre personas y osos que eran devorados por pirañas. Corman dijo que antes de decidir algo quería hacer una prueba previa de mercado del título, que fue bastante bien, lo que le hizo aceptar el proyecto.

Corman no pensó que aquel guion fuera muy bueno. Así que cuando yo me involucré, decidimos buscar a alguien para reescribirlo. Frances Doel, que era editora de historias de Roger, conocía a John Sayles, que había publicado un libro titulado Pride of the Bimbos (1975), y sugirió que quizás ésería un buen escritor para la película. Y este no muy interesante guion se convirtió en una película semi-política y semi-paródica de ciencia-ficción, mientras que antes era una película más directa, como Grizzly (1976) o como todas esas películas derivadas de Los pájaros (1963)“, aseguró Dante en una entrevista. Sayles, por su parte, recuerda en otra conversación las escuetas indicaciones recibidas por Corman: “Me dio el guion y me dijo: ‘mantén el título y la idea de que las pirañas estén sueltas en aguas de Norteamérica, y luego haz lo que quieras con él, pero hazlo de manera que se parezca a Tiburón’“.

Como es fácil intuir, la trama de la películas está presidida por un grupo de pirañas mutantes criadas por soldados norteamericanos con la intención de ser empleadas en la Guerra de Vietnam. Se llegó a decir que Sayles escribió también un guion alternativo en el que los malvados militares eran los héroes de la película. Supuestamente, ese guion fue enviado a las autoridades de la Guardia Nacional pertinentes, que habrían aceptado prestar soldados y equipos a la producción…

Lo que no tiene nada de mito es el hecho de que la icónica película esté protagonizada por una frívola investigadora llamada Maggie, que trata de averiguar lo ocurrido a unos adolescentes desaparecidos, con la ayuda de un antisocial montañero llamado Paul. Ambos se adentran en el bosque y descubren un edificio militar abandonado que había sido usado para llevar a cabo extraños experimentos, con la mala suerte de que liberan por accidente a unas pirañas mutantes. Los actores que dieron vida a estos dos personajes, la canadiense Heather Menzies-Urich —conocida por su papel en Sonrisas y Lágrimas (1965)— y el estadounidense Bradford Dillman (Paul Grogan), fallecieron recientemente, con solo cuatro semanas de diferencia (entre diciembre de 2017 y enero de 2018). La primera murió víctima de un tumor cerebral, mientras que el segundo falleció debido a una neumonía. Como anécdota cabe recordar que una camarera del Holiday Inn donde el director y el resto del equipo se alojaban sustituyó a Menzies en las escenas de topless porque a la actriz le preocupaba que su marido no aprobase la secuencia en la que debía aparecer desnuda.

Treinta días de rodaje con pequeños demonios

La cinta se rodó con poco tiempo (en apenas treinta días), dinero y medios técnicos, después de que el guion original estuviese dando tumbos durante unos cinco años. Aun así, Dante siempre ha reconocido que tuvo mucha libertad haciendo aquella película de bajo presupuesto para Corman, quien sabía exactamente lo que las imágenes debían contener para que él pudiera luego vender el producto. “Fue una lucha hacer la película, porque esas imágenes se realizan de forma muy económica y rápida, y estás rodeado de personas que, como tú, no tienen mucha experiencia y están aprendiendo en el trabajo. Puede sonar frustrante, pero en realidad fue estimulante porque, literalmente, era como ser un niño y jugar a indios y vaqueros“, contó el director.

La mayor parte de la película fue rodada en el parque temático Aquarena Springs, inaugurado en 1951 y ubicado en San Marcos (Texas). El complejo, que llegó a convertirse en una gran atracción turística de su época, fue adquirido luego por la Universidad Estatal de Texas-San Marcos y dejó de funcionar en 1996. Sus instalaciones albergan hoy día un centro de aprendizaje ambiental llamado Aquarena Center.

Como dato curioso, las hambrientas pirañas se crearon uniendo peces marioneta de goma. Corman insistió en que Dante grabase en la enorme piscina de tamaño olímpico de la Universidad del Sur de California algunas imágenes de prueba de las pirañas-modelo bajo el agua antes de seguir adelante con el proyecto. “Tuvimos pirañas mecánicas, pirañas con cables y cuerdas. Finalmente, descubrimos que si contábamos con títeres de varillas podríamos hacer que se pareciesen al metraje de pirañas que había disponible en ese momento“.

El presupuesto con que el equipo de efectos especiales de la película contó fue de 50 mil dólares. Y, como detalle poco conocido por el gran público, cabe señalar que el particular ruido que hacen las pirañas bajo el agua es, en realidad, el sonido de varios taladros dentales usados por el equipo.

La cinta contó con varios problemas de producción durante los días que duró el rodaje. Entre otras cosas, y según han señalado los miembros del equipo a lo largo de estos años, hubo varios cambios de última hora en el reparto, las cámaras submarinas que utilizaron se descomponían, los sindicatos andaban preocupados por las jornadas de trabajo y muchas de las imágenes de segunda unidad grabadas resultaron inutilizables.

En cualquier caso, y para sorpresa de sus responsables, la cinta fue un éxito de taquilla: se sacó adelante con un presupuesto de 600 mil dólares, pero logró recaudar 16 millones en todo el mundo. “Piraña logró resultados sorprendentes. Estas películas de explotación de bajo presupuesto a menudo pueden obtener un gran beneficio bruto la primera semana, pero luego desaparecen. Piraña no desapareció. Resistió, dos o tres semanas, contra la competencia de los grandes estudios“, comentó en su día Roger Corman.

Pero el triunfo financiero no libró a los responsables de la peli de algún que otro susto (con conato de demanda). Así, Universal, que rodaba Tiburón 2 a la vez que se llevaba a cabo Piraña, intentó entonces demandar a New World por parodiar su película Tiburón y, seguramente, por la competencia que esta podría suponer para su nuevo proyecto. Sin embargo, Steven Spielberg vio el largometraje antes de que se estrenase y le comentó a Universal que se trataba de una parodia y no de una copia, por lo que estos acabaron abandonando la idea de la demanda. Spielberg y Dante trabajarían juntos después en En los límites de la realidad (1983).

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