5 slashers que te quitarán las ganas de ir a un campamento de verano

En el género slasher la localización es una de sus bazas fuertes. Cabañas en el bosque, casas sin padres, lugares abandonados y, como no, campamentos de verano. Os traemos cinco slashers que cobran vida entre cabañas, bosques y lagos. Lugares idílicos, al menos en apariencia.

El verano en Estados Unidos es sinónimo de campamentos de verano. Esos lugares que para algunos son felicidad infinita y para otros no son más que una continuación del sufrimiento del año escolar. Los campamentos funcionan como colegios o institutos pero elevados a su máxima potencia porque los jóvenes están alejados de sus padres, en plena naturaleza salvaje, a cargo de unos cuantos monitores que apenas cuentan con unos años más. En este entorno hostil, estos preadolescentes, adolescentes o jóvenes de clase media, alejados de sus barrios residenciales, se encuentran aislados, a merced de leyendas de psicópatas con sed de venganza.

Es una premisa que conocemos bien gracias a Viernes 13 (1980) el primer slasher situado en un campamento de verano, y que desencadenó toda una serie de películas con la misma premisa que llega hasta el presente, aunque en absoluto con el mismo éxito de aquella que acabaría generando toda una franquicia. Las producidas durante los ochernta desprenden reaganismo a raudales: tras una época de mayor libertad, el conservadurismo volvió a instalarse en Estados Unidos y, en consecuencia, en su cine. En ese clima de puritanismo, las principales víctimas de los psicópatas son jóvenes (campistas y monitores) que entran en el pecaminoso camino de los vicios: sexo, drogas y alcohol; algo que pueden hacer libremente en un campamento de verano sin tener prácticamente ninguna supervisión adulta. Estos son algunos de los hitos del subgénero.

La quema (1981)

Una película cuya preproducción comenzó antes de que se estrenara Viernes 13 y que está basada en la leyenda de una especie de hombre del saco. El asesino es el cuidador de un campamento al que unos monitores le gastan una broma de la que no sale muy bien parado. Tras el incidente, cinco años después espía a los campistas mientras mantienen relaciones sexuales; tijeras de podar en mano, se encarga de castigarlos.

Cambia un componente crucial de la fórmula tradicional del slasher: la ausencia de la final girl, esa chica casta y pura que es la única que puede acabar con el asesino por no ser una pecadora. Este cambio se agradece y funciona muy bien para contrarrestar varias escenas de desnudos femeninos gratuitos (marca del slasher, por otra parte). Esa novedad hace que los últimos diez minutos de metraje destaquen por encima del resto de la película.

Madman, el loco (1982)

Originalmente iba a basarse en la leyenda urbana de Cropsey, pero al enterarse de que otra producción (La quema) había tenido la misma idea, sus responsables se vieron obligados a cambiar el guion en el último momento y a aplazar el estreno, lo que supuso una importante pérdida de dinero.

Esta película, aunque estrenada ya en los ochenta, tiene una estética más setentera que otras de sus compañeras estrenadas durante la misma época. En la historia, los campistas no tienen ninguna relevancia; serán los monitores los que se verán perseguidos y asesinados por un psicópata con un hacha al que despiertan tras decir su nombre una noche junto a la hoguera. Posiblemente la escena más terrorífica sea una protagonizada por dos de los monitores en un jacuzzi que fácilmente se nos queda grabada a fuego, al igual que el tema sobre el infame Madman Marz.

Campamento sangriento (1983)

Una película con un modus operandi diferente a las anteriores. En este caso no sabemos quién es el asesino, por lo que el whodunit es la carnaza que se nos lanza para picar el anzuelo y mantenernos expectantes hasta un final que hará que soltemos el anzuelo rápidamente o que nos quedemos enganchados a él, dispuestos a ver sus secuelas.

The Final Girls (2015)

Un slasher con una premisa bastante atractiva y muy llamativa visualmente, aunque se quede a medio gas. Pero es innegable que resulta interesante como texto consciente de sí mismo, ya que pone de manifiesto los cambios sociales que se han dado en cuarenta años de género, evidenciando lo atrasados que resultan hoy en día los slashers de los ochenta.

Igual eres el asesino (2018)

El slasher más reciente situado en un campamento está entre el homenaje y la parodia al género, queriendo imitar la fórmula de Scream (1996) pero sin el mismo éxito. Una historia que camina entre flashbacks y el presente, que transcurre en tan solo unas horas, que tiene un componente sobrenatural y que desde el mismísimo título pone sus cartas sobre la mesa.

Los campamentos de verano son uno de los lugares predilectos en los que situar un slasher; fue así en los orígenes del género y parece que todavía hay una pulsión latente que se niega a echar el cierre definitivo. Crystal Lake, Stonewater o Blue Finch, aunque todos tengan distintos nombres, son lo mismo: el terror de campistas y monitores.

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