6 webcomics eróticos para calentar tu ADSL

¿Te cansa ver siempre lo mismo de 'lo único'? No busques más: estos webcomics XXX son la cara más original de la internet más lujuriosa. Desde lo divulgativo hasta lo perverso, pasando por lo humorístico, le darán un toque de distinción a tus ratos de ocio (solitario o en compañía).

¿Cuándo ocurrió todo? ¿La primera vez que un macilento informático estadounidense descubrió que el Playboy del mes cabía en ese scanner -entonces llamado «digitalizador»- y que podía compartirlo con los amigos mediante su módem? ¿O cuando la humanidad se dio cuenta de que el ratón se maneja con una sola mano? Lo mismo da: a estas alturas de la Era Digital, si hay algo que todo el mundo tiene claro es que internet es algo que sirve principalmente (cuando no exclusivamente) para ver porno. 

Recordemos todos la sensación que nos embargó la primera vez que vimos una imagen pixelada de Marta Sánchez posando para Interviú: en el futuro, descubrimos entonces, los acercamientos titubeantes hacia el quiosco, las visitas furtivas a la parte de atrás del videoclub y los tocamientos torpes del reproductor VHS en ausencia de los padres serían historia. Bastaría con una conexión RDSI tope de gama para que la Biblioteca de Babel de las guarradas se abriese (de patas) ante nuestros ojos. Y, con los matices dados por el devenir histórico, así ha sido.

Sí: internet es para el porno. Ahora bien, ¿para qué porno? Pues será porque en nuestros tiempos éramos más del Kiss Comix que del Private, pero a nosotros esta amplitud de oferta nos satisface sobre todo debido a la cantidad de webcomics eróticos con los que podemos hacernos mediante un clic. ¿Las razones? Pues muchas. Por su propia naturaleza, las viñetas permiten expresiones sicalípticas mucho más originales y creativas que ese audiovisual cada vez más preso de los bajos presupuestos, el alto ritmo de producción y la monotonía de géneros y subgéneros. Además, la práctica totalidad de estos productos son gratuitos, y pueden consultarse sin riesgo de llenarse el disco duro de esas porquerías que no se quitan con un kleenex. Por último, señalemos que la presencia de autoras es desbordante, cuando no mayoritaria, y que muchas de sus obras pueden ser compartidas por una audiencia amplia, sin apenas barreras de género, orientación sexual o fetiches particulares. Básicamente, porque no sólo molan como fuente de erecciones o humedades, sino también como tebeos bien hechos. Examinen esta selección que hemos preparado para ustedes y, cuando salgan del cuarto de baño, nos cuentan.

OH JOY SEX TOY (Erika Moen)

ohjoy

¿Por qué nos pone? De todos los tebeos que vamos a recomendar aquí, el blog en viñetas de la dibujante Erika Moen (ayudada por el coguionista Matthew Nolan, su media naranja) es el que menos incita a hacer flexiones de muñeca y/o dejarse el anular hecho una pasa. Más que de un producto propiamente pornográfico, se trata de una guía para las cosas del fornicio centrada en reseñas de juguetes sexuales (de ahí su título) y en reportajes y entrevistas sobre temas que van desde el rodaje de porno amateur hasta cualquier otra práctica que pueda ocurrírsele al lector. Aun así, las razones para recomendarlo son múltiples: un dibujo sobresaliente (el mismísimo Scott McCloud ha alabado las habilidades de Moen para la narrativa gráfica), un sentido del humor a dormitorio abierto que podría abrirle los ojos a más de uno, y la presencia habitual de firmas invitadas que ponen toda la carne y los fluidos en el asador. Si Elena Ochoa hubiese tenido las dotes de Erika Moen para resultar ilustrativa a la par que cachonda, nuestras adolescencias habrían sido mucho más placenteras.

OGLAF (Trudy Cooper, Doug Bayne)

oglaf

¿Por qué nos pone? Desde hace ni se sabe cuánto tiempo (el archivo de su web es ingente, y las historietas no están fechadas) los australianos Cooper y Bayne llevan entregando un webcomic que conjuga airosamente la ambientación fantástica, el sexo desaforado y, sobre todo, un humor mucho más sutil de lo que aparenta, capaz de tomar todos los tópicos de los dos elementos anteriores y convertirlos en comedia de primera calidad. De hecho, uno de los escasos «peros» que pueden ponérsele es ese: sus chistes, que no siempre van sobre pollas y parruses, son tan endemoniadamente buenos que el lector o la lectora pueden olvidarse de la sicalipsis por culpa de las carcajadas. Por otra parte, la responsable de semejante sindiós se encargó en su día de los storyboards de Dark City: algo que, bien mirado, conlleva su propia dosis de morbo.

CURVY (Sylvan Migdal)

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¿Por qué nos pone?  Chuches. Viajes interdimensionales. Videojuegos. Humor vitriólico. Guiños (y palos) a todas las variedades posibles de cultura nerd. Lesbianismo por un tubo, y lo que no es lesbianismo, a carretadas. Residente en Brooklyn, Sylvan Migdal entrega con Curvy uno de los tebeos de aventuras más originales y (hasta cierto punto) postmodernos que pueden leerse actualmente, con el bonus añadido de un dibujo de esos cuya aparente simplicidad sólo se obtiene gracias a una considerable solvencia técnica. Y con una dosis de sexo que muchas veces supera la ratio de a polvo por página, también. Las aventuras de la humana Anaïs y su muy casquivana amante Fauna (¿cómo no enamorarse de una princesa alienígena que sabe a regaliz?) resultan también el cómic más politizado de este reportaje, y hay que decir que su insistencia en bombardearnos con ideario anticapitalista entre cunnilingus y eyaculaciones puede cansar un poco. Aún así, mientras la diversión y el jeringue sigan pesando más en la balanza, nosotros no dejaremos de recomendarlo.

CHESTER 5000 XYV (Jess Fink)

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En el perfil publicado en su web, la autora de este tebeo afirma deber su talento a haber tenido concúbito con varios arcoíris. Y, leyendo el mastodóntico archivo de Chester 5000 (publicación ininterrumpida, si bien irregular, desde 2008), uno se siente capaz de creer que Jess Fink se tira a fenómenos ópticos y atmosféricos cada vez que le apetece. Lo más interesante de esta historia steampunk y libertina no es una presentación gráfica de rechupete, ni una premisa tan original como incitante para según quienes (los amores entre una dama victoriana y el mayordomo de hojalata que da título al cuento), ni siquiera lo entrañable a la par que salaz que consigue ser su desarrollo. Lo mejor, decimos, es que Fink lleva siete años contándonoslo sin emplear una sola línea de diálogo, y fiándose sólo a iconos y onomatopeyas cuando la situación lo requiere. No sabemos si Will Eisner se refería a esto cuando hablaba del arte secuencial, pero oye, da mucho gustito.

SUNSTONE (Shiniez)

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En la vida civil, el croata Sjtepan Šejić es un dibujante de buena reputación, autor de portadas para tebeos de Marvel, Top Cow y otras editoriales yanquis de tronío. Bajo su alias de Shiniez, sin embargo, Šejić es conocido como el responsable de Sunstone, un tebeo que sólo podemos calificar como el opuesto matemático a 50 sombras de Grey. Porque, a diferencia de dicha fanfiction de Crepúsculo venida a más, este cómic sí consigue hacer creíble la historia de una relación romántica (entre chicas) edificada sobre pilares BDSM. Esto conlleva un ligero inconveniente, eso sí, ya que el autor está tan empeñado en contradecir prejuicios y dotar de solidez a sus personajes que el factor sexual y fetichista se pierde a veces entre tanta tribulación afectiva, tanto diálogo y tanto gag. Lo cual no quiere decir que no haya tetas, pinzas, látigos y muchas otras cosas: es que, en numerosas ocasiones, el lector o lectora estará demasiado ocupado apretando las manos y musitando «Ay… ¡Si se quieren!» como para hacerles caso. Ojo, necesitarás una cuenta activa en DeviantArt si quieres leerlo.

STARFIGHTER (Hamletmachine)

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Atención, lectores masculinos y hetero: aquí sólo hay pollas. Y esto es así porque Starfighter es uno de los productos más dignos surgidos de de la fascinación que las otakus occidentales sienten hacia el yaoi, ese género nipón en el que mozos de buen ver se dan mandanga para solaz del público femenino. Claro que, si sólo fuera por eso, no lo recomendaríamos aquí. Se trata, en realidad, de una space opera bien urdida, muy bien dibujada, y (lo más importante) con unos momentos de fornicio que no se hacen de más en el conjunto de la historia. Vamos, que uno puede interesarse por él aunque la presencia de un miembro viril, dibujado o no, le repela profundamente. Sus inconvenientes: una actualización a paso de tortuga, la osadía de cobrar dieciocho euracos por la visual novel calentorra basada en el tebeo y el hecho de que las autoras hayan tomado su seudónimo de una de las obras teatrales más enfermizas del siglo XX, con lo que corta eso el rollo.

 

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