6 webs imprescindibles para entender el mundo moderno

¿Tienes más de treinta años? ¿Te sientes como un fósil cada vez que abres el navegador? ¿Corres el riesgo de perecer aplastado bajo una avalancha de memes y frases indescifrables en las redes sociales? Ni te preocupes: CANINO te ofrece aquí una práctica guía de wikis y bases de datos con las que capear el temporal de internet. Y, además, te ríes.

(Imagen de home: The Interwebseries)

Es un hecho: al igual que el Bizancio de Yeats y el Nuevo México de Cormac McCarthy, internet no es país para viejos. Mientras los puretas la usamos para cuatro cosas justitas (mirar el Facebook o el Twitter, si se tienen, usar Google, comprar algo de vez en cuando y, claro, ver porno), la juventud vive en ella con una intensidad que nuestra generación reservaba para el parque de su barrio, ese en el que se juntaba con los colegas el domingo por la tarde para comer pipas y beber litros de cerveza. Dejando aparte las pamplinas sobre la Red como espejo del mundo, hiperrealidad mercantil y todo lo demás, está claro que, si no se ha crecido a su sombra, el ciberespacio puede marear a cualquiera con sus tendencias imprevisibles, sus lenguajes endemoniados (visuales y verbales) y, especialmente, su capacidad para cambiar cada treinta segundos sin que uno se dé ni cuenta.

¿Existe alguna forma de no perder el hilo de este sindiós? Pues no, no la hay. Lo sentimos, pero la edad y las brechas generacionales es lo que tienen. Ahora bien: lo que uno sí puede encontrar son asideros que permitan guiarse por ese marasmo de significados que nos bombardea hoy. Por eso CANINO ha reunido estas seis páginas web que sirven de faros para los intelectos viejunos. Todas ellas están dedicadas a explicar y catalogar aspectos de la vida moderna (es decir, de internet) con gracia y eludiendo los tópicos. Todas ellas, de una forma u otra, se realizan de forma colaborativa (lo que permite contrastar opiniones, evitar los puntos de vista perecederos, y, también, admirarse ante los extremos de la burricie humana). Y todas ellas resultan, además, sitios interesantes donde buscar y aprender cosas, más allá de neurosis y miedos a que se te esté pasando el arroz. Básicamente, porque eso último no lo evita nadie.

TV Tropes

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La necesitas para… Entender todos los vericuetos narrativos de tu ficción favorita, y pillar a la primera los trucos de los guionistas. Entre otras cosas

¿Cuál es la mejor enciclopedia de internet? Pues nosotros lo tenemos claro: esta web, que nació en 2004 como un proyecto de amigos para analizar capítulos de Buffy, cazavampiros. Y que ahora, doce años después, es un monstruo responsable de que expresiones como «bury your gays«, «nightmare fuel« y «jumping the shark» sean de uso común en la Red de habla inglesa. El punto de partida de TV Tropes es, como reconocen sus impulsores, extremadamente informal: describir obras de ficción (sin distingos entre películas, novelas, series y cómics, de procedencia oriental u occidental) mediante un índice de tropos narrativos creados por los propios usuarios y bautizados, bien mediante frases hechas, bien de forma rigurosamente original.

Las consecuencias de este afán resultan exhaustivas: como señalaba Jorge Luis Borges, las herramientas del narrador son forzosamente limitadas, y, como sabemos nosotros, un escritor mal pagado o con prisas (o, también, lo bastante atrevido como para hurgar en las tripas de un lugar común) nunca tendrá reparos en tirar de viejas artimañas. Así pues, casi cualquier obra de ficción disponible en este planeta puede, o podría, ser descompuesta a partir de las categorías establecidas en esta web.

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Y qué categorías, oiga: en los dominios de TV Tropes, Vladimir Propp y otros dioses de la narratología nunca tuvieron nada que hacer. Cada elemento presente en su diccionario suele partir de hallazgos e intuiciones realizados a título colectivo por una plétora de usuarios, suponiendo un trabajo de reflexión sobre la cultura popular y sus cosas que haría llorar de emoción a Roland Barthes. Afortunadamente, la cosa no se acaba allí: además de describir los tropos en páginas individuales y de aplicarlos para analizar obras en su conjunto (disecciones que afectan tanto a Guerra y paz como a Vengadores: La era de Ultróny de una estructura de índices que permite separar, mejor o peor, lo objetivo de lo matizable, la web incorpora artículos con «notas útiles» a los que puede recurrir el autor o la autora en ciernes para documentarse en términos generales antes de profundizar mediante la Wikipedia (o, en terminología del sitio, «la otra Wiki»). Por si eso fuera poco, sus foros están bastante bien.

En suma: aunque TV Tropes no esté exenta de críticas, verbalizadas por un hatedom medianamente considerable y centradas muchas veces en la corrección política, va camino de convertirse en una institución, si es que no lo es ya. Algo que a nosotros nos parece un «crowning moment of awesome« en sí mismo.

Know Your Meme

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La necesitas para… Pillar el significado de ese GIF que los usuarios veinteañeros de Twitter llevan posteando sin descanso una vez cada hora, o menos.

Aunque no se haya leído el Internet safari de nuestro amigo Noel Ceballos, salta a la vista que internet (y, por lo tanto, el mundo occidental) funciona a base de diminutos pulsos de información. Un vídeo en YouTube, una imagen, una frase o cualquier otro detalle nimio puede convertirse en una declaración tan repleta de significado como un ideograma chino… para después extinguirse a los pocos meses, o días, mientras otro fragmento es adoptado celéricamente por los usuarios. Si tienes miedo de perderte en este marasmo, la definitiva «internet meme database» está aquí para salvarte de notar en tu carne la petrificación del fósil digital. Pese a que Cheez Burger (un emporio internauta centrado en el clickbait y lo chocarrero) se hizo con la web en 2011, sus virtudes han permanecido incólumes.

Porque Know Your Meme no se centra sólo en recopilar GIFs o capturas de pantalla de Los Simpson convertidas en atajo semántico para tuiteros y foreros. Cuando uno accede a cualquiera de sus páginas, encuentra una descripción lo más detallada posible del ítem en cuestión, bien sea éste una pieza de arqueología pixelada como Nyan Cat o un tema de rabiosa actualidad (en fin…) como la pensión por divorcio de Brendan Fraser. Además de un copiosísimo archivo audiovisual (quién iba a decir que aquello de «Old man yells at cloud« admitiera tantísimas variaciones), la base de datos incorpora un estudio, en forma de gráfica basada en las búsquedas del sitio, acerca del interés despertado por cada meme, para que así uno no quede como un anciano posteando una referencia al rickrolling, esa reliquia, en presencia de la alegre juventud. Si alguna vez se lleva a cabo ese necesario proyecto que conservará los servidores de las webs más importantes del mundo en cofres de titanio, los bancos de datos de esta página deberían ser los primeros de la lista: nuestros herederos no pueden vivir sin este tesoro.

Genius

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La necesitas para… Saber qué quiere decir Drake cuando suelta lo de «Like controlla, controlla / Yeah, like controlla, controlla«. 

Para un castellanoparlante, entender las letras del hip-hop y el R&B estadounidense siempre ha sido jodido. Jodidísimo, en realidad. Y tampoco es que el panorama haya mejorado mucho gracias a internet. Si, hace un par de décadas, el aficionado se las veía y se las deseaba para interpretar un verso de A Tribe Called Quest (pongamos) sorteando las barreras de un espeso acento de Queens, del laberíntico argot y de un nivel de inglés muy justito, ahora deberá manejarse con todo ello… y, además, con un marco de referencias aún más puñetero, que cambia celéricamente minuto a minuto. Si aceptamos que la música afroamericana y sus derivados son las fuentes del pop moderno más aventurero e interesante, todo esto se vuelve descorazonador. Menos mal que esta web (fundada por tres licenciados de Yale que, para variar, acabaron a hostias entre ellos) se ofrece a descifrar sus letras por ti, beat beat y verso a verso.

Cuando uno entra en Genius, sólo tiene que buscar, en su base de datos, la canción cuyo texto quiere desentrañar. Pongamos, en este caso, que el Needed me de la siempre elocuente Rihanna. Pues bien: al hacerlo, observaremos que parte de la letra, si no toda, estará resaltada en colores. Basta con hacer clic en dichos fragmentos subrayados para que se abra una columna con las interpretaciones (más o menos documentadas) que han aportado otros usuarios. Así, por ejemplo, eso de «You been rollin’ around, shit i’m rollin’ up« vendría a significar que, mientras un amante desdeñado («good on the low for a faded fuck«dice la muy lagarta) da vueltas por la ciudad intentando quitarse las penas al volante, ‘Riri’ mata las horas con su documentada afición a liarse unos petas como el brazo un niño. Sencillito, ¿verdad? La interpretación, además, estará adornada por imágenes y GIFs como los que ya se estarán imaginando.

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Lo más interesante del caso es que, si bien Genius nació en 2009 como un servicio orientado al mundo de la rima (no en vano, su nombre de entonces era Rap Genius), ahora se propone abarcar toda la música popular. De ahí ramificaciones como Rock Genius, R&B Genius (de donde hemos sacado el ejemplo anterior) y nuestra favorita: Pop Geniusideal para aclararle a nuestros sobrinitos a qué ex novio mal avenido o a qué ex amiga viborona le dedicó Taylor Swift tal o cual pullazo. Por último, tenemos Lit Genius, una sección destinada a interpretar textos literarios, como su propio nombre indica, en la que leemos piezas comentadas de todo tipo, desde William Burroughs Adrienne Rich, pasando por Jorge Luis Borges. Lo que se dice un equivalente a El rincón del vago para universitarios anglosajones y hipsters. 

Who Sampled

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La necesitas para… Entender por qué demonios cada canción del Lemonade tiene veinticinco coautores, más o menos.

El fenómeno, en contra de lo que suele pensarse, no es nada nuevo. De hecho, si compositores como Bach, Mozart Gustav Mahler hubiesen tenido que apoquinar derechos de autor por cada tonada popular o cada obra de otros artistas a la que recurrieron para su propias piezas, la historia de la música clásica duraría lo que las memorias políticas de Pedro Sánchez. Pero, desde la aparición de los samplers asequibles a comienzos de los ochenta (y las consiguientes tormentas legales por un quítame unos segundos de Funky drummer), el muestreo de composiciones previas para armar temazos ha sido una constante, desde el top 40 hasta el underground más sofisticado. Para probarlo, los melómanos curiosones tienen a su alcance esta maravilla de página, donde infinidad de temas son descompuestos en sus partes íntimas.

Así pues, gracias a la paciencia de usuarios que se han pasado milenios estudiando con lupa los créditos de cada disco y cotejando los originales con sus derivados, esta web identifica los millares de samples usados por gigantes como Dr. Dre, RZA, J Dilla o Marley Marl en sus producciones. Algo que no sólo confirma la enorme cultura musical necesaria para cocinar unos beats en condiciones, sino que también permite suspirar de hastío al ver cómo otros productores con menos vergüenza han usado este recurso de forma simplona para hincharse a ganar millones. Porque entre ver las filigranas que los antes citados emplearon para unir entre sí a artistas separados en el tiempo y en el espacio, y constatar que a David Guetta le basta con loopear una joya olvidada del eurodance de los noventa y ponerle chunda-chunda por debajo, media un abismo.

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Lo más divertido de Who Sampled no es necesariamente esto. Porque, gracias a la magia de las referencias cruzadas, la búsqueda de muestras también funciona a la inversa. Es decir: uno puede, por ejemplo, meter los nombres de James Brown Isaac Hayes en el buscador, y llevarse las manos a la cabeza con las decenas de miles de canciones (sin exagerar) que han recurrido a ellos para rapiñarles pedacitos. O puede buscar nombres a priori totalmente alejados de este marco de referencias. ¿Habrían pensado ustedes alguna vez que hay hueco para el rock progresivo en las bases del hip-hop o del techno? Pues pongan los nombres de rigor aquí, y pregúntense cómo coño pueden encajar un gorgorito de Yes o una polirritmia de Gentle Giant por debajo de una letra llena de «bitches», «yo’s» y «motherfuckers». Pero encajan. 

Si a eso sumamos que este banco de datos no sólo abarca los sampleos, sino también las remezclas y las versiones, concluiremos que se trata de un lugar excelente para constatar no que la originalidad en la música ha muerto, sino que ha cambiado totalmente de significado. Y, además, resulta una alternativa mucho más aventurera a otros bancos de datos como All Music Guide (sopor profundo) o esa Rate Your Music conocida en esta casa como «Quémebajo«, por lo descaradamente orientada que está a servir de guía para el intercambio de archivos.

Urban Dictionary 

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La necesitas para… Descifrar un post de Tumblr. Cualquier post.

Que internet habla en inglés es un hecho sabido. Ahora bien, ¿en qué inglés? Pues podríamos decir que en el de los angloparlantes menores de 25 años que se manejan en las redes sociales (sí, en Snapchat también) con una soltura que a usted le hace temblar las canillas. Así pues, no entendemos qué hace que no está arrodillándose y dándole gracias a Aaron Peckham, fundador de esta web lexicográfica en activo desde hace la friolera de 17 años y que, además de comprender un repositorio fabuloso del habla popular, podría hacer que Arturo Pérez-Reverte se pegara un tiro en la sien, caso de que llegara a conocerla.

En general, Urban Dictionary es justo lo que indica su título: un diccionario dedicado a recoger la jerga empleada comunmente en los países de habla inglesa, y, por ende, usados con frecuencia en internet. El matiz que la diferencia de los diccionarios comunes es el absoluto desmadre que impera en todas sus entradas. Si, en los lexicones oficiales, la definición de cada término se somete a la autoridad universitaria o a la Real Academia de turno hasta que ésta la limpia, la da esplendor y, sobre todo, la fija con una lista inamovible de acepciones, las definiciones aportadas a esta web por su multitud de usuarios son múltiples y, sobre todo, contradictorias con ganas. A resultas de ello, Urban Dictionary no suele cumplir ni de lejos con la presunta función de un diccionario, pero sí sirve para tomarle el pulso a la actualidad con mucha finura.

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Porque, si bien uno puede acudir al sitio buscando enterarse de qué cojones quiere decir ese término que se le escapa y que todo el mundo parece conocer al dedillo, menos él (como anécdota personal, el autor de estas líneas tuvo que acudir a este recurso para enterarse de qué leches quería decir eso de «BAE»… y, cuando lo leyó, se partió la caja), la verdadera canela llega cuando se buscan palabros que llamen a la polémica y los cruces de insultos. Échenle ustedes un vistazo a las entradas «Feminazi«, «Social Justice Warrior«, «Trigger Warning« y demás, y échense a temblar con la tonelada y media de usuarios que han posteado definiciones con sesgo positivo, definiciones con sesgo negativo, definiciones que se ciscan en quienes postearon las definiciones anteriores… En fin, se hacen una idea. Por desgracia, los admins del sitio (así como los downvotes de los lectores) tienden a eliminar en tiempo récord las entradas más brutas y lamentables, que también son las más propicias para una lectura cachonda. Aun así, el locurón resultante merece de sobras una lectura, aunque sólo sea por pensar que el pobre Sebastián de Covarrubias se revuelve un poquito en la tumba cada vez que alguien agrega un nuevo término o una nueva definición a la lista.

ClickHole

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La necesitas para… Entender de qué va todo esto. Ni más ni menos.

A lo largo de este artículo, hemos emitido muchas opiniones y muchas elucubraciones sobre qué es internet y qué es lo que la mueve. Erróneas la mayoría, pero qué importa, porque la verdad es una e indivisible: lo que impulsa todo esto no es la masiva cantidad de usuarios, ni la vital importancia que ha adquirido en multitud de ámbitos profesionales, ni siquiera el porno. Lo que pone la Red en marcha es el dinero. La pasta. La panoja. Ese parné que suele derivarse del valor de una web como soporte publicitario, y que, a ojos de los anunciantes, se mide en páginas vistas, vulgo «clicks». Por eso Buzzfeed y otras webs similares (las «granjas de contenido» a la que se refieren según qué tuiteros moderniquis) estimulan  generando noticias con densidad inferior a la del hojaldre, pero cuyos titulares y fotos, coagulados a partir de una mezcla de buenismo, sensacionalismo y demagogia, están pensados para ganar lo que realmente importa: una pulsación del ratón que se agregue a las estadísticas.

Esa es la razón de ser de Clickhole, seguramente la web satírica más maligna y pertinente de la actualidad. Todas sus noticias son falsas, y todas ellas están cortadas según el patrón marcado por las webs que ustedes se están imaginando. Pero todas ellas son inquietantemente verosímiles… y todas se van pareciendo más y más a los contenidos ‘auténticos’ generados por medios de información ‘serios’, incluyendo las webs de medios generalistas presuntamente respetables y con prestigio. Por eso, a nosotros, los chistes de ClickHole nos hacen reír… hasta que los entendemos. Entonces, se nos hiela la sonrisa en la cara y sentimos deseos de cambiar de planeta.

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