7 novelas policíacas de 2015 que no has leído (y deberías)

Es tal la vorágine de títulos lanzados que es normal que, entre tanto libro, haya muchas novedades sepultadas en el más cruel de los olvidos. Los motivos son varios, destacando especialmente el poder de los grandes sellos, reflejado en que inundan cada mes las grandes superficies con una cantidad desproporcionada de títulos, acompañándolos de campañas de marketing aún más desorbitadas.

Solo tenemos que ver el caso de La chica del tren, el mediocre thriller perpetrado por Paula Hawkins y llevado hasta el podio de los más vendidos, sucesivamente, semana tras semana. Tampoco ayudan demasiado los blogs y suplementos especializados en género policíaco con sus promociones a menor escala: parece que su espectro de lecturas se limita a ciertos sellos-editoriales de las que leen todo lo que sale mientras que otras novedades ni siquiera son mencionadas. Estas promociones suelen funcionar bien, ya que se consigue un público muy fiel que compra puntualmente estas novedades.

Afortunadamente, en mi afán de abarcar todo lo que puede dar de sí el mercado, entre las novedades de este año me estoy encontrando verdaderas joyas que me apresuro a compartir con vosotros con el fin de ayudaros a ampliar perspectivas en este mundo heterogéneo y ecléctico que constituye la novela policíaca. Siete novedades que destacan por diferentes motivos pero que tienen una alta calidad como característica común

poridentidad

Con la popularización del género, se ha llegado a una progresiva dramatización de la novela policiaca, un ahondamiento cada vez mayor en la identificación social que ahoga otras vertientes más lúdicas, que encuentran un mercado más restringido. Los dos casos que me vienen a la cabeza son las novelas de detectives (el whodunit de toda la vida) y aquellas novelas policíacas que tienen un alto contenido humorístico, normalmente de humor negro. A este segundo caso pertenece Memorias de un Asesino: Israel Rank (1907) del británico Roy Horniman (1874-1930), publicado por Reino de Cordelia. Es un libro de muchísima fama en la pérfida Albión y que ha dado lugar a una película (Ocho sentencias de muerte, de 1949) y a un musical (A Gentleman’s Guide to Love and Murder). Sin embargo, no recuerdo que este libro haya aparecido en los “blogs especializados” de novela negra y policíaca, ni aparecerá en ninguno de los múltiples festivales de novela negra… Pero el buen lector no debería perdérselo por una premisa inmejorable (“de cómo Israel Rank, el hijo de una mujer aristócrata venida a menos al casarse con un judío, se enfrenta desde niño a la discriminación inherente a la pobreza y a su raza y que, en su mayoría de edad, decide ascender de escalafón social asesinando a las ocho personas que le preceden en la línea sucesoria de un título nobiliario”) y un desarrollo colosal con un estilo cargado de fina ironía, donde se alternan los problemas debidos a su condición judía con sus tejemanejes a la hora de planear cada uno de los asesinatos, con un sentido común que escandaliza por su frialdad y, como no podía ser menos, por su final, memorable y lleno de mala leche.

Cubierta_Pym

El siguiente título que he escogido es un representante atípico de la novela detectivesca: La señorita Pym dispone (1946) de Josephine Tey (1896-1952), pseudónimo de la escritora escocesa Elizabeth Mackintosh. Edita con gusto Hoja de Lata y trae a la palestra una peculiar muestra de la novela policíaca de una Tey que habría pertenecido al Detection Club de Christie, Chesterton, Sayers y otros si hubiera conocido a las personas adecuadas. La inclusión en el club no excluía a ningún autor en este sentido, su simple problema fue no vivir más cerca de la capital; esto no debe ensombrecer la calidad de su obra, que se ejemplifica a la perfección con este título, un policíaco diferente que en sus primeros dos tercios tiene un desarrollo no demasiado alejado de las novelas costumbristas británicas (en este caso reflejando la vida en una prestigiosa escuela de educación física en medio de la campiña inglesa ) y le sirve como marco al crimen que se produce en la parte final. Todo con una entrometida maravillosa, la señorita Pym, y uno de esos finales que no se suelen olvidar por el vuelco que suponen y lo inesperado que resulta. Un maravilloso paradigma de presentación de un lugar idílico y cómo todo se puede tergiversar con las debidas evoluciones en los personajes.

Cubierta_Elbuitre

De la misma editorial he seleccionado otro título de una índole muy diferente, muy cercano al hardboiled: El buitre (1970) de Gil Scott-Heron (1949-2011), que sorprende muy positivamente por sus consistencia en estilo y trama. Es una novela muy negra de personajes negros y el autor alterna el punto de vista de varios narradores que, a modo de plano secuencia, van conformando una trama compleja en torno al asesinato del joven camello John Lee, que no se resuelve hasta la última página. Por si fuera poco, el autor consigeue dotar a cada uno de ellos de un estilo propio, construyendo voces muy distintas de gran viveza y expresividad. Digno continuador de la estela de Chester Himes, hay que reconocer en él un manejo de la parte más literaria muy cuidadoso y donde no faltan las reflexiones racistas, que le sirven para profundizar en “lo racial” asociado a la comunidad de negros y su relación con la población blanca. Es tan bueno que asusta.

El veneno de la tarántula

El veneno de la tarántula: Los misterios de Byomkesh Bakshi de Sharadindu Bandyopadhyay (1932): detrás del exótico nombre se esconde una magnífica colección de relatos del homólogo indio de Sherlock Holmes. Innumerables son las encarnaciones que se han realizado (y se realizarán) tomando como referencia al hipnótico detective Sherlock Holmes, uno de los grandes paradigmas de la novela policíaca en su faceta detectivesca; Byomkesh Bakshi, la creación de Bandyopadhyay se me antoja ahora, y con tantas posibilidades disponibles, como una de las opciones más válidas, ya que aúna el sabor clásico que tan bien describiera Conan Doyle con un contexto diferente y cargado de exotismo pero que no agobia por su ambientación, ya que no descuida la trama de cada una de las historias, ingeniosamente resueltas por el autor indio. Bakshi ha venido para quedarse y bienvenido sea.

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No creo que le haya hecho bien a Nele Neuhaus la asociación en la misma colección con la bestsellera Camilla Lackberg en lo que respecta a su calidad, aunque ciertamente parece que la autora vende lo suficiente como para que ya tengamos cuatro títulos suyos. Me refiero expresamente a que no goza de prestigio por esa limitación en cuanto al público al que va dirigido implícitamente. Sin embargo, la autora del excepcional Blancanieves debe morir destaca con luz propia en el género, y no solo por la claustrofóbica obra con la que se iniciaron en España las aventuras en la cordillera del Taunus, sino por hallazgos tan fabulosos como Algunas heridas nunca se curan, un thriller detectivesco de esos que dejan sin aliento por la cantidad de subtramas que es capaz de manejar y cuadrar sin fisuras. Este año tenemos la siguiente aventura (ojo, la siguiente a Blancanieves debe morir) de Oliver von Bodenstein y Pia Kirchoff, con el curioso título de Quien siembra vientos recoge tempestades (2015). Tengo que reconocer que no me atraía para nada la elección del escenario en esta ocasión y esa sensación perduraba durante la primera parte de la novela (un triller de implicaciones ecológicas por la construcción de un parque eólico); afortunadamente, Neuhaus lo lleva a su terreno y subdivide la trama principal en otra secundaria que cobra importancia según avanza la lectura, ofreciendo uno de esos narradores poco fiables que no sueles olvidar con facilidad y, al mismo tiempo le sirve para evolucionar un poco más a su inimitable pareja de investigadores. De fondo, el tratamiento de Kirchoff, cada vez más fuerte en su papel, lleva una segunda lectura de género que se va extendiendo novela a novela, a una mayor importancia de la mujer, sobre todo en tareas más asociadas a hombres.

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Gokumon-to: La isla de las puertas del infierno (1946) de Seishi Yokomizo: dos libros de la editorial Quaterni este verano y dos exitazos; acabo de comentaros las maravillosas aventuras de Byomkesh Bakshi y ahora traigo una novela de misterio, un whodunit ambientado en esa época maravillosa de principios de siglo XX (en pleno apogeo del Detection club, la edad dorada de la novela de detectives británica) pero con un escenario diferente: una isla, Gokumon-To, la isla de las puertas del infierno (nótese el homenaje a los Diez negritos de Agatha Christie) donde tiene lugar una trama policial de alto voltaje con un detective, Kindaichi Kosuke, que es capaz de juntar en su cerebro todas las piezas de un puzzle desenfrenado (por el elevado bodycount en tan pocas páginas) y peligrosamente poético en su concepción. La resolución, original y audaz, está a la altura de las expectativas, y la ambientación geográfica-histórica de la isla justo al acabar la segunda guerra mundial es excelente. Una de esas novelas que se encontraban olvidadas y podemos disfrutar ahora en total plenitud.

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Seis años de duro trabajo le ha costado a Sajalín tener en su catálogo todo lo que se ha publicado del inolvidable Sr Azul de Reservoir Dogs. Es difícil tener un mejor colofón a su obra que esta autobiografía novelada: La educación de un ladrón (2000) de Edward Bunker representa, sin lugar a dudas, el culmen del escritor en cuanto a madurez de estilo, y constituye un compendio de las tramas por las que se ha ido moviendo a lo largo de su vida. Para el lector habitual de historias hardboiled Bunker constituye una verdadera sorpresa, no hay aquí invención basada en falsa impostación de aventuras y sí, sin embargo, una honestidad desbordante que le lleva a describir hechos que nos quedan muy lejos por su violencia y crudeza. Esta verosimilitud, el saber que conoce de lo que habla por experiencia nos desarma; es tal el realismo que solo podemos asistir con estupefacción ante el relato de sus gestas. Sobre todo porque no hay ningún tipo de posición ética al respecto sobre temas que, habitualmente, son tabú: robos, timos, atracos a mano armadas, drogas, homosexualidad… y eso, desde luego, constituye una verdadera incomodidad. Sobre todo porque el autor es capaz de dotar de verdadero lirismo a los momentos más violentos. Esta es una característica que brilla especialmente en sus novelas de ficción, como aquel prodigioso No hay bestia tan feroz.

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