7 razones por las que todo el mundo está hablando de ‘Yuri!!! On Ice’

Yuri!!! On Ice es la serie del momento. Y con razón. Para que no te pierdas en la conversación, en CANINO te ofrecemos siete razones por las cuales deberías estar viéndola ahora mismo.

Cada temporada hay un anime que destaca sobre todos los demás. Sea por su narrativa, su animación o su estética, esa serie logra enamorarnos como ninguna otra. Un fenómeno que ha sido particularmente notorio a lo largo de este año. En invierno fue Boku dake ga Inai Machi, en primavera Kiznaiver, en verano Mob Psycho 100 y en otoño ha sido Yuri!!! On Ice. Y si bien es cierto que ya tenemos firmes candidatos para posibles series de la temporada de invierno por llegar, hoy venimos a hablar de lo que nos ha brindado el otoño. De las siete razones por las que Yuri!!! On Ice es un paso más en la dirección adecuada.

Algo que se explica, en primera instancia, a través de la triada del buen anime: la conjunción perfecta entre animación, música y narrativa. Pero no se queda ahí. Ni mucho menos. También destaca por cómo ha enfocado los temas del deporte, el romance y la superación personal. Además de la naturalidad con la que ha tratado la sexualidad de sus personajes. Pero no adelantemos acontecimientos. Mejor desgranemos punto por punto porqué deberías estar viendo Yuri!!! On Ice. Y si ya lo has hecho, las razones por la cual no puedes quitártela de la cabeza.

1. Por su creadora: Sayo Yamamoto

Fotograma de 'Yuri!!! On Ice'

La razón primordial para ver Yuri!!! On Ice tiene nombre de mujer. Sayo Yamamoto, creadora de la serie, tiene en su haber no pocos méritos dentro del mundo del anime. Alabada por Satoshi Kon, el cual quiso contratarla nada más graduarse de la universidad, entre sus primeros empleadores (y posteriores colaboradores) se incluyen nombres propios como Yoshiaki Kawajiri, director de Ninja Scroll (1993) o Vampire Hunter D: Bloodlust (2000), y Takeshi Koike, director de Redline (2009) y bien conocido animador japonés por el exagerado dinamismo de sus dibujos. Fogueándose durante años con la realización de storyboards y ejerciendo de directora de episodios, su primera serie propia le llegaría seis años después de su debut. A pesar de su excelencia técnica, Michiko to Hatchin (2009) no tendría apenas sí repercusión entre el público. Algo que produjo que tardara otros cuatro años en firmar su siguiente serie, un spin-off de la decana Lupin III en la cual tuvo total control creativo del proyecto. ¿Su nombre? Lupin the Third: The Woman Called Fujiko Mine (2012). Con todo, la serie compartió destino con su predecesora. Siendo hoy un anime de culto entre crítica y entendidos, ha sido ninguneada de forma sistemática por el público.

Con todo, que Yuri!!! On Ice haya sido un éxito de crítica y público no significa que el fruto haya caído lejos del árbol. Mas al contrario, todas las claves estilísticas de la serie podemos encontrarlas en sus anteriores obras. Su cuidada animación, el énfasis en un repertorio musical bien armado, la preocupación por la narrativa y un enfoque marcadamente femenino es algo común a todas las obras de Yamamoto. Esto último, además, también presente en Yuri!!! On Ice, incluso si el grueso de sus personajes son hombres. Porque, a fin de cuentas, ser hombre no significa ser masculino.

En ese sentido, Yuri!!! On Ice es la consecución de un estilo. Llevar al terreno más comercial, o dándole la publicidad necesaria, al trabajo que Yamamoto lleva haciendo más de una década. Por eso, cualquier persona encandilada por la serie haría bien en ver sus anteriores trabajos. No por nada: en el caso de Yamamoto estamos hablando de una de las grandes directoras de anime junto con Naoko Yamada. Lo cual es razón más que suficiente para darle una oportunidad a su trabajo.

2. Por su tema: patinaje sobre hielo

Fotograma de 'Yuri!!! On Ice'

Si bien ha quedado clara la genialidad de Sayo Yamamoto, aún nos queda saber de qué trata la serie. Y trata de un tema poco trabajado en la ficción: el patinaje artístico. De cómo Yuri Katsuki, un joven patinador japonés, fracasa estrepitosamente en la Final del Grand Prix de patinaje artístico sobre hielo y, planteándose abandonar su carrera, el cinco veces campeón del mundo e ídolo personal de Yuri, Víctor Nikiforov, decide hacerse su nuevo entrenador y coreógrafo. Algo que despertará los celos de Yuri Plisetsky, joven promesa del deporte al cual Víctor había prometido coreografiar antes de abandonarlo en favor del otro Yuri.

A partir de esa premisa los eventos se sucederán con rapidez. El duelo entre los dos Yuri para hacerse con los favores de Víctor. El duro entrenamiento para conseguir perfeccionar su coreografía. El ascenso a través de varias competiciones internacionales hasta llegar a la final del Grand Prix. Todo ello bien trufado de lo que nunca sobra, porque actúa como motor temático de toda la serie: el patinaje.

Ese es su particular encanto. La razón por la que ha logrado seducir a tanta gente: tiene algo para todo el mundo. ¿Quieres un anime de deportes? Ahí lo tienes. ¿Específicamente de patinaje artístico? ¡Incluso los patinadores profesionales son fans! ¿Que lo tuyo son las peleas, la exaltación del compañerismo y enfrentarse a rivales cada vez más fuertes? Esa es la estructura básica de la serie. ¿Quieres ver un drama sostenido sobre personajes de personalidades complejas que no explican su forma de ser a través del manido «es todo la influencia freudiana que han tenido mis padres sobre mí«? Entonces necesitas ver Yuri!!! On Ice. Porque, más allá del patinaje sobre hielo, hay otras muchas razones por las cuales querer ver la serie. Incluso si todas acaban remitiendo, inexorablemente, al bello deporte que ejerce de catalizador de todo lo demás.

3. Porque está infernalmente bien animada

Cuando decimos que tiene algo para todo el mundo queremos decir, literalmente, todo el mundo. Porque si hay algo cierto es que, aunque la opinión general sea la contrario, los fanáticos del anime rara vez perdonan la animación deficiente. Menos aún en el caso de los animes deportivos.

En ese sentido, Yuri!!! On Ice es prodigioso. Todas y cada una de las coreografías son un ejemplo perfecto de la belleza inherente al deporte. Son delicadas, ágiles, preciosistas, pero, con todo, cada patinador tiene su propio estilo personal. Yuri tiene un estilo más refinado y sutil, Yurio es mucho más explosivo y flexible, mientras que Víctor está en algún lugar intermedio entre ambos. Pero la cosa no acaba en ellos. Otabek Altin es un kajazo tímido e inflexible con una técnica perfecta a la cual le falta algo de expresividad, expresividad que le sobra a la estrella del rock (e imbécil profesional) Jean-Jacques Leroy alias J.J., que es técnicamente igual de espectacular, pero mucho más expresivo. Algo en lo cual, en cualquier caso, bate a ambos Christophe Giacometti, quien baila con todo el cuerpo haciendo uso de un estilo más erótico que acrobático. Porque ahí radica el encanto de las coreografías. En su personalidad. En cómo definen a sus personajes.

Que no todos patinan igual, incluso si hay claras similitudes entre ellos -es innegable que entre los tres personajes protagonistas hay un aire de familia-, ya nos ha quedado claro. Pero si es así es porque detrás no sólo está el trabajo de unos animadores con un talento indescriptible, sino también el trabajo de alguien que conoce bien los entresijos del mundo del patinaje artístico. Hablamos de Kenji Miyamoto, entrenador, coreográfo y expatinador japonés que ha realizado todas las coreografías de la serie. Todo ello siendo además ex-coreógrafo de Yuzuru Hanyu, campeón del mundo de patinaje artístico y más que obvia inspiración para el personaje de Yuri Katsuki.

Imagen de Yuzuru Hanyu

Yuzuru Hanyu

Porque ese es otro de los encantos de la serie: Sayo Yamamoto busca inspiración en la realidad. De ahí que, del mismo modo que un coreógrafo es el que hace las rutinas de cada uno de los personajes, cada uno de ellos está inspirado en una persona real que da forma a su estilo. Algo, además, de sobra evidente para cualquiera que sepa algo de patinaje sobre hielo. A fin de cuentas, es difícil no ver a Evgeni Plushenko en cada uno de los movimientos de Víctor Nikorof.

Con todo, la fuerza de su animación no acaba ahí. También reside en momentos más prosaicos. Algo a lo que ayuda que el director de animación sea Tadashi Hiramatsu, leyenda vive del anime que ha ejercido de director de animación y diseñador de personajes en otras producciones como FLCL, Kare Kano o Re: Cutie Honey. Al cual, más recientemente, pudimos ver dirigiendo el corto Ibuseki Yoru ni (En una noche lúgubre) para el Japan Animator Expo, de donde saldría también el corto origen de Yuri!!! On Ice, Endless Night.

En suma, incluso si sólo fuera por la calidad de su animación, ya merecería la pena acercarse a la serie. Lo cual no es decir poco

4. Por su perfecta integración de la música

Como es evidente, ninguna serie sobre patinaje artístico podría destacar si la música no estuviera a la altura. A fin de cuentas, las coreografías cobran sentido acompañadas de la música. Y en Yuri!!! On Ice se ha cuidado ese aspecto de forma exquisita.

Toda la música de la serie destaca por su uniformidad y belleza. En el caso de la diegética, por su coherencia interna: por ejemplo, Theme of King J.J. es una canción sobre la superioridad innata de J.J. sobre todos los demás en un estilo reminisciente de unos Coldplay particularmente moñas al tiempo que Yuri!!! On Ice es una canción grácil basada en una melancolía delicada y sutil que acompaña a la perfección la propia fragilidad de Yuri. Dos canciones muy diferentes para dos personajes completamente opuestos. En el caso de la extradiegética, lo es por su sutilidad: nunca parece estar subrayando lo que vemos en pantalla, sino que acompaña a la escena sin imponer un sentimiento o una sensación específica. Por eso funciona. Porque es sutil. No está forzado. Cada vez que entra la música es para acompañar lo que ocurre en pantalla, no para sustituirlo. Su música es parte integral de la experiencia de la serie, no un añadido para cubrir lo que no se ha sabido ejecutar a través de la narrativa visual.

5. Porque tiene una sólida narrativa

Fotograma de 'Yuri!!! On Ice'

Tanto hablar de narrativa aquí y allá nos obliga a centrar nuestra mirada en ella. Porque todo lo que hemos nombrado no dejan de ser emanaciones de la narrativa. Nada ocurre porque sí o porque sea espectacular o molón. Todo tiene un sentido. Todo tiene una dirección. Y las pistas del porqué están ahí. No conocemos la verdadera razón de Víctor para ser el entrenador de Yuri hasta el penúltimo episodio, pero, ya desde el primero, hay pistas suficientes como para que, en un segundo visionado, nos sea posible percatarnos de que todo estaba preparado desde el principio. E igual que podemos adelantar el romance que llevan cocinando años esos dos que se conocen sin haberse conocido nunca, todos los demás elementos de la serie tienen la misma particularidad.

Nada está dejado al azar. Algo a lo que ayuda cada canción, cada coreografía, cada escena. Porque todo está cargado de información. Algo que también tiene su reverso negativo. Al tener sólo doce episodios por delante, la serie, a partir de cierto momento, cae en una estructura reiterativa de pruebas, coreografías y personajes que entran y salen en uno o dos episodios. Algo que, si bien resulta perfecto para mantener un ritmo trepidante y mantenernos enganchados a la pantalla, también hace que algunos momentos queden algo más desdibujados de lo que deberían. Se pierde parte de la emoción y su ejemplar construcción de personajes por imponernos un ritmo más acelerado del que nos exigen.

Con todo, no deja de ser un problema menor. También sus personajes acaban cada coreografía agotados, sin apenas poder respirar. Y Yamamoto logra mantenernos al borde del asiento, queriendo ver hasta donde nos llevará, sin darnos jamás un momento de alivio. Porque aquí no hay seguridad. No tenemos seguridad alguna en la victoria de Yuri. Porque, además de ir con el caballo perdedor, nos importan todos los personajes. Todos se merecen ganar tanto o más que el propio Yuri.

Incluido, sí, el imbécil de J.J.

6. Porque no tiene miedo al romance

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Más allá del deporte, más allá de lo precipitado de su narrativa, Yuri!!! On Ice es un anime de personaje. Y en ese sentido, tal vez lo más llamativo, es que todo pueda ser leído en clave de romance.

No es difícil leer la relación entre Yuri y Víctor como algo más que una relación de admiración mutua. A decir verdad, lo difícil es pensar lo contrario. Primero por la actitud pegajosa de Víctor, después por la tendencia de Yuri a tirarse a sus brazos (y que la cámara haga un elegante barrido para insinuar algo más que un abrazo), resulta natural fabular con que, además de un anime de deportes y un drama, es también una historia de amor. Entre dos hombres. ¡Y no pasa nada porque lo sea! ¡Incluso viniendo del relativamente conservador país nipón! Porque, a nada que le demos dos vueltas, durante este año ha habido al menos otros dos animes de perfil alto –Shōwa Genroku Rakugo Shinjū y Mobile Suit Gundam: Iron-Blooded Orphans– que han coqueteado con el BL (o boys love, nombre que se da en Japón al manga y el anime cuyo tema central es el amor romántico entre hombres) sin ser, propiamente hablando, producciones de ese nicho en particular. Algo a lo que, si le sumamos la aparición de Final Fantasy XV y su casting exclusivamente masculino, pero poco o nada masculinizado, parece hablarnos más de una tendencia general que de una simple deferencia particular en la obra de Yamamoto.

Porque ese es otro punto interesante de la serie. En ningún momento se trata como algo anormal o extraño la relación que sostienen los personajes. Sólo ocurre. Y todos se alegran por ellos. Y si bien la actitud melosa de Víctor siempre se da en clave humorística, no así cuando viene de Yuri -sin que Víctor, por otra parte, rechace sus acercamientos claramente amorosos-, no deja de ser evidente que entre ellos existe algo más que amistad o admiración. El propio Yuri lo dice explícitamente: su tema para la nueva temporada de patinaje artístico es el amor. Y del amor es de lo que trata la serie en su totalidad.

7. Porque es una deconstrucción del manganime de deportes (y de la masculinidad dominante)

Con todo, aunque su subtexto sea amoroso, Yuri!!! On Ice no deja de ser un anime de deporte. Su tema es el patinaje artístico. Pero también es una sutil deconstrucción del anime de deportes. Eso se explica porque, aun siguiendo la estructura básica de cualquier anime de peleas -de los cuales los manga y animes deportivos han bebido con fruición: a fin de cuentas, encontrarían en la Shōnen Jump su espacio natural-, Yamamoto no tiene interés alguno en seguir su lógica interna. Aquí no tenemos una serie de enfrentamientos contra enemigos cada vez más formidables en un ejemplo de superación innata a través del entrenamiento. Aquí tenemos toda una panoplia diferente de personajes, cada una con su propio estilo personal, con problemas que van mucho más allá del «yo soy más fuerte que tú». Todos los que llegan a la final, a excepción de tal vez uno de ellos, están al nivel suficiente como para ser campeones. Y la victoria de unos sobre otros no depende sólo de la técnica, sino también de la suerte, de cómo se encontraban ese día o de lo que el jurado valora, o decide obviar, de cada una de sus coreografías.

En suma, a excepción del omnipresente Víctor, no hay ningún claro favorito entre los participantes. Todos podrían acabar llevándose el gato al agua.

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Con eso no queremos decir que en Yuri!!! On Ice lo importante sea participar. Todos los personajes quieren ganar. Pero en vez de darse de cabezazos contra la idea del potencial absoluto, de la posibilidad de seguir escalando eternamente la montaña del poder -como si, de hecho, no existiera un límite humano que, en el deporte profesional, ya se está rozando peligrosamente-, cada cual lidia con sus limitaciones y sus conflictos internos para llegar hasta la ansiada victoria. Porque aquí el conflicto no es conseguir la medalla de oro, sino lo que implica esa medalla de oro. Poder estar con la persona amada. Poder devolver algo a tu país, tus amigos o tu familia. Hacer popular el deporte entre quienes lo desconocen. Algo que en ningún caso es el poder absoluto. El poder por el poder. Sino un destino compartido que sólo se da en la pista, entre iguales, todos distintos, todos merecedores de esa medalla de oro.

Porque al acabar, desearíamos que todos ganen una medalla de oro. Porque se la merecen. Sea por su férrea voluntad, por su talento o por su juventud, todos se merecían ganar. Incluso si al final acaba ganando el mejor. A eso nos referimos con que Yuri!!! On Ice feminiza la idea del deporte: aquí, donde radica el verdadero peso de la narración es en el crecimiento emocional y personal de cada uno de los personajes. No en quien es el más poderoso. No en quien salvara al mundo o al deporte. Sólo algo tan prosaico como poner el peso en cómo se siente cada uno de los personajes y cómo sólo logran alcanzar lo más alto a través del amor que sienten hacia todas las personas que les rodean. Porque ninguno de ellos llega a la final a través del odio. Porque todos, sin excepción, sienten cariño y respeto por el deporte y por sus rivales.

Eso es lo más importante. No las medallas de oro, sino saber que, al acabar, el mundo un lugar mejor de lo que era antes. Porque, a fin de cuentas, ¿de qué valdría la medalla de oro de uno si eso significara la desgracia de los otros cinco sin los cuales no hubiera habido nunca deporte?

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