[Crítica] Radiohead: ‘A moon shaped pool’ – El epítome del estilo Radiohead

Radiohead regresa prácticamente por sorpresa con A Moon Shaped Pool, su noveno disco, trenzando pequeños detalles experimentales con su particular personalidad, en un trabajo destinado a ser un clásico absoluto del grupo.

Radiohead son ya parte quintaesencial de la cultura contemporánea. Desde su disco debut, el infravalorado Pablo Honey (1993), cada nuevo trabajo ha venido acompañado de un ruido sólo comparable con su creciente pasión por las distorsiones de bajo. Y A moon shaped pool no es la excepción. Anunciado dos días antes de su publicación, precedido por la desaparición del grupo de Internet al mismo tiempo que publicaban dos videoclips en días subsiguientes, han conseguido convertir la salida del disco ya no sólo en un evento mediático, sino también en un ejemplar ejercicio de marketing en la era de la edad digital.

Pero, ¿está el disco a la altura? Rotundamente sí.

A diferencia de otros de sus trabajos, donde la continuidad estética es mucho más férrea —Kid A (2000), The King of Limbs (2011)—, en su novena referencia han decidido seguir un patrón menos estricto. Menos estricto, pero no carente de coherencia. Durante buena parte del disco, como ya nos dejaba intuir Daydreaming, predominan los paisajes oníricos, donde el piano se hace el rey absoluto, manteniendo cierta querencia común por un tono dulce, si es que no melancólico. ¿Es ese el patrón común del disco? En absoluto. Además del sabor propio que confiere la singular voz de Thom Yorke, aquí predomina, no por accidente, un especial énfasis en las líneas de bajo. Ahí es el único punto donde dos canciones tan dispares como Daydreaming o Burn The Witch, ambas estrenadas con sendos videoclips, coinciden: en la sutil predominancia de sus líneas de bajo.

Cuando logramos sobreponernos al peso específico que tiene el bajo en las composiciones de A Moon Shaped Pool, algo difícil dado su peso en canciones como Decks Dark, podemos comprobar que, por primera vez, Radiohead han combinado dos de sus mayores pasiones en un sólo disco: rescatar referencias de su propio pasado e imitar las formas sonoras más significativas del presente. En el primer caso caen Present Tense, composición que parece recién salida del In Rainbows (2007) si éste hubiera tenido un idilio demencial con las formas más sutiles de la bossa o la música latina en general, o True Love Waits, canción que el grupo lleva tocando en directo desde 1995 a pesar de que no la habían grabado en estudio hasta ahora. Del mismo modo, sus dejes más contemporáneos pueden encontrarse en Identikt, canción post-James Blake no sólo porque haya cierto aire de familia con respecto a su música, sino también porque la supera al llevarla hasta su terreno y sobrepasar éste también, pues su tramo final es un demencial sólo de guitarra como nunca antes se había visto en la discografía del grupo.

Podríamos seguir así todo el día. Destripar el disco canción por canción no sólo sería posible, sino conveniente, para poder enumerar todos los detalles que esconde. Los sintetizadores. Los drones. Sus trazas acústicas. Las atmósferas ominosas. La combinación de piano, violín y electrónica: el continuo trenzar de todos esos detalles, canción a canción, hasta convertirlo en un todo orgánico. Porque decíamos que su patrón era menos estricto, pero no carente de coherencia. Y lo decíamos por eso: porque cada canción contiene la totalidad de elementos que utilizan las demás, sólo que enfatizando su personalidad propia.

Esa es la magia de A moon shaped pool. Ese es el motivo por el que se hace necesario analizarlo canción a canción. Porque su inmensidad crece con cada escucha, con cada relación secreta entre canciones, hasta formar un todo coherente, extraño y, como nos tienen acostumbrados, tremendamente accesible. Porque, pese a quien pese, Radiohead son hijos de su tiempo. Y no existe mayor honor que ser capaz de coger el pulso al presente.

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad

3 comentarios

  1. ronald alexis torrico dice:

    3 canciones q fueron escritas hace un par de año y tocada incluso,,,,,,este ultimo disco esta hecho practicamente de material q no se uso en sus pasados 2 discos, suena forzado , asi pareciera de este "reencuentro " de la banda. album flojo en general

  2. Andrew dice:

    Enorme Disco. Radiohead lo hizo una vez más.

  3. Luis reyna dice:

    Es un disco flojo en gran medida, a king of limbs carece del nivel de calidad al que radiohead nos tenía acostumbrados, a MOON, no llega a la cohesión de IN RAINBOWS, jamás, ese fue el último disco donde encontrarás canciones de radiohead que puedas recordar, sólo basta escuchar las 3 primeras y te engancha, A MOON es un disco mejor que el anterior (lo cual no era difícil) pero decir que radiohead vuelve a sorprender es un comentario arriesgado y palero para aquellos que se niegan a criticar que simple y sencillamente tiene dos discos que se les acabaron las ideas

Los comentarios están cerrados.

A moon shaped pool

Año: 2016
Radiohead vuelven con otro paso adelante en su discografía, lleno de drones, distorsiones de bajo y una coherencia global entre todas las canciones como solo ellos pueden alcanzar.
Artista: Radiohead
Sello: Edita: XL