“A toda madre o un desmadre” – 8 películas de pandilleros juveniles alrededor del mundo

"A toda madre o un desmadre". Aforismo para los eones: ya hace veinticinco años que se estrenaba Sangre por sangre (1993) y se convertía en clásico instantáneo del cine de pandilleros. Una buena excusa para reivindicar lo que es casi un género propio, con patrones argumentales y estilísticos recurrentes que permiten narrar de forma arquetípica la historia del nosotros/ellos tan importante en la cultura juvenil. Y no tan juvenil.






Por eso, para celebrar el aniversario de la película de Taylor Hackford, traemos ocho muestras de que el que barrio nunca se ha ido ni se irá. Da igual que sea la favela brasileña, el slum hindú, los projects norteamericanos o tus bloques de edificios en tonos pastel. Anúdate la bandana y sal a patear las calles. Porque no pienso reseñar Los amos de la noche (The Warriors) (1979)

Sangre por sangre (Blood in Blood out) – (1993)

Tres horas y diez minutos más en el director´s cut de la mejor narrativa sobre pandillas hecha jamás. Los ritos iniciáticos, los roles heredados, el paso al mundo adulto como divergencia y, especialmente, la futilidad de morir por unos símbolos que nadie sabe muy bien qué significan. Todo está aquí, en una cinta estrenada sin ningún indicio de la curiosa calidad que guardaba su metraje. Además, marca dos películas diferentes con la entrada en prisión de Miklo. Porque también estamos ante un gran relato carcelario con un San Quintín —San Quentin, en inglés ya no suena a broma- tan brutal como cuentan que era. Y todo girando alrededor del peor actor que recuerdo, Damian Chapa, en una cinta donde había secundarios como Delroy Lindo o Billy Bob Thorton. Ese mal histrionismo de Miklo junto a sus chapurreos chicanos confieren todavía más esquizofrenia a una enrevesada trama a años luz de lo habitual en el género. Para muestra, este botón.

Guerreros de antaño (1994)

Cuando uno estudia Derecho Penal es habitual que se saque el paradigma de los aborígenes de Nueva Zelanda como el grupo racial con mayor porcentaje de encarcelados. En una exclusión social propia de apartheid, bandas y alcoholismo son refugio en esta situación lejos de solucionarse. La película, pretendidamente aséptica, descansaba sobre la hercúlea espalda de Jake The Muss, al fin un malo sin ambages. Lo de la redención lo dejamos para West Side Story (1961). Mención especial para la estética distópica a lo Mad Max: caras completamente tatuadas sobre choppers antes que nadie en aquellos primeros noventa. Hay una secuela que solo cito por rigor informativo. Si son atrevidos y la ven, por favor no recuerden a Temuera Morrison como el tipo que sujetaba una señal portátil en una obra. Tampoco como a Jango Fett en El ataque de los clones (2002). Es que, obviando a psicópatas de escalpelo, no se me ocurre otra furia que dé el mismo pavor en toda la historia del cine.

Sin nombre (2009)

Las maras centroamericanas están poco representadas en el cine con relación a su incidencia social en países como El Salvador, Honduras o Guatemala, en los que son primera cuestión de orden público hasta el punto de convertirse en interlocutores de los gobiernos para casi cualquier cosa. Sin nombre es un intento honrado, bien facturado en la dirección de Cary Joji Fukunaga y, en su marca habitual, también excesivamente lírico, para poner rostro a aquellas personas anónimas que se suben al éxodo a Estados Unidos a lomos de los trenes. Allí donde nadie pregunta porque a nadie le importa lo que no sea sobrevivir. Al final nos situamos en una persecución de ritmo irregular, intimista-frenética si me permiten el término, desde la nada y hacia la nada, que también lega la frase del villano que podría explicar todo: “Se la llevó la bestia“. No somos seres humanos, no nos pidas razones de seres humanos.

Mr. Six (2015)

Vamos a un muy frío Beijing para la machacada historia del que ha de volver a reunir a la banda por cualquier motivo ajeno a su voluntad. Mr. Six es un señor entrado en años que se supone un antiguo capo del tercer anillo de la capital china y que tiene un hijo con el que apenas sabe hablar dos frases seguidas, pero al que por supuesto intentará salvar. De pulso narrativo agónico, a veces propio de Terrence Malick, y diálogos un tanto extraños para los patrones occidentales, la película funciona a un nivel estético casi onírico -atención a la carrera del avestruz-. También contrasta certeramente el código de las viejas bandas con los nuevos malandros de peinados imposibles y coches fosforescentes. El final te obligará a posicionarte sobre qué has hecho durante los 136 minutos anteriores. Y no será en el medio.

Cidade dos Homens (2007)

En puridad, Ciudad de Dios (2002) quizá sería la mejor película de pandilleros si la valoramos de forma global, donde Sangre por sangre tiene aspectos cojitrancos fuera de la narrativa. No seré yo el que discuta a estas alturas a Ze Pequeno y Mané Galinha; sin embargo, ni la décima parte de los que la vieron conocen que existe una réplica más que decorosa en Cidade dos Homens. Los ingredientes son los mismos, pero el coctel no está agitado, apenas removido. Con algunos filtros e imágenes iniciales que calcaría Moonlight (2016), y también la inevitable tendencia al terremoto en la cámara de su predecesora, aquí la historia de una amistad convierte a las bandas rivales en mero paisaje. Eso sí, dejando incólume la misma sensación de “niños con pistolas”. Presenta ciertos problemas en la trama a los dos tercios y en su mensaje final digno de hoja parroquial, pero, si somos honrados, casi todas las películas los sufren.

This is England (2006)

Como exponente británico de bandas quizá sería más justo poner a Quadrophenia (1979), la única vez que hizo algo reseñable Sting, pero siguiendo en la línea de apuntar títulos no tan gastados me quedo con This is England. Recuerdo cómo de emocionados estaban los skinheads que me cruzaba en las semanas previas a su estreno -por otra parte, de aquella ya eran una especie en extinción-. Así que, tras salir del cine, también adiviné su decepción general. No había casi nada de los clichés que esperaban. La supuesta ruptura del movimiento original del 69 para pasar, en gran medida, al neofascismo con el National Front se enseña solo de forma tangencial. Porque el metraje se acomoda entre un curioso costumbrismo, potentes imágenes de archivo de la BBC y unas actuaciones notables, sin ir más lejos la del chaval protagonista. Es una película de iniciación, con un logos más cercano a Holden Caulfield que a Joe Hawkins, y rematada con una alegoría edulcorada que desenfoca casi todo. Por no hablar que, hasta la aparición de Combo, estos skinheads son más majos que cualquier recua de Hare Krishna. Tiene su continuación en tres miniseries, This is England 86, 88 y 90 (2011, 2012, 2015) en las que Shane Meadows ya se siente muy a gusto en la comedia paródica y en colarnos música de piano en cuanto nos despistemos.

Menace II Society (1993)

A la hora de hablar de las pandillas afroamericanas de Los Ángeles tenemos mucho donde elegir: la trillada Los chicos del barrio (1991), la pasable Baby boy (2001), la excelsa Día de entrenamiento (2001) con el matiz policial o, en términos rap, desde Tupac en Juice (1992) a NWA en Straight outta Compton (2015). Pero ninguna de ellas sueña con un inicio como el de Menace II Society. Tres asesinatos cold blood  en el icónico Watts quince años mediante. Hasta en el tercero aparece Samuel L. Jackson con un calco a su posterior Jules Winnfield  de Pulp Fiction (1994), y Khandi Alexander en el papel que bordaría de crackera en The Corner (2000) y del que la dejaron salir, solo a medias, en Treme (2010-2013). Después, la película avanza a trompicones por unos cuantos lastres actorales, pero gracias a una fina dirección de cámara y fotografía consagra su propia irracionalidad argumental a la pila de muertos que amontona. Algunos dirán que gratuitamente. Para mí es lo menos gratuito en esta temática: disparar al pianista.

Okolofutbola (2013)

Las películas de hooligans no tienen la ascendencia de las de neonazis en esta temática. Y es que sobre los segundos la enumeración podría ir casi hasta el infinito: Romper Stomper (1992), Pariah (1998), la sobrevaloradísima American History X (1998), Made in Britain (1982), o hasta Diario de un skin (2005), Alacrán enamorado (2013)… Sin embargo, el fenómeno ultra, aún en decadencia, es la expresión genuínamente europea de la cultura de bandas. Nombro Hooligans (2015) —Frodo repartiendo leña, sí— Football Factory: Diario de un hooligan (2004), Norte-Ultras-Sur (1990) y reseño Okolofutbola porque, viendo lo sucedido en la pasada Eurocopa, tal vez en pocos meses estemos hablando de ella. Film ruso, con la clásica cadencia vertiginosa del mainstream del país, que hipoteca casi todo el argumento a la estética y escapa medianamente airoso. Un presunto infiltrado entre los ultras del Spartak de Moscú es la excusa para rodar unos cuantos buenos enfrentamientos, con cita especial al de inicio en el metro a ritmo de Motorhead -hay otro en los bosques con Bro Hymm de Pennywise, fíjense cómo está el tema—. A cambio de que salgan bien representadas las obsesiones futboleras como el eventual racismo, la ropa casual o incluso el hard bass, hemos de comernos a un profesor-ultra inconcebible y una pseudohistoria de amor que raya el insulto. Podía ser un trato peor.

Navajeros (1980)

¿Alguien podía dudarlo? El llamado cine quinqui dejó unos cuantos títulos que entrarían aquí con o sin calzador, pero si obviamos la más cuidada La estanquera de Vallecas (1987), este es su gran exponente. El Jaro y su banda rajando caras en el Madrid de finales de los setenta, un buen retazo del cambio social que inauguró, prácticamente a la vez, la presencia de pandillas en las calles y en las pantallas gracias a Eloy de la Iglesia y a algunas otras aportaciones puntuales como la de Carlos Saura en Deprisa, deprisa (1981). Y anécdota: Navajeros está doblada al propio castellano. En el imaginario colectivo de esta película hay tres momentos: la pelea con unos protoskins fascistas que tanto perfeccionaría el Madrid posterior en el parque del Retiro; el desfile de talegueros comandados por el Jaro en el tercer cuarto, donde incluso enfocaban al icono que sería el Pirri en medio de la turba; y ese final… un final más brutal que el de cualquiera de las otras películas que hemos repasado, y que no relataré. Nada daría más rabia que un spoiler a traición justo ahora, cuando usted acaba de terminar el artículo.

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